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Murió María Rosa Fugazot a los 83 años

El mundo del teatro y la televisión argentina despidió este lunes a una de sus figuras más queridas y longevas. La actriz, cantante y vedette fue hallada sin vida en su departamento del barrio porteño de Palermo. Tenía 83 años y hasta hace muy poco continuaba en actividad sobre los escenarios porteños.

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Murió María Rosa Fugazot, actriz símbolo de seis décadas del espectáculo argentino

La muerte de María Rosa Fugazot sacudió el ambiente artístico argentino en la mañana del lunes 8 de junio. Según confirmaron fuentes policiales de la Comisaría Vecinal 14 A de la Policía de la Ciudad, los agentes llegaron a un edificio ubicado en Güemes al 4700, en el barrio de Palermo, luego de un llamado que alertaba sobre una persona descompensada.

También intervino una ambulancia del Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME), cuyos profesionales constataron el deceso. En la investigación por averiguación de causales de muerte interviene la Fiscalía Nacional Criminal y Correccional N.° 12, a cargo del doctor Martín Perrando, con la secretaría del doctor Leandro Alonso.

Nacida en una familia de artistas, formada en los escenarios

María Rosa Fugazot nació el 20 de diciembre de 1942 en la provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia profundamente ligada al mundo del espectáculo. Era hija del actor y cantor uruguayo Roberto Fugazot y de la actriz y vedette María Esther Gamas, una herencia que marcó desde el principio su vocación por la actuación. Comenzó su carrera profesional a los 15 años como bailarina y vedette y, desde entonces, nunca dejó de trabajar.

Su formación en el teatro de revista y en la comedia popular le dio una plasticidad interpretativa que le permitió transitar géneros muy distintos a lo largo de más de seis décadas: el drama, el teatro de texto, los musicales, el cine y la televisión. También desarrolló una faceta como cantante, y llegó a integrar la orquesta de Eddie Pequenino.

La consagración televisiva y el cine popular

Fugazot se convirtió en una figura familiar para el público argentino gracias a su participación en algunos de los programas más populares de la televisión nacional. Formó parte de ciclos emblemáticos como Operación Ja-Já y La peluquería de Don Mateo, y trabajó en las producciones de los hermanos Sofovich que marcaron la cultura masiva de los años ochenta.

En la pantalla grande, su debut cinematográfico se produjo en 1966 bajo la dirección de Fernando Ayala en Las locas del conventillo. A lo largo de la década siguiente se convirtió en figura recurrente de las comedias más taquilleras del período, compartiendo escenas con la mítica dupla de Alberto Olmedo y Jorge Porcel. Ya en el siglo XXI, su presencia continuó firme en ficciones de Pol-Ka como Los Roldán y El Puntero, y en tiras como Sos mi hombre.

Hasta tiempos recientes participó también en Putas, película dirigida por Demian Alexander, que abordó las realidades de las trabajadoras sexuales a través de seis historias entrelazadas, lo que demostró su voluntad de seguir aceptando desafíos artísticos después de toda una vida de trayectoria.

Activa hasta el final: Viejas Chorras en el Teatro Picadilly

Hasta hace muy poco, Fugazot formaba parte del elenco de la obra Viejas Chorras, que se presentaba en el Teatro Picadilly, compartiendo escenario con Divina Gloria, Cristina Maresca y Cristina Tejedor. Su presencia en las tablas fue una constante que la acompañó hasta el final de su vida.

El Multiteatro despidió a la actriz con un emotivo mensaje en sus redes sociales: «Con la muerte de María Rosa Fugazot se va una protagonista popular, formada en la vieja escuela del espectáculo que atravesó generaciones y permaneció siempre vigente. Desde esta Casa Teatral lamentamos despedir a una actriz de aquellas que respiró este oficio desde siempre.»

El dolor de perder a su hijo

La muerte de Fugazot se produce en un contexto particularmente doloroso para su familia. En junio de 2025, la actriz perdió a su hijo, el actor y director René Bertrand, quien falleció a los 53 años. La artista lo había despedido con palabras de profundo orgullo: «Me queda el orgullo de haber criado a un gran tipo.» Bertrand era hijo del actor y humorista César Bertrand, con quien Fugazot tuvo también a Javier Caumont.

Aquella pérdida fue un golpe durísimo para la artista, que sin embargo encontró en la actividad escénica una razón para seguir adelante, hasta que la muerte la alcanzó este lunes en la tranquilidad de su departamento porteño.

Un legado que atraviesa generaciones

Con más de seis décadas de carrera, María Rosa Fugazot construyó un legado que combina la permanencia, la adaptación a distintos formatos y una presencia constante en el imaginario popular argentino. Desde el teatro de revista de los años sesenta hasta el cine experimental de los últimos meses, su trayectoria es un mapa de la cultura popular de este país.

Su muerte deja un vacío difícil de llenar en un mundo del espectáculo que, en los últimos días, también despidió al músico Indio Solari, y que atraviesa una de las etapas más dolorosas de su historia reciente.

