Alejo Brignole y su nuevo libro: “Los combates y las ideas”
El escritor y analista político argentino detalló que su nueva obra nació como “un espacio de formación política”, una trinchera ideológica que tiene como desafío la “preservación de la historia silenciada de América Latina”.
El escritor y analista político Alejo Brignole, contó detalles sobre su más reciente libro, que recopila artículos de divulgación política e historia latinoamericana.
Brignole colaboró durante años con el diario Cambio de Bolivia, durante la revolución indígena liderada por el Movimiento Al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) y Evo Morales. De esa labor, publicada cada domingo en las páginas del matutino ya desaparecido tras el golpe de Estado de Jeanine Áñez, surgieron dos libros que reúnen aquellos escritos. El primero acaba de salir a la luz de la mano de Acercándonos Ediciones de Buenos Aires, con prólogo del escritor y ensayista chileno Javier Larraín Parada. En esta entrevista el autor nos cuenta su experiencia en la trinchera ideológica de la comunicación en los años del llamado Proceso de Cambio.
Tu nuevo libro, Los combates y las ideas, nace de un espacio de formación política, ¿verdad? Contanos esa experiencia.
Yo acababa de concluir mi libro Manual de Guerra del buen latinoamericano – Bases para un desarrollo confrontado, y envié algunos ejemplares al diario Cambio, de Bolivia, que era el matutino lanzado por la revolución indígena de Evo Morales. Un medio que buscaba, precisamente, equilibrar el flujo de noticias que la prensa hegemónica ofrecía al público en su estrategia de manufacturar consensos funcionales a la dominación –casi todos los grandes medios eran aliados en el discurso de los Estados Unidos y las oligarquías locales–. El diario Cambio fue un hito importante en las nuevas estrategias implementadas por Evo, porque permitían al público saber de forma directa cómo se desarrollaban las transformaciones económicas, jurídicas y en el statu quo de los pueblos originarios, entre otras cosas. No era un órgano de propaganda gubernamental. Era un instrumento especular, una ventana para que la gente entendiera cuáles eran los pasos que se estaban dando en la nacionalización de la industria, las luchas legales contra los oligopolios y las batallas diplomáticas contra un norte rico y avasallante que contaminaba las consciencias colectivas con todo tipo de fake news y tergiversaciones mediáticas.
El más reciente libro de Alejo Brignole: “Los Combates y las Ideas”.
¿Qué sucedió tras ese primer contacto tuyo con el diario?
Mi primer acercamiento fue telefónico. Hablé con el editor de la sección política del diario, el periodista Juan Cori Charca, con el cual nos entendimos inmediatamente. Fue una charla de una fluidez casi fraterna, a pesar de no nos conocíamos. Esa primera conversación fue como el preámbulo, la primera señal de la larga y fructífera relación laboral, militante y hasta personal que desarrollaríamos a partir de allí y por casi cuatro años. En ese diálogo inaugural, Cori Charca me pidió colaborar con una nota de análisis semanal que saldría los domingos en el suplemento Democracia Directa. A partir de allí fueron surgiendo ideas, nuevas secciones e iniciativas muy poderosas desde el punto de vista de la divulgación política. Con Juan Cori formamos un tándem a la distancia muy creativo y fértil –él en La Paz y yo en Argentina–. La idea era adentrar a los lectores en el vasto universo de las ideas políticas y sus desarrollos históricos a lo largo de todo el siglo XIX y XX.
¿Sobre qué temas escribiste?
De todo un poco: desde el rol que cumple el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la dominación colonial de las periferias, hasta las ideas de los intelectuales del estructuralismo y la Escuela de Frankfurt. Explicábamos quiénes habían sido Herbert Marcuse, Theodor Adorno, Erich Fromm o Max Horkheimer, entre otros, y el impacto que habían tenido en la sociedad del siglo XX, el freudo-marxismo o los análisis de la dominación tecnocrática que planteaba Marcuse y que tanto marcaron el Mayo Francés, «el 68». Hubo artículos sobre Henry David Thoureau, un pilar de la desobediencia civil en los Estados Unidos, o quién fue Efraín Ríos Montt, el genocida guatemalteco financiado y entrenado por el Pentágono. La gama era muy amplia y abarcaba desde la Revolución cubana y sus protagonistas, hasta el análisis de los mecanismos imperiales como la Escuela de las Américas para entrenar genocidas a cuenta de Washington. Todo lo que podía darle al lector una cosmovisión amplia, didáctica y completa sobre los factores que incidían en la realidad nuestromericana fueron tocados y desarrollados en esos años.
