Entrevista
Alejo Brignole y su nuevo libro: “Los combates y las ideas”
El escritor y analista político argentino detalló que su nueva obra nació como “un espacio de formación política”, una trinchera ideológica que tiene como desafío la “preservación de la historia silenciada de América Latina”.
El escritor y analista político Alejo Brignole, contó detalles sobre su más reciente libro, que recopila artículos de divulgación política e historia latinoamericana.
Brignole colaboró durante años con el diario Cambio de Bolivia, durante la revolución indígena liderada por el Movimiento Al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) y Evo Morales. De esa labor, publicada cada domingo en las páginas del matutino ya desaparecido tras el golpe de Estado de Jeanine Áñez, surgieron dos libros que reúnen aquellos escritos. El primero acaba de salir a la luz de la mano de Acercándonos Ediciones de Buenos Aires, con prólogo del escritor y ensayista chileno Javier Larraín Parada. En esta entrevista el autor nos cuenta su experiencia en la trinchera ideológica de la comunicación en los años del llamado Proceso de Cambio.
Tu nuevo libro, Los combates y las ideas, nace de un espacio de formación política, ¿verdad? Contanos esa experiencia.
Yo acababa de concluir mi libro Manual de Guerra del buen latinoamericano – Bases para un desarrollo confrontado, y envié algunos ejemplares al diario Cambio, de Bolivia, que era el matutino lanzado por la revolución indígena de Evo Morales. Un medio que buscaba, precisamente, equilibrar el flujo de noticias que la prensa hegemónica ofrecía al público en su estrategia de manufacturar consensos funcionales a la dominación –casi todos los grandes medios eran aliados en el discurso de los Estados Unidos y las oligarquías locales–. El diario Cambio fue un hito importante en las nuevas estrategias implementadas por Evo, porque permitían al público saber de forma directa cómo se desarrollaban las transformaciones económicas, jurídicas y en el statu quo de los pueblos originarios, entre otras cosas. No era un órgano de propaganda gubernamental. Era un instrumento especular, una ventana para que la gente entendiera cuáles eran los pasos que se estaban dando en la nacionalización de la industria, las luchas legales contra los oligopolios y las batallas diplomáticas contra un norte rico y avasallante que contaminaba las consciencias colectivas con todo tipo de fake news y tergiversaciones mediáticas.

¿Qué sucedió tras ese primer contacto tuyo con el diario?
Mi primer acercamiento fue telefónico. Hablé con el editor de la sección política del diario, el periodista Juan Cori Charca, con el cual nos entendimos inmediatamente. Fue una charla de una fluidez casi fraterna, a pesar de no nos conocíamos. Esa primera conversación fue como el preámbulo, la primera señal de la larga y fructífera relación laboral, militante y hasta personal que desarrollaríamos a partir de allí y por casi cuatro años. En ese diálogo inaugural, Cori Charca me pidió colaborar con una nota de análisis semanal que saldría los domingos en el suplemento Democracia Directa. A partir de allí fueron surgiendo ideas, nuevas secciones e iniciativas muy poderosas desde el punto de vista de la divulgación política. Con Juan Cori formamos un tándem a la distancia muy creativo y fértil –él en La Paz y yo en Argentina–. La idea era adentrar a los lectores en el vasto universo de las ideas políticas y sus desarrollos históricos a lo largo de todo el siglo XIX y XX.
¿Sobre qué temas escribiste?
De todo un poco: desde el rol que cumple el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la dominación colonial de las periferias, hasta las ideas de los intelectuales del estructuralismo y la Escuela de Frankfurt. Explicábamos quiénes habían sido Herbert Marcuse, Theodor Adorno, Erich Fromm o Max Horkheimer, entre otros, y el impacto que habían tenido en la sociedad del siglo XX, el freudo-marxismo o los análisis de la dominación tecnocrática que planteaba Marcuse y que tanto marcaron el Mayo Francés, «el 68». Hubo artículos sobre Henry David Thoureau, un pilar de la desobediencia civil en los Estados Unidos, o quién fue Efraín Ríos Montt, el genocida guatemalteco financiado y entrenado por el Pentágono. La gama era muy amplia y abarcaba desde la Revolución cubana y sus protagonistas, hasta el análisis de los mecanismos imperiales como la Escuela de las Américas para entrenar genocidas a cuenta de Washington. Todo lo que podía darle al lector una cosmovisión amplia, didáctica y completa sobre los factores que incidían en la realidad nuestromericana fueron tocados y desarrollados en esos años.
Explicar la Doctrina Kirkpatrick o en qué consistía la Doctrina Reagan era absolutamente novedoso en un periódico dominical y no se había hecho nunca de esa manera sistemática y con un lenguaje accesible para todos, donde pudieran abrevar el obrero, el campesino comprometido, el universitario o el trabajador medio con curiosidad política, pero sin acceso a fuentes serias. También hacíamos reseñas de libros que salían publicados y eran de vital interés, como fue Territorios vigilados de Telma Luzzani, donde la investigadora argentina explica cómo operan las bases norteamericanas en nuestro hemisferio. Todo era muy refrescante, nuevo y estimulante. Fue también desde sus páginas donde en 2017 lanzamos junto a Atilio Boron, Telma Luzzani y Stella Calloni, el 9 de agosto, el Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad.
