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Venezuela: sube a 4.490 la cifra de muertos por los terremotos y ya hay 16.740 heridos
El balance oficial elevó a 4.490 la cantidad de fallecidos por los terremotos del 24 de junio en Venezuela. Además, se contabilizan 16.740 heridos y cerca de 20.000 damnificados permanecen en campamentos temporales mientras continúan las tareas de rescate y la asistencia internacional.
El Gobierno de Venezuela informó este domingo que la cantidad de personas fallecidas por los terremotos registrados el 24 de junio ascendió a 4.490, mientras que el número de heridos se mantiene en 16.740.
Los dos potentes sismos impactaron principalmente en Caracas y el estado La Guaira, donde continúan las tareas de búsqueda y rescate entre edificios colapsados.
Cerca de 20.000 personas permanecen en campamentos
Según el reporte oficial, alrededor de 20.000 damnificados siguen alojados en campamentos provisorios luego de perder sus viviendas por el desastre.
Además, las autoridades informaron que más de 850 edificios resultaron afectados y 190 colapsaron completamente, provocando importantes daños en las zonas más castigadas.
Continúan los operativos de rescate
Brigadas venezolanas junto a rescatistas extranjeros mantienen los trabajos para localizar personas que aún permanecen bajo los escombros.
Las tareas se desarrollan de manera permanente mientras avanzan las evaluaciones sobre los daños materiales ocasionados por los terremotos.
Geopolítica 🌎
Tras el nuevo ataque de Milei a Lula, Brasil eligió el silencio
El presidente Javier Milei reiteró sus críticas contra su par brasileño desde territorio argentino, apenas días después de que el canciller Pablo Quirno lograra distender la relación bilateral. Desde Brasilia, el silencio fue la respuesta: ninguna declaración oficial ante la nueva andanada del mandatario libertario.
La calma duró poco. Javier Milei volvió a atacar públicamente al mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y tensó una vez más el vínculo entre Argentina y Brasil, apenas cuando la relación parecía haber retomado cierta normalidad. «Es ladrón, es un corrupto. Fue condenado. Estuvo preso, con lo cual es cierto lo de presidiario. Lo liberaron por una falla administrativa, no por ser inocente. Por lo tanto, es ladrón y es un corrupto», señaló Milei el domingo pasado, al ser consultado sobre sus dichos previos respecto de Lula.
El argumento de Casa Rosada: «no dijo nada nuevo»
En el entorno presidencial intentaron minimizar el episodio con un argumento que, lejos de desactivar la controversia, revela la naturaleza del problema: que Milei no introdujo «nuevas» críticas, sino que reiteró sus postulados de siempre. «Le preguntaron sobre sus dichos sobre Lula y repitió lo mismo», dijeron fuentes del Gobierno. La distinción que el oficialismo intentó instalar como atenuante fue otra: esta vez las declaraciones se produjeron en suelo argentino y no en Brasil, como ocurrió durante la visita del mandatario al país vecino, cuando respaldó públicamente a Flavio Bolsonaro, candidato de la derecha que competirá por la presidencia el próximo 4 de octubre. «Esta vez lo dijo en la Argentina. El problema es si lo vas a decir a la casa del otro», se justificaron en el oficialismo.
El razonamiento encierra una contradicción difícil de sostener: si el problema es el lugar y no el contenido, el oficialismo admite implícitamente que los dichos son ofensivos, pero considera que resultan tolerables cuando se emiten desde Buenos Aires. Esa distinción, sin embargo, no parece convencer a nadie fuera de la propia coalición de gobierno.
Brasilia elige el silencio diplomático
La respuesta desde Brasil fue contundente en su forma y en su ausencia de forma: el silencio. A horas de los nuevos dichos de Milei, ninguna terminal del gobierno de Lula emitió declaraciones ni valoraciones públicas. La estrategia de Itamaraty fue la de no alimentar la polémica, aunque sin resignar la posición de fondo que ya había quedado registrada en episodios anteriores.
Sobre el cierre de la semana pasada, fuentes brasileñas habían destacado los «gestos recíprocos» entre las naciones y subrayado «la importancia de sostener la relación bilateral». Sin embargo, en Itamaraty aclararon que no perdían de vista «la seriedad de lo que pasó» y calificaron de «inadmisible» las ofensas proferidas por el mandatario argentino, quien en su visita a Brasil llamó a Lula «basura socialista», «ladrón» y «presidiario». Esa combinación, la de sostener el diálogo pero mantener firme el rechazo, define la postura con la que Brasilia enfrenta la relación con el gobierno de Milei.
Quirno y el difícil equilibrio diplomático
El canciller Pablo Quirno había logrado, en los días previos, descomprimir la tensión que había llevado a Brasil a retirar temporalmente a su embajador, Julio Bitelli, de Buenos Aires. El regreso de Bitelli a su cargo en la capital argentina fue leído como una señal de que la relación podía encauzarse. Sin embargo, los nuevos dichos de Milei volvieron a poner en evidencia la paradoja estructural de la política exterior libertaria: el Presidente declama la defensa de los intereses nacionales mientras socava sistemáticamente los vínculos con el principal socio comercial del país.
Brasil representa cerca del 14% de las exportaciones argentinas y es, históricamente, el ancla del MERCOSUR. Que la relación con ese socio esté sujeta a las impugnaciones ideológicas recurrentes del Presidente no es una excentricidad; es una variable de riesgo con consecuencias concretas sobre el comercio, la inversión y el peso de Argentina en la región.
Un patrón que se repite
Lo que este episodio confirma no es solo la persistencia de las críticas de Milei a Lula, sino la ausencia de una política exterior coherente que subordine las preferencias ideológicas del Presidente a los intereses del Estado argentino. La dinámica se repite: un escalada verbal de Milei, una respuesta institucional de Brasilia, un intento de distensión del equipo diplomático argentino y una nueva provocación presidencial que reinicia el ciclo. La pregunta que el ciclo deja sin respuesta es cuántos de esos reincios puede soportar la relación antes de que el daño sea estructural y no meramente coyuntural.
Puntos clave
- Milei reiteró sus críticas a Lula desde territorio argentino, al ser consultado sobre sus dichos previos.
- El oficialismo intentó diferenciarlo del episodio en Brasil argumentando que «esta vez lo dijo en la Argentina».
- Brasilia respondió con silencio diplomático: ninguna declaración oficial ante la nueva andanada presidencial.
- El canciller Quirno había logrado cierta distensión con el regreso del embajador Bitelli, que las nuevas declaraciones volvieron a complicar.
- El patrón se repite: escalada verbal, respuesta de Itamaraty, intento de distensión y nueva provocación presidencial.
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