Elecciones
Qué dice el libro que escribió Villarruel junto a un genocida
La candidata a vicepresidenta por La Libertad Avanza firmó una coautoría con Alberto Crinigan, un militar que está siendo enjuiciado en La Plata por secuestros y desapariciones en el Regimiento 7.
Raúl Alfonsín, Ricardo Gil Lavedra, Estela de Carlotto, Esteban Righi y hasta Hernán Lombardi contribuyeron, según la candidata a vicepresidenta por La Libertad Avanza (LLA) Victoria Villarruel, con un proceso de «invisibilización» de las víctimas de atentados cometidos entre 1969 y 1979 por «organizaciones paramilitares», como define al ERP y Montoneros.
Así lo sostiene la abogada allegada a represores en un libro de varios autores compilado por un exoficial del Ejército especializado en inteligencia, Alberto Crinigan, un militar que está siendo enjuiciado en La Plata por secuestros y desapariciones en el Regimiento 7 de esa ciudad, tal como reveló la periodista Luciana Bertoia desde Página/12.
«Vivimos en una década del ’70 que nunca concluye, tenemos celulares, laptops, Netflix, pero el discurso político, la visión social, se encuentra anclada en esa década nunca superada», lamenta Villarruel en el capítulo de su autoría «Las víctimas invisibles de la Argentina», escrito para el libro «La Nación dividida» (ediciones Lilium), que en la web está disponible en su formato físico y por e-book.
En una revisión histórica ensayada por la mano derecha del aspirante a la Casa Rosada Javier Milei, el expresidente Alfonsín -en vez de conformar la Conadep- «debería haber creado una Comisión Nacional que investigara los crímenes del terrorismo», pero «no lo hizo y eso fue el primer paso para invisibilizar» a las víctimas del ERP y Montoneros, se lamenta Villarruel en el texto.
«¿Qué ha ocurrido con los miles de ciudadanos que padecieron a Montoneros y al ERP y que están invisibilizados desde hace 4 décadas, bajo gobiernos de facto y democráticos?», es una pregunta repetida -aunque varíe la fórmula- a lo largo del texto.
«Distorsión del pasado, visión parcial, víctimas eliminadas de la historia oficial, desaparecidas de la memoria, Estado cómplice en la negación de estas víctimas inocentes, historia versionada, visión histórica que engendra nuevas violaciones a los derechos humanos, víctimas de primera y de segunda», son las etiquetas a las que apela Villarruel en forma constante.
Como es de esperar, las máximas referentes en la denuncia de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado, Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini, ambas con reconocimiento internacional, son blanco de cuestionamientos por parte de Villarruel.
«Ha sido uno de los arietes más fuertes que ha tenido el sector de las organizaciones armadas para distraer de los crímenes aberrantes que cometieron en nombre de la revolución», dice la postulante ultraliberal sobre la referente de Abuelas de Plaza de Mayo que impulsó el hallazgo y recuperación de identidad de 133 nietos que habían sido apropiados.
Además, le adjudica a Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, como también al Cels, haber «trabajado incansablemente para construir una memoria colectiva donde la historia se cuenta con una puerilidad asombrosa».
En contraste, Villarruel exalta los méritos de la organización que ella misma lidera, el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), para -en su visión- repasar la década del ’70 «con rigor científico y verdadera capacidad de análisis».
Para la abogada, el Celtyv «realizó un conteo de la cantidad de víctimas del terrorismo durante esos años» y determinó que hubo «17.380 afectados directos por las acciones terroristas».
«Cuando se investiga y se hace un proceso de inmersión en los hechos, la historia resulta completamente distinta a lo que nos han relatado en las escuelas, universidades, medios masivos de comunicación y en los mismos gobiernos elegidos por el voto popular», señala en el libro de Crinigan.