¿Cuál fue la respuesta de los lectores?
Muy entusiasta… Y fue por lo que dije anteriormente: por primera vez en Bolivia el hombre de la calle podía acceder a un universo de ideas, episodios históricos y personajes claves en la historia latinoamericana bajo un prisma en el cual podía identificarse, fuera de lo académico, despojado de intelectualismos y explicado llanamente. Además tuve total y absoluta libertad para desarrollar los temas que considerase pertinentes.
Debo señalar que el editor político del diario, Juan Cori Charca, era un joven sumamente inquieto, entusiasta y comprometido con el momento político, y que me permitió introducir nuevas secciones en el espacio de Formación Política, como hombres y procesos contrarios a Latinoamérica, que tuvo enorme repercusión y era reeditado luego por numerosos portales digitales. Incluso hubo sindicatos cocaleros y de otros gremios que impartían clases a partir de estos artículos.
Querer a publicar un libro como este en la Argentina actual es un desafío muy grande… ¿Qué te motiva a hacerlo?
Hay muchas razones que concurren: la divulgación de esas ideas y de la historia silenciada de América Latina, pero también la preservación de esa parte del diario Cambio, para que no se pierdan esos archivos editoriales que luego fueron arrasados por la dictadura de Jeanine Áñez y hoy no se encuentran en la web.
¿Qué pasó con el diario Cambio tras el golpe de 2019, que derrocó a Evo Morales?
Lo previsible en estos casos. Se destruyeron todos los archivos en papel de la publicación, se cambió al personal y a partir del 17 de noviembre de ese año el diario pasó a llamarse Bolivia. Cambio había sido fundado el 22 de enero de 2009 y su última aparición tuvo fecha 16 de noviembre de 2019. Hoy no se puede rastrear en la web todo ese valioso material, que fue limpiado por Google y otros buscadores hegemónicos. Evidentemente fue una operación digital articulada por las agencias estadounidenses que actúan en connivencia con los gigantes digitales.
Por otra parte, para mí resulta muy estimulante poder ofrecerle a los lectores argentinos una suerte de manual político formativo, una compendio de ideas y de hechos históricos que ayudan a formar un rompecabezas sobre el juego de la dominación imperial y la injerencia del norte rico sobre el Sur Global, cuyos mecanismos son siempre multidimensionales (hoy le llamamos de cuarta generación), y que son culturales, económicos, militares y de penetración digital, incluso desde el ocio y las modas. Que salga publicado hoy este libro en Argentina, en medio de la devastación neocolonial que intenta consolidar el gobierno de Javier Milei, tiene hondas connotaciones simbólicas, además de prácticas: resulta una resistencia en el campo ideológico ofreciendo un instrumento práctico para deconstruir el pensamiento único que intenta imponer Milei y su programa sumergente y extractivista exportado desde las usinas del Norte, que buscar acotar nuestra soberanía y moldear jurídicamente a la nación para que sea funcional a los intereses corporativos más inescrupulosos.
Estuviste más de una década viviendo en España y produjiste parte de tu obra novelística allí. Incluso ganaste el Premio Novelia 2007 por tu obra de ficción La Merienda del Diablo… ¿Qué nos puedes contar sobre el vínculo entre la cultura y la sociedad en ese país, en comparación con el nuestro?
Es una muy buena pregunta porque enlaza, precisamente, con lo hecho en el diario Cambio por aquellos años: vincular lo colectivo, incluyendo lo cultural, con factores como la economía política, los golpes de Estado y los endeudamientos forzosos de los que el Sur ha sido víctima década tras década. Todos esos diseños y agresiones silenciosas conllevan un deterioro progresivo, cuya expresión más visible, más en la superficie, es la paulatina degradación cultural, la pérdida o enajenación de patrimonios idiosincráticos y la desaparición de expresiones colectivas. Es verdad que esos vacíos luego son llenados por nuevas manifestaciones emergentes, pero muchas veces ya tienen la impronta dejada por la injerencia externa y la destrucción. Improntas como la pobreza, la memoria de los muertos injustamente o la reconversión de las ruinas dejadas por las políticas neoliberales. En el caso de Argentina, el ejemplo más claro que me viene a la mente son las estaciones de ferrocarril abandonadas tras el cierre masivo del entramado nacional ordenado por el FMI durante los gobiernos de Carlos Menem (1989-1999). Tras quedar abandonados por las privatizaciones salvajes, esos edificios fueron luego ocupados por la propia sociedad de los pueblos aislados de la red ferroviaria y fueron convertidos en museos, escuelas de arte o centros de exposiciones.
