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Cultura

Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”

La música, docente y titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, Nancy «La Pantera» González, conmemoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio y el rock under en Argentina. Bajista de Mata Violeta primero y de La Fragua después, vecina del barrio donde vivió y murió el Indio, su testimonio es el de una sobreviviente del underground que nunca dejó de tocar ni de pelear por los derechos de los músicos.

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Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”.

Desde el under de los ’80 al sindicato: la lectura política y cultural de La Pantera sobre el legado del Indio Solari

La música y docente Nancy González, titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, rememoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio, los Redondos y el rock under en nuestro país.

Vivís cerca de Parque Leloir, a pocos kilómetros de donde murió el Indio el viernes por la mañana. ¿Cómo te llegó la noticia?

«No solamente vivo cerca de Parque Leloir, sino que el barrio de mi infancia, crianza y adolescencia es ahí donde está la casa del Indio. Cuando él compró la casa fue toda una revolución en el barrio, iba gente siempre a tratar de verlo. Mi hermana sigue viviendo ahí. Udaondo tiene mucha historia musical, está Cielito Lindo Records, y el Indio de hecho fue a vivir a Udaondo porque Parque Leloir está bien, pero es Udaondo. Renegamos un poco porque la casa de él es el casco de la rotonda Miryam, del Harás Miryam, que fue propiedad de los Leloir. Spinetta vivía ahí a ocho cuadras, también Lebón, Miguel Cantilo; Udaondo tiene esa historia. Al enterarme, desperté con esa noticia y estuve muy mal todo el día de ayer, no paré de llorar. Sinceramente tampoco puedo entender la parte política, la decisión de no velarlo a un ídolo de tamaña magnitud en un lugar accesible para la gente. Merecía el Congreso. El Indio merece todo. Tremendo.»

En los ’80 compartiste el circuito underground con los Redondos. ¿Cómo era ese ecosistema, y qué lugar ocupaba una mujer bajista en ese ambiente?

«Los conocí ni bien empezaron, porque yo escuchaba un programa de radio que se llamaba ‘El Loco de la Colina’, el locutor creo que era Ruga, y él pasaba siempre ‘Ñan fi fruli fali fru’ y yo decía: ‘¡Qué buen rock and roll, quiénes son!’ y nunca los mencionaba. Acá en Morón, que ahora la zona del Indio es Ituzaingó pero antes era el Gran Morón porque no estaban divididos todavía, en el centro comercial había un lugar que vendía cassettes piratas. Un día pasé y vi ‘Los Redonditos de Ricota’. Era del ’85. Me lo compré. El que me lo vendió me dijo: ‘Este tiene el tema que vos me decís siempre que escuchás’. Pasaba a Los Redondos y a Memphis la Blusera. Eso nunca me lo voy a olvidar: estaba hasta la una de la mañana escuchando radio y ahí conocí a los Redondos por primera vez.

Avellaneda, velorio del Indio, 2026.

Yo empecé a tocar en el ’89, y bueno, ellos ya estaban con todo el mito y la leyenda. Un guitarrista que conocí era muy amigo del ‘Piojo’ Ávalos, que fue el primer baterista de Los Redondos; todavía sigo en contacto con ese músico. Él me contaba que la primera vez repartían masitas de ricota, que eran redonditas. Por eso también decían que se llamaban Los Redonditos de Ricota.

El circuito underground era muy rico porque había muchos lugares para tocar. Había mucha ‘guerra’ también: el que iba a ver a los Redondos no iba a ver a Soda ni a SUMO, y cada tribu iba a ver a sus bandas favoritas. Era bastante lindo.

Como mujer bajista era dificilísimo. No había muchas mujeres músicas; las que había eran todas coristas, y las bandas de mujeres eran muy pocas. Estaban Las Brujas, también La Torre con Patricia Sosa, pero una banda de mujeres propiamente dicha era rarísima. Era complicado ser música y mujer en esa época.»

Mata Violeta y Patricio Rey, ¿eran parte del mismo circuito? ¿Hubo contacto, alguna anécdota concreta con ellos o con su gente?

«Mata Violeta no era del mismo circuito, era de otro palo. Además Los Redondos siempre tocaban en lugares un poquito más grandes que los nuestros. Nosotras no llegamos a Cemento; el Indio sí. Hicimos Arpegios, y ellos también tocaron ahí, pero ellos se dedicaban más a lugares un poquito más grandes. No hubo cruces directos porque ellos estaban en La Plata y nosotras éramos más del Oeste y de Capital. Lo que sí: compartimos escenario con El Soldado, que tenía como cantante al sobrino del Indio. Entonces mucho del público que seguía a Los Redondos también iba a ver a El Soldado, y cuando hicimos el Teatro Arpegios juntos, ese público nos vio a nosotras también.»