Pero también orienta sus críticas al Poder Judicial en general, al exintegrante del tribunal que condenó a las juntas militares Gil Lavedra, al fallecido exprocurador Righi y a los «ancianos profesores universitarios de derechos humanos» que según ella fueron «en el pasado violentos terroristas que atentaron contra el Estado».
De Gil Lavedra cuenta lo «escandaloso» que resultó para ella escuchar de boca del jurista un «ensayo de justificación de la impunidad de la que gozan los asesinos de estas víctimas inocentes», durante un debate en el que ambos participaron en el programa televisivo Intratables durante el año 2017.
A Righi, en tanto, Villarruel lo hace responsable de que la justicia «consagrara la discriminación de las víctimas de terrorismo», a partir de una resolución suya (158/2007), que denegó el carácter de lesa humanidad en el caso del secuestro a manos del ERP del excoronel Argentino Larrabure, en 1974.
En el párrafo que le dedica a Righi la candidata a vicepresidenta usa el concepto «terrorismo de Estado», una expresión que aparece apenas dos veces en el capítulo que lleva su firma.
También muestra su contrariedad por el «amañado análisis de los fiscales», por los jueces «garantes de la impunidad», y porque no se sitúe en plano de igualdad a la estructura estatal con las organizaciones armadas, como expone en otras partes del texto.
Las quejas de Villarruel llegan incluso hasta la gestión de Cambiemos: en el libro relata haberse reunido con el entonces titular del Sistema Federal de Medios Públicos, Hernán Lombardi, para pedirle un espacio en la Televisión Pública «para difundir la problemática de las víctimas del terrorismo».
«Pese a la amabilidad del funcionario, no se pudo avanzar en nada», cuestiona Villarruel.
Ese hecho, junto a otros que la candidata a la Vicepresidencia hilvana a lo largo del capítulo, la llevan a remarcar que en las últimas décadas hubo un «dominio de la dialéctica y las tácticas de comunicación, donde se ha trastocado el significado de las palabras, así como el contenido de tratados internacionales y leyes que amparan a todas las víctimas y no sólo a algunas».
«¿Qué ocurrió en Argentina que unas víctimas muchas veces cuestionadas en su rol durante los ’70 reemplazaron, eliminaron y ocuparon los espacios que pertenecían a 17.380 ciudadanos hasta correrlos de la visión pública?», es una de las máximas recurrentes del libro, publicado en 2019 y en cuya preparación también participaron el historiador de temas militares Guillermo Palombo y el abogado Santiago Sinopoli.
En la portada aparece primero el nombre de Crinigan, quien de acuerdo a su legajo de servicios revistió en la estructura de inteligencia del Regimiento de Infantería 7 de La Plata, tal como reveló Página/12 y como confirmaron a Télam abogados que participan en causas de derechos humanos en representación de las querellas.
Crinigan está imputado por una serie de hechos ocurridos tras el golpe de Estado de 1976 -privaciones de la libertad, torturas y desapariciones- en el marco de una causa que desde el 18 de mayo último se encuentra en etapa de juicio oral.
Elecciones
El PJ y las 62 Organizaciones abrieron el camino hacia 2027 con agenda sindical y programa común
Teresa García recibió a la conducción del brazo político de la CGT en la sede partidaria de la calle Matheu. El encuentro, de más de dos horas, puso sobre la mesa la demanda histórica de representación sindical en las listas del PJ y la necesidad de construir una propuesta federal antes de hablar de candidaturas.
El Partido Justicialista Nacional abrió sus puertas a las 62 Organizaciones Peronistas en una reunión que marcó el inicio formal de una articulación político-sindical orientada al ciclo electoral de 2027. La secretaria general del PJ, Teresa García, recibió a la conducción del histórico brazo político de la CGT en la sede partidaria de la calle Matheu 130, en la Ciudad de Buenos Aires, en un cónclave que se extendió por más de dos horas y tuvo como hilo conductor la reconstrucción de la unidad del movimiento peronista.