En España, con políticas estatales más sólidas en donde el Estado es omnipresente (muy contrario al discurso falaz que se esgrime en América Latina para achicar el Estado), los saqueos sistémicos fueron menos brutales y su folklore, que es mucho más antiguo que el nuestro, permanece más o menos intacto, o al menos aggiornado pero sin comprometer su existencia. Las fiestas populares, las tradiciones gastronómicas, las celebraciones locales gozan de buena salud porque, precisamente, son sociedades sometidas a un menor estrés económico, a diferentes tensiones políticas y no fueron aplastadas por genocidios sistemáticos como pasó en los países periféricos. El franquismo fue una excepción, pero no una constante histórica en términos de las relaciones sociales, vistos desde una antropología cultural. En España la cultura está viva en lo cotidiano, porque no ha habido planificaciones deconstructivas. Solo la globalización parece consolidar esa tarea a través de la penetración silenciosa de sus propios paradigmas globalizados. Cito como ejemplo una creciente macdonalización (norteamericanización) en los gustos de las juventudes europeas, frente a la infinita y rica tradición gastronómica de sus respectivos países. Riqueza europea que, cabe aclarar, es en parte resultado de la expansión imperialista y la apropiación de las fuentes alimentarias ultramarinas de los continentes colonizados. En lo personal, no creo que se pueda hacer una valoración de las relaciones culturales sin analizar lo económico en términos históricos y políticos. Los períodos de mayor expansión artística y cultural en el Viejo Mundo han coincidido con las etapas de mayor expolio de las periferias imperiales. Y eso fue así desde la Grecia antigua hasta los romanos, el Renacimiento y ahora la globalización. Venecia, los Países Bajos o Inglaterra fueron excelentes ejemplos históricos de potencias pobres, pero exuberantes en lo cultural, todo gracias a sus comercios inhumanos (colonialismo, esclavitud y militarismo). Hoy España es un rico mosaico cultural que está lleno de matices, a cual más rico y digno de admirar, pero debajo hay que analizar el sustrato de explotación y miseria humana que subyace y que han sido la marca registrada de esas naciones.
¿Cómo ves la situación político-social en Argentina y la Región?
Argentina está pasando por un momento bisagra, quizás el más grande de su historia, porque está siendo puesta a prueba en sus tensiones internas. Hoy Argentina es una gran laboratorio social para los Estados Unidos y sus aliados, en donde podrán comprobar si el desgaste cultural, la manipulación mediática, los genocidios materializados y la desestructuración educativa, industrial y tecnológica que viene ejecutándose desde hace medio siglo han conseguido el resultado esperado: un pueblo dócil, con el impulso de lucha disminuido y acostumbrado a los abusos sistémicos probablemente naturalizados… o no. He aquí la prueba de este momento histórico.
Argentina, el pueblo llano, deberá salir a tomar lo que le corresponde frente al saqueo criminal y la masacre a través del hambre que se está queriendo implementar. Argentina reaccionará violentamente, o bien claudicará en sus reclamos y dejará consolidar las estrategias de Washington frente al mundo multipolar que amenaza su hegemonía global.
Hoy en Argentina cualquier método me parece lícito para dignificar al pueblo sometido al hambre planificada. Se trata de defender los más elementales Derechos Humanos que Milei intenta conculcar… ¿Lo haremos? ¿Lucharemos con todas las armas disponibles en el campo popular? ¿Tomaremos escuelas, fábricas, sedes municipales, depósitos de alimentos, comedores escolares, hospitales y universidades? Si no somos capaces de asegurar mediante la acción popular la alimentación y la educación digna de nuestros hijos, no podremos tampoco nunca presentar la lucha para proteger el litio, nuestros glaciares, la navegación interna y las riquezas de nuestro suelo. Por eso este momento es clave. Porque es el todo o la nada. La sumisión definitiva o la construcción de unas bases nacionales despojadas de toda influencia colonial, o al menos acotada a sus mínimos. Esa es la tarea de hoy. Y el análisis es extensivo a toda la región nuestroamericana. Cada país con sus matices, pero condicionados por una misma matriz e idénticos diseños. La lucha Norte-Sur hoy es total y se ve beneficiada por una muy prometedora lucha Este-Oeste en donde China juega un papel fundamental que debemos aprovechar.
Sobre la elección de Acercándonos Ediciones: ¿Por qué editar este libro con este sello?
Muy fácil de responder… ¿Qué mejor sello que este? Acercándonos Ediciones no solo es una editorial de mucha calidad en sus diseños y comprometida con la cultura, sino además combativa, hecha dentro de una estructura horizontal y cooperativa con una amplia gama de títulos que abarcan desde la política, lo infantil, lo docente y lo ficcional y ensayístico. Además tengo grandes amigos y amigas que han publicado con esta casa editorial. Entre ellos Rosa Moro de España, o María Fernanda Barreto de Venezuela. Sin contar que Atilio Boron, Stella Calloni o Paula Klachko, compañeros todos de lucha, están también en el catálogo. Eso ya me determina sin resquicios de duda. Este libro que tanto quiero, Los combates y las ideas, no puede tener otro lugar de publicación que este. Y mi agradecimiento a Acercándonos Ediciones por incluir mi humilde trabajo es infinito.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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