Sociedad
Del récord al caos: el sándwich gigante de Avellaneda que terminó en saqueo masivo
El festejo del 25 de mayo de la Parrilla El Tano se convirtió en escenas de descontrol: después de horas de espera, una multitud derribó las vallas, saqueó las mesas y se apoderó de la comida antes de que pudiera distribuirse. El intendente Ferraresi había estado presente en el acto y difundió el evento en sus redes.
Récord, hambre y demoras: el sanguchazo de Avellaneda que terminó en saqueo masivo
★ Lo que debía ser una doble celebración, los 25 años de la Parrilla El Tano y el aniversario de la Revolución de Mayo, se convirtió en un episodio de descontrol colectivo que recorrió las redes sociales durante todo el lunes. En la Avenida Mitre al 5700, en el barrio de Villa Domínico, partido de Avellaneda, el evento convocó a miles de vecinos con una promesa tan ambiciosa como sencilla: un sándwich de matambre a la pizza de 771 metros de largo, gratuito y para compartir. Terminó con vallas en el piso, empujones, porciones robadas y un comunicado de los propietarios hablando de «sabor amargo».
Un récord certificado, un festejo que se fue de las manos
Los organizadores no escatimaron esfuerzos. Según informaron desde la parrilla, el evento demandó 1.500 kilos de matambre, 1.050 panes de 75 centímetros cada uno y 7.500 huevos. La extensión del sándwich fue certificada por un escribano presente en el lugar. La estructura se montó sobre la vía pública, con una extensa mesa de madera en el centro de la calle y un vallado perimetral para ordenar la distribución. El intendente Jorge Ferraresi difundió el evento desde su cuenta en la red social X, invitó a «degustar un sánguche de matambre a la pizza de siete cuadras» y estuvo presente en el lugar para tomarse fotografías con los parrilleros.
El problema fue el tiempo. La convocatoria estaba prevista para las 11 de la mañana, pero pasadas las 16 horas, según denunciaron distintos asistentes, el matambre aún no estaba listo para el ensamble. Según versiones que circularon en redes sociales, el retraso se habría debido, en parte, a la espera de las autoridades políticas para realizar el acto formal. Los organizadores no confirmaron ni desmintieron esa versión en su comunicado.
Cinco horas de espera y el estallido del descontrol
Tras aproximadamente cinco horas de demora, la paciencia se agotó. Ante el temor de quedarse sin su porción, distintos grupos de personas comenzaron a saltar las vallas. Los videos que se viralizaron en cuestión de horas muestran escenas de extrema tensión: personas corriendo con bandejas completas y, en particular, un hombre que ingresó en primer lugar con bolsas de consorcio para acopiar la mayor cantidad de comida posible. Mientras tanto, la mayoría de quienes habían esperado pacientemente regresó a sus hogares con las manos vacías.
Desde la organización describieron el momento con dureza: «muchas personas comenzaron a descontrolarse, subiéndose, empujando y metiéndose directamente a sacar y comer el sándwich antes de que pudiera entregarse de manera organizada». Además, denunciaron que hubo quienes «se llevaron cosas que formaban parte de la organización».
El descargo de El Tano: meses de trabajo y un final amargo
Tras los incidentes, los propietarios de la parrilla publicaron un mensaje en sus redes sociales que combinó el agradecimiento con el malestar. Señalaron que durante gran parte de la jornada se vivió un clima positivo y familiar, con «mucha gente apoyando con respeto y buena energía». Pero reconocieron que el desenlace les dejó «un sabor amargo».
«Queremos agradecer de corazón a todas las personas que fueron parte de este evento histórico», expresaron, antes de señalar que lo ocurrido representó «una falta de respeto para quienes estaban trabajando y para la gente que esperaba tranquila».
El episodio, más allá de su costado pintoresco, expone una tensión que no es nueva en los eventos masivos y gratuitos del conurbano bonaerense: la convocatoria desborda la capacidad organizativa, las horas de espera erosionan cualquier disposición colectiva al orden y el resultado termina siendo el opuesto al espíritu comunitario que motivó la iniciativa.
Puntos clave
- El sándwich de matambre a la pizza midió 771 metros y fue certificado por un escribano.
