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Cultura

Las misas ricoteras: cuando el pogo fue el único refugio que quedó en pie

Carlos «el Indio» Solari falleció este viernes 5 de junio a los 77 años en su casa de Parque Leloir, en Ituzaingó. Con él se va el arquitecto de un fenómeno que excede con creces la música: las misas ricoteras fueron, durante los años más duros del menemismo y la catástrofe del 2001, el único tejido de contención social que nadie les negó a los pibes de los barrios.

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La misa ricotera: el mayor acontecimiento de masas de la historia del rock argentino

La noticia llegó esta mañana y sacudió al país con la fuerza de un pogo. Carlos Alberto Solari, el Indio, el líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y luego de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, murió a los 77 años en su domicilio del barrio Parque Leloir, en Ituzaingó. Sufría de Parkinson desde 2016, enfermedad que anunció públicamente durante un recital en Tandil con una franqueza que lo distinguió siempre de la pose rockera: «el Parkinson me anda pisando los talones», dijo ante la multitud. Su última aparición pública fue en enero de este año, cuando recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires.

Nacido en Paraná y formado en La Plata, Solari fundó los Redondos en 1976, en plena dictadura militar, junto a Skay Beilinson. La banda editó nueve álbumes de estudio y se disolvió en 2001. Pero lo que construyeron en ese cuarto de siglo no fue solo una discografía, sino un territorio.

El pogo como refugio cuando el Estado se borraba

La década del noventa fue, para amplios sectores de la clase trabajadora argentina, una década de demolición sistemática. El menemismo llevó el desempleo al 18 por ciento a mediados de los noventa, con un subempleo de magnitud similar, y avanzó con privatizaciones, flexibilización laboral y una convertibilidad que disciplinaba a los trabajadores con la amenaza permanente de la exclusión. En ese contexto de vaciamiento institucional, la misa ricotera emergió como un espacio de pertenencia que el Estado ya no ofrecía.

Los recitales de los Redondos no eran actos culturales en el sentido convencional del término. Eran peregrinaciones. Jóvenes de los barrios populares cruzaban el país en colectivos desvencijados, con lo justo, durante días, para llegar a ciudades del interior donde la banda elegía tocar deliberadamente fuera del circuito comercial porteño. La masividad no fue consecuencia de la televisión ni de las grandes discográficas: los Redondos jamás usaron la TV para difundir su trabajo, y manejaron producción, diseño y organización de manera completamente independiente. La convocatoria se construyó de boca en boca, cassette a cassette, en los mismos códigos de los trenes ricoteros y los colectivos que partían desde las villas y los barrios obreros del conurbano.

Esos viajes fueron en sí mismos un acto político que nadie había convocado como tal. El pogo más grande del mundo, como el propio Solari llamó con asombro a la marea humana que lo seguía, fue la expresión de una comunidad que se reconocía en el abandono y elegía la fiesta colectiva como respuesta. Nada, ni la lluvia ni la prohibición de un intendente, fue suficiente para quebrar los ánimos de quienes habían viajado desde lejos para llegar. El recital de Tandil de octubre de 1997, realizado luego de que el intendente de Olavarría prohibiera el show originalmente planeado, lo demostró con 25.000 personas bajo la lluvia.

La represión como contexto y la muerte de Walter Bulacio

La misa ricotera no existió en el vacío. Nació y creció bajo una represión policial que el menemismo no solo toleraba sino que alentaba como instrumento de disciplinamiento social. La noche del 19 de abril de 1991, en las inmediaciones del estadio Obras Sanitarias, la Policía Federal realizó una razzia sobre el público que esperaba entrar a un recital de los Redondos. Entre los 130 jóvenes detenidos estaba Walter Bulacio, de 17 años, que fue torturado en la comisaría 35 de Nuñez y murió días después.

El caso Bulacio se convirtió en la síntesis más brutal de lo que significaba ser joven y popular en la Argentina del menemismo: el Estado que se retiraba de la economía y la educación aparecía, sin embargo, con toda su violencia en la puerta de los recitales. La Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI), al frente de María del Carmen Verdú, llevó el caso hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que en 2003 condenó al Estado argentino por su responsabilidad en los hechos. El excomisario Miguel Ángel Espósito fue condenado recién en 2013, 22 años después de la muerte de Walter, con una pena de tres años en suspenso por privación ilegítima de la libertad. Sin cumplimiento efectivo.

Walter fue adoptado por la comunidad ricotera como un símbolo de resistencia que trascendió al grupo y a su líder. «Yo sabía, yo sabía, que a Bulacio lo mató la Policía» se cantó en cada recital, en cada cancha de fútbol, en cada marcha durante años. En 2013, el propio Solari respondió a quienes lo acusaban de indiferencia con una declaración pública en la que señaló que una foto de Walter con la palabra justicia seguía estando en las pantallas de sus conciertos.

La separación de 2001 y las misas como solista

El último recital de los Redondos tuvo lugar el 4 de agosto de 2001 en el estadio Chateau Carreras de Córdoba, en el marco de un país que se caía a pedazos, con Domingo Cavallo como ministro de Economía y la Alianza en su agonía. Fue, en palabras de crónicas de la época, el final no anunciado de la banda más convocante de la historia del rock nacional: un cierre en un escenario serrano, con la Argentina en llamas.

