Cultura
Las metáforas del Indio: de qué hablaba cuando nadie entendía nada
«No comprendo la letra de nada de lo que cantan. Siento que tienen un misterio», dijo Mercedes Sosa sobre los Redondos. Tenía razón en lo del misterio, pero se equivocaba en lo de no entender. Las letras del Indio Solari son una de las crónicas más lúcidas y más despiadadas del capitalismo tardío, la alienación urbana y las drogas en la Argentina del siglo XX. El mito de la incomprensión fue, durante décadas, la coartada perfecta para no leerlas en serio.
Más allá del mito: la poesía política y social que el Indio Solari escondió en sus metáforas
Carlos «el Indio» Solari murió este viernes 5 de junio a los 77 años. Se va el mayor poeta del rock argentino y uno de los cronistas más agudos que tuvo el país en el último medio siglo. Un hombre que escribió sobre el totalitarismo de los medios de comunicación de masas, sobre la paranoia química de la cocaína como exigencia social, sobre la alienación del trabajador en la ciudad capitalista, sobre el rock que se vendía al sistema que juraba combatir. Todo eso. Con rimas imposibles, con metáforas crípticas, con una risa perversa que él mismo llamó «bidimensional» y que su público tarareó sin necesariamente saber qué estaba cantando. Ese es el milagro y el enigma del Indio: que la comprensión intelectual de sus letras sea optativa, pero que la emoción que producen sea universal.
La clave para entrar en esa obra no es el diccionario. Es aceptar que Solari escribía en un idioma que mezcla la jerga lunfarda, la ciencia ficción distópica, el existencialismo beat y la crónica social del conurbano. Sus textos son estudios en Sociología, Filosofía y Letras en varias universidades argentinas, según registros de la propia Fundación Konex. No son canciones para rockeros. Son literatura.
«Ji ji ji»: la paranoia como retrato de época
En 1986, mientras la Argentina hacía la transición democrática y en ciertos círculos porteños el consumo de cocaína era, según el propio Solari, «casi una exigencia social», los Redondos publicaron «Oktubre». El segundo disco de la banda contenía «Ji ji ji», la canción que se convertiría décadas después en el himno del pogo más grande del mundo. La revista Rolling Stone Argentina la ubicó en el quinto puesto de las 100 mejores canciones del rock nacional.
Pero Solari no escribió «Ji ji ji» para el pogo. En una entrevista con la revista Rolling Stone en 2007, el músico explicó con precisión quirúrgica de qué estaba hablando: «Para mí es un poco la paranoia de la droga. No lo llamaría de la experiencia con las drogas, sino que está hablando simplemente de cuando alguien está a la deriva dentro de esa situación». Y añadió: «Yo estoy hablando de la psicopatía, de la paranoia, de todos esos males del promedio de la cultura rock. Porque esta cultura ha pasado por diferentes etapas como cualquier cosa que nace, se desarrolla, crece y se remata. Hubo momentos de plenitud, de euforia, de politización, de bajón, de introspección. Todo eso ha pasado casi como un pulso vital y yo creo que las canciones que uno hace dan como una pintura de cómo se vivían ciertas cosas en cada momento.»
El título, la risa «ji ji ji», no era ornamental. «Es una risa medio perversa, marca una bidimensionalidad. Es como que todo lo que está diciendo no es ninguna afirmación. Porque si tenemos el cuchillo sobre la mesa, es simplemente un cuchillo; la cocaína es una cosa, no es la culpable de nada», aclaró el mismo Solari. Lo que la canción retrata no es la droga sino el estado de quien la consume en exceso: el psicópata que ve la película de sí mismo, los ojos ciegos bien abiertos, la cueva del perico como destino del derrumbe.
«Divina TV Führer»: el totalitarismo con rating
También en «Oktubre» está «Divina TV Führer», quizás la crítica más feroz y más temprana al poder de la televisión como aparato de disciplinamiento social que produjo el rock argentino. El título condensa todo: la pantalla como führer, como líder adorado, como productora de obediencia masiva. La canción describe la lógica de promoción mediática, el sujeto que «será promovido para navidad», el planeta bombardeado por un medium que Solari reconoció como un equivalente contemporáneo del totalitarismo orwelliano.