- Los ingredientes incluyeron 1.500 kg de matambre, 1.050 panes y 7.500 huevos.
- El intendente Jorge Ferraresi promocionó el evento y estuvo presente en el acto.
- Tras aproximadamente cinco horas de espera, una multitud derribó las vallas y saqueó las mesas.
- Los propietarios de Parrilla El Tano emitieron un comunicado lamentando el desenlace y denunciando el robo de elementos de la organización.
Salud 🩺
En diez años, Argentina perdió 364.000 nacimientos anuales: qué hay detrás del derrumbe demográfico
En 2014 nacían 2.128 bebés por día en Argentina; en 2024 fueron apenas 1.131. Según las Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud, el país registró su mínimo histórico de nacimientos, con una tasa de fecundidad de 1,23 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo. La crisis económica, el ajuste y la ausencia de políticas de cuidado configuran un escenario que ya empieza a sentirse en las aulas, los hospitales y el sistema previsional.
En 2024, en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires, murieron más personas de las que nacieron. No es un dato anecdótico: es la señal más contundente de una transformación demográfica que lleva una década acelerándose y que el Estado nacional observa sin un plan claro de respuesta. Mientras el gobierno de Javier Milei recorta el gasto social, desmantela programas y celebra el equilibrio fiscal, la Argentina está, literalmente, dejando de nacer.
Los datos surgen del informe «Estadísticas Vitales» elaborado por la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, con base en los certificados de nacimiento registrados en todo el país. En 2014 nacieron 777.012 bebés. En 2024, esa cifra cayó a 413.135, lo que representa una baja de 363.877 nacimientos anuales, equivalente al 46,83%. En paralelo, las defunciones pasaron de 325.539 a 376.405 en el mismo período. El crecimiento vegetativo, la diferencia entre nacidos vivos y fallecidos, alcanzó su mínimo histórico: apenas 36.730 personas.
Una revolución silenciosa que lleva diez años
Los especialistas Rafael Rofman y Carola della Paolera, del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), describieron el fenómeno como una «revolución demográfica»: en una sola década, la fecundidad en Argentina cayó más que en los sesenta años previos combinados. La tasa global de fecundidad se desplomó a un mínimo histórico de 1,23 hijos por mujer en 2024, según datos de CIPPEC, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional, que se ubica en 2,1. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) ubica a la Argentina en torno a 1,2 hijos por mujer, cifra que la acerca a países europeos con décadas de envejecimiento acelerado.
La DEIS reconoció ante una consulta periodística que «el marcado descenso de la natalidad desde el año 2015 a 2024 es un fenómeno demográfico relevante, que se ha dado en forma global en la región», y remitió al informe «Observatorio Demográfico, 2025. América Latina y el Caribe ante la baja fecundidad: tendencias y dinámicas emergentes», elaborado por la CEPAL. Sin embargo, el organismo aclaró que no cuenta con estudios propios que expliquen «los motivos de la caída», una admisión que, en sí misma, habla del estado de la planificación pública en materia demográfica.
Multicausal, pero con un denominador común: la inseguridad
El descenso no responde a una sola causa. Los especialistas coinciden en que el fenómeno combina factores de largo plazo, como la transición demográfica global, el mayor acceso a la salud reproductiva y la caída sostenida del embarazo adolescente, con factores de corto plazo que lo aceleraron. Rafael Rofman, doctor en demografía e investigador principal de CIPPEC, señaló que «en el corto plazo esto se aceleró, en los últimos 10 años se aceleró mucho, y eso fue fundamentalmente por un cambio cultural con una nueva generación de jóvenes más empoderados, más decididos a tomar decisiones sobre su fecundidad y menos dispuestos a aceptar mandatos históricos».
Pero el cambio cultural no opera en el vacío. La primera encuesta de intenciones reproductivas realizada en Argentina determinó que la distancia entre los hijos deseados y los efectivamente tenidos no responde a una causa única, sino a la interacción entre la postergación de la maternidad y la paternidad, la inseguridad económica y laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, las desigualdades en la distribución de los cuidados y las limitaciones a la autonomía reproductiva. En términos concretos: muchas personas quieren tener hijos y no pueden sostenerse haciéndolo.
