Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
Análisis
El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar
La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.
Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.
El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.
«Una bomba en el medio del pueblo»
Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.
La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.
Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».
Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal
Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».
Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.
Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.
Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».
La intendenta y el pedido de los trabajadores
Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.
Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».
La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.
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