El análisis literario del sitio académico TV Tropes señaló que «Oktubre» en su conjunto funciona como un álbum conceptual que rinde homenaje a las grandes revoluciones, con «Fuegos de Octubre» como homenaje a la Internacional, «Divina TV Führer» como crítica al totalitarismo mediático y «Preso en mi Ciudad» y «Música para Pastillas» como reflexiones sobre cómo el rock estaba perdiendo su potencial subversivo. En «Preso en mi Ciudad», Solari describió a la música pop como un «Drácula con tacones», vacía de contenido, y diagnosticó que el rock estaba «atrapado en libertad», como si su naturaleza rebelde hubiera sido vaciada por el mismo sistema que decía combatir.
«La Bestia Pop»: la autocrítica como punto de partida
El primer disco, «Gulp!» (1985), comenzó con una declaración de principios encubierta de chiste. Solari explicó en entrevistas de la época cómo surgió «La Bestia Pop»: «Es como una joda a nosotros mismos y al medio, pero no hay una ironía malsana, es simplemente un chiste. Ya se empezaban a ver los peligros que tenía transformarse en una gran bestia pop.» Y sobre la segunda estrofa, que habla de un amigo «groggy sin destilar» y de caballos que se mueren potros sin galopar: «Habla de los peligros de la falopa, tiene que ver con todo lo que recibe la gran bestia pop.»
Esa capacidad de reírse de sí mismos desde el primer disco, de advertir en el inicio mismo de la masividad los peligros que esa masividad traía, fue una de las marcas distintivas de la escritura de Solari. No predicaba desde afuera del sistema; escribía desde adentro del problema, con la certeza de quien lo había habitado.
Las ciudades imaginarias del capitalismo tardío
A medida que la obra creció, Solari fue construyendo una geografía literaria propia para cartografiar el capitalismo tardío. Investigadores de la Revista Luthor (publicación académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) señalaron que en los discos de los Redondos posteriores a la caída de la URSS y el inicio de la globalización posmoderna, la topografía imaginaria mutó disco a disco: Tangópolis en «Luzbelito» (1996), Finisterre, Ciberbabel y Cibersiberia en «Último Bondi a Finisterre». Esas ciudades inventadas articulaban dos espacios: los «no-lugares» de los trenes y las calles inteligentes del capitalismo de servicios, y los espacios destruidos por el neoliberalismo. La ciencia ficción como herramienta para nombrar lo que el periodismo convencional nombraba con otros códigos.
«Luzbelito», grabado entre 1994 y 1995 en pleno menemismo, fue la síntesis de esa cartografía. El disco lleva el nombre de un ángel caído, un Lucifer diminutivo y popular, y retrata el mundo de los excluidos del modelo de convertibilidad: los que no acceden al consumo prometido, los que habitan los márgenes de las ciudades inteligentes. El capitalismo como infierno con iluminación fluorescente.
El misterio como política
Mercedes Sosa dijo que las letras de los Redondos eran un misterio. El escritor y ensayista Ariel Magnus publicó por editorial Interzona el libro «La cuadratura de la redondez», un ejercicio paródico-académico de interpretación del corpus ricotero. En la presentación del libro, Magnus señaló que «no hay una explicación sobre las letras, y la que pueda dar el Indio tampoco es una.» El hermetismo no era una falla técnica sino una posición estética: las letras no debían cerrarse en un único sentido porque el sentido único es, precisamente, el instrumento del poder que Solari pasó décadas cuestionando.
Lo que el Indio Solari escribió, en definitiva, es una de las crónicas más sostenidas y más incómodas que se conocen sobre la Argentina de la segunda mitad del siglo XX. Una crónica en la que la televisión es un führer, la cocaína un espejo de la paranoia social, el rock un revolucionario en peligro de domesticarse, la ciudad capitalista una jaula con buenas vistas y el ángel caído un pibe del barrio que no llegó al paraíso prometido por el mercado. Todo eso, con rimas imposibles. Y sin darle una sola entrevista a la televisión.
Cultura
La última noche del reino: cómo y por qué se rompió Patricio Rey junto con el país
El 4 de agosto de 2001, 45.000 personas vivieron sin saberlo el último show de los Redondos en el Chateau Carreras de Córdoba. Tres meses después, el 2 de noviembre, la separación se anunció por internet sin conferencia de prensa, sin despedida, sin discurso. Detrás del silencio: un viaje a Nueva York donde la sociedad se resquebrajó, una guerra por el archivo audiovisual de la banda y la acusación que Skay le hizo al Indio con cuatro palabras que lo cambiaron todo: «se creyó Patricio Rey».