Explicar la Doctrina Kirkpatrick o en qué consistía la Doctrina Reagan era absolutamente novedoso en un periódico dominical y no se había hecho nunca de esa manera sistemática y con un lenguaje accesible para todos, donde pudieran abrevar el obrero, el campesino comprometido, el universitario o el trabajador medio con curiosidad política, pero sin acceso a fuentes serias. También hacíamos reseñas de libros que salían publicados y eran de vital interés, como fue Territorios vigilados de Telma Luzzani, donde la investigadora argentina explica cómo operan las bases norteamericanas en nuestro hemisferio. Todo era muy refrescante, nuevo y estimulante. Fue también desde sus páginas donde en 2017 lanzamos junto a Atilio Boron, Telma Luzzani y Stella Calloni, el 9 de agosto, el Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad.
¿Cuál fue la respuesta de los lectores?
Muy entusiasta… Y fue por lo que dije anteriormente: por primera vez en Bolivia el hombre de la calle podía acceder a un universo de ideas, episodios históricos y personajes claves en la historia latinoamericana bajo un prisma en el cual podía identificarse, fuera de lo académico, despojado de intelectualismos y explicado llanamente. Además tuve total y absoluta libertad para desarrollar los temas que considerase pertinentes.
Debo señalar que el editor político del diario, Juan Cori Charca, era un joven sumamente inquieto, entusiasta y comprometido con el momento político, y que me permitió introducir nuevas secciones en el espacio de Formación Política, como hombres y procesos contrarios a Latinoamérica, que tuvo enorme repercusión y era reeditado luego por numerosos portales digitales. Incluso hubo sindicatos cocaleros y de otros gremios que impartían clases a partir de estos artículos.
Querer a publicar un libro como este en la Argentina actual es un desafío muy grande… ¿Qué te motiva a hacerlo?
Hay muchas razones que concurren: la divulgación de esas ideas y de la historia silenciada de América Latina, pero también la preservación de esa parte del diario Cambio, para que no se pierdan esos archivos editoriales que luego fueron arrasados por la dictadura de Jeanine Áñez y hoy no se encuentran en la web.
¿Qué pasó con el diario Cambio tras el golpe de 2019, que derrocó a Evo Morales?
Lo previsible en estos casos. Se destruyeron todos los archivos en papel de la publicación, se cambió al personal y a partir del 17 de noviembre de ese año el diario pasó a llamarse Bolivia. Cambio había sido fundado el 22 de enero de 2009 y su última aparición tuvo fecha 16 de noviembre de 2019. Hoy no se puede rastrear en la web todo ese valioso material, que fue limpiado por Google y otros buscadores hegemónicos. Evidentemente fue una operación digital articulada por las agencias estadounidenses que actúan en connivencia con los gigantes digitales.
Por otra parte, para mí resulta muy estimulante poder ofrecerle a los lectores argentinos una suerte de manual político formativo, una compendio de ideas y de hechos históricos que ayudan a formar un rompecabezas sobre el juego de la dominación imperial y la injerencia del norte rico sobre el Sur Global, cuyos mecanismos son siempre multidimensionales (hoy le llamamos de cuarta generación), y que son culturales, económicos, militares y de penetración digital, incluso desde el ocio y las modas. Que salga publicado hoy este libro en Argentina, en medio de la devastación neocolonial que intenta consolidar el gobierno de Javier Milei, tiene hondas connotaciones simbólicas, además de prácticas: resulta una resistencia en el campo ideológico ofreciendo un instrumento práctico para deconstruir el pensamiento único que intenta imponer Milei y su programa sumergente y extractivista exportado desde las usinas del Norte, que buscar acotar nuestra soberanía y moldear jurídicamente a la nación para que sea funcional a los intereses corporativos más inescrupulosos.
Estuviste más de una década viviendo en España y produjiste parte de tu obra novelística allí. Incluso ganaste el Premio Novelia 2007 por tu obra de ficción La Merienda del Diablo… ¿Qué nos puedes contar sobre el vínculo entre la cultura y la sociedad en ese país, en comparación con el nuestro?
