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Deuda externa

Reservas sin emisión: la “fórmula mágica” de Luis Caputo detrás de los Bonos BONTE 2030

La emisión de US$1.000 millones en bonos bajo ley local reavivó el debate sobre la sostenibilidad de la estrategia financiera del gobierno de Javier Milei. Mientras algunos celebran la acumulación de reservas sin emisión monetaria, otros advierten sobre los costos fiscales y los riesgos a mediano plazo.

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El Argentino Diario-Luis Toto Caputo.

Un retorno con sabor a revancha

Argentina concretó su regreso al mercado internacional de deuda tras casi ocho años de ausencia. El gobierno de Javier Milei colocó US$1.000 millones en bonos del Tesoro (BONTE 2030), emitidos en pesos pero suscriptos en dólares por inversores extranjeros. La operación, que se realizó bajo legislación argentina, busca fortalecer las reservas del Banco Central (BCRA) sin expandir la base monetaria.

El BONTE 2030 ofrece una tasa fija del 29,5% en pesos, equivalente a un rendimiento en dólares cercano al 12%, y cuenta con una opción de venta anticipada a los dos años. Esta estructura atrajo a inversores que ven con buenos ojos las reformas económicas del gobierno y el reciente acuerdo con el FMI por US$20.000 millones, de los cuales ya se desembolsaron US$12.000 millones.

Opiniones divididas: ¿éxito o espejismo?

La colocación generó reacciones encontradas entre economistas y analistas financieros. Gabriel Caamaño cuestionó la supuesta neutralidad monetaria de la operación, señalando que «la base monetaria subió cuando se monetizaron las utilidades devengadas».

Cristian Buteler coincidió en que «el BCRA emitió pesos al girar utilidades al Tesoro», lo que implica una emisión indirecta para pagar vencimientos en moneda local.

Por su parte, Nicolás Gadano advirtió sobre el impacto fiscal de los intereses del BONTE 2030, que en su primer cupón en noviembre de 2025 pagará más de $160.000 millones, «4,8 veces el total de intereses en pesos pagados y registrados en el resultado fiscal caja en marzo pasado».

Jorge Carrera comparó la tasa del 29,5% con la que se pagó en 2018 durante la corrida de las LEBACs, señalando que «también ahí se decía que aumentaban las reservas sin que aumente la deuda».

Hernán Letcher consideró que la tasa está «muy por encima de lo que esperaba el mercado», y que el gobierno «convalidó una tasa implícita de inflación superior a la esperada», priorizando la captación de dólares.

La visión oficial: reservas sin emisión y señales al mercado

Desde el gobierno, el director del BCRA, Federico Furiase, defendió la estrategia financiera, destacando que permite «acumular US$1.000 millones de reservas, manteniendo la base monetaria fija», y que «la tasa de corte del BONTE 2030 está arbitrada con la curva hard dollar y la curva CER».

El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el regreso a los mercados internacionales, afirmando que «otros países lo hacen regularmente mientras que Argentina enfrentaba restricciones debido a su situación económica».

¿Una estrategia sostenible?

La colocación del BONTE 2030 representa una apuesta del gobierno por fortalecer las reservas sin recurrir a la emisión monetaria directa. Sin embargo, los costos fiscales asociados a las altas tasas de interés y las dudas sobre la sostenibilidad de la estrategia a mediano plazo generan incertidumbre.

Además, la dependencia de inversores extranjeros y la necesidad de mantener la confianza del mercado plantean desafíos adicionales, especialmente en un contexto político y económico volátil.

Puntos clave:

Argentina colocó US$1.000 millones en bonos BONTE 2030, emitidos en pesos y suscriptos en dólares.

La operación busca fortalecer las reservas del BCRA sin expandir la base monetaria.

Economistas advierten sobre los costos fiscales y la emisión indirecta asociada.

El gobierno defiende la estrategia como una señal de confianza al mercado internacional.

La sostenibilidad de la estrategia dependerá de la evolución económica y política del país.

Deuda externa

Caputo se reunió con Georgieva en el G20 y busca un encuentro con Bessent para un nuevo rescate electoral

El ministro de Economía se vio con la titular del FMI en el marco de las reuniones del G20 para exponer los resultados del programa económico. Lo acompañaron el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, y el secretario de Política Económica, José Luis Daza. También prevé un encuentro con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent.

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Caputo viaja a mostrar el ajuste como éxito: la otra cara son 57.000 millones de deuda y pobreza que no cede.