El dolor sincronizado: cómo se rompieron los Redondos al mismo tiempo que se rompía la Argentina de 2001
Aquella tarde del 4 de agosto de 2001, unas horas antes del último show de los Redondos, el Indio Solari habló con el diario La Voz de Córdoba. Dijo que su vida estaba «con bastante plenitud» y que «la banda hace lo que quiere y de esta manera vivimos bien.» Cuatro meses después, con el país en llamas y el corralito reciente, el comunicado que anunció la separación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota apareció en el sitio web de la banda. Sin conferencia de prensa. Sin abrazos para las cámaras. Sin declaración de principios. Solo un texto breve en internet que clausuraba 25 años de historia.
Esa sincronía entre el derrumbe de la banda y el derrumbe de la Argentina de la Alianza no fue casual. Fue, en todo caso, la culminación de un proceso que se venía cocinando desde al menos el año anterior, durante un viaje a Nueva York que los periodistas Mariano del Mazo y Pablo Perantuono identificaron, en su libro «Fuimos Reyes» (Planeta), como el punto de quiebre de la tríada fundacional.
Nueva York, 2000: el sonido perfecto que nadie quería esperar
En el año 2000, el Indio Solari, Skay Beilinson y la Negra Poly viajaron a Nueva York para la masterización de «Momo Sampler», el último disco de la banda. Los acompañaron el ingeniero Eduardo Herrera y el productor Mario Breuer. Según reconstruye «Fuimos Reyes» con testimonios directos de los involucrados, las tensiones gobernaron el viaje desde el inicio. El Indio buscaba alcanzar un «sonido perfecto» y no quería apresurar ninguna decisión. Skay, en cambio, deseaba finalizar cuanto antes y regresar a Argentina.
El ingeniero Herrera, en declaraciones al diario La Nación años después, fue explícito: «Las internas de ellos son relativas. Por ahí Mario tuvo su percepción y yo dije algunas cosas, pero también dije otras que no están en el libro. Creo que en Nueva York, si bien hubo alguna cuestión, ya sabíamos de antes que la mezcla iba a tener cierta complejidad.» Y cuando se le preguntó si creía que la separación ya estaba en las cabezas de ambos músicos durante ese viaje, respondió sin ambages: «Sí, yo creo que sí, que lo re tenían en la cabeza y la gran charla fue el último día de estudio. Cuando la cosa empezó a subir de tono, le dije a Edu que no teníamos que estar ahí y nos fuimos a tomar unos Martinis a la esquina.»
El análisis de «Fuimos Reyes», según el periodista Del Mazo en declaraciones a la agencia Télam, apunta a algo más profundo: Los Redondos eran una experiencia colectiva que se estaba fracturando en su dirección artística. El libro cita testimonios que muestran al Indio conduciendo el rumbo de manera cada vez más unilateral durante esa etapa, mientras Skay acusaba lo que él mismo llamó una apropiación desmedida del proyecto. La frase de Skay que quedó para la historia fue categórica: «Lamentablemente, el Indio, en algún momento, se creyó Patricio Rey.»
La guerra por el archivo: los videos que nadie entregó
La segunda gran fisura, a la vez más concreta y más dolorosa para el Indio, fue la disputa por el material audiovisual. Los recitales de los Redondos en Racing (1998), River Plate (2000) y Córdoba (2001) habían sido filmados con estándar internacional y múltiples cámaras profesionales. El Indio reclamaba ese material para hacer copias propias. Según relatos de la época, Skay y la Negra Poly recibían el pedido pero demoraban sistemáticamente la entrega.
Años después del quiebre, el Indio Solari difundió una carta abierta en la que hizo pública la disputa. Acusó a Skay de conservar todos los audios y videos de los recitales y de negarse en varias oportunidades a permitirle el acceso para realizar copias. Y fue lapidario: «Hasta el día de hoy Poli y Skay están sentados sobre ese material, cuya custodia artística he reclamado en silencio público hasta hoy.» El material, según informó la revista Gente, nunca fue cedido.
Skay respondió por su parte al diario La Nación, en una entrevista que detonó el intercambio público, con su propia versión del final: «Todo se terminó cuando nos dimos cuenta de que uno de nosotros se quería apropiar de ese proyecto tan hermoso que fue Patricio Rey, que había nacido como la comunión y el aporte de muchos artistas y no los deseos de uno solo.» No hacía falta aclarar a quién apuntaba.
