Análisis
El mito de la plaza de Galtieri
La campaña de “desmalvinización”.
Por Alberto Nadra
“Algo convoca en el rumor de la movilización que se acerca. Incluso cuando el error político es inevitable, como cuando el dictador Galtieri tuvo su Plaza de Mayo enceguecida”.
Beatriz Sarlo
A 42 años del intento de recuperación de nuestro territorio usurpado, diversos académicos y políticos repiten esta muletilla de “la plaza de Galtieri”, potenciados por los grandes medios de prensa, tan obsecuentes con la dictadura cívico-militar y hoy, portavoces de los intereses corporativos al mando del gobierno nacional.
Esta idea de que hubo una “plaza de Galtieri” surgió a horas de la rendición de los mandos militares y es símbolo de una campaña de “desmalvinización” que viene acumulando efectividad y prolongando su vigencia desde el momento mismo en que la dictadura sometió a los combatientes a un humillante regreso.
La campaña consiste en maniobras políticas y discursivas que vacían la memoria colectiva del pueblo argentino de la lección anticolonial y antiimperialista de aquellos días y niegan, también, el balance de la lucha antidictatorial de nuestro pueblo. Sin embargo, excepto por algunos esfuerzos dentro del Frente para la Victoria y el Frente de todos, hay pocas voces que se levantan para denunciarla, incluso dentro del mismo movimiento nacional y popular.
En las siguientes líneas, expondré tres objetivos centrales de esta campaña de “desmalvinización” y comentaré brevemente cómo se vienen expresando en la realidad político-social de nuestro país.
- Reducir las atrocidades de la dictadura a aquellos actos que llevaron a cabo los militares y grupos parapoliciales, y ocultar el modo en que estos actores estuvieron inspirados y sostenidos por las grandes corporaciones, varias con origen en Washington y las capitales europeas, cuyos intereses propiciaron y decidieron el resultado de la guerra de Malvinas. Se trata de las mismas corporaciones que se enriquecieron entonces y siguen enriqueciéndose en nuestros días.
- Ocultar el modo en el que la OTAN aprovechó la guerra de Malvinas para fortalecer su posicionamiento militar en el Atlántico Sur, así como los intereses militares y económicos que llevaron a EE. UU. y, en general, a los países de la OTAN, a apoyar a Gran Bretaña y decisivamente perjudicar a la Argentina en la guerra de Malvinas. Esta faceta de la campaña de “desmalvinización” refuerza el olvido de las lecciones anticolonial y antiimperialista que dejó Malvinas con un paradójico “endiosamiento” mediático de esas naciones e instituciones.
- Reducir la masiva movilización popular por nuestra soberanía en Malvinas a una marcha de apoyo a la dictadura militar, o a Galtieri, y ocultar que también supuso la expresión de una decidida resistencia a la dictadura que se había ido acumulando en varios sectores del pueblo argentino desde 1976, producto de la cual en 1982 se acorraló a un régimen ya sumido en severas crisis internas.
Dictadura y democracia a través de la “desmalvinización”
Los juicios a los crímenes del terrorismo de Estado y la infatigable investigación de varios organismos de derechos humanos, así como de los familiares de los secuestrados y desaparecidos, profundizaron las denuncias de la mítica Carta de un escritor a la Junta Militar, que Rodolfo Walsh escribió horas antes de su asesinato. De este modo, contribuyeron a esclarecer la verdad histórica y las responsabilidades de los actores que protagonizaron tristemente la época de la dictadura.
Sin embargo, como mencioné anteriormente, parte de la campaña de “desmalvinización” de los últimos años tiene que ver con ocultar que el plan estatal de exterminio no fue exclusiva responsabilidad de los militares que dieron el golpe, sino también de varios actores civiles, como corporaciones nacionales e internacionales: Ledesma, Acindar, Techint, Mercedes Benz, Ford, Celulosa, Bunge y Born, Soldati, Pérez Companc, Fortabat, entre otras.