Luis Caputo se reunió este lunes con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, en el marco de la cumbre de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del Grupo de los 20 (G20). El propio ministro lo confirmó en su cuenta de X: «Gran encuentro con Kristalina Georgieva en el marco de las reuniones del G20. Aprovechamos para conversar sobre la agenda económica de la Argentina y los avances que estamos logrando para consolidar la estabilidad y fortalecer el crecimiento.»

Caputo estuvo acompañado por el titular del Banco Central, Santiago Bausili, y por el secretario de Política Económica, José Luis Daza. La comitiva viajó a Estados Unidos con el objetivo de exponer ante representantes de las principales economías del mundo los lineamientos del programa económico del Gobierno de Javier Milei, en una presentación que el oficialismo construye como una puesta en escena del relato de la «estabilización» macroeconómica.

El G20 como vidriera

La participación del ministro en el G20 no es un hecho menor en términos de política exterior económica. Caputo tiene previsto exponer los avances del programa de ajuste en materia de equilibrio fiscal y estabilidad monetaria, en un foro donde participan las principales potencias del planeta. El Gobierno apuesta a que ese escenario le otorgue legitimidad internacional a una política económica que, de puertas adentro, mantiene a millones de argentinos bajo la línea de la pobreza, con tarifas acumulando aumentos superiores al 500% desde diciembre de 2023 y una Canasta Básica Alimentaria que, según datos del INDEC a marzo de 2026, registró una variación interanual del 32,8%.

En ese contexto, los temas que el G20 pondrá sobre la mesa, además del progreso macroeconómico global, incluyen deuda soberana, desequilibrios globales, educación financiera y prevención del fraude. Ejes que, paradójicamente, describen con precisión los principales flancos de vulnerabilidad del propio programa económico argentino: una deuda con el FMI que supera los 57.100 millones de dólares, desequilibrios distributivos que el propio organismo reconoció en su última revisión, y una arquitectura financiera que el Foro Economía y Trabajo calificó en mayo de 2026 como «regresiva por diseño».

La cita con Bessent y el respaldo de Washington

En paralelo a la agenda oficial del G20, Caputo también intentará concretar un encuentro con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent. La relación entre Buenos Aires y Washington se consolidó como uno de los pilares del programa económico de Milei: el respaldo financiero y político del gobierno de Donald Trump resultó decisivo para que Argentina defendiera su posición cambiaria en momentos de tensión en los mercados durante 2025. Sin ese sostén externo, la fragilidad del esquema de bandas cambiarias hubiera sido mucho más difícil de sostener.

La búsqueda del encuentro con Bessent no es un detalle protocolar. Milei construyó buena parte de su credibilidad internacional sobre la base del alineamiento con Trump, una apuesta ideológica que, en términos financieros, se tradujo en respaldo concreto en momentos críticos. Que Caputo viaje a reforzar ese vínculo mientras el acuerdo con el FMI avanza hacia sus próximas revisiones revela cuál es la verdadera arquitectura de sustento del programa: más que en la economía argentina, el modelo descansa sobre garantías externas.

El vínculo con el FMI: entre el aval y la dependencia

La reunión con Georgieva se produce en el marco del Servicio Ampliado que el Gobierno suscribió en abril de 2025 por 20.000 millones de dólares, con un desembolso inicial inédito de 12.000 millones. En abril de 2026, una segunda revisión habilitó un desembolso adicional de 1.000 millones, a pesar de que Argentina registró incumplimientos previos en la meta de reservas netas. El FMI exigió, a cambio, acumular al menos 8.000 millones de dólares en reservas durante el año.

La cita de hoy no es la primera entre Caputo y Georgieva en lo que va del año. En julio de 2026, la directora gerente del FMI visitó Buenos Aires, se reunió con Milei y participó de una reunión de gabinete, en un gesto que analistas y economistas críticos describieron como una supervisión in situ del principal deudor del organismo. Lo que en julio fue una visita de Georgieva a territorio argentino, hoy se invierte: es Caputo quien viaja a rendir cuentas ante el foro que nuclea a las potencias que financian y condicionan el programa.

Puntos clave

  • Caputo se reunió con Georgieva en el marco del G20 y confirmó el encuentro en su cuenta de X.
  • Lo acompañaron el titular del Banco Central, Santiago Bausili, y el secretario de Política Económica, José Luis Daza.
  • El ministro también prevé un encuentro con el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, para reforzar el respaldo político y financiero de Washington.
  • El acuerdo vigente con el FMI asciende a 20.000 millones de dólares; la deuda total argentina con el organismo superaba los 57.100 millones al cierre de 2025.
  • El viaje se enmarca en la estrategia oficial de presentar el ajuste como éxito macroeconómico ante las principales potencias, mientras la pobreza y el costo de vida siguen golpeando a los sectores populares.

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