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Murió el Indio y mató el relato de la batalla cultural

Más de siete kilómetros de ricoteros en Avellaneda, una misa laica sin precedentes en la historia del rock argentino y una primicia: concejales de Ituzaingó proponen poner el nombre del Indio Solari a la calle de su casa y declararlo ciudadano ilustre. La muerte de Carlos Solari desnudó la mentira de la «batalla cultural» que predica Javier Milei: la cultura popular sigue eligiendo el rock y el peronismo como expresión política.

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Murió el Indio y mató el relato de la batalla cultural

Hay muertes que no son solo muertes. Son bisagras. Lo dijo con exactitud Nancy González, titular de la Unión de Músicos y Músicas (UDEMUS), miembro de la CTA y vecina histórica de Parque Leloir: «Este fue el clic, la bisagra, lástima que tuvo que ser la bisagra con la muerte de él». González, que en exclusiva para este medio rememoró sus comienzos en el circuito under compartido tangencialmente con Los Redondos en los años ochenta, puso en palabras lo que cientos de miles de personas expresaron con los pies este domingo en Avellaneda: la muerte de Carlos «Indio» Solari no fue el cierre de una historia, fue la apertura de una pregunta que el país no puede dejar de hacerse.

El pogo más grande del mundo y el relato que se derrumbó

Javier Milei lleva casi dos años y medio hablando de «batalla cultural». Sus voceros construyeron un relato según el cual la cultura argentina está en disputa, que los artistas que piensan distinto son una élite desconectada, que el pueblo llano está del lado del presidente. El domingo 7 de junio de 2026, más de siete kilómetros de argentinos de todas las provincias, de todas las edades, de todas las clases sociales, hicieron fila para despedir a un hombre que en 2023 definió el proyecto político de Milei como «un disparate fascista» y que en mayo de 2024 dijo, en diálogo con los periodistas Marcelo Figueras y Horacio Verbitsky, que no podía creer que «un tipo con una motosierra» pudiera ganar una elección. El mismo entonces vocero presidencial Manuel Adorni le pidió que se «llamara a silencio».

El Indio no se calló. Y el pueblo no lo olvidó.

La muerte de Solari, por un ACV hemorrágico confirmado por autopsia el viernes pasado, desencadenó una movilización popular sin precedentes en la historia reciente del rock argentino. El velatorio en el Polideportivo José María Gatica, en el Parque Domínico de Avellaneda, convocó una marea humana que a mediados de la jornada ya extendía su cola desde la avenida Bartolomé Mitre hasta el Puente Pueyrredón: siete kilómetros de personas de todo el país que eligieron estar ahí, en un domingo frío de junio del conurbano, para decirle adiós a alguien que el gobierno nacional no quiso honrar con duelo nacional ni con un espacio institucional apropiado como el Congreso de la Nación, que le fue negado.

González, que nunca pudo ver a los Redondos en vivo hasta el último recital en Olavarría, lo expresó con claridad: «Yo viví el pogo más grande del mundo, yo creo que fue ese y el que seguramente se va a producir mañana, yo fui parte del pogo más grande del mundo y fue una experiencia única». Ese pogo que ella vivió en Olavarría se replicó de otra forma en Avellaneda: no con el cuerpo saltando, sino con los pies en la calle, pacífica y tenazmente.

La Argentina que llora: Perón, Evita, el Diego y el Indio

La comparación no es antojadiza ni fue construida desde la política: surgió de la realidad, que es la única verdad. Por magnitud y cantidad de concurrentes, el velatorio del Indio Solari en Avellaneda ya se colocó en el mismo plano histórico que los funerales de Néstor Kirchner y Diego Armando Maradona, ambos en la Casa Rosada. El de Kirchner convocó cientos de miles durante tres días. El de Maradona, en pandemia, tuvo que ser interrumpido por los incidentes que generó la desbordante presencia popular.

Antes de ellos, en la historia argentina, solo las despedidas de Eva Perón y Juan Domingo Perón tuvieron una dimensión remotamente comparable. Evita, muerta en 1952, fue velada durante trece días en el Ministerio de Trabajo. La multitud que la acompañó desde el centro de Buenos Aires hasta el Congreso y luego hasta la CGT fue una de las concentraciones más masivas que la Argentina haya registrado. Perón, muerto en 1974, convocó una procesión que recorrió varios kilómetros desde la Casa Rosada hasta Palermo.

El hilo conductor entre esas muertes y esta no es apenas la cantidad de gente, aunque la cantidad de gente es en sí misma un argumento político irrebatible. El hilo es que en cada una de esas despedidas el pueblo argentino salió a reafirmar una identidad que el poder de turno intentó desconocer, minimizar o directamente borrar.

El gobierno de Milei no decretó duelo nacional. El presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, rechazó que el velatorio se realizara en el Congreso. El secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, publicó un escueto mensaje en redes sociales, el mismo funcionario de un gobierno que convirtió el desguace cultural en política de Estado. Y la gente, mientras tanto, hacía siete kilómetros de fila.