Los gobiernos neoliberales en la recuperada democracia, todos los “grandes” medios periodísticos –con Clarín y La Nación a la cabeza– y buena parte de la justicia silenciaron estas responsabilidades civiles, o porque fueron cómplices de ese accionar, o en algunos casos, incluso, protagonistas. Así, el neoliberalismo económico –impuesto en dictadura y renacido dos veces en democracia– y el desprecio y abandono de la causa nacional por la soberanía en las islas unen al Domingo Cavallo estatizador de la deuda externa privada en dictadura con el Domingo Cavallo superministro de Menem y De la Rúa. Esos rasgos también lo unen con los funcionarios de la gestión de Juntos por el Cambio, impulsores de la derogación de conceptos como “independencia económica”, “soberanía”, “patria” o “integración latinoamericana”.
Valen como ejemplo las “relaciones carnales” del canciller Guido Di Tella, que no se redujeron a las concesiones a los EE. UU., sino que se extendieron al Reino Unido, con una “política de seducción” de los kelpers mediante ridículos envíos de “regalos” y, especialmente, a través del inédito y gratuito reconocimiento de los ocupantes como “tercer actor” en el conflicto. También se puede mencionar el modo en que la administración de Macri destruyó la economía y endeudó el país para favorecer la fuga de capitales de los mismos grupos económicos que se beneficiaron con el resultado de la dictadura y la guerra de Malvinas.
Este ex presidente rechazó la recuperación de nuestra soberanía en Malvinas porque, en sus palabras, “generaría un fuerte déficit”. En cambio, prefirió seguir beneficiando a los intereses económicos mencionados, a través de ruinosos memorandos de entendimiento y cooperación con Gran Bretaña, que le dieron vía libre a ese país para la explotación indiscriminada de nuestros recursos naturales.
Con una base ideológica similar, Patricia Bullrich propuso la entrega de las Islas Malvinas a cambio de un lote de vacunas de Pfizer durante la pandemia.
Esta alineación de los intereses económicos de Gran Bretaña, Estados Unidos y los países que se beneficiaron con la dictadura y la guerra de Malvinas con los de los grandes grupos económicos nacionales que, además, tienen un importante poder político y mediático, es una realidad que la campaña de “desmalvinización” pretende ocultar del debate público y político, y también del alcance de la justicia.
“Desmalvinización” o cómo ocultar la cara sangrienta del imperio
El coro de los grandes medios de comunicación y festejan el giro en política exterior de Javier Milei, como acusaron al gobierno de Unión por la Patria de poner distancia con “nuestros amigos” y “aliados”, Estados Unidos y la Unión Europea.
Aquellas críticas, como el actual desprecio por la causa de nuestra soberanía en las islas, reforzaron y refuerzan el intento “desmalvinizador” de alinearnos incondicionalmente con los países de EE.UU. y la OTAN, que actuaron como enemigos durante la guerra de Malvinas, a través de su apoyo diplomático y de provisión de armamento e inteligencia a Gran Bretaña.
¿Qué clase de “amigo” propicia los sangrientos golpes de Estado que sufrió nuestro continente e invade 40 veces a los países latinoamericanos durante el siglo XX, como parte de centenares de destructivas intervenciones a diferentes naciones en el mundo?
¿Qué clase de “aliado” impone el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) –supuestamente para prevenir “agresiones extracontinentales” contra cualquier país del continente–, lo usa para encubrir su intervencionismo en los países latinoamericanos durante toda su historia, pero lo bloquea en 1982, ante el ataque inglés a la Argentina, que fue una verdadera “agresión extracontinental”?.
En ese momento, el gobierno de los EE.UU. –que incluía al entonces senador y actual presidente Joe Biden– simuló propiciar una mediación, para luego apoyar expresamente al Estado ocupante y suministrarle las coordenadas de las tropas argentinas, que fueron decisivas para que Gran Bretaña pudiera derribar nuestros aviones y tener la precisión necesaria para asesinar a los tripulantes del crucero General Belgrano, que fue hundido fuera del área de conflicto, en una burla a las gestiones de paz de los entonces secretario general de la ONU y presidente de Perú.