La última función: «Un ángel para tu soledad»
El Chateau Carreras de Córdoba, el 4 de agosto de 2001, fue el escenario de un concierto que nadie en la sala sabía que era el último. La Argentina estaba en el borde del precipicio: la convertibilidad se sostenía a duras penas y el estallido de diciembre estaba a cuatro meses. El contexto social y económico convertía cada recital de los Redondos, ya desde 1999, en una operación de logística compleja, señaló en ese sentido Mariano del Mazo en sus declaraciones sobre el libro: «Cada concierto de los Redondos tenía un nivel de peligrosidad muy alto y eso sumado al contexto social y económico volvía cada show en un movimiento de ajedrez.»
Durante casi dos horas, el Indio, Skay, el baterista Walter Sidotti, el saxofonista Sergio Dawi, el bajista Semilla Bucciarelli y Hernán Aramberri hicieron un repaso de su historia: clásicos, temas del último disco y canciones de las primeras épocas que hacía años no tocaban en vivo. A las nueve y media, los últimos acordes de «Ji ji ji» anunciaban el cierre. Pero el público insistió con el ritual: «Una más y no jodemos más.» Y vino «Un ángel para tu soledad.» Esa fue la última canción que los Redondos tocaron juntos.
Tres meses después, el 30 de octubre de 2001, los periodistas Humphrey Inzillo, Martín Correa y Pablo Marchetti entrevistaron al triunvirato en el Bar Onduras de Palermo. Fue la última vez que el Indio, Skay y Poli dieron una entrevista juntos a un medio gráfico. Esa conversación, publicada años después bajo el título «La última noche de Patricio Rey» (Gourmet Musical), revela que minutos después de que terminó la charla los viejos reclamos afloraron y desembocaron en la pelea definitiva. El 2 de noviembre se anunció la separación por internet.
«Fuimos Reyes» y el relato del derrumbe
La reconstrucción más exhaustiva de este proceso fue producida por Mariano Del Mazo y Pablo Perantuono, que en 2015 publicaron «Fuimos Reyes» (Planeta), una biografía con casi cien entrevistados que se reeditó en 2021 con nuevos testimonios y un prólogo de la escritora Mariana Enríquez. La edición ampliada fue catalogada por La Nación como «la definitiva» sobre la historia del grupo.
Enríquez sintetizó en su prólogo la experiencia ricotera con una frase que atraviesa el duelo colectivo que hoy recorre al país: «Uno no iba a divertirse a un show de Los Redondos. Iba a encontrarse con el peligro y con una especie intensa de fiesta, con euforia pero sin sonrisas, porque la dicha no es una cosa alegre.» Del Mazo, por su parte, aportó una clave de lectura política y cultural del proyecto: «Los Redondos estaban contando la historia del país y viceversa. Ellos también fueron una suerte de instrumentos de la realidad.» La Argentina que estallaba en diciembre de 2001 era la misma Argentina que los Redondos venían describiendo desde «Oktubre»: el capitalismo como infierno, los excluidos como protagonistas, el Estado como maquinaria de represión. Que la banda se rompiera ese año no fue una coincidencia. Fue casi una consecuencia narrativa.
Con la muerte del Indio Solari, la posibilidad de una reunión, que durante años los ricoteros cantaron como una plegaria en cada show de ambos solistas, se clausura definitivamente. «Solo te pido que se vuelvan a juntar» fue el canto que acompañó a dos décadas de conciertos por separado. El reino terminó. No hubo regreso.
-
Economía 💲6 díasRetroceso histórico: el salario mínimo bajo Milei vale menos que antes de la crisis de 2001
-
Actualidad6 díasBronca y movilización en Córdoba por el femicidio Agostina Vega
-
Educación4 díasBecas Progresar congeladas: el Gobierno Milei excluye a los estudiantes de los aumentos de ANSES
-
Femicidio4 díasCaso Agostina Vega: imputaron a Barrelier por femicidio tras detectar en la autopsia asfixia mecánica
-
Televisión6 díasCharlotte Caniggia al límite: advertida por Gran Hermano y al borde de abandonar la casa
-
Goles! ⚽5 díasLa Selección argentina viaja a Kansas City en el vuelo AR1978 para defender la bandera en el Mundial 2026
-
Femicidio6 díasCaso Agostina Vega: renunció el abogado de Barrelier tras el quiebre en su declaración
-
Economía 💲6 díasInflación de mayo entre el 2,2% y el 2,5%: ninguna consultora logra bajarla del 2%
