Cultura
La última noche del reino: cómo y por qué se rompió Patricio Rey junto con el país
El 4 de agosto de 2001, 45.000 personas vivieron sin saberlo el último show de los Redondos en el Chateau Carreras de Córdoba. Tres meses después, el 2 de noviembre, la separación se anunció por internet sin conferencia de prensa, sin despedida, sin discurso. Detrás del silencio: un viaje a Nueva York donde la sociedad se resquebrajó, una guerra por el archivo audiovisual de la banda y la acusación que Skay le hizo al Indio con cuatro palabras que lo cambiaron todo: «se creyó Patricio Rey».
El dolor sincronizado: cómo se rompieron los Redondos al mismo tiempo que se rompía la Argentina de 2001
Aquella tarde del 4 de agosto de 2001, unas horas antes del último show de los Redondos, el Indio Solari habló con el diario La Voz de Córdoba. Dijo que su vida estaba «con bastante plenitud» y que «la banda hace lo que quiere y de esta manera vivimos bien.» Cuatro meses después, con el país en llamas y el corralito reciente, el comunicado que anunció la separación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota apareció en el sitio web de la banda. Sin conferencia de prensa. Sin abrazos para las cámaras. Sin declaración de principios. Solo un texto breve en internet que clausuraba 25 años de historia.
Esa sincronía entre el derrumbe de la banda y el derrumbe de la Argentina de la Alianza no fue casual. Fue, en todo caso, la culminación de un proceso que se venía cocinando desde al menos el año anterior, durante un viaje a Nueva York que los periodistas Mariano del Mazo y Pablo Perantuono identificaron, en su libro «Fuimos Reyes» (Planeta), como el punto de quiebre de la tríada fundacional.
Nueva York, 2000: el sonido perfecto que nadie quería esperar
En el año 2000, el Indio Solari, Skay Beilinson y la Negra Poly viajaron a Nueva York para la masterización de «Momo Sampler», el último disco de la banda. Los acompañaron el ingeniero Eduardo Herrera y el productor Mario Breuer. Según reconstruye «Fuimos Reyes» con testimonios directos de los involucrados, las tensiones gobernaron el viaje desde el inicio. El Indio buscaba alcanzar un «sonido perfecto» y no quería apresurar ninguna decisión. Skay, en cambio, deseaba finalizar cuanto antes y regresar a Argentina.
El ingeniero Herrera, en declaraciones al diario La Nación años después, fue explícito: «Las internas de ellos son relativas. Por ahí Mario tuvo su percepción y yo dije algunas cosas, pero también dije otras que no están en el libro. Creo que en Nueva York, si bien hubo alguna cuestión, ya sabíamos de antes que la mezcla iba a tener cierta complejidad.» Y cuando se le preguntó si creía que la separación ya estaba en las cabezas de ambos músicos durante ese viaje, respondió sin ambages: «Sí, yo creo que sí, que lo re tenían en la cabeza y la gran charla fue el último día de estudio. Cuando la cosa empezó a subir de tono, le dije a Edu que no teníamos que estar ahí y nos fuimos a tomar unos Martinis a la esquina.»
El análisis de «Fuimos Reyes», según el periodista Del Mazo en declaraciones a la agencia Télam, apunta a algo más profundo: Los Redondos eran una experiencia colectiva que se estaba fracturando en su dirección artística. El libro cita testimonios que muestran al Indio conduciendo el rumbo de manera cada vez más unilateral durante esa etapa, mientras Skay acusaba lo que él mismo llamó una apropiación desmedida del proyecto. La frase de Skay que quedó para la historia fue categórica: «Lamentablemente, el Indio, en algún momento, se creyó Patricio Rey.»
La guerra por el archivo: los videos que nadie entregó
La segunda gran fisura, a la vez más concreta y más dolorosa para el Indio, fue la disputa por el material audiovisual. Los recitales de los Redondos en Racing (1998), River Plate (2000) y Córdoba (2001) habían sido filmados con estándar internacional y múltiples cámaras profesionales. El Indio reclamaba ese material para hacer copias propias. Según relatos de la época, Skay y la Negra Poly recibían el pedido pero demoraban sistemáticamente la entrega.
Años después del quiebre, el Indio Solari difundió una carta abierta en la que hizo pública la disputa. Acusó a Skay de conservar todos los audios y videos de los recitales y de negarse en varias oportunidades a permitirle el acceso para realizar copias. Y fue lapidario: «Hasta el día de hoy Poli y Skay están sentados sobre ese material, cuya custodia artística he reclamado en silencio público hasta hoy.» El material, según informó la revista Gente, nunca fue cedido.
Skay respondió por su parte al diario La Nación, en una entrevista que detonó el intercambio público, con su propia versión del final: «Todo se terminó cuando nos dimos cuenta de que uno de nosotros se quería apropiar de ese proyecto tan hermoso que fue Patricio Rey, que había nacido como la comunión y el aporte de muchos artistas y no los deseos de uno solo.» No hacía falta aclarar a quién apuntaba.
