Industria
Crisis láctea: la quiebra de ARSA dejó a 400 trabajadores en la calle y marca el fin de Yogs y Shimmy
El cierre de la firma que producía Yogs, Shimmy y Sancorito se suma al de Fate y La Suipachense en pocas semanas. Detrás de cada quiebra hay un denominador común: consumo destruido por más de dos años de pérdida salarial, apertura importadora sin red y un modelo económico que no ofrece ninguna política productiva de reemplazo.
— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.
★ El juez Federico Güerri, titular del Juzgado Comercial N° 29, decretó la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la empresa que desde 2016 gestionaba la unidad de postres y yogures de SanCor. La resolución ordenó la liquidación total de activos, la inhibición de bienes y el embargo de fondos de la firma, y formalizó el despido de casi 400 trabajadores que prestaban servicios en las plantas de Lincoln (provincia de Buenos Aires) y Monte Cristo (provincia de Córdoba).
Con el fallo desaparecen del mercado marcas que formaron parte de la heladera de generaciones enteras de argentinos: Shimmy, Yogs, Sancorito y Sublime, productos que dejaron de estar en las góndolas mucho antes de que la Justicia pusiera el sello final.
De SanCor a Vicentin, de Vicentin a Maralac: traspasos sin futuro
La historia de ARSA es la de una empresa que pasó de mano en mano sin que ninguno de sus propietarios lograra, o intentara seriamente, sostenerla. Creada en 2016 para gestionar la unidad de postres y yogures de SanCor, la firma quedó inicialmente bajo la órbita de un holding vinculado al Grupo Vicentin y posteriormente pasó a manos de la firma venezolana Maralac S.A., el mismo grupo que también controlaba La Suipachense, la empresa láctea de Suipacha cuya quiebra fue decretada por el Juzgado Civil y Comercial N° 7 de Mercedes en noviembre de 2025, con 140 trabajadores despedidos.
Las promesas de modernización que acompañaron cada traspaso nunca se materializaron. La realidad de los últimos dos años estuvo marcada por deudas acumuladas con transportistas, proveedores y el servicio de energía eléctrica, sumado a un vaciamiento operativo progresivo que fue sacando las marcas de las góndolas antes de que la Justicia interviniera. Representantes gremiales y analistas del sector apuntan a negligencia patronal y a un concurso preventivo que, lejos de buscar un rescate genuino, funcionó como la antesala planificada de una liquidación.
Trabajadores con 30 años de antigüedad peleando por cobrar
La situación de los casi 400 trabajadores despedidos es de extrema vulnerabilidad. Muchos contaban con más de 30 años de antigüedad y hoy se ven forzados a recurrir a la Justicia mediante presentaciones de «Pronto Pago Laboral Colectivo» para intentar cobrar indemnizaciones, preavisos y salarios adeudados que la empresa dejó de abonar mucho antes del fallo judicial. Que los empleados deban apelar a esa vía para cobrar lo que legalmente les corresponde desde antes de la quiebra habla de la magnitud del abandono patronal que precedió al cierre formal.
El consumo que no volvió: ocho años de salarios destruidos
El colapso de ARSA no puede leerse sin el contexto de una demanda interna que lleva ocho años en retroceso. Un informe del economista Nadin Argañaraz establece que entre 2017 y 2025 un trabajador formal del sector privado perdió el equivalente a 20% de su poder adquisitivo, es decir, 16 salarios mensuales de 2017. Para un empleado público, el retroceso es aún más pronunciado: 34% menos de poder de compra respecto a 2017, equivalente a 21 sueldos perdidos. Los trabajadores informales, que representan el 43,3% de la fuerza laboral según el mismo informe, resignaron el equivalente a 29 salarios mensuales.
La desinflación que el Gobierno de Javier Milei presentó como logro central de su gestión no se tradujo en mejoras concretas para los trabajadores. Un informe de la propia Secretaría de Trabajo establece que en diciembre de 2025 el salario promedio del empleo registrado privado sufrió un retroceso real, acumulando cuatro meses consecutivos de reducción. Entre septiembre y diciembre de 2025, la caída acumulada llegó al 2,4%. Solo 6 de los 27 convenios colectivos con mayor cantidad de trabajadores lograron pactar incrementos que igualaron o superaron la inflación en el último mes del año, según el mismo informe oficial.