Los datos del INDEC de septiembre de 2025 ilustran la magnitud del obstáculo económico: criar un niño menor de un año cuesta en promedio $436.988 mensuales; entre 1 y 3 años, $519.193; y entre 6 y 12 años, $548.636. Esos números hay que leerlos en el contexto del ajuste libertario, que recortó los programas sociales un 61% en términos reales desde 2023 y redujo el gasto de capital un 86%, destruyendo la capacidad del Estado de acompañar decisiones reproductivas con infraestructura de cuidado.
El ajuste Milei como acelerador de un problema estructural
Lejos de ser un fenómeno exclusivamente cultural, el descenso de la natalidad se profundiza en un contexto de precarización laboral y retiro del Estado. Con una informalidad laboral del 43,2% según datos del INDEC del segundo trimestre de 2025, y un poder adquisitivo que no logró recuperar los niveles previos al shock devaluatorio de diciembre de 2023, la maternidad dejó de ser una decisión libre para convertirse en un proyecto condicionado por la capacidad de cada familia de financiar lo que el Estado ya no garantiza.
Gala Díaz Langou, directora ejecutiva de CIPPEC, advirtió que «esto no se da igual en todas las clases sociales. Los hogares más pobres siguen siendo más extensos y con más niños, generalmente con mujeres a la cabeza y a cargo de las tareas domésticas y de cuidado». La caída de la fecundidad entre los sectores más vulnerables, impulsada principalmente por la reducción de los embarazos adolescentes no planificados, es en parte un avance en términos de derechos; pero la imposibilidad de concretar proyectos reproductivos deseados en los sectores medios y bajos por razones económicas es, sin ambigüedad, una consecuencia del ajuste.
Las consecuencias ya llegaron: escuelas, hospitales y jubilaciones
El impacto de la caída de la natalidad no es un problema del futuro: ya está presente. En los últimos diez años, la población de 3 a 5 años disminuyó un 31%, lo que anticipa una reducción sostenida de la matrícula escolar en todo el país. Según el informe de Estadísticas Vitales, en la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires las defunciones ya superaron a los nacimientos, dos distritos que concentran la mayor parte de la actividad económica y el sistema de salud del país.
El sistema previsional enfrenta la amenaza más estructural. Hoy hay apenas 12.845.000 trabajadores activos que aportan al sistema, según datos del INDEC para el segundo trimestre de 2025, mientras la informalidad sigue en niveles altísimos. Manuel Mera, director de Protección Social de CIPPEC, advirtió que, además del factor económico, la reducción en la cantidad de hijos responde a un cambio cultural; pero con menos ingresantes al sistema y una mayor proporción de adultos mayores, la sustentabilidad del sistema jubilatorio está en crisis. La masa de recursos destinada al pago de jubilaciones y pensiones ya representa el 46% del gasto primario total en el Presupuesto 2026, según el propio proyecto enviado por el Ejecutivo al Congreso.
El descenso de la natalidad es un fenómeno global: más de la mitad de los países del mundo presenta tasas inferiores al nivel de reemplazo, según la revisión 2024 de World Population Prospects elaborada por Naciones Unidas. Pero la velocidad y profundidad de la caída argentina, la más pronunciada de América Latina en la última década, no se explica solo con variables demográficas universales. Se explica también con un Estado que recortó el 61% de sus programas sociales, que tiene una informalidad laboral del 43%, que no construyó una red de cuidados digna y que, bajo la gestión actual, desmanteló lo poco que había.
Lo que tenés que saber
- En 2024 nacieron 413.135 bebés en Argentina, frente a 777.012 en 2014: una caída del 46,83% en diez años, según las Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud.
- La tasa de fecundidad cayó a un mínimo histórico de 1,23 hijos por mujer en 2024, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1, según CIPPEC.
- En la Ciudad de Buenos Aires y en la provincia de Buenos Aires las defunciones ya superaron a los nacimientos por primera vez en la historia estadística del país.
- El costo de criar un niño de entre 6 y 12 años supera los $548.000 mensuales, según el INDEC, en un contexto de recorte del 61% en programas sociales desde 2023.
- La caída de la natalidad ya impacta en la matrícula escolar, el sistema de salud y la sustentabilidad del sistema previsional, con apenas 12.845.000 trabajadores activos aportando frente a una informalidad laboral del 43,2%.
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