Opinión
Es tiempo de esperar con paciencia y sabiduría
Argentina dio paso a un combo siniestro, haber dado lugar a que la derecha más rabiosa tome la presidencia.
Por Pablo Bonastre, José Mos y Patricia Aldao (Unidad Básica El Desgarro)
El Plan Cóndor puso huevos y los fue incubando. Tuvo varios hijos. Macri fue uno de los más claros.
El hijo actual del Plan Cóndor es hermano de Macri. Juntos, por ahora, se potencian.

A partir de ayer, domingo 10 de diciembre, Argentina dio paso a un combo siniestro del que no vamos a salir sin reflexionar sobre lo que pasó estos 4 años con el campo nacional: haber dado lugar a que la derecha más rabiosa tome la presidencia.
Hay bronca e indignación en compañeros y compañeras (todas y todos lo estamos), que llaman a un «apagón televisivo», a un retiro de las redes y a reacciones espasmódicas que no le hacen ni cosquillas al adversario, sino todo lo contrario.
Por ahora los medios, no necesitan de nuestro «encendido» televisivo. Es más, no lo necesitaron nunca, ya que les alcanza con quienes los consumen y eligen, mayoritariamente, a esos candidatos que los medios mismos van fabricando. En cuanto a las redes, seguirán su camino explosivo, con o sin nosotros.
Cuando un número importante de personas aplaude a Margaret Thatcher, los alineamientos con Estados Unidos e Israel, o festeja que venga Zelenski, o creen que Miami es emblema de buen vivir, permanecen inmutables frente al regreso de un ministro que se fue a tomar sol a Ipanema, mientras en su país la cosa se pudría…, lo mejor que puede hacer el otro 45 por ciento es replegarse, espera en silencio a que una parte importante del otro 55 por ciento se de cuenta que la negación no es buena consejera. Recién entonces será el momento de salir a conversar.
Hasta entonces, salvo ataque directo, conviene reagruparse, organizarse y refugiarse en micro espacios de militancia, donde podamos sembrar confianza. Porque no estamos en 2015 y no hay nadie cantando: Vamos a volver.

Porque antes de volver debemos discutir a dónde y con quién. No existe más el país de 2003. Ni siquiera el de 2015.
El enemigo logró colonizar a un porcentaje lo suficientemente grande como para llegar a la Presidencia y que muchas y muchos crean que pudieron elegir. Es más: las y los convenció de que quitarles hasta lo último es derecho de una entelequia llamada libertad.
La propuesta es recomenzar, sin ataduras y sin prejuicios, con apertura y con disposición a adaptarnos a los nuevos tiempos, sin enterrar convicciones y principios y mucho menos, arriar banderas identitarias.
Hagámoslo con inteligencia, serenidad, constancia, unidad y mucho compromiso militante, evitando llantos por los rincones y autoflagelaciones gratuitas que nos provoquen heridas irreparables.
Por supuesto que nunca nos vamos a rendir. Resistiremos, no para quedarnos en el mismo lugar, sino para tomar impulso y avanzar.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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