Programa antes que candidaturas
El eje del encuentro no fue la especulación electoral, sino algo más estructural: la necesidad de construir un programa político y sindical común antes de discutir nombres y listas. Hubo coincidencias en que el peronismo debe recuperar iniciativa política con propuestas concretas frente a la situación laboral, económica y social que atraviesa el país bajo la gestión de Javier Milei. «Si estamos todos divididos, perdemos fuerza», sintetizó Karina Álvarez, referente mercantil recientemente elegida como titular de las 62 Organizaciones en la zona de Moreno, quien además subrayó que el diálogo debería reproducirse en el territorio: «primero habría que plantear qué vamos a hacer en medio de la crisis que viven los trabajadores y el país productivo, y después hablar de la construcción política para el 2027».
En esa misma línea, Joaquín Santucho, delegado mercantil y titular de las 62 Organizaciones en Morón, Ituzaingó y Hurlingham, remarcó que el espacio pretende ser «una herramienta de unidad», aunque no circunstancial, sino una articulación capaz de pasar de la discusión interna a la acción territorial concreta.
La deuda histórica: representación obrera en las listas
El secretario general de las 62 Organizaciones a nivel nacional, José Ibarra, puso sobre la mesa una demanda que el sindicalismo peronista arrastra desde hace años: recuperar la representación orgánica del movimiento obrero en las listas del PJ. Ibarra señaló que desde hace tiempo no cuentan con legisladores que hayan llegado a sus bancas directamente desde la estructura sindical y reclamó que «se respete la participación de los trabajadores organizados en los futuros armados electorales».
García, por su parte, destacó el rol histórico de los gremialistas dentro del peronismo y comprometió una próxima reunión con una mayor cantidad de dirigentes, con la intención de ampliar el diálogo a provincias y municipios, especialmente allí donde el peronismo ejerce gobierno.
Un nombre en el horizonte y la apuesta federal
Uno de los momentos salientes del encuentro fue la referencia de García a Julio Rubén Ledesma, secretario general del SEOCA Zona Oeste, cuyo nombre fue evocado por la secretaria general del PJ por su trayectoria como diputado nacional y senador provincial, y especialmente por su trabajo territorial en el Conurbano bonaerense, un dato que no pasó inadvertido entre los sindicalistas presentes.
La delegación sindical que participó del cónclave estuvo encabezada por Ibarra junto a Fabián García, de SOECRA; Guillermo Mangone; Rubén Grimaldi; y dirigentes de distintos gremios y regionales del país, entre ellos representantes de Químicos y Petroquímicos, Caucho, USAFIP, Estaciones de Servicio, Comercio e Informáticos, además de las conducciones de las 62 Organizaciones de Moreno, Morón, Salta y Esteban Echeverría. La apuesta es consolidar una estructura federal que permita llevar al territorio una agenda común y recuperar protagonismo de cara al ciclo electoral que se avecina.
El sindicalismo organizado también reclamó que intendentes y dirigentes territoriales acompañen las normalizaciones de las 62 Organizaciones y se involucren activamente en el proceso de reconstrucción política. La señal es clara: el movimiento obrero peronista no quiere quedar como convidado de piedra en el armado que viene.
Puntos clave
- Teresa García recibió a la conducción de las 62 Organizaciones Peronistas en la sede del PJ de la calle Matheu 130, en un encuentro de más de dos horas.
- El eje central fue construir un programa político y sindical común antes de avanzar en el armado electoral de 2027.
- José Ibarra reclamó representación orgánica del sindicalismo peronista en las listas del PJ, señalando que hace años no cuentan con legisladores propios de la estructura gremial.
- Se acordó una próxima reunión con mayor cantidad de dirigentes y la intención de replicar el diálogo en provincias y municipios con gestión peronista.
- El encuentro reunió a referentes de más de diez gremios y de las 62 Organizaciones de diversas regiones del país.
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