Es una muy buena pregunta porque enlaza, precisamente, con lo hecho en el diario Cambio por aquellos años: vincular lo colectivo, incluyendo lo cultural, con factores como la economía política, los golpes de Estado y los endeudamientos forzosos de los que el Sur ha sido víctima década tras década. Todos esos diseños y agresiones silenciosas conllevan un deterioro progresivo, cuya expresión más visible, más en la superficie, es la paulatina degradación cultural, la pérdida o enajenación de patrimonios idiosincráticos y la desaparición de expresiones colectivas. Es verdad que esos vacíos luego son llenados por nuevas manifestaciones emergentes, pero muchas veces ya tienen la impronta dejada por la injerencia externa y la destrucción. Improntas como la pobreza, la memoria de los muertos injustamente o la reconversión de las ruinas dejadas por las políticas neoliberales. En el caso de Argentina, el ejemplo más claro que me viene a la mente son las estaciones de ferrocarril abandonadas tras el cierre masivo del entramado nacional ordenado por el FMI durante los gobiernos de Carlos Menem (1989-1999). Tras quedar abandonados por las privatizaciones salvajes, esos edificios fueron luego ocupados por la propia sociedad de los pueblos aislados de la red ferroviaria y fueron convertidos en museos, escuelas de arte o centros de exposiciones.
En España, con políticas estatales más sólidas en donde el Estado es omnipresente (muy contrario al discurso falaz que se esgrime en América Latina para achicar el Estado), los saqueos sistémicos fueron menos brutales y su folklore, que es mucho más antiguo que el nuestro, permanece más o menos intacto, o al menos aggiornado pero sin comprometer su existencia. Las fiestas populares, las tradiciones gastronómicas, las celebraciones locales gozan de buena salud porque, precisamente, son sociedades sometidas a un menor estrés económico, a diferentes tensiones políticas y no fueron aplastadas por genocidios sistemáticos como pasó en los países periféricos. El franquismo fue una excepción, pero no una constante histórica en términos de las relaciones sociales, vistos desde una antropología cultural. En España la cultura está viva en lo cotidiano, porque no ha habido planificaciones deconstructivas. Solo la globalización parece consolidar esa tarea a través de la penetración silenciosa de sus propios paradigmas globalizados. Cito como ejemplo una creciente macdonalización (norteamericanización) en los gustos de las juventudes europeas, frente a la infinita y rica tradición gastronómica de sus respectivos países. Riqueza europea que, cabe aclarar, es en parte resultado de la expansión imperialista y la apropiación de las fuentes alimentarias ultramarinas de los continentes colonizados. En lo personal, no creo que se pueda hacer una valoración de las relaciones culturales sin analizar lo económico en términos históricos y políticos. Los períodos de mayor expansión artística y cultural en el Viejo Mundo han coincidido con las etapas de mayor expolio de las periferias imperiales. Y eso fue así desde la Grecia antigua hasta los romanos, el Renacimiento y ahora la globalización. Venecia, los Países Bajos o Inglaterra fueron excelentes ejemplos históricos de potencias pobres, pero exuberantes en lo cultural, todo gracias a sus comercios inhumanos (colonialismo, esclavitud y militarismo). Hoy España es un rico mosaico cultural que está lleno de matices, a cual más rico y digno de admirar, pero debajo hay que analizar el sustrato de explotación y miseria humana que subyace y que han sido la marca registrada de esas naciones.
¿Cómo ves la situación político-social en Argentina y la Región?
Argentina está pasando por un momento bisagra, quizás el más grande de su historia, porque está siendo puesta a prueba en sus tensiones internas. Hoy Argentina es una gran laboratorio social para los Estados Unidos y sus aliados, en donde podrán comprobar si el desgaste cultural, la manipulación mediática, los genocidios materializados y la desestructuración educativa, industrial y tecnológica que viene ejecutándose desde hace medio siglo han conseguido el resultado esperado: un pueblo dócil, con el impulso de lucha disminuido y acostumbrado a los abusos sistémicos probablemente naturalizados… o no. He aquí la prueba de este momento histórico.
Argentina, el pueblo llano, deberá salir a tomar lo que le corresponde frente al saqueo criminal y la masacre a través del hambre que se está queriendo implementar. Argentina reaccionará violentamente, o bien claudicará en sus reclamos y dejará consolidar las estrategias de Washington frente al mundo multipolar que amenaza su hegemonía global.
Hoy en Argentina cualquier método me parece lícito para dignificar al pueblo sometido al hambre planificada. Se trata de defender los más elementales Derechos Humanos que Milei intenta conculcar… ¿Lo haremos? ¿Lucharemos con todas las armas disponibles en el campo popular? ¿Tomaremos escuelas, fábricas, sedes municipales, depósitos de alimentos, comedores escolares, hospitales y universidades? Si no somos capaces de asegurar mediante la acción popular la alimentación y la educación digna de nuestros hijos, no podremos tampoco nunca presentar la lucha para proteger el litio, nuestros glaciares, la navegación interna y las riquezas de nuestro suelo. Por eso este momento es clave. Porque es el todo o la nada. La sumisión definitiva o la construcción de unas bases nacionales despojadas de toda influencia colonial, o al menos acotada a sus mínimos. Esa es la tarea de hoy. Y el análisis es extensivo a toda la región nuestroamericana. Cada país con sus matices, pero condicionados por una misma matriz e idénticos diseños. La lucha Norte-Sur hoy es total y se ve beneficiada por una muy prometedora lucha Este-Oeste en donde China juega un papel fundamental que debemos aprovechar.