Ese deterioro sostenido del poder de compra tiene una consecuencia directa sobre la industria de alimentos: menos plata en el bolsillo de los trabajadores significa menos consumo, y menos consumo significa góndolas que no rotan, stocks que se acumulan y empresas que no tienen a quién venderle. El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) lo documentó con precisión: el consumo de lácteos cayó un 9,7% en 2024, con bajas particularmente pronunciadas en leches. La recuperación parcial de 2025 (un incremento del 5,2% en volumen acumulado) no alcanzó para compensar ese derrumbe ni para sostener a las empresas más débiles del sector.
Un modelo sin política industrial
El cierre de ARSA se produce en el mismo mes en que Fate bajó la persiana en San Fernando con 920 despidos, luego de que la apertura importadora inundara el mercado con cubiertas asiáticas que la empresa no pudo competir en precio. Se produce semanas después de la quiebra de La Suipachense con 140 despidos. Y se produce con Lácteos Verónica en situación crítica, con 700 puestos de trabajo en riesgo.
La Unión Industrial Argentina (UIA) alertó en su comunicado del 18 de febrero de 2026 que la industria argentina acumula 65.000 empleos perdidos en los últimos dos años, con corte a noviembre de 2025, un número que no incluye los despidos de Fate ni los de ARSA. La entidad reclamó «igualdad de condiciones para competir» e identificó como urgentes un esquema impositivo razonable, financiamiento accesible y un marco macroeconómico que acompañe la producción nacional.
Ninguna de esas condiciones fue provista por el Gobierno. Lo que sí proveyó fue la Resolución 172/2026, firmada por el ministro Luis Caputo el mismo día de la audiencia por Fate, que eliminó el derecho antidumping del 28% sobre el foil de aluminio chino, abriendo otro sector de la industria nacional a la competencia sin regulación de origen asiático. Y lo que proveyó también fue el silencio: ante cada cierre, ante cada quiebra, ante cada lote de trabajadores que pierden su empleo, el Ejecutivo no anunció ninguna medida concreta de asistencia, reconversión o política productiva de reemplazo.
El propio Javier Madanes Quintanilla, dueño de Fate y uno de los empresarios industriales más importantes del país, lo había dicho en mayo de 2024 con una claridad que hoy resuena con más fuerza: «A veces siento un cierto menosprecio al capital nacional.» Calificó el ajuste de Milei como «el más duro de la historia» y lo comparó con 2001, aunque «más profundo.» Nadie le respondió desde el Gobierno. Ocho meses después, cerró su fábrica.
Puntos clave
- El juez Federico Güerri del Juzgado Comercial N° 29 decretó la quiebra de ARSA con liquidación total de activos; casi 400 trabajadores de Lincoln y Monte Cristo perdieron su empleo, muchos con más de 30 años de antigüedad.
- Según informe del economista Nadin Argañaraz, entre 2017 y 2025 un trabajador privado formal perdió 20% de poder adquisitivo (16 salarios) y un empleado público 34% (21 salarios); los informales resignaron el equivalente a 29 sueldos mensuales.
- La Secretaría de Trabajo confirmó que entre septiembre y diciembre de 2025 el salario promedio del sector privado registrado acumuló una caída real del 2,4%, con solo 6 de 27 convenios superando la inflación en diciembre.
- El sector lácteo perdió un 9,7% de consumo en 2024 (OCLA) y Lácteos Verónica enfrenta una situación crítica con 700 puestos en riesgo, según el material de base.
- La UIA documentó 65.000 empleos industriales perdidos en dos años (corte noviembre 2025); los despidos de Fate (920) y ARSA (400) no están incluidos en ese registro.
Economía 💲
Desindustrialización: los datos de mayo ratifican que Milei destruye las fábricas argentinas
Sectores como el textil y el de maquinaria y equipo lideran las caídas con bajas que superan el 20% en términos interanuales.
El Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA) confirmó una nueva caída interanual del 5% en la producción manufacturera durante mayo de 2026, con un retroceso adicional del 0,8% respecto de abril. El sector opera en niveles históricamente bajos, cercanos al 10% por debajo de los registros de 2022, mientras la metalúrgica, la maquinaria y las exportaciones hacia Brasil también acusan el golpe.
La actividad industrial argentina no encuentra piso. Según el Informe Nº5 de Coyuntura Industrial elaborado por el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina, la producción manufacturera registró en mayo de 2026 una caída interanual del orden del 5% y cayó un 0,8% adicional respecto al mes de abril. Los datos se conocen en un contexto de deterioro acumulado que se extiende ya durante meses y que no encuentra señales de reversión estructural bajo el modelo económico de Javier Milei.
