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Al-Ándalus, de alfajores y kiosquitos

Por Manu Campi.

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Por Manu Campi | @manucampimaier

Más allá de que Ignacio Olagüe Videla en La Revolución islámica en Occidente (1974), insista en minimizar el legado árabe en la península ibérica, la ocupación musulmana en la Hispania visigoda dejó huellas que, de no estar atentos, el relato occidental tiende a pasar por alto.

De ninguna manera Táriq ibn Ziyad y Tarif ben Malluk imaginaron que, además de ser de los primeros pies sobre el Reino visigodo, allá por el siglo VIII, regalaban al mundo el alfajor. Fueron a conquistar y conquistaron. La expansión musulmana, que ya cargaba con la península arábiga, Siria, Egipto, Tripolitania y Cirenaica, Libia, Mesopotamia y Persia, hacía pie en la Europa medieval.    

El califato en la región dejó a su paso un brillante legado: difundieron el ajedrez, el cultivo de arroz, el número cero, principios básicos de aritmética, geometría, el seno y el coseno, vaya a saber uno para que sirven, la guitarra –pésimamente llamada española–, describieron la viruela y el sarampión, perfeccionaron la brújula y cuestiones tales como el astrolabio, la carta náutica y la vela latina, haciendo posible el poder subirse a una cáscara de nuez y cruzar el océano.    

Pero hay detalles que, cuando de historia se trata, escapan a los ciclos lectivos y reducen de manera espantosa costumbres que viajan a través del tiempo como verdaderos polizones. Entre tanto regalo oriental, quizás lo más saludable no haya sido otra que este hermoso dulce. Si este se debe a la conquista ibérica, tiempo después será a la de la americana.

Al-hasú –el relleno– es una especie de torta con masa de miel, almendras, pan molido, canela, clavo y matalahuva que rellena dos obleas y difiere enormemente tal como lo conocemos hoy. Todavía se vende en Andalucía.

Ya con el concepto entre manos, en 1851, en Arocena, Santa Fe, un tal Manuel Zampatti elaboró una variante de tres galletas horneadas pegadas con dulce de leche y bañadas con azúcar (la cristalización de la azúcar también es legado musulmán). Este, fue el primer alfajor argentino.

Su popularidad se debe a que el coronel Néstor Fernández lo llevó a la batalla de Caseros. El general Urquiza se los hacía llevar a Entre Ríos. Pasado el caudillaje, la eterna lucha contra el centralismo porteño y la consolidación nacional, el alfajor siguió camino sin ser más que un dulce ambulante en canastos de mimbre y en algunas confiterías céntricas. Las historias se cruzan, el tiempo pasa, las ciudades crecen. De la inmigración griega entre 1890 y 1954 se desprenden los primeros kioscos en la década del ’30. Dos de ellos Miguel Georgalos y Aristóteles Onassis son los más destacados. El primero, inventor y, el segundo, revendedor de tabaco, formaron parte de la pujante necesidad de bocas de expendio al paso.

Si bien ninguno atendió más kiosco que el propio, fueron parte notable de su desarrollo. Conforme pasan los años, las golosinas identifican patrones, atienden conductas y obligan nostalgias. Advierta usted que han cambiado envoltorios, marquesinas, el orden de las estanterías e incluso los kiosqueros, no así la mercadería. Las golosinas parecieran estar para conectar con otro tiempo, con otro paisaje, pero con el mismo tacto. En los kioscos se ofrecen más o menos las mismas golosinas hace unos cien años. Obleas, caramelos, chupetines y chocolates no sufrieron drásticas modificaciones.

Guaymallén produjo los primeros alfajores en masa en 1945. En el país se venden unos seis millones de alfajores por día. El kiosquito, ese invento argento, se tiñe a la hora de la merienda de guardapolvos blancos que, ávidos de azúcar, se llevan encima una porción de conquista con acento andaluz.       

Cultura

Leticia Brédice vuelve al teatro a protagonizar “Milagros”: íntima y conmovedora

La reconocida actriz presenta una de las obras más personales de su carrera a partir del próximo viernes 4 de septiembre en el Teatro Santa María.

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Leticia Brédice llega por primera vez al Teatro Santa María con “Milagros”, una experiencia teatral que trasciende el formato tradicional del unipersonal para convertirse en un viaje íntimo, poético y profundamente conmovedor. Con producción de Darío Arellano, la reconocida actriz regresa a los escenarios con uno de sus proyectos más personales e intensos de su carrera. El estreno será el viernes 4 de septiembre y continuará con funciones todos los viernes de septiembre a las 21.00 horas. Las entradas están disponibles en la boletería del teatro y a través de Ticketek.

Escrita por Leticia Brédice junto a Cristian Morales, quien además dirige la puesta y participa activamente en escena, “Milagros” propone un lenguaje escénico donde el teatro, la performance y la confesión se funden en un mismo espacio.

La protagonista, María de los Milagros Figueroa Alcorta, decide alquilar un teatro para compartir aquello que nunca pudo decir. A medida que avanza la función, el escenario se transforma en un territorio donde los recuerdos, las emociones, el humor, el dolor y la imaginación conviven sin fronteras. El público deja de ser un simple espectador para convertirse en testigo de una experiencia profundamente humana, en la que la ficción y la realidad dialogan permanentemente.

Lejos de ofrecer respuestas, Milagros invita a transitar preguntas sobre la identidad, las pérdidas, la memoria, el amor y la necesidad de reconstruirse. Con una puesta de gran potencia emocional, cada función adquiere un carácter único e irrepetible gracias al intercambio que se genera con el público.

La obra nació a partir de un momento muy significativo en la vida de Leticia Brédice. El resultado es una propuesta honesta, valiente y profundamente sensible, que confirma una vez más su permanente búsqueda de nuevos lenguajes escénicos.

Con una trayectoria de más de tres décadas, Leticia Brédice es una de las artistas más reconocidas y versátiles de la escena argentina. Ha protagonizado exitosas obras de teatro, películas y series de televisión, trabajando junto a algunos de los directores más prestigiosos del país.

En cine dejó su sello en producciones como “Cenizas del Paraíso”, “Plata Quemada”, “Nueces para el amor”, “Apariencias”, “La Patota” y numerosas películas que consolidaron su prestigio artístico. En televisión protagonizó y participó en éxitos como “Gasoleros”, “Mujeres Asesinas”, “Locas de Amor”, “El Elegido”, “Historia de un Clan” y otras ficciones que marcaron distintas generaciones. En teatro desarrolló una intensa carrera interpretando grandes personajes y apostando siempre por proyectos de fuerte compromiso artístico.

Ganadora de importantes reconocimientos, entre ellos premios Martín Fierro, ACE, Cóndor de Plata y otras distinciones otorgadas por la crítica especializada, Brédice continúa sorprendiendo con propuestas que combinan sensibilidad, riesgo y una extraordinaria capacidad interpretativa.

Con “Milagros”, la actriz vuelve a demostrar por qué es considerada una de las figuras más originales del teatro argentino contemporáneo

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