Para combatir en Malvinas, el Reino Unido desplegó el mayor operativo desde la Segunda Guerra Mundial, lo que mostró que su objetivo final en esta batalla, iba mucho más allá de proteger a uno de sus más pequeños y alejados enclaves coloniales. En realidad, se proponía avanzar en su vieja aspiración, compartida con sus aliados de la OTAN, de lograr una posición militar estratégica en el Atlántico Sur.
Confirma esta afirmación el hecho de que, apenas concluyó la guerra, Gran Bretaña instaló una gigantesca base aeronaval, de comunicaciones y espionaje electrónico, que hace ejercicios militares con regularidad y cada año incrementa su poder con armas de largo alcance, en evidente violación de diversas resoluciones de la ONU, en particular aquella que determina el estatus del Atlántico Sur como Zona de Paz y Cooperación.
La presencia de esta base militar en Malvinas también supone una amenaza y un peligro cierto para los pueblos de todo el continente, en especial ante las amenazas de intervención militar estadounidense en países latinoamericanos. Esta base, a menos de 400 kilómetros de nuestro territorio, bien puede llegar a ser un soporte para la expansión de la OTAN sobre Ucrania, y su participación en futuros conflictos, con la consecuente cercanía a Latinoamérica de los alcances de una eventual confrontación bélica.
Si Malvinas dejó algo claro –y por eso hay tanto empeño en ridiculizar y borrar sus enseñanzas– es que los países de la OTAN eran nuestros enemigos, los mismos que mataron a nuestros compatriotas y los mismos que “educaron” a nuestras fuerzas armadas en la Doctrina de la Seguridad Nacional, tan útil para la represión interna como inútil para la defensa nacional. Eran las órdenes de Estados Unidos las que cumplía la dictadura al enviar “especialistas” argentinos a Centroamérica para instruir a los militares y paramilitares locales en tortura y “lucha antisubversiva”.
Durante la guerra de Malvinas también se ratificó que, al igual que actualmente, nuestros amigos estaban entre los pueblos latinoamericanos, la despreciada “Patria Grande”, que no vaciló en brindar solidaridad activa, inclusive con voluntarios para el combate, y entre las 120 naciones del Movimiento de Países No Alineados.
“Desmalvinización” como ocultamiento de la lucha popular durante la dictadura
La Plaza de Mayo no fue del dictador Galtieri y buena parte de los allí presentes no estábamos enceguecidos. Este mito, que repiten varios académicos, políticos y periodistas, omite el importante hecho de que la movilización por la soberanía de Malvinas permitió expresar, en las plazas de todo el país, la conciencia y organización antidictatoriales que un sector significativo de los ciudadanos argentinos había acumulado desde el momento mismo del golpe.
Esta historia oculta de la resistencia civil – que perversamente reducen a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que son su heroico e inmortalizado símbolo–tuvo como puntales al movimiento obrero y a las juventudes políticas, que convergieron en la Multipartidaria hacia el final de la dictadura, después de vencer la resistencia del radicalismo balbinista, reacio a cualquier acción conjunta por las libertades y la democratización del país.
Horas después del golpe, los sobrevivientes de las Juventudes Políticas comenzaron a coordinar acciones a fin de recuperar a todos los sectores del movimiento juvenil: sindical, barrial, estudiantil, artístico o de pequeños y medianos productores. De este modo, por ejemplo, se reorganizaron los centros de los colegios secundarios, en los que circulaban decenas de revistas clandestinas. Por su parte, el movimiento estudiantil universitario resistió múltiples intentos de arancelar la educación y, en 1980, logró sumar 20.000 firmas en contra de una de estas iniciativas, aun en medio de la persecución.