Un piso que se aleja: la industria, 10% debajo de 2022
El informe de la UIA advierte que la industria manufacturera argentina está operando en niveles históricamente bajos, situándose cerca de un 10% por debajo de los registros alcanzados en 2022. Sectores como el textil y el de maquinaria y equipo lideran las caídas con bajas que superan el 20% en términos interanuales, un dato que confirma la tendencia desindustrializadora que organismos y cámaras sectoriales vienen denunciando desde el inicio de la gestión libertaria.
Estos datos de mayo se suman a los que el INDEC ya había publicado para abril: una baja interanual del 2,8% en el Índice de Producción Industrial Manufacturero y un acumulado del -2,4% en el primer cuatrimestre del año. La secuencia no deja lugar a dudas: la producción fabril en Argentina acumula una contracción sostenida que ninguna mejora puntual mensual alcanza para revertir.
Heterogeneidad con sesgo negativo: algunos rubros repuntan, el panorama general empeora
El informe del CEU-UIA reconoce una marcada heterogeneidad entre sectores, aunque las mejoras parciales no logran compensar el cuadro general. La construcción mostró señales de recuperación respecto de abril, con un alza del 3,5% en despachos de cemento y del 1,9% en el Índice Construya. La producción automotriz creció un 2,2% mensual, pero esa cifra no alcanza a disimular que el sector se ubica un 19,3% por debajo de los niveles de 2025 en la comparación anual.
Del otro lado de la balanza, la producción metalmecánica cayó un 1,4% frente a abril, el patentamiento de maquinaria industrial se derrumbó un 11,2% y la demanda de energía eléctrica de los Grandes Usuarios Industriales retrocedió un 2,1% en el mismo período. Esas últimas cifras son reveladoras: menos demanda de energía industrial implica menos actividad real dentro de las plantas, más allá de lo que muestren los índices de producción.
El frente externo tampoco alivia: Brasil y el agro retroceden
Las exportaciones industriales tampoco aportaron alivio. En mayo, los envíos hacia Brasil cayeron un 7,6% mensual, explicado principalmente por una reducción en el despacho de vehículos y productos de la molienda. En paralelo, la liquidación de divisas del sector agroindustrial retrocedió un 6,2% frente a abril, lo que afecta el ingreso de dólares en un momento en que el Gobierno intenta acumular reservas como condición del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Este escenario de contracción exportadora confirma una de las alertas que la UIA viene formulando ante el Congreso: las exportaciones industriales se encuentran estancadas hace más de una década y pierden peso sistemático frente a actividades extractivas como la minería y el agro, que no generan el mismo arrastre sobre el empleo formal y las cadenas de valor locales.
La UIA ante el Congreso: importaciones de bienes finales desplazan a la producción local
La directora ejecutiva de la UIA, María Laura Bermúdez, alertó en el Congreso sobre un cambio en la composición del comercio exterior que agrava el problema de fondo: el incremento de la importación de bienes finales en detrimento de los insumos intermedios que alimentan la producción local. La apertura comercial indiscriminada que promueve el esquema de Luis Caputo no compite con sectores industriales eficientes; compite con una estructura productiva local que opera con capacidad ociosa, costos elevados y financiamiento escaso.
El diagnóstico coincide con lo señalado en informes recientes del Foro Economía y Trabajo: el ajuste fiscal y la apertura comercial no son políticas neutras. Destruyen el entramado productivo, concentran el excedente en los sectores exportadores de commodities y transfieren el costo del modelo a los trabajadores industriales y a las pequeñas y medianas empresas que abastecen el mercado interno.
La industria argentina
- La producción manufacturera cayó cerca del 5% interanual en mayo de 2026, según el CEU-UIA, con un retroceso mensual adicional del 0,8%.
- La industria opera en niveles 10% inferiores a los de 2022; sectores como textil y maquinaria acumulan bajas superiores al 20% anual.
- La producción automotriz creció un 2,2% mensual, pero cae un 19,3% en la comparación anual.
- Las exportaciones industriales hacia Brasil retrocedieron un 7,6% en mayo, mientras la liquidación agroindustrial bajó un 6,2%.
- La directora de la UIA alertó en el Congreso por el reemplazo de producción local con importaciones de bienes finales.
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