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Trump amenaza con represalias tras la caída de un Apache en Ormuz a 100 días de la guerra

Un helicóptero de ataque AH-64 Apache del Ejército de Estados Unidos se estrelló en las cercanías del Estrecho de Ormuz en el día 100 del conflicto bélico entre Washington y Teherán. Los dos pilotos fueron rescatados con vida. Trump advirtió que su país «debe responder» y elevó la tensión en una de las zonas de guerra más calientes del planeta.

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El Argentino Diario-Donald Trump.
Un helicóptero Apache de EE.UU. cayó en el Estrecho de Ormuz; sus pilotos sobrevivieron.

Un helicóptero de combate AH-64 Apache del Ejército de Estados Unidos se estrelló este lunes en las cercanías del Estrecho de Ormuz, en el marco del conflicto armado que Washington mantiene con Irán desde el 28 de febrero de 2026. Los dos pilotos a bordo de la aeronave fueron rescatados con vida y se encuentran fuera de peligro, según confirmó el propio presidente Donald Trump. El mandatario, sin embargo, elevó de inmediato la tensión al advertir que Estados Unidos «debe responder» al incidente, atribuyendo el derribo a fuerzas iraníes, en una declaración que contrasta con la versión más cautelosa de sus propias fuerzas armadas.

El incidente y las versiones en pugna

El episodio ocurrió el lunes 8 de junio, en el día 100 exacto del inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán, y constituye la primera pérdida de un helicóptero Apache para las Fuerzas Armadas estadounidenses desde el comienzo de las hostilidades. Los dos tripulantes que componían la dotación de la aeronave pudieron ser rescatados sanos y salvos.

La causa del accidente permanece oficialmente sin confirmar. Fuentes vinculadas a la seguridad exterior norteamericana, consultadas por distintos medios, señalaron que no quedó claro de manera inmediata si el Apache fue derribado por fuego iraní, sufrió una falla mecánica o registró algún otro problema técnico. El Ejército de Estados Unidos abrió una investigación formal sobre el incidente.

No obstante, Trump salió a hablar antes que sus propias fuerzas armadas. A través de su red social Truth Social, el mandatario afirmó haber sido informado de que los iraníes derribaron el helicóptero y sentenció que Estados Unidos debe responder al ataque. La declaración, realizada sin esperar las conclusiones de la investigación militar en curso, marca una diferencia significativa con la postura institucional de cautela adoptada por el Pentágono.

Cien días de guerra en una ruta vital para el planeta

El conflicto entre Estados Unidos e Irán se inició el 28 de febrero de 2026 con una serie de bombardeos aéreos sorpresivos lanzados por Washington e Israel sobre distintas ciudades iraníes, mientras se desarrollaban negociaciones diplomáticas en torno al programa nuclear de Teherán. En respuesta, Irán lanzó misiles y drones contra Israel y bases militares estadounidenses en la región, e impuso un cierre selectivo del Estrecho de Ormuz, la vía marítima por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Como antecedente, el 3 de abril pasado un caza F-15E Strike Eagle estadounidense fue derribado por fuerzas iraníes, en el primer caso de un jet militar norteamericano caído en territorio persa desde el inicio del conflicto.

En respuesta al bloqueo iraní del estrecho, Estados Unidos impuso a partir del 13 de abril su propio bloqueo, impidiendo la entrada y salida de buques comerciales hacia los puertos iraníes. Desde entonces, unidades militares norteamericanas rechazaron a 134 embarcaciones e inmovilizaron al menos siete buques que ignoraron las advertencias de dar la vuelta. En ese escenario de tensión permanente, los helicópteros Apache cumplen una función clave: patrullan el estratégico pasaje para disuadir ataques de pequeñas embarcaciones iraníes y derribar drones. La misión los lleva, progresivamente, a acercarse a territorio controlado por Irán, incluidas las islas que Teherán administra dentro del estrecho y el Golfo Pérsico.