Pero el fenómeno no terminó con la separación. Las misas ricoteras mutaron con Solari al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y crecieron hasta dimensiones que desafiaron cualquier categoría conocida. El recital de Olavarría de marzo de 2017, el último de su carrera presencial, convocó a unas 350.000 personas en una ciudad de 100.000 habitantes. Durante una semana previa, los ricoteros llegaron en micros, camionetas y a pie, instalando carpas en andenes, orillas del río, potreros, rotondas y patios de casas privadas. «Esto es una locura, ya no sabemos cómo llamarle», dijo Solari aquella noche al despedirse de una multitud que lloraba y gritaba. Los conciertos habían empezado a parecerse a las grandes movilizaciones del peronismo: masivas migraciones de personas que atravesaban el país, algunas desde países vecinos, para asistir a rituales en autódromos o predios feriales alejados de las ciudades.

El Honoris Causa y el cierre de un ciclo

En 2023, Solari confirmó públicamente que no volvería a los escenarios. «Ya no tengo ganas de seguir, de ser un artista que está peleando en el escenario. El Indio ya cumplió su tiempo», declaró. Su último trabajo discográfico fue «El ruiseñor, el amor y la muerte», de 2018. En enero de 2026, recibió el Doctorado Honoris Causa de la UBA en su última aparición pública.

Se fue sin haber vendido su independencia. Sin haber firmado con una multinacional discográfica. Sin haber usado la televisión para llegar a la gente. Con canciones que son motivo de estudio en carreras de Sociología, Filosofía y Letras de las universidades argentinas. Con una foto de Walter Bulacio en las pantallas de sus últimos recitales.

El pogo más grande del mundo fue, en los años en que el Estado se borraba o directamente reprimía, el tejido de contención que nadie les negó a los pibes de los barrios. Eso construyó el Indio Solari. Y eso no se disuelve con una muerte.

Cultura

La última postal del Indio: la foto que revela su despedida silenciosa horas antes del ACV

A un mes del fallecimiento de Carlos «Indio» Solari, su familia difundió imágenes inéditas tomadas horas antes del ACV hemorrágico que le costó la vida, en un gesto que reabrió el duelo colectivo de una parte central de la cultura popular argentina.

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La familia del Indio Solari compartió las últimas fotos del músico antes de su muerte.
A un mes de su partida, el entorno del Indio vuelve a las redes para sostener la memoria colectiva.

Virginia «Viru» Mones Ruiz y Bruno Solari, esposa e hijo del músico, publicaron este domingo en las redes sociales oficiales del artista una serie de fotografías tomadas el jueves 4 de junio, la tarde previa a su muerte. El mensaje que acompañó el posteo fue breve: «Jueves 4 de junio a la tardecita. Te amamos tanto viejito… V y B». Las imágenes muestran al histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota caminando y posando en el jardín de su casa de Parque Leloir, con sus característicos anteojos oscuros y el bastón que usaba desde hacía años a raíz del Parkinson que padecía.

Un registro que quedó como último testimonio

Las postales fueron tomadas por Gastón Daus, colaborador, asistente y amigo íntimo del músico durante casi tres décadas. Según reconstruyeron distintos medios, en una de las fotos se lo ve caminando con tranquilidad por el parque de la propiedad, vestido con un tapado negro y un pantalón bordó; en otra, posa al aire libre junto a un árbol con hojas rojas caídas sobre el césped. Se trata de las últimas imágenes conocidas del artista antes de la descompensación que sufrió esa misma noche o durante las horas siguientes, y que derivó en el ACV hemorrágico que le provocó la muerte el 5 de junio en esa misma vivienda de Parque Leloir, partido de Ituzaingó.

La publicación no tardó en viralizarse. En menos de una hora superó los 40 mil «me gusta» en Instagram y sumó cientos de comentarios de seguidores y figuras públicas, entre ellas Matías Martin y Benjamín Rojas. Los mensajes de los fanáticos incluyeron frases como «Siempre presente», «Que su música no pare nunca más» y «Gracias Viru y Bruno por compartirnos al Indio».

El antecedente del video de agradecimiento

No es la primera vez que el entorno familiar utiliza las redes oficiales para procesar públicamente el duelo. Apenas una semana después de la muerte del músico, Virginia Mones Ruiz había tomado la palabra por primera vez en un video para agradecer el acompañamiento recibido durante los días más difíciles, con menciones a colaboradores históricos como Martín, Martita Garín, el propio Gastón Daus, Patricia, JJ y Marcelo, además de su equipo legal, integrado por Gustavo Triemstra y Federico González Guione. En esa oportunidad también dedicó un párrafo a los bomberos de Avellaneda, Quilmes y Lanús que trabajaron durante la despedida multitudinaria, y cerró agradeciendo al público ricotero por «un orgullo y una emoción inconmensurable».

La familia del Indio Solari compartió las últimas fotos del músico antes de su muerte.
La familia del Indio Solari compartió las últimas fotos del músico antes de su muerte.

Un mes de duelo que no cesa

El fallecimiento del Indio Solari, ocurrido el 5 de junio a los 77 años, generó una conmoción inmediata en la cultura popular argentina y derivó en una despedida multitudinaria en el Polideportivo José María Gatica, con posteriores incidentes durante una concentración espontánea en el Obelisco. A un mes de esa fecha, la reactivación de la cuenta oficial del músico con este material inédito confirma que el vínculo entre el artista y su público sigue tan vigente como en vida, sostenido ahora por su familia como custodia de la memoria y el legado de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Puntos clave:

  • La familia del Indio Solari publicó fotos inéditas tomadas el 4 de junio, la tarde previa a su muerte.
  • Las imágenes fueron captadas por Gastón Daus, asistente y amigo íntimo del músico durante casi 30 años.
  • El posteo superó los 40 mil «me gusta» en menos de una hora, con mensajes de figuras públicas y fanáticos.
  • Solari falleció el 5 de junio a los 77 años por un ACV hemorrágico en su casa de Parque Leloir.
  • Es la segunda vez que la familia usa las redes oficiales para procesar públicamente el duelo colectivo.
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