Asimismo, en un contexto socio-político en el que las huelgas y manifestaciones obreras estaban prohibidas, y eran pasibles de sanción, la militancia protagonizó el trabajo “a tristeza” – tristeza por la represión, las prohibiciones y la explotación–, que fue un primer cimbronazo al régimen. Peronistas y comunistas que dirigieron las primeras experiencias de esta iniciativa en las automotrices, y también trabajadores ferroviarios e integrantes del sindicato Luz y Fuerza, todavía están desaparecidos. Estas acciones de resistencia se profundizaron con la constitución de la “Comisión de los 25” –luego la CUTA– y, en 1980, comenzaron las primeras huelgas generales y las movilizaciones a la Iglesia de San Cayetano, en Liniers, en las que un abanico multisectorial enfrentó a la represión con la consigna de “Paz, pan, trabajo”, que culminaba con un contundente “la dictadura abajo”.
Por otro lado, entre 1978 y 1980, el centro de los encuentros de la juventud de la Federación Agraria fueron diversas discusiones e iniciativas para rechazar las medidas económicas del ministro Martínez de Hoz, que liquidaban a los pequeños y medianos productores.
En esos mismos años, se realizaron sucesivos seminarios juveniles de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, en los que se dio a conocer una amplia lista de desaparecidos y se hizo bandera la denuncia de “el delito de ser joven”. A la vez, en 1978, más de 80 organizaciones juveniles –políticas, sindicales, estudiantiles y artísticas– se movilizaron para pronunciarse contra los intentos guerreristas de las dictaduras de Chile y Argentina por el Canal de Beagle. En 1981 se extendieron por todo el país nuevas expresiones de resistencia como Teatro Abierto, Danza Abierta, Música Siempre, Libro Abierto y tantas más.
Como parte de estas y otras expresiones de lucha y protesta, muy brevemente resumidas en estas líneas, se formaron centenares de comités locales que, en 1979, marcharon –en cuadras y cuadras de hombres, mujeres y jóvenes– a denunciar los crímenes de la dictadura ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, rodeados por los tenebrosos Falcon verdes, pero también con un sistema de vigilancia y “controles” de cada comisión para garantizar la mayor seguridad posible.
Con estos antecedentes, la convocatoria antidictatorial de la CGT de Brasil, el 30 de marzo de 1982 fue masiva e hirió de muerte al régimen con una batalla campal en los alrededores de la Plaza de Mayo y en otras ciudades del país, dos días antes del manotazo desesperado en Malvinas.
Finalmente, el 10 de abril de 1982, fue esta acumulación de resistencia popular la que inspiró a una parte importante de quienes nos movilizamos a la Plaza de Mayo para reclamar por la soberanía en nuestros términos. De este modo, nuestra movilización fue una expresión más de nuestro repudio sostenido a los crímenes de la dictadura y un nuevo pedido por la democracia.
La mala memoria, ayudada y potenciada por la permanente campaña “desmalvinizadora” puede confundir el balance, pero basta con buscar en los archivos de la época las fotos de la movilización para notar numerosos carteles, firmados por la Juventud Peronista, la Federación Juvenil Comunista o por ambas organizaciones, bajo consignas como “Con las Malvinas recuperar la democracia también” o el estremecedor “Las Malvinas son argentinas; los desaparecidos, también”, que “patentaron” las Madres en su plaza.
Nosotros, y no aquellos que aplaudían crédula mente al dictador –que, sin duda, también los hubo– fuimos quienes volvimos a enfrentar la represión en las calles para pedirle cuentas al régimen militar a horas de la rendición en Puerto Argentino, e impulsamos una última ola de resistencia que no se detuvo hasta el final de la dictadura.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Análisis
Guerra, inflación y ajuste sin fin
El ajuste libertario analizado por el Foro de Economía y Trabajo.
Por Foro de Economía y Trabajo
La “guerra económica” abierta cuyas consecuencias sufre toda la humanidad, se agravó al perpetrarse la barbarie bélica de EEUU e Israelcontra Irán, agresión que el presidente Milei respalda y tiene como uno de sus objetivos – como también se verifica desde la intervención del presidente estadounidense en Venezuela – el control de la producción y comercialización de los hidrocarburos.