La última función: «Un ángel para tu soledad»
El Chateau Carreras de Córdoba, el 4 de agosto de 2001, fue el escenario de un concierto que nadie en la sala sabía que era el último. La Argentina estaba en el borde del precipicio: la convertibilidad se sostenía a duras penas y el estallido de diciembre estaba a cuatro meses. El contexto social y económico convertía cada recital de los Redondos, ya desde 1999, en una operación de logística compleja, señaló en ese sentido Mariano del Mazo en sus declaraciones sobre el libro: «Cada concierto de los Redondos tenía un nivel de peligrosidad muy alto y eso sumado al contexto social y económico volvía cada show en un movimiento de ajedrez.»
Durante casi dos horas, el Indio, Skay, el baterista Walter Sidotti, el saxofonista Sergio Dawi, el bajista Semilla Bucciarelli y Hernán Aramberri hicieron un repaso de su historia: clásicos, temas del último disco y canciones de las primeras épocas que hacía años no tocaban en vivo. A las nueve y media, los últimos acordes de «Ji ji ji» anunciaban el cierre. Pero el público insistió con el ritual: «Una más y no jodemos más.» Y vino «Un ángel para tu soledad.» Esa fue la última canción que los Redondos tocaron juntos.
Tres meses después, el 30 de octubre de 2001, los periodistas Humphrey Inzillo, Martín Correa y Pablo Marchetti entrevistaron al triunvirato en el Bar Onduras de Palermo. Fue la última vez que el Indio, Skay y Poli dieron una entrevista juntos a un medio gráfico. Esa conversación, publicada años después bajo el título «La última noche de Patricio Rey» (Gourmet Musical), revela que minutos después de que terminó la charla los viejos reclamos afloraron y desembocaron en la pelea definitiva. El 2 de noviembre se anunció la separación por internet.
«Fuimos Reyes» y el relato del derrumbe
La reconstrucción más exhaustiva de este proceso fue producida por Mariano Del Mazo y Pablo Perantuono, que en 2015 publicaron «Fuimos Reyes» (Planeta), una biografía con casi cien entrevistados que se reeditó en 2021 con nuevos testimonios y un prólogo de la escritora Mariana Enríquez. La edición ampliada fue catalogada por La Nación como «la definitiva» sobre la historia del grupo.
Enríquez sintetizó en su prólogo la experiencia ricotera con una frase que atraviesa el duelo colectivo que hoy recorre al país: «Uno no iba a divertirse a un show de Los Redondos. Iba a encontrarse con el peligro y con una especie intensa de fiesta, con euforia pero sin sonrisas, porque la dicha no es una cosa alegre.» Del Mazo, por su parte, aportó una clave de lectura política y cultural del proyecto: «Los Redondos estaban contando la historia del país y viceversa. Ellos también fueron una suerte de instrumentos de la realidad.» La Argentina que estallaba en diciembre de 2001 era la misma Argentina que los Redondos venían describiendo desde «Oktubre»: el capitalismo como infierno, los excluidos como protagonistas, el Estado como maquinaria de represión. Que la banda se rompiera ese año no fue una coincidencia. Fue casi una consecuencia narrativa.
Con la muerte del Indio Solari, la posibilidad de una reunión, que durante años los ricoteros cantaron como una plegaria en cada show de ambos solistas, se clausura definitivamente. «Solo te pido que se vuelvan a juntar» fue el canto que acompañó a dos décadas de conciertos por separado. El reino terminó. No hubo regreso.
Cultura
Murió Rubén Rada, el creador del candombe beat que enamoró al rock argentino
El músico uruguayo, uno de los referentes más queridos de la música rioplatense, falleció este miércoles a los 83 años tras batallar durante un mes contra una neumonía bilateral. Su influencia fue decisiva para figuras como Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, con quienes compartió escenarios y grabaciones a lo largo de más de seis décadas de carrera.
Murió el músico uruguayo Rubén Rada a los 83 años, uno de los referentes más queridos de la música rioplatense, falleció este miércoles tras batallar durante un mes contra una neumonía bilateral. Su influencia fue decisiva para figuras como Charly García, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta, con quienes compartió escenarios y grabaciones a lo largo de más de seis décadas de carrera.
La familia de Rubén Rada confirmó su muerte este miércoles 26 de agosto a través de las redes sociales con un mensaje que conmovió a Uruguay, Argentina y toda América Latina: «Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles 26 de agosto a las 15.30 se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo, después de pelear un mes contra la neumonía y sus complicaciones. Gracias a todos por los mensajes de preocupación y el amor de hoy y siempre. Infinitas gracias al equipo profesional que hizo todo lo posible y más», decía el comunicado. Con esa noticia, la música popular rioplatense perdió a una de sus figuras más originales, irrepetibles y queridas.
El Negro Rada: de las comparsas de Montevideo al mundo
Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943, Rubén Rada comenzó su camino musical desde niño, en las comparsas de negros y lubolos. A los diez años ya integraba la comparsa Morenada y en la adolescencia pasó por la murga La Nueva Milonga y por la orquesta Cubanacán de Pedro Ferreira, a quien señaló toda su vida como una de sus influencias centrales. En la década del 60, con el grupo El Kinto, protagonizó uno de los momentos fundacionales de la música uruguaya: la fusión del candombe tradicional con el rock y los instrumentos eléctricos, cantada en español, un movimiento que él mismo bautizó candombe beat.