Trump escala mientras negocia: una tensión estructural

El incidente del Apache se produce en un momento de extrema ambigüedad en la política exterior de Trump: su administración mantiene, en paralelo, conversaciones diplomáticas con Irán para alcanzar un acuerdo que ponga fin a las hostilidades, mientras sostiene una postura militar agresiva sobre el terreno. Esta doble vía, que combina presión militar máxima con apertura negociadora intermitente, genera incidentes como el del lunes, donde la lógica del combate y la lógica de la diplomacia colisionan en tiempo real.

El propio presidente fue abucheado días atrás en el Madison Square Garden, durante las Finales de la NBA, una señal del creciente malestar interno que genera el conflicto en sectores de la sociedad estadounidense. Pero Trump optó por la escalada verbal antes que por la moderación. Al anunciar una inminente respuesta militar sin esperar los resultados de la investigación, el mandatario asume el riesgo de una escalada que podría comprometer las negociaciones en curso y deteriorar aún más una situación geopolítica que ya acumula cien días de muertos, destrucción y presión sobre los precios globales de la energía.

El Estrecho de Ormuz, cuyo control efectivo mantiene Irán, es también un arma geopolítica de primera magnitud. Teherán ha amenazado reiteradamente con bloquearlo por completo si sus exportaciones de crudo son asfixiadas. Una crisis de esa dimensión desataría una tormenta energética global que golpearía a economías dependientes de importaciones, incluida la Argentina, que ya enfrenta presiones inflacionarias por el alza internacional de los combustibles.

Puntos clave

  • Un helicóptero Apache AH-64 del Ejército de Estados Unidos se estrelló el lunes 8 de junio en cercanías del Estrecho de Ormuz; sus dos pilotos fueron rescatados con vida.
  • Trump atribuyó el derribo a fuerzas iraníes y advirtió que su país debe responder, mientras el Pentágono abrió una investigación sin confirmar las causas.
  • Es la primera pérdida de un Apache para las Fuerzas Armadas de Estados Unidos desde el inicio del conflicto, el 28 de febrero de 2026.
  • El incidente se produjo en el día 100 de la guerra entre Estados Unidos e Irán, en el marco de un bloqueo naval mutuo sobre el estratégico estrecho.
  • La tensión escala en simultáneo con negociaciones diplomáticas en curso, en una contradicción que caracteriza la política exterior de la administración Trump.

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Tras el nuevo ataque de Milei a Lula, Brasil eligió el silencio

El presidente Javier Milei reiteró sus críticas contra su par brasileño desde territorio argentino, apenas días después de que el canciller Pablo Quirno lograra distender la relación bilateral. Desde Brasilia, el silencio fue la respuesta: ninguna declaración oficial ante la nueva andanada del mandatario libertario.

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Milei volvió a atacar a Lula y Brasil no respondió: silencio diplomático ante la nueva escalada.

La calma duró poco. Javier Milei volvió a atacar públicamente al mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y tensó una vez más el vínculo entre Argentina y Brasil, apenas cuando la relación parecía haber retomado cierta normalidad. «Es ladrón, es un corrupto. Fue condenado. Estuvo preso, con lo cual es cierto lo de presidiario. Lo liberaron por una falla administrativa, no por ser inocente. Por lo tanto, es ladrón y es un corrupto», señaló Milei el domingo pasado, al ser consultado sobre sus dichos previos respecto de Lula.

El argumento de Casa Rosada: «no dijo nada nuevo»

En el entorno presidencial intentaron minimizar el episodio con un argumento que, lejos de desactivar la controversia, revela la naturaleza del problema: que Milei no introdujo «nuevas» críticas, sino que reiteró sus postulados de siempre. «Le preguntaron sobre sus dichos sobre Lula y repitió lo mismo», dijeron fuentes del Gobierno. La distinción que el oficialismo intentó instalar como atenuante fue otra: esta vez las declaraciones se produjeron en suelo argentino y no en Brasil, como ocurrió durante la visita del mandatario al país vecino, cuando respaldó públicamente a Flavio Bolsonaro, candidato de la derecha que competirá por la presidencia el próximo 4 de octubre. «Esta vez lo dijo en la Argentina. El problema es si lo vas a decir a la casa del otro», se justificaron en el oficialismo.

