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Efecto Milei: la Justicia declaró la quiebra de SanCor, símbolo del cooperativismo argentino

La histórica cooperativa láctea, fundada en 1938 en Sunchales, cerró casi nueve décadas de historia con una deuda de más de 120 millones de dólares y ocho meses de salarios impagos a sus trabajadores. El gobierno de Milei no ofreció ninguna herramienta de asistencia.

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La Justicia liquidó SanCor y el Gobierno libertario no movió un dedo para salvarla

★ El Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación de Rafaela, a cargo del juez Marcelo Germán Gelcich, declaró este martes la quiebra de SanCor Cooperativas Unidas Limitada, poniendo fin a casi 88 años de historia de una de las empresas más emblemáticas de la industria láctea argentina.

La resolución judicial confirmó lo que el propio Consejo de Administración de la cooperativa había solicitado días antes, tras reconocer un estado de «cesación de pagos, impotencia e insolvencia patrimonial general y definitiva», según la comunicación oficial de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra).

El tribunal declaró expresamente la inaplicabilidad del procedimiento de salvataje establecido en el artículo 48 de la Ley de Concursos y Quiebras (24.522), cerrando la última puerta a cualquier posibilidad de rescate judicial. La sindicatura, integrada por los contadores Ignacio Martín Pacheco Huber y Juan Luis Tomat, continuará actuando en el proceso con la obligación de informar en cinco días qué plantas seguirán operativas durante la etapa de transición, hasta la venta de los activos.

Una crisis que se incubó durante años

SanCor no llegó a la quiebra de un día para el otro. La cooperativa, que en su mejor momento procesó más de 4,6 millones de litros de leche diarios y empleó a más de 4.000 trabajadores, arrastraba un deterioro sostenido desde la segunda mitad de los años 2000. Para 2017 ya producía 4 millones de litros diarios; en la actualidad, esa cifra se redujo a menos de 500.000 litros.

En ese recorrido influyeron factores múltiples: decisiones empresariales fallidas, conflictos gremiales que paralizaron las plantas entre octubre de 2023 y agosto de 2024, la deuda irrecuperable con Venezuela (estimada en unos 18 millones de dólares remanentes de acuerdos bilaterales de la era Chávez-Kirchner que colapsaron con el default venezolano de 2017), y una estructura cooperativa que no logró adaptarse a las transformaciones del mercado.

En febrero de 2025, la empresa se presentó formalmente a concurso preventivo de acreedores ante el mismo juzgado de Rafaela. En ese momento, fuentes del sector advirtieron que era «el principio de una quiebra». Nada de lo que vino después cambió ese diagnóstico. En diciembre de 2025, el juez Gelcich ya había intervenido la cooperativa y designado a la contadora Lucila Inés Prono como coadministradora, ante incumplimientos reiterados y falta de información contable.

El ajuste Milei como contexto que aceleró el derrumbe

La crisis de SanCor tiene raíces propias, pero el contexto macroeconómico del gobierno de Javier Milei operó como acelerador del colapso. Según un análisis publicado por el portal Infoalimentación, las tarifas energéticas escalaron de forma sostenida, el costo financiero se volvió insostenible y el poder adquisitivo del mercado interno, base de la demanda de productos lácteos, cayó de manera estructural durante 2024 y 2025.

El gobierno nacional no ofreció ninguna herramienta de asistencia: no hubo refinanciación de deudas fiscales, no hubo crédito subsidiado para cooperativas en crisis, no hubo mesa de negociación articulada desde el Estado nacional. Mientras el Ministerio de Economía celebraba el superávit fiscal, el entramado productivo del interior del país se apagaba planta por planta.

Los datos sectoriales confirman ese diagnóstico. El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) registró una caída del 5% en el volumen comercializado de productos lácteos durante el primer bimestre de 2026, equivalente a una reducción superior al 6% en litros. La facturación del sector retrocedió un 9,1% en pesos y casi un 11,5% en dólares en términos interanuales durante febrero. El precio recibido por los productores cayó alrededor del 19% en pesos constantes. En el último año, el número de tambos operativos en el país se redujo un 2,5%, con el cierre de unos 234 establecimientos desde inicios de 2025, según datos del OCLA relevados por el portal de análisis económico Economía.com.py.

La quiebra de SanCor no ocurre de manera aislada. En el mismo período, la cadena de electrodomésticos Garbarino también fue declarada en quiebra por el Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 7. Según un informe de la organización Fundar basado en registros de la Seguridad Social, desde la llegada de Milei al gobierno se cerraron más de 24.000 empresas en la Argentina, con una reducción del número de empleadores de 512.357 a 488.177 unidades productivas.