La repercusión en los precios internacionales del gas y el petróleo fue inmediata. Como la energía atraviesa transversalmente toda la economía, involucra también al precio de los alimentos, golpeando las condiciones de vida de cientos de millones de personas.
Llamativamente el gobierno de Javier Milei y sus economistas vienen afirmando que Argentina en esta situación tendría condiciones «ganadoras» y aumento de las exportaciones.
Al mismo tiempo, asignan el mismo motivo – el salto de los precios mundiales – al actual empuje inflacionario para justificar el empeoramiento inflacionario económico y social, a pesar de que Argentina cuenta con capacidad superlativa para la producción – tanto de energía como de alimentos – para satisfacer la demanda interna con la producción propia y permitir excedentes crecientes de exportación, con costos muy menores a los precios internacionales.
Con esa excusa del «aumento de los precios internacionales » se oculta quién se apropia de la renta diferencial y extraordinaria que, en razón de esas ventajas de nuestro país, y a costa de las condiciones de vida de la población cuando se imponen esos precios en el mercado interno.
Con guerra o sin guerra, con la política de “hagan plata, evadan y fuguen divisas cuanto quieran” de Luis Caputo y Javier Milei, la población paga sin justificación a precio internacional los consumos e insumos que produce y consume en pesos, empeorando las condiciones de trabajo, de pérdida de empleo, de calidad de vida y competitivas para producir con trabajo argentino agregado.
Es la repetida experiencia de planes económicos en favor de pocos muy ricos, que perjudican al conjunto de la sociedad y el país. Como ya ha sucedido, se suma la apertura importadora; y la respuesta que dan un alto número de empresas es profundizar una reconversión de sus estrategias de negocios: desplazan producción local, avanzan en la importación de bienes finales, recortan empleo y sostienen elevados márgenes de rentabilidad en la comercialización.
Así, se agrava el actual desorden macroeconómico con resultados regresivos, reflejados en mayor inflación, el deterioro de los ingresos, una creciente precarización de las condiciones laborales, expansión del pluriempleo, aumento de la marginalidad, endeudamiento para alimentos y servicios básicos con tasas usureras, empeoramiento de la calidad de vida de los hogares. Significa más inflación, recesión y desempleo que no se reflejan en las estadísticas oficiales.
LAS ESTADISTICAS OFICIALES
Una deliberada falta de eficacia estadística – funcional a la estrategia comunicacional del Gobierno- se manifiesta en particular en la medición oficial del Índice de Precios al Consumidor (IPC) que continúa utilizando ponderadores correspondientes a una estructura de consumo muy anterior (Encuesta Nacional de los Hogares-ENGHo 2004/05), por lo que su nivel general no refleja plenamente la evolución real del costo de vida que enfrentan los hogares.
Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 el IPC Nacional, principal indicador para monitorear la inflación, acumuló una variación en torno al 293% y volvió a acelerarse desde mayo de 2025, con aumentos particularmente regresivos en rubros esenciales como Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (540%) y Transporte (347%), que junto con Alimentos y bebidas no alcohólicas (273%) concentran alrededor del 50% del gasto de consumo de los hogares, de acuerdo al patrón de consumo de la última Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares (ENGHo 2017/18) cuya aplicación se suspendió.
La no actualización de la estructura de ponderadores del IPC implica, para el período noviembre de 2023 – febrero de 2026, una brecha acumulada de alrededor de 19 puntos porcentuales, 280% vs. 299%, al comparar el IPC INDEC con el IPC CABA IDECBA (Instituto de Estadística y Censos la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) este último con una estructura de consumo más actualizada.
En este contexto, las subas nominales de los ingresos laborales no logran compensar la inflación, lo que se traduce en pérdidas de poder adquisitivo, más acentuadas aún al considerar mediciones alternativas como el IPC CABA. Se verifica así una caída generalizada de ingresos hogareños en términos reales, con pérdidas de alrededor del 6,7% en los salarios del sector privado registrado, y superiores al 20% en promedio para el sector público (-38,4% en la Administración Pública Nacional; -13,7% en provincias, y -35,4% en Universidades a diciembre de 2025).