Mata Violeta, 1991.

El Indio construyó un modelo de autogestión que hoy se estudia en las universidades. Desde tu experiencia como música y como dirigente sindical, ¿ese modelo es una referencia real para los trabajadores de la música o fue algo irrepetible?

«El modelo que construyeron el Indio junto a la Negra Poli y todos los músicos de ese momento era una manera de trabajar en cooperativa, de forma autogestiva. Me gusta más la palabra autogestión que independencia, porque al final, independencia ¿de quién? Gracias a esa autogestión el Indio pudo tener la casa que tiene, por los derechos de autor, que me parece una cosa fantástica. Muchos ahora critican que viajó a Nueva York, pero el tipo labró un montón y la plata que ganó la ganó en buena ley. Me parece fantástico.

Aparte, es una cosa difícil de replicar porque hay que dejar un montón de cosas de lado y exige un esfuerzo cooperativo enorme. A mí también me cuesta. Vengo hace años luchando, no solamente por tocar, sino también por los derechos de los músicos y músicas. Todo nació ahí, con el neoliberalismo de los ’90, cuando empezó a funcionar mal el tema de la música en vivo. El Indio es una referencia para los trabajadores de la música, aunque ahora es muy difícil, sobre todo con toda la tecnología, las plataformas y todo lo que está pasando.»

¿Qué es hoy La Fragua y cómo conviven en vos la bajista y la Secretaria General del sindicato? ¿Se retroalimentan o a veces se contradicen?

«La Fragua es mi banda, que arrancó directamente después de Mata Violeta. Vengo trabajando con mucha gente por años, pero no dejo nunca mi sueño. Una vez una figura con la que trabajé me dijo: ‘Vos tenés tu sueño, no lo abandones. Fracasás, no fracasás, no importa, seguí.’ Bueno, acá sigo, no me importa.

Y a veces se contradicen, sí. Me da mucha bronca tener que ir a tocar a la gorra cuando estamos pidiendo que se cumpla un convenio colectivo de trabajo. Me duele ver que un montón de músicos y músicas tienen que trabajar de otra cosa que no sea lo que realmente son. Ver a chicos y chicas que salen a tocar gratis o por nada, que no valoran su instrumento. Estamos haciendo la Ley Santiago, tratando de que se sancione en la Legislatura bonaerense, para que se haga la trazabilidad y se puedan asegurar los instrumentos. Lo estoy llevando también hacia otros países porque el tráfico de instrumentos es mucho. Lo pude comprobar pasando por las fronteras de Brasil, Paraguay y Uruguay, donde no te controlan nada. Los Secretarios de Cultura de todos los países que visité están interesados en la trazabilidad. Así que mis roles se chocan, se retroalimentan, pero chocan.»

Despedida del Indio, Villa Dominico.

El sindicato que conducís forma parte de la CTA. ¿Cuál es la situación concreta de los músicos en la Argentina de Milei? ¿Qué se está perdiendo que no se ve en los titulares?

«Estamos en la Central de Trabajadores de la Argentina de Yasky y venimos trabajando en lo que va a ser la futura Federación Bonaerense de Músicos, que se llamará Regional Sindical. Estamos tratando de sacar una ley que les dé facilidades a los locales que tengan músicos en vivo, que les desgraven impuestos para poder pagar el cachet correspondiente. La situación actual es que no hay laburo, está terrible. Se está perdiendo el laburo, se está perdiendo la visibilización del músico del barrio, de la región, que no puede tocar cerca de su casa porque no hay lugares. La crisis económica hace que cierren, o directamente que los dueños te cobren para tocar o te hagan tocar gratis. Los músicos y músicas somos el orejón de abajo del tarro.»

El Indio dijo en 2023 que Milei era «un disparate fascista» y que apoyaba al kirchnerismo porque «del otro lado había un peligro muy grande.» ¿Compartís esa lectura desde tu lugar sindical?

«Sí. En 2023 el Indio dijo eso y nosotros lo veníamos diciendo también. Es un fascista, es un sionista, es un peligro muy grande porque está entregando todo: no solamente la soberanía económica, sino que la soberanía cultural también está siendo dañada. A él no le interesa que los creadores de música tengan un desarrollo real, menos los que pensamos distinto. A nosotros nos está pasando en plataformas que nos bajan seguidores, que nos baja la audiencia. El fascismo que ejerce Milei en la Argentina está pasando aunque no lo quieran creer. Sí, comparto lo que dijo el Indio totalmente. Y sigue más vigente que nunca.»

La comunidad ricotera siempre fue de clase trabajadora y popular, la misma base social que debería nutrir al movimiento sindical. ¿Por qué esos mundos no terminaron de encontrarse políticamente?