Sobre la elección de Acercándonos Ediciones: ¿Por qué editar este libro con este sello?
Muy fácil de responder… ¿Qué mejor sello que este? Acercándonos Ediciones no solo es una editorial de mucha calidad en sus diseños y comprometida con la cultura, sino además combativa, hecha dentro de una estructura horizontal y cooperativa con una amplia gama de títulos que abarcan desde la política, lo infantil, lo docente y lo ficcional y ensayístico. Además tengo grandes amigos y amigas que han publicado con esta casa editorial. Entre ellos Rosa Moro de España, o María Fernanda Barreto de Venezuela. Sin contar que Atilio Boron, Stella Calloni o Paula Klachko, compañeros todos de lucha, están también en el catálogo. Eso ya me determina sin resquicios de duda. Este libro que tanto quiero, Los combates y las ideas, no puede tener otro lugar de publicación que este. Y mi agradecimiento a Acercándonos Ediciones por incluir mi humilde trabajo es infinito.
“Rezamos cada mañana para no dormir en la calle”: huyó de la violencia machista en Argentina y denuncia abandono en España
Valeria De Bernardinis habló con El Argentino sobre la violencia que la obligó a huir del país junto a sus hijos. Hace siete años viven en España entre la precariedad, las secuelas psicológicas y el temor de quedar en la calle, mientras reclaman ayuda urgente del consulado argentino y que la Justicia los reconozca como víctimas para acceder a derechos básicos.
“Vivimos el día a día, prácticamente no tenemos para comer. Rezamos cada mañana para no dormir en la calle esa misma noche”. La frase sale de la boca de Valeria De Bernardinis, pero atraviesa a toda la familia. «Hace 7 años y 145 días» vive en España junto a sus dos hijos menores -hoy 16 y 19 años-, uno de ellos con autismo severo y el otro diagnosticado con trastorno por estrés postraumático. Escaparon de Argentina después de años de violencia extrema, amenazas y denuncias que -asegura- nunca lograron protegerlos del todo.
Hoy, lejos de encontrar tranquilidad, dice sentirse nuevamente abandonada. “El consulado argentino nos ha abandonado literalmente”, denuncia, al tiempo que reclama una vivienda urgente, la restitución de la pensión por discapacidad de uno de sus hijos -suspendida desde febrero- y que la Justicia española finalmente los reconozca a los tres como víctimas de violencia machista, condición que les permitiría acceder a asistencia económica, programas habitacionales y derechos básicos.
Un botón antipánico y 148 denuncias
La historia que hoy la tiene al borde de quedar en la calle comenzó mucho antes de España. Valeria ya era madre de un hijo de 11 años de un matrimonio anterior cuando conoció a Dionisio Ruiz Díaz a comienzos de los 2000. “Él lo quería más que a sus propios hijos”, recuerda con angustia.
Al principio, la violencia fue silenciosa: “Me fue apartando de mis amistades, de todo mi entorno. Me hacía creer que sin él yo no era nadie”. Después llegaron los golpes: “Perdí cinco embarazos por las palizas”. Durante años ocultó la violencia incluso frente a médicos y conocidos. “Decía que me había caído o golpeado con una puerta”, y confiesa que sentía «vergüenza«.
Valeria asegura que convivió durante años con miedo constante. En octubre de 2016 consiguió una perimetral y fue una de las primeras mujeres de Almirante Brown en recibir un botón antipánico. “A mí ese botón me salvó la vida”, asegura.
Pero ni las denuncias ni las restricciones alcanzaron para frenar a su agresor. Según relata, violentaba las órdenes de alejamiento y vigilaba la vivienda permanentemente. Valeria llegó a realizar “59 denuncias en lo civil y 89 en lo penal”. El episodio que terminó de quebrarlo todo ocurrió una semana antes de viajar a España. Según cuenta, su expareja intentó incendiar la casa familiar de Claypole mientras ella y los chicos estaban adentro: “Escondí a mis hijos debajo de la cama y pensé: ‘Que sea lo que Dios quiera’”.
Asimismo, cuenta que la policía llegó después de la activación del botón antipánico y que el hombre «fue detenido con un bidón de combustible en la mano». Sin embargo, horas después recuperó la libertad: “Me dijeron que cuando llegara a mi casa avisara para poder soltarlo”.