A febrero de 2026, la remuneración imponible promedio de los trabajadores estables (RIPTE) se ubicaba apenas por encima de la línea de pobreza para un hogar tipo de 4 personas: $1.734.357 vs. $1.397.672. Mientras que, a marzo de 2026, el Salario Mínimo, Vital y Móvil – $352.400 – y el Haber mínimo jubilatorio -$369.601- aún permanecen por debajo de la línea de pobreza por adulto equivalente: $464.228, canasta básica total, y cabe preguntarse: ¿quién puede vivir con esta suma?
Es de destacar que, considerando los datos oficiales, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) a marzo de 2026, tiene un poder de compra reducido al 25% de la CBT correspondiente a una familia tipo de cuatro personas: $352.400 vs. $1.434.464.
Este ajuste permanente es la política básica con que el gobierno exhibe con engaño un superávit fiscal artificial, dado que capitaliza intereses de la deuda que no paga, incluso debe tomar la resolución de reducir el gasto público en un 20% con respeto al presupuesto, para poder pagar la deuda. Las consecuencias están a la vista: caída del consumo, de la demanda, la producción, el empleo y la recaudación fiscal.
El deterioro persistente de las condiciones del mercado de trabajo, se evidencia en la caída de la tasa de empleo y de la asalarización, el aumento de la tasa de desocupación —7,5% al 4T25, +1,8 puntos porcentuales respecto de igual período de 2023— y la persistencia de elevados niveles de no registro.
La supuesta reducción de la pobreza por ingresos desde principios de 2024 aparece explicada, también con engaño por el mayor peso de ingresos no laborales (transferencias) y por factores metodológicos asociados tanto a la captación de ingresos laborales y no laborales(cambios en los instrumentos de relevamiento y mejoras en la recordación, que podrían estar vinculadas en parte al uso de billeteras virtuales, entre otros) como a la falta de actualización de la canasta básica total con la que se mide la línea de pobreza, con base en la ENGHo 2017/18. La evolución observada no necesariamente refleja una mejora sostenida de los ingresos laborales.
Lejos de observarse “la clara mejora distributiva” que clama el gobierno, tenemos una tendencia regresiva en la distribución del ingreso, con pérdida de participación de los ingresos laborales tanto en los deciles más bajos como en los sectores medios, y una mayor dependencia de ingresos no laborales en los hogares de menores ingresos.
INFLACION: PROBLEMA CENTRAL
La inflación se agravó desde la mega devaluación del 12 de diciembre de 2023, potenciada por la liberalización de los precios y la injusticia tributaria, el deterioro social y económico.
Los salarios, el gasto público social o el “exceso de demanda interna” popular no son las causas del alza del índice de precios. Tampoco lo es la emisión monetaria, siendo que el gobierno oculta con «contabilidad creativa» el crecimiento gigantesco de endeudamiento público para sostener la ola de especulación financiera y fuga de capitales, que sí es la causa principal de la inflación.
La inflación es un problema central para nuestra economía nacional, con múltiples causas: comenzando por una deliberada desregulación y la internacionalización de los precios. Esta resulta favorable a comportamientos especulativos de posición dominante de grupos monopólicos/ oligopólicos que prevalecen en sectores claves de oferta de productos y servicios. En ella incide la fuga de divisas por diversas vías, las condiciones de los fraudulentos acuerdos con el Fondo Monetario, las altas tasas de interés anti-productivas, la regresividad del sistema tributario donde el 70% de la recaudación se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a los precios de los bienes y servicios.
ACUERDO PARA UNA SALIDA ORDENADA
No hay una salida ordenada del desorden económico generado por este gobierno sin comenzar a construir, desde ahora, un acuerdo sobre un plan común que aborde un cambio de rumbo drástico, que contemple metas, compromisos y estímulos regionales y sectoriales de mediano y largo plazo, con eje en el trabajo y la producción.
