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Educación

Sileoni resaltó la creación de postas de vacunación «en más de 2.000 escuelas»

El director de Cultura y Educación bonaerense planteó que se busca que este año «sea extraordinario en materia de presencialidad»

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El director de Cultura y Educación bonaerense, Alberto Sileoni, destacó hoy la creación de postas de vacunación contra el coronavirus «en más de 2.000 escuelas» en esa jurisdicción y planteó que se busca que este año «sea extraordinario en materia de presencialidad».

En declaraciones a Radio Provincia, el funcionario brindó detalles de las definiciones que se tomaron en el Consejo Federal de Salud (Cofesa) y el Consejo Federal de Educación (CFE) para el comienzo del ciclo lectivo 2022 con el objetivo de garantizar una «presencialidad plena y segura en las escuelas» en el marco del programa “Aula segura”.

En ese marco, manifestó que «el 2 de marzo será un día de fiesta porque venimos de dos años de mucho dolor y deseamos que 2022 sea extraordinario en materia de presencialidad educativa”. Indicó que :»para eso, todos los ministros de Salud y Educación consensuaron protocolos que tienen aristas que son asistencia cuidada, vacunación, uso de barbijo desde la primaria, ventilación cruzada, lavado de manos, mucha limpieza y distanciamiento en la medida en que se pueda».

Sileoni manifestó que hay un buen nivel de vacunación en docentes, «con más del 95% con el esquema completo» y una «muy buena vacunación en jóvenes de 12 a 17 años». Luego subrayó que :»debemos hacer un esfuerzo para avanzar en la segunda dosis en niños y niñas”.

Por tal motivo, reiteró que serán instaladas «postas de vacunación en más de 2.000 escuelas”, y “a alentar a ellos y a sus familias para que se vacunen”. De todos modos, el funcionario planteó que “si bien los alumnos pueden seguir concurriendo a la escuela aunque no se hayan vacunado porque no hay ninguna prohibición, vamos a acentuar el aspecto colectivo de la vacunación”.

En tal aspecto, dijo que “la vacuna es una decisión privada pero también es una decisión pública y tiene que ver con un acto de respecto con el otro».

Entre los protocolos a cumplir, el titular de la cartera educativa expresó que «se va a exigir el uso del barbijo desde primer grado, y no habrá burbujas aunque sí daremos recomendaciones de mantener la distancia”. En tanto, agregó que “ante la presencia de síntomas o ser contacto estrecho no se deberá asistir a la escuela».

CABA

Amenazas en escuelas: la Ciudad responde con mano dura y esquiva el debate de fondo

La ministra Mercedes Miguel reconoció que los chicos “no tienen dimensión”, pero el Gobierno refuerza medidas punitivas en lugar de invertir en prevención y acompañamiento.

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Entre el pánico y la respuesta punitiva: la Ciudad endurece el discurso ante amenazas escolares

La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, buscó instalar una definición tajante frente a la ola de amenazas de tiroteos en escuelas: “no es una broma, es un delito”. La frase, repetida como mantra, marca el tono de un Gobierno que, ante un fenómeno complejo y multicausal, parece inclinarse más por la lógica punitiva que por una lectura integral del problema.

En paralelo, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, anunció el refuerzo de protocolos que activan la intervención policial, judicial y de organismos de niñez ante cada episodio. El despliegue incluye incluso la incautación de celulares y el rastreo de conversaciones privadas de menores. La escena: chicos de 11 o 12 años bajo la lupa del sistema penal.

Criminalizar la infancia, una respuesta ligera

Miguel insistió en que los niños “no tienen dimensión” de lo que hacen. Sin embargo, esa misma afirmación entra en tensión con la decisión oficial de encuadrar sus conductas como delito. La contradicción no es menor: si no hay comprensión plena, ¿qué sentido tiene la amenaza penal como eje de la política pública?

  • Se instala la idea de “límite” desde la sanción antes que desde la pedagogía.
  • Se desplaza la responsabilidad hacia las familias y las redes sociales.
  • Se invisibiliza el rol del Estado en la prevención y el acompañamiento.

El resultado es una respuesta que corre el eje: del cuidado al castigo.

El fantasma de las redes y la coartada perfecta

La ministra apuntó contra TikTok y la viralización de desafíos como motor del fenómeno. La explicación, aunque atendible, aparece incompleta y funcional: pone el foco en plataformas globales mientras evita discutir el deterioro local del sistema educativo.

En la Ciudad, docentes vienen denunciando:

  • Falta de equipos interdisciplinarios suficientes (psicólogos, trabajadores sociales).
  • Escasa capacitación para abordar conflictos digitales y violencias emergentes.
  • Recortes presupuestarios que impactan en programas socioeducativos.

Sin esas herramientas, la escuela queda sola frente a problemáticas cada vez más complejas.

Protocolos sin comunidad

El Gobierno porteño difundió un instructivo para familias que incluye revisar mochilas, controlar celulares y denunciar al 911. La prevención queda así reducida a la vigilancia doméstica y al reflejo policial.

Pero en esa lógica se diluye algo central: la construcción de comunidad educativa. No hay mención concreta a espacios de escucha, trabajo con estudiantes, ni estrategias sostenidas de educación digital crítica.

Lo que no se dice

Mientras se multiplican las amenazas, también crece el miedo. Familias que dudan en enviar a sus hijos a la escuela y docentes que enfrentan situaciones para las que no fueron preparados. Sin embargo, el discurso oficial evita una autocrítica de fondo:

  • ¿Qué pasa con el presupuesto educativo en la Ciudad?
  • ¿Dónde están los equipos de acompañamiento permanentes?
  • ¿Qué políticas integrales se implementan más allá del protocolo reactivo?

La apelación al delito ordena el relato, pero no resuelve el problema.

Entre el control y el abandono

El mensaje final del Gobierno parece oscilar entre dos extremos: más control y menos Estado presente en lo cotidiano. Se endurecen las respuestas cuando el conflicto estalla, pero se debilitan las políticas que podrían prevenirlo.

En ese terreno, la escuela queda atrapada: exigida para contener, pero sin recursos; señalada como espacio de riesgo, pero sin respaldo suficiente.

La pregunta de fondo sigue abierta: si los chicos no dimensionan, como admite la propia ministra, ¿no debería el Estado dimensionar mejor su respuesta?

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