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La perfección del operativo y la tierra de Ferraresi

Lo que el gobierno nacional rechazó, el peronismo lo organizó. El intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, dio en pocas horas una demostración de eficiencia estatal que la gestión libertaria no pudo ni quiso replicar. Según algunos medios, fue el diputado nacional Máximo Kirchner quien llamó a Ferraresi el viernes por la tarde, tras el fallecimiento del músico. Ferraresi y el kirchnerismo mantienen diferencias en la interna del peronismo bonaerense, pero ante el pedido, el intendente no dudó: puso a disposición el Centro Gatica, conocido popularmente como Parque Domínico, y articuló junto al gobierno de la Provincia de Buenos Aires, conducido por Axel Kicillof, el operativo más exigente que un intendente del conurbano debió montar en años.

El operativo incluyó 1.500 efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, un hospital móvil, 17 ambulancias medicalizadas, 60 promotores de salud, tres postas sanitarias sobre la avenida Mitre, puestos de hidratación y desvíos de tránsito coordinados con AUBASA, que suspendió el cobro de peaje desde las 6 de la mañana en los accesos a la zona. Ferraresi sintetizó el espíritu de la jornada en una frase: «El Indio nos acompañará siempre con su música, sus ideas y su corazón. Que sea una misa ricotera, cuidándonos y cuidando la ciudad».

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El predio elegido, el Parque de los Derechos del Trabajador, reinaugurado por el propio Ferraresi en marzo de 2023, tiene una carga simbólica que no escapa a ningún ricotero: lleva el nombre de los derechos que el Indio defendió toda su vida y que el gobierno de Milei viene desmontando con la velocidad de una motosierra.

Primicia: el homenaje de Ituzaingó

El Argentino puede adelantar que concejales del municipio de Ituzaingó, el partido donde vivía el Indio Solari en el barrio de Parque Leloir, elevarán en la próxima sesión ordinaria del Concejo Deliberante dos proyectos en homenaje al músico. Primero, la propuesta de poner el nombre de Indio Solari a la calle donde se ubica su casa, en el barrio de Parque Leloir, a la altura de la rotonda de Miriam, en el casco histórico del Harás Miriam donde el músico eligió vivir sus últimas décadas.

Segundo, su declaración como ciudadano ilustre del partido de Ituzaingó, que en los días que siguieron a su muerte ya decretó tres días de duelo oficial. El municipio conducido por el intendente Pablo Descalzo expresó que «su obra deja una huella imborrable en la historia de la música, es faro de generaciones enteras y continuará reuniendo a millones de personas que mantendrán vivo su legado cultural».

Ituzaingó se suma así al reconocimiento institucional más tardío pero más emotivo: Paraná, la ciudad natal de Solari, lo había declarado ciudadano ilustre por unanimidad en octubre de 2025. La Plata, donde nació Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, no logró aprobarlo a pesar de un proyecto presentado en 2013 por el entonces concejal del FpV Sebastián Tangorra.

Lali, el Indio y la misma trinchera

La «batalla cultural» de Milei tiene nombres propios entre sus enemigos declarados. Lali Espósito fue hostigada sistemáticamente desde el entorno del presidente, convertida en blanco de escarnio público desde la cuenta oficial del propio presidente en redes sociales. El Indio Solari, en una entrevista publicada en octubre de 2025, la definió como «una buena artista» y la respaldó públicamente, en un gesto que el propio Solari amplificó desde sus redes sociales.

Este domingo, en el primer show de Lali como artista principal en el estadio Monumental de River Plate, la cantante cerró su presentación con una fusión entre su canción «No me importa» y «Ji Ji Ji», el himno indiscutido del repertorio ricotero, mientras las pantallas proyectaban imágenes del Indio. Miles de fanáticos comenzaron a saltar. «Gracias, Indio Solari, por tanto», dijo Lali desde el escenario. El estadio respondió con una ovación que duró varios minutos.

Milei habla de batalla cultural. El domingo, dos de sus enemigos favoritos de la cultura popular, uno de ellos ya muerto, llenaron simultáneamente el Monumental y siete kilómetros de avenida en Avellaneda.

La soberanía cultural que el Indio defendió hasta el final

El Indio murió en su casa de Parque Leloir a las 8:30 del viernes 5 de junio, tal como lo constató la UFI N°2 de Ituzaingó a cargo del fiscal Lucio Rivero, cuando fue hallado cerca de su pileta interna por su cuidadora. La autopsia confirmó un ACV hemorrágico.

Padecía Parkinson desde hacía una década. Su última aparición pública fue en enero de 2026, con un mensaje de agradecimiento por el Honoris Causa que le otorgó la Universidad de Buenos Aires (UBA), esa misma universidad a la que el gobierno de Milei le recortó el presupuesto en términos reales más de un 31%.

La calle donde vivió puede llevar pronto su nombre. La cultura que construyó ya lleva el nombre de todos.

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