En ese sentido, la superación de la actual emergencia económica tiene como requisito un acuerdo sobre conformación y análisis transparente de precios con abastecimiento garantizado. Abordando en primer lugar alimentos y energía asequibles tanto para la emergencia como para el crecimiento económico, siendo que el país cuenta con capacidad superlativa para satisfacer la demanda interna con costos muy menores a los internacionales.
En su definición, ejecución y supervisión son imprescindibles la participación de los trabajadores, los empresarios, y de los consumidores en general. En este sentido es que coincidimos que puede resultar muy positiva la anunciada constitución de un observatorio anunciado por la CGT para la elaboración de indicadores propios.
Esta participación no será posible sin establecer un adecuado sistema de información pública, que a su vez es requisito para la eficacia y eficiencia de una política de orientación de los precios virtuosa:
● con índices de precios creíbles, basado en una encuesta nacional de hogares que se actualice de manera regular para captar los cambios en los gastos y consumos de los mismos;
● con un seguimiento de carácter público y publicitado, transparente, de la estructura de costos de producción y comercialización de los distintos consumos para vivir y los insumos para producir.
Esto es imprescindible para inducir márgenes de ganancia razonablesy transparentar las cadenas de valor haciendo pública su integración a la par que se ponen en evidencia sus carencias o “huecos” que redundan negativamente en costos y precios, a fin de planificar su superación.
MEDIDAS A CONSIDERAR EN LA EMERGENCIA
Argentina, país productivo y exportador, puede:
1. garantizar la afirmación de soberanía – en primer lugar, la seguridad alimentaria y energética – para sostener condiciones dignas de vida, con menores costos tanto industriales como de los servicios. Comenzando por desacoplar los precios locales de los mundiales. Con estos últimos en alza y costos locales relativamente más bajos, el interrogante abierto es quién se queda con la renta diferencial y cómo se reparte;
2. por lo tanto, basar el análisis y negociación de tarifas de servicios públicos únicamente en base a costos reales en el país, no por ajustes automáticos por tipo de cambio o indexación por precios internacionales. Determinar tarifas sociales para la energía eléctrica, el gas, el agua, y los combustibles en función de garantizar los derechos humanos y la vida de todas las familias; la producción industrial y de servicios de las Pymes y los emprendimientos sociales. En particular, la energía debe estar al servicio de un modelo económico que priorice la generación de empleo.
3. Controlar el tipo de cambio y regular los valores de las tasas de interés, decretando la emergencia cambiaria y regulatoria para que el BCRA preserve las reservas internacionales y se transparente su utilización a prioridades sociales, productivas y financieras claramente establecidas. Y a su vez que el crédito a los hogares y la producción sea accesible y razonable.
4. Fijar Cupos de Exportación en los sectores que corresponda, como medida de protección para limitar las exportaciones de mercancías en valor o en cantidad que realiza el país durante el período de crisis energética o alzas inusuales de precios o escasez de determinados productos, como alimentos, combustibles, medicamentos, etc., a fin de abastecer en primer lugar las necesidades internas del país.
5. Aumentar los derechos de exportación, que no sólo significa mayor ingreso para el fisco, sino que abarata en el porcentaje de la retención el precio del producto en el mercado interno al desacoplar los precios locales de los internacionales.
6. Establecer un control más estricto de las importaciones, para favorecer el ingreso de bienes y servicios necesarios para el consumo básico y de insumos para la producción, y eliminar o al menos reducir el ingreso de mercancías superfluas y productos a precios de dumping. Restablecer los valores de referencia y el canal rojo aduanero.
7. Fijar provisoriamente los precios – acordes con los costos reales de producción- por un plazo determinado de los productos de la Canasta Básica Total, y de los insumos centrales en la cadena de valor de los sectores productivos. Para garantizar su vigencia resulta importante la participación de sindicatos, organizaciones sociales, y asociaciones de consumidores.
8. Corregir, con los organismos de defensa de la competencia, las ventajas monopólicas u oligopólicas en relación con productos y servicios claves.