Los trabajadores, los más golpeados

El impacto humano de la quiebra es devastador. De los más de 4.000 empleados que tuvo SanCor en 2017, hoy quedan menos de 850 operarios, muchos de los cuales llegaron al cierre sin cobrar un solo sueldo en ocho meses. En enero de 2025, la empresa ya había despedido a 300 trabajadores en plantas de Córdoba y Santa Fe (Gálvez, Sunchales, La Carlota y Balnearia) bajo el argumento de «fuerza mayor».

Atilra denunció públicamente que la cooperativa se sostuvo en sus últimas etapas con el patrimonio de los propios trabajadores: fondos del sindicato cubrieron la cobertura de salud ante la falta de aportes patronales, y los trabajadores absorbieron el costo de una empresa que no podía pagar ni los sueldos ni los aguinaldos. La deuda laboral preconcursal fue estimada en 69.000 millones de pesos, más otros 14.000 millones en obligaciones con la obra social OSPIL, la mutual AMPIL y el propio sindicato, según datos aportados por la propia asamblea extraordinaria de los trabajadores que, meses antes, había pedido la quiebra con continuidad laboral.

Pese a la gravedad del cuadro, el gremio mantuvo una postura que apuesta al futuro. En su comunicado, Atilra sostuvo que la quiebra «no constituye un final sino el comienzo de una nueva etapa donde la marca SanCor, despojada de las estructuras que la llevaron al borde de su extinción, debe volver a florecer». El gremio también presentó una propuesta de «cooperativización» para que los propios trabajadores puedan asumir parte del control en la etapa de liquidación.

¿Qué sigue?

El fallo dispone que las plantas que mantengan actividad productiva continuarán operando de forma transitoria, especialmente aquellas con contratos en curso. Los sueldos generados durante esta etapa serán considerados gastos del concurso, con prioridad de pago. La sindicatura deberá informar en cinco días qué establecimientos continuarán funcionando, con un análisis técnico por cada unidad productiva.

El ministro de Trabajo de Santa Fe, Roald Báscolo, señaló que la situación se volvió «insostenible» y que «si el proceso se da con celeridad, podría ser la solución para que entren posibles nuevos inversores». Confirmó que hay interesados de capitales nacionales, aunque no brindó precisiones sobre su identidad. En paralelo, la venta de activos incluiría también la marca SanCor, una de las más reconocidas de la industria alimentaria argentina.

Lo que queda claro es que el Estado nacional brilló por su ausencia en cada etapa de la agonía. Y que 88 años de cooperativismo, de productores tamberos, de obreros lácteos del interior profundo, terminaron en un expediente judicial en Rafaela mientras el gobierno libertario seguía contando los dólares del supuesto “superávit”.

Puntos clave:

  • La Justicia de Rafaela declaró la quiebra de SanCor, la histórica cooperativa láctea fundada en 1938, con una deuda superior a los 120 millones de dólares.
  • La empresa acumula ocho meses de salarios impagos para sus 850 trabajadores restantes y una deuda laboral estimada en más de 83.000 millones de pesos.
  • El fallo declaró inaplicable el procedimiento de salvataje y dispuso la continuidad transitoria de las plantas productivas hasta la venta de activos.
  • El sector lácteo registró una caída del consumo superior al 5% en el primer bimestre de 2026, en el marco de políticas del gobierno de Milei que no incluyeron ninguna herramienta de asistencia para la cooperativa.
  • Desde diciembre de 2023, más de 24.000 empresas cerraron en Argentina, según un informe de la organización Fundar basado en registros de la Seguridad Social.

Análisis

Sin golpe de Estado ni tanques, así se destroza la democracia en el siglo XXI: decretos, lawfare y un Congreso socavado

Un análisis del New York Times advierte que la Corte Suprema de Estados Unidos le arrebata sistemáticamente poder al Congreso, el cuerpo directamente elegido por los ciudadanos. El fenómeno no es exclusivo de Estados Unidos: en Argentina, el gobierno de Javier Milei lo lleva al extremo con una fábrica de decretos que intentan legislar por las espaldas del Parlamento. El DNU 70/23, la Ley Bases, el veto a las universidades y los fallos parciales de la Corte argentina configuran un mismo patrón global: el vaciamiento del poder legislativo.

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El Argentino Diario-Donald Trump-Javier Milei.

El Congreso fue diseñado para ser el corazón de la democracia representativa: el lugar donde los ciudadanos, a través de sus representantes elegidos, deciden las leyes que organizan la vida en común. Ese principio, fundacional en cualquier república, está siendo erosionado de manera simultánea en dos de las democracias más antiguas de Ámerica, con métodos distintos pero con el mismo resultado: el vaciamiento del poder legislativo en favor del ejecutivo y del poder judicial, dos poderes que nadie vota.

Un análisis publicado esta semana por el New York Times en su sección de investigación plantea que la Corte Suprema de EEUU, liderada por John Roberts, lleva años despojando sistemáticamente de poder al Congreso norteamericano: restringe la capacidad de las agencias reguladoras de implementar leyes, exige estándares imposibles para las políticas de derechos civiles, limita la delegación de poder a los organismos estatales.