El razonamiento encierra una contradicción difícil de sostener: si el problema es el lugar y no el contenido, el oficialismo admite implícitamente que los dichos son ofensivos, pero considera que resultan tolerables cuando se emiten desde Buenos Aires. Esa distinción, sin embargo, no parece convencer a nadie fuera de la propia coalición de gobierno.

Brasilia elige el silencio diplomático

La respuesta desde Brasil fue contundente en su forma y en su ausencia de forma: el silencio. A horas de los nuevos dichos de Milei, ninguna terminal del gobierno de Lula emitió declaraciones ni valoraciones públicas. La estrategia de Itamaraty fue la de no alimentar la polémica, aunque sin resignar la posición de fondo que ya había quedado registrada en episodios anteriores.

Sobre el cierre de la semana pasada, fuentes brasileñas habían destacado los «gestos recíprocos» entre las naciones y subrayado «la importancia de sostener la relación bilateral». Sin embargo, en Itamaraty aclararon que no perdían de vista «la seriedad de lo que pasó» y calificaron de «inadmisible» las ofensas proferidas por el mandatario argentino, quien en su visita a Brasil llamó a Lula «basura socialista», «ladrón» y «presidiario». Esa combinación, la de sostener el diálogo pero mantener firme el rechazo, define la postura con la que Brasilia enfrenta la relación con el gobierno de Milei.

Quirno y el difícil equilibrio diplomático

El canciller Pablo Quirno había logrado, en los días previos, descomprimir la tensión que había llevado a Brasil a retirar temporalmente a su embajador, Julio Bitelli, de Buenos Aires. El regreso de Bitelli a su cargo en la capital argentina fue leído como una señal de que la relación podía encauzarse. Sin embargo, los nuevos dichos de Milei volvieron a poner en evidencia la paradoja estructural de la política exterior libertaria: el Presidente declama la defensa de los intereses nacionales mientras socava sistemáticamente los vínculos con el principal socio comercial del país.

Brasil representa cerca del 14% de las exportaciones argentinas y es, históricamente, el ancla del MERCOSUR. Que la relación con ese socio esté sujeta a las impugnaciones ideológicas recurrentes del Presidente no es una excentricidad; es una variable de riesgo con consecuencias concretas sobre el comercio, la inversión y el peso de Argentina en la región.

Un patrón que se repite

Lo que este episodio confirma no es solo la persistencia de las críticas de Milei a Lula, sino la ausencia de una política exterior coherente que subordine las preferencias ideológicas del Presidente a los intereses del Estado argentino. La dinámica se repite: un escalada verbal de Milei, una respuesta institucional de Brasilia, un intento de distensión del equipo diplomático argentino y una nueva provocación presidencial que reinicia el ciclo. La pregunta que el ciclo deja sin respuesta es cuántos de esos reincios puede soportar la relación antes de que el daño sea estructural y no meramente coyuntural.

Puntos clave

  • Milei reiteró sus críticas a Lula desde territorio argentino, al ser consultado sobre sus dichos previos.
  • El oficialismo intentó diferenciarlo del episodio en Brasil argumentando que «esta vez lo dijo en la Argentina».
  • Brasilia respondió con silencio diplomático: ninguna declaración oficial ante la nueva andanada presidencial.
  • El canciller Quirno había logrado cierta distensión con el regreso del embajador Bitelli, que las nuevas declaraciones volvieron a complicar.
  • El patrón se repite: escalada verbal, respuesta de Itamaraty, intento de distensión y nueva provocación presidencial.
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