9. Coartar las ventajas de “posición dominante” que ejercen las empresas productoras de las materias primas básicas e insumos difundidos, que imponen subas de precios indiscriminadas en cada cadena de valor;
10. Identificar empresas y sociedades, con el fin de diferenciar su tratamiento y los correspondientes requerimientos informativos públicos para lograr una acción positiva y efectiva de la sociedad y el Estado en relación con los desafíos de la producción, la distribución, la fiscalización de la evasión/elusión tributaria la fuga de capitales, el comercio exterior y la inflación. Un paso imprescindible es avanzar en la regulación de la figura jurídica del “grupo económico” en la Ley de Sociedades.
11. Como decimos la regresividad tributaria tiene indudable incidencia en la formación de precios, habida cuenta de que el 70% de la recaudación fiscal se origina en impuestos indirectos, que generalmente son trasladados a precios; ello sin olvidar que los impuestos “directos” suelen transformarse en “indirectos” cuando son pagados por empresas con posición dominante en los mercados. Urge abordar una reforma progresiva, y en un próximo documento actualizaremos nuestra propuesta para superar las inequidades que hacen que soporten más carga tributaria quienes menos tienen.
Por último, señalamos que, para una adecuada administración de los precios, se necesita aplicar normas existentes como ser las Leyes de Defensa del Consumidor 24240, de Defensa de la Competencia 27742, y poner en vigencia efectiva – con intervención del Congreso de la Nación- las Leyes 20.680 de Abastecimiento, Ley 26.991 Nueva Regulación de las Relaciones de Producción y Consumo.”, 27.545 de Góndolas (con derogación inconstitucional por el DNU 70/23, rechazada por el Senado de la Nación).
Cabe revisarlas estableciendo las condiciones para su aplicación, pero sin resignarlas, habida cuenta la conducta histórica de los formadores de precios y su gravísima responsabilidad en las sucesivas crisis socioeconómicas que todas las familias trabajadoras y nuestro país han sufrido. Este análisis debe comenzarse con urgencia dado el previsible desenlace de la política económica, teniendo presente que esta legislación, necesitamos hacer la salvedad, nunca ha sido estricta ni armoniosamente aplicada en el pasado. Ha faltado estructura y capacidad de acción territorial suficiente para hacerlo, así como un uso eficiente de los avances tecnológicos disponibles, carencia del Estado que necesita superarse.
Por las razones que se exponen, una de las reformas que cabría realizar y creemos relevante es impulsar que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia(CNDC) pasen a jurisdicción del Congreso de la Nación, para tener autonomía en relación al Poder Ejecutivo de turno.
FORO ECONOMIA Y TRABAJO
Ricardo Aronskind, Gabriel Barceló, Noemí Brenta, Eduardo Codianni, Juan Pablo Costa, Norberto Crovetto, Raúl “Rulo” Dellatorre, Marcelo Di Ciano, Marisa Duarte, Eduardo Dvorkin, Roberto Feletti, Néstor Forero, José M.Fumagalli, Américo García, Carlos Gutiérrez, Ricardo Koss, Nicolás Malinovsky, Jorge Marchini, Antonio Mezmezian, Felisa Miceli, Andrés Repar, Alejandro Rofman,Horacio Rovelli, José “Pepe” Sbatella, Nahuel Silva,Juan Carlos Teso, Rodolfo P. Treber, Eduardo Berrozpe (coordinador)
* FORO ECONOMÍA Y TRABAJO. Está integrado por economistas y otros especialistas a propuesta de organizaciones sindicales de nuestro país, abierto a todas las instituciones que integran el Movimiento Sindical Argentino, así como a los aportes de organizaciones que agremian a las Pyme, cooperativas y a la economía popular. Sus documentos y definiciones corresponden a sus autores, que participan en la articulación de un programa económico con eje en el trabajo, la producción, la justicia social, la defensa de los recursos y la soberanía nacionales. foroeyt@gmail.com
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