Opinión
Shock redistributivo y militancia casa por casa
Hacia octubre.
Por Mariano Pacheco
El batacazo de Javier Milei en las elecciones pretende haber puesto en entredicho dos cuestiones fundamentales del saber acumulado por el pueblo argentino (“donde hay una necesidad, hay un derecho”) y por los pueblos del mundo que se han rebelado contra las injusticias (“se puede estar peor”).
En respuesta análoga a la de 2015, algunos sectores oscilan entre la depresión/ culpabilización de quienes no los han acompañado en las urnas con su voto, y el cinismo.
Ni una ni otra actitud conducen a buen puerto y, aunque en un contexto por demás complejo, no parece quedar otro camino que el de redoblar la apuesta para afrontar con dignidad la campaña electoral de cara a octubre.
Es cierto que las encuestas brindan una información muy clara respecto a dos cuestiones que dificultan la tarea: una gran masa de la población ya no considera que se pueda estar peor (cosa que efectivamente sucederá si triunfa Patricia Bullrich o Milei en los próximos comicios, e incluso Sergio Massa si no es condicionado por una agenda que priorice la justicia social), y también, que es muy bajo el porcentaje que realmente dimensiona como central la intervención estatal en términos de garantizar ciertos derechos fundamentales.
Por eso la militancia casa por casa resulta fundamental, pero insuficiente. Es algo que no puede dejar de hacerse, sobre todo teniendo en cuenta la gran cantidad de organización social, política y cultural con la que cuenta el peronismo, profundamente arraigada a lo largo y ancho de la patria.
Las organizaciones libres del pueblo no cuentan con demasiados recursos en términos de posibilidades de hacerse oír en canales de televisión, en estudios de radios, en manejos de redes sociales virtuales según los criterios del marketing actual, pero están por todos lados, con especial énfasis entre los sectores más humildes.
La pandemia dejó en claro cómo incluso en los rincones más remotos del país, donde a veces hasta el Estado tiene dificultades para llegar, existe alguna organización con trabajo social en la comunidad.
Algo similar sucede con los sectores medios y cierta franja de la clase trabajadora en los principales centros urbanos, donde el progresismo y las corrientes nacional-populares.
Por lo tanto, todos esos recursos territoriales deben ser puestos a funcionar para poder discutir las cuestiones más elementales de la vida que queremos, y la que no queremos, de cara a los próximos años. No hacerlo es resignarse al abismo.
Pero nada de esto tendrá sentido si el principal candidato es el actual ministro de Economía de un país cuya economía no logra aliviar al menos las calamitosas condiciones en que se encuentra gran parte de la población, sobre todo la masa que trabaja en condiciones de informalidad, que han visto sus ingresos pulverizados en los últimos tiempos, en una línea descendente que ya lleva demasiado sin ser revertida.
Aumento salarial de suma fija, con un equivalente en quienes no perciben salario, y el anuncio de un paquete de medidas, no puede demorarse. No solo de pan vive el hombre, y la mujer. Pero no vive sin él.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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