El camino continuó con Tótem y luego con Opa, donde junto a Hugo y Osvaldo Fattoruso llevó la combinación de candombe y jazz-rock hasta los Estados Unidos, trabajando junto a músicos internacionales de primer nivel. Esa capacidad para moverse entre géneros sin perder identidad definió toda su carrera: Rada nunca fue solo un músico de nicho, sino un artista que expandió constantemente los límites de lo que el candombe podía hacer.
Su vínculo profundo con Argentina
La relación de Rada con Argentina fue mucho más que la de un artista extranjero con su público vecino. Vivió en Buenos Aires durante doce años, desde 1979, período en el que construyó vínculos artísticos y personales que marcaron su obra y su vida. En esa etapa participó como parte del elenco original de Hair en Argentina, uno de los musicales más emblemáticos de la historia del espectáculo local. «Argentina me gustó siempre, tanto es así que me traje una mujer y tres hijos argentinos», decía el propio músico en entrevistas. Sus hijos Lucila y Matías, ambos músicos, nacieron en Buenos Aires.
Su influencia sobre el rock nacional fue ampliamente reconocida por sus propios protagonistas. Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar compartieron escenarios y grabaciones con él, y lo reconocieron como una referencia ineludible. La admiración de Páez por Rada era, en palabras del propio rosarino, superlativa: en 2024 participó del disco de Julieta Rada, hija del músico, versionando un clásico de su padre. En los últimos meses antes de su hospitalización, tanto Páez como Jorge Drexler y Daniela Mercury lo habían convocado a sus propios shows para compartir el escenario.
Un legado que abarca seis décadas y múltiples formatos
La obra de Rada trascendió la música. Participó en telenovelas argentinas como Gasoleros, en ficciones uruguayas, condujo programas de televisión y radio, integró el jurado de La Voz Uruguay y La Voz Kids, y protagonizó espectáculos unipersonales que recorrieron América Latina. También desarrolló un trabajo para el público infantil, con el personaje Rubenrá, que acercó el candombe y la música popular a nuevas generaciones.
Entre sus canciones más emblemáticas se encuentran «Cha cha, muchacha», «Muriendo de plena», «Ayer te vi» y «Adiós a la rama». Su discografía supera los treinta álbumes de estudio, incluyendo trabajos instrumentales, discos de jazz, de candombe puro y de fusión con samba y bossa nova. En 2011 recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical, el mayor reconocimiento de la industria a una trayectoria que la Academia consideró excepcional. En 2014 el Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay le otorgó la Medalla Delmira Agustini, y en 2024 la Junta Departamental de Montevideo instaló una baldosa con su nombre en la peatonal Sarandí, en Ciudad Vieja.
Activo hasta el final, con proyectos abiertos
Rada estaba en plena actividad cuando la neumonía bilateral lo obligó a internarse. El 16 de julio, en su cumpleaños 83, había lanzado ¿Quién va a cantar?, un ciclo de encuentros musicales que reúne a artistas de distintos géneros y se transmite por YouTube. Su última aparición pública registrada fue el 25 de julio, cuando asistió a un festival para ver a la cantante argentina Abril Olivera y acompañar la presentación de su hijo Matías. Además estaba preparando un ciclo de homenajes a Tótem junto a Daniel Lagarde y Santiago Ameijenda, con fechas previstas para octubre. Ninguno de esos planes pudo concretarse.
La despedida del mundo de la cultura
Las reacciones ante la muerte de Rada llegaron de todos los ámbitos. Dante Spinetta, hijo de Luis Alberto, publicó en las redes sociales de la familia Rada: «Gracias por tanto Negro querido». Nito Mestre, histórico compañero de Charly García en Sui Generis, expresó «Un enorme abrazo para toda la familia». Leandro Lopatín, guitarrista de Turf, lo despidió con un simple y contundente «VIVA RADA». Los mensajes de colegas, fans y figuras de la política, el deporte y la cultura convirtieron el posteo de la familia en un mural colectivo de afecto que desbordó las redes sociales de Uruguay y Argentina.
Puntos clave del adiós a Rada
- Rubén Rada murió el 26 de agosto de 2026 a los 83 años, en Montevideo, tras una neumonía bilateral de un mes de evolución.
- Fue el creador del candombe beat, fusión del ritmo afro-uruguayo con el rock, el jazz y el funk, que marcó la música rioplatense desde los años 60.
- Vivió doce años en Buenos Aires y fue una influencia decisiva para Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar, entre otros.
- En 2011 recibió el Grammy Latino a la Excelencia Musical y fue nombrado Ciudadano Ilustre de Montevideo.
- Estaba activo hasta el momento de su internación: había lanzado un nuevo ciclo musical en julio y preparaba un homenaje a Tótem para octubre.
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