El resultado, según el análisis, es una transferencia gradual y silenciosa de poder hacia un tribunal no electo que se mueve más rápido que el Congreso y tiene menos obligaciones en la estructura constitucional.

El espejo argentino: Milei y la fábrica de Decretos

En Argentina, el fenómeno adopta otra forma pero apunta al mismo destino. Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023 y en sus primeros días de gobierno firmó el DNU 70/23, un mega decreto de necesidad y urgencia con más de 300 artículos que desreguló la economía, modificó el régimen laboral y alteró decenas de normas aprobadas por el Congreso, todo ello sin pasar por el Parlamento.

La Constitución argentina establece que los DNU son una herramienta de carácter excepcional, para situaciones de urgencia que impidan el tratamiento legislativo ordinario. Milei los usó como método de gobierno: según datos de Chequeado, en 2025 el libertario dictó 11 DNU, igualando la cantidad de leyes que se promulgaron en el mismo período.

La Confederación General del Trabajo (CGT) obtuvo una medida cautelar que suspendió el capítulo laboral del DNU 70/23. La reforma laboral quedó en suspenso. Pero el resto del decreto siguió vigente, porque la Corte Suprema argentina rechazó sucesivos planteos para obligar al Congreso a tratarlo y declararlo inconstitucional en su totalidad, bajo el argumento de que no había «caso o controversia» suficiente. La Corte falló contra cuatro de los cinco DNU que analizó en los últimos años, pero el DNU de Milei sigue en un limbo jurídico que, en la práctica, lo mantiene vigente.

El veto a las universidades: cuando el ejecutivo dice no al Congreso y a la Justicia

El patrón no se agota en el DNU 70/23. El Congreso argentino aprobó en 2024 una ley de financiamiento universitario que garantizaba recursos para el funcionamiento de las universidades nacionales y disponía actualizaciones salariales para su personal. Milei la vetó. El Congreso ratificó la ley. Milei la ignoró.

En junio de 2026, la Corte Suprema dejó firme una medida cautelar que obligó al gobierno a cumplir con esa Ley, en un fallo que los rectores universitarios celebraron como el final de un proceso largo y difícil. Según representantes universitarios, las transferencias del gobierno a las universidades nacionales registraron una caída del 45,6% entre 2023 y 2026. Emiliano Yacobitti, vicerrector de la UBA, lo sintetizó en una publicación en X: «Fue un camino largo y difícil. Gracias a una sociedad que nunca renunció a la defensa de la universidad pública.»

El escenario se repite en cada conflicto entre el Ejecutivo y el Congreso: el gobierno desconoce o veta las leyes que no le gustan, impulsa reformas estructurales mediante decretos que evitan el debate parlamentario, y espera que la Corte tarde años en resolver, como ocurrió con el DNU de Macri sobre el que el máximo tribunal recién se pronunció siete años después de firmado. La lentitud judicial se convierte así en un instrumento político: el decreto funciona mientras la Corte no lo invalida.

Un fenómeno global: del Congreso de papel a la democracia de papel

El paralelo entre el análisis del NYT sobre EEUU y la Era Milei no es casual ni superficial. Responde a una tendencia global que politólogos y constitucionalistas vienen documentando desde hace años bajo el nombre de «retroceso democrático» o «erosión democrática»: la democracia no muere de un golpe, sino que se vacía lentamente, cuando las instituciones formales siguen en pie pero pierden su contenido real. El Congreso existe pero no legisla; la Corte existe pero tarda o esquiva; el presidente gobierna por decreto y el Congreso aprobado por el voto popular queda reducido a un sello.

En EEUU, la Corte Suprema de mayoría conservadora, designada en buena medida por Trump durante su primer mandato, avanzó en años recientes sobre el derecho al aborto (revertiendo Roe v. Wade), sobre la regulación ambiental (limitando la capacidad de la EPA), sobre la autonomía de las agencias independientes (restringiendo el poder de la FTC) y sobre la inmunidad presidencial (otorgándosela a Trump en un fallo sin precedentes en la historia del país). Cada uno de esos fallos recortó el poder del Congreso para regular, proteger y legislar, y lo transfirió a un tribunal no electo cuyos miembros tienen cargos vitalicios.

En Argentina, el proceso tiene su propia especificidad: aquí el vaciamiento lo lidera el Ejecutivo, que gobierna por Decreto y asfixia presupuestariamente todo aquello que el Congreso aprobó, desde las universidades hasta la Línea 144, desde los programas sociales hasta las transferencias a provincias. La Corte oscila entre frenar algunos excesos (universidades, reforma laboral) y dejar pasar otros (el DNU 70/23 en su conjunto). El resultado es una democracia que funciona en sus formas pero pierde sustancia en su contenido.

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