«Yo creo que la comunidad ricotera sí nutre al movimiento sindical. Ayer me sorprendió que un montón de sindicatos sacaron condolencias hacia la familia, con flyers con el logotipo sindical. Y ahí te das cuenta de lo que el Indio produjo en la gente. Escuchaba entrevistas en vivo por la tele, gente que estuvo en la cárcel y que decía ‘hoy soy abogado por las letras del Indio’. Cosas así.

Creo que políticamente se están encontrando ahora. Se están reconociendo. Y creo que este fue el clic: cuando vi los flyers de los sindicatos con la foto del Indio, dije ‘¡Mirá, fulano que es tan serio es ricotero!’ Creo que esta es la bisagra. Lástima que tuvo que ser la bisagra con su muerte, que no lo haya visto. Porque calculo que era un sueño que él también tenía.»

La Fragua.

¿Qué significa para el oeste del conurbano, para Ituzaingó y la zona, que el Indio haya elegido vivir y crear acá en silencio durante décadas?

«En el oeste siempre estuvo el agite, como dijo otra banda. En el ’82, pos Malvinas, todos los que tocamos un instrumento tratamos de juntarnos y componer algo. Udaondo, Leloir, esa zona siempre fue una isla: río Reconquista, quintas, sin acceso oeste todavía en mi adolescencia. Un triángulo donde si no tenías auto, el colectivo dejaba de entrar a las ocho. Y todos los que tocábamos tratamos de juntarnos y hacer canciones. Después fue cayendo gente que tenía que ver con la música, y uno de ellos fue el Indio. Fue tremendo para el barrio.

El Indio no salía mucho, pero mucha gente iba a dejarle cosas en la puerta; así como ayer vi al muchacho que le dejó una rosa. En el kiosco de mi mamá, que está a unas cuatro cuadras de la casa del Indio, en una de las pocas cuadras asfaltadas de la época, iban a buscar cigarrillos y cervezas para dejar en su puerta. Iba el Flaco Spinetta a comprar ahí, Charly García, todo el mundo. Udaondo es la cuna musical; de hecho la han nombrado así. Que el Indio haya elegido vivir ahí es un honor, es una medalla para toda la región.»

¿Qué le decís hoy a una piba de 17 años de la zona oeste que quiere ser bajista, que quiere tocar, y que siente que ese mundo no es para ella?

«Les digo: seguí tu sueño, seguí tocando. Si sos mujer, más todavía, porque siempre hacen falta mujeres en el escenario. Igual un montón de cosas fueron cambiando: sigue el machismo, lamentablemente, son tremendos, cero deconstrucción. Pero hay cada vez más mujeres que no son solo cantantes. Está Lula Bertoldi y hay muchas más. El under lamentablemente está cada vez peor, pero no importa, hay que seguir. Seguir el sueño, tocar, no abandonar. Porque si no, lo que muere es el rock nacional. La música pura, compuesta, basta de covers. Música compuesta por gente del Oeste, y de todo el país. Hay que empezar a exigir que haya canciones nuevas.»

Una última noche en Olavarría…

«Nunca pude ver a Los Redondos en vivo, y por insistencia de compañeros que querían ir a Olavarría a ver al Indio, agarré el auto de mi mamá y nos fuimos. Me impactó porque desde Cañuelas íbamos a paso de hombre. Tardamos un montón, había una cantidad de gente… Y de verdad no me arrepiento. Fue una experiencia que estuvo buenísima, ese recital. Yo viví el pogo más grande del mundo. Yo creo que fue ese, y el que seguramente se va a producir cuando lo despidan. Yo fui parte del pogo más grande del mundo. Una experiencia única, tristemente, porque no se va a repetir. Por suerte la pude vivir».

Cultura

Sadin alertó en Buenos Aires: la IA es una “nueva forma de muerte”

El filósofo francés presentó su libro El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero y advirtió que la inteligencia artificial generativa expulsa al otro y desposee de capacidades a las personas. Sobre Javier Milei, afirmó que “el presidente entendió todo” y pidió prohibir esta tecnología en las escuelas.

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“No podés ser anticapitalista y usar ChatGPT, hay una contradicción”. La frase, lanzada ante un teatro porteño, resume el tono de la advertencia del filósofo francés Éric Sadin sobre la inteligencia artificial generativa: una tecnología que, según planteó, desposee a las personas de sus capacidades y expulsa al otro de la vida cotidiana.

Sadin, escritor y pensador reconocido por su mirada tecnocrítica, presentó el miércoles en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires, su nuevo libro El desierto de nosotros mismos. El giro intelectual y creativo de la inteligencia artificial, publicado en español por Caja Negra Editora. El “desierto” del título es la desposesión de nuestros dones, de nuestras capacidades y de aquello que nos hace singulares. La editorial ya había publicado en el país otros títulos del autor, como La inteligencia artificial o el desafío del siglo (2020) y La era del individuo tirano (2022).

La “antiargentinidad” y la expulsión del otro

El filósofo dedicó un tramo de su exposición a la cultura local. Sostuvo que “la Argentina es pasional, con un interés por el otro, por los miembros de la familia” y que esa pasión es “la calidad primera” del país. Lo planteó para explicar un fenómeno global que describió como “la evacuación del otro, la expulsión del otro”. Y le puso nombre: “La antiargentinidad es lo que se está produciendo en el mundo entero: el otro queda aparte”.

El planteo conecta con uno de los ejes del libro: un mundo que nos excluye, donde cada vez parece haber menos lugar para trabajar con otros mientras avanza la inteligencia artificial.

Las máquinas como “nueva forma de muerte”

La definición más dura llegó al hablar de las herramientas que producen texto. “Las máquinas que producen texto son una nueva forma de muerte, nos está rodeando y es un lenguaje tanatológico, que es el lenguaje de la muerte”, afirmó Sadin. Después interpeló al público con una pregunta: “¿Hay más muerte que la muerte?”. La sala, según el relato de la presentación, respondió con silencio.

El filósofo advirtió además sobre la manipulación de imágenes. “En un chasquido uno puede producir una imagen y crear manipulación”, dijo, y ejemplificó con un conflicto entre vecinos: se puede generar la imagen de alguien golpeando a otra persona. Para Sadin, “no hay más límites, hay un entorno que favorece la violencia”.

Recordó el caso de la fotografía falsa del papa Francisco con una campera: aunque se sabía que la imagen no era real, el episodio mostró la dificultad creciente para distinguir lo verdadero de lo falso. “No comprender si determinadas imágenes son reales o no, constituye un principio de una forma de sordera social”, sostuvo.

“Juez y parte”: la crítica a quienes diseñan la IA

Sadin cuestionó a quienes crean los sistemas de inteligencia artificial y a quienes los consultan como si fueran una autoridad. “Veo una infantilización del ser humano”, dijo, y planteó que se les pregunta a los diseñadores qué están haciendo “como si fuéramos niños”, cuando “ellos no son los que saben”. “Es hora de dejar de oír a quien es juez y parte”, afirmó, y aclaró que defiende “principios, no intereses”.

Rechazó el término “tecnofascismo” para describir el fenómeno y sostuvo que lo que está en juego es una “coalición de intereses”. Su llamado fue directo: “Contra los cínicos hay que movilizarse”.

Milei, la escuela y el “capitalismo asomático”

Sadin vinculó su lectura del presente con el gobierno de Javier Milei. “El presidente entendió todo”, afirmó. Según planteó, el mandatario no necesita de los argentinos y representa un Estado antagónico a la participación de la sociedad. La definición se suma a las miradas críticas sobre el proyecto libertario, aunque el filósofo la formuló en clave filosófica y dentro de una lectura global del avance tecnológico.

En el terreno educativo fue categórico: “Tendríamos que haber prohibido la IA generativa en la escuela porque estamos dejando que los niños se conviertan en personas que no saben escribir ni hablar en nombre propio”.

En el libro, Sadin describe un proceso de desposesión de nuestras capacidades que lleva dos siglos en marcha y que las IA generativas profundizan. Lo vincula con un “capitalismo asomático”, un sistema que busca “librarse de la presencia”, de nuestros cuerpos y de nuestras mentes. El autor advierte que la automatización del mundo podría ser total y que el vaciamiento del otro no sería repentino ni espectacular, sino mediante “pequeños toques”, casi silenciosos, que harían desaparecer prácticas ligadas a la “creatividad”, la “curiosidad por los demás” y la “potencia de alegría”.

El libro también recupera una anécdota del director japonés Hayao Miyazaki, creador de El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro. Ante sus alumnos, Miyazaki habría dicho que nunca querrá incorporar esta tecnología a su trabajo y que la considera “un insulto a la vida misma”. Frente a ese escenario, la propuesta de Sadin es defender lo que nos hace humanos: la singularidad, los cuerpos, la capacidad de actuar y también el alma.

Lo que tenés que saber:

  • Éric Sadin presentó El desierto de nosotros mismos en el Teatro El Picadero, de la Ciudad de Buenos Aires.
  • Afirmó que las máquinas que producen texto son “una nueva forma de muerte”.
  • Dijo que “el presidente entendió todo” al referirse a Javier Milei.
  • Sostuvo que habría que haber prohibido la IA generativa en las escuelas.
  • Sobre el libro, advirtió que el “capitalismo asomático” busca librarse de la presencia de cuerpos y mentes.
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