Dormían todos juntos en el comedor mientras patrulleros vigilaban la casa durante la noche. Para llevar a su hijo a las terapias necesitaba custodia policial. “A cada hora me llamaban para ver si seguía viva”.
Cabe señalar que la historia de Valeria refleja una problemática estructural que se repite en muchos casos de violencia de género: mujeres que denuncian durante años y aun así continúan expuestas a situaciones extremas. Según el Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, de La Casa del Encuentro, durante 2025 hubo 262 víctimas fatales de violencia de género en Argentina: un femicidio cada 33 horas.
Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.
En esta misma línea, la Asociación Civil “Ahora que sí nos ven” registra que entre el 1 de enero y el 30 de abril de 2026 hubo 80 víctimas fatales de violencia de género: un femicidio cada 36 horas. Casi el 20% de esas mujeres había denunciado previamente y en el 70% de los casos los agresores eran parejas o exparejas.
“Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”
Después de aquél episodio, escapar fue la única alternativa posible. Valeria consiguió la autorización del padre para sacar legalmente a los chicos del país, vendió su casa y armó las valijas de madrugada. “Hasta que no subí al avión no sabía si iba a seguir con vida”, confiesa.
El refugio apareció a través de Facebook. Una familia española le ofreció alojamiento después de conocer su historia. Pero cuando llegó, asegura, todo fue distinto: “Me usaron”.
Según relata, le quitaron dinero, contactos y documentación y, cuando “se acabó el dinero”, los echaron de la casa en plena pandemia. “Dormíamos en el piso y nos tapábamos con nuestra propia ropa”.
Durante estos años distintas asociaciones y personas particulares les brindaron ayuda. Pero con el tiempo -dice- muchos terminaron alejándose por el desgaste emocional y económico que implicaba sostener una situación tan prolongada. La sensación de haber cometido un error la acompañó desde el comienzo: “Sentí que había cometido el peor error de mi vida”.
El miedo siguió en España
Los hijos de Valeria llegaron a España siendo apenas chicos. Tenían 9 y 11 años. Atrás habían quedado las denuncias, los patrulleros y la violencia cotidiana. Pero el miedo -asegura- nunca desapareció del todo.
El menor fue diagnosticado con un grave trastorno por estrés postraumático. “El desarraigo es enorme. Mi hijo extraña a su hermano mayor, que se quedó en Argentina, y no puede con todo lo que vivimos”, cuenta.
Según relata, las secuelas psicológicas se profundizaron con los años. El menor atravesó situaciones de bullying y discriminación escolar que terminaron afectando seriamente su salud emocional.
Pero lo peor volvió a ocurrir hace tres años. Valeria asegura que su expareja logró encontrarlos en España y secuestró durante varias horas a uno de sus hijos. “Creo que me desmayé cien veces en ese lapso”.
Todavía hoy recuerda esas horas como uno de los momentos más desesperantes de su vida. Para ella, hubo fallas graves que permitieron el ingreso de su agresor al país. “No falló el juez. Falló la policía”.
“No quiero dormir en la calle con mis hijos”
Siete años después de haber escapado de Argentina, Valeria asegura que volvió a sentir el mismo miedo: quedarse sola, sin protección y sin un lugar donde vivir. “La situación es cada vez peor. Vivimos el día a día. Prácticamente no tenemos para comer”, relata.
Hoy reclama que la Justicia española finalmente cierre el expediente y los reconozca formalmente como víctimas de violencia machista, algo que -según denuncia- permanece paralizado desde hace más de siete años en el Juzgado Nº3 de Sant Feliu de Guíxols.
En España, ese reconocimiento puede habilitar el acceso a asistencia económica, programas de vivienda, apoyo psicológico y otras ayudas sociales específicas. “Hasta que no nos reconozcan como víctimas, no podemos acceder a derechos básicos”, explica.
A eso se suma otra urgencia: desde febrero dejó de cobrar la pensión por discapacidad de uno de sus hijos. “Era lo único que me llegaba. Y hasta eso me sacaron”. Valeria asegura haber presentado toda la documentación requerida, incluida la fe de vida ante el consulado argentino en Barcelona, pero afirma que todavía no obtuvo respuestas.
La situación no es aislada. En distintos puntos de Argentina, familias vienen denunciando suspensiones de pensiones por discapacidad, demoras administrativas y falta de respuestas oficiales, en un contexto atravesado por auditorías impulsadas por el Gobierno nacional que alcanzaron a más de 110.000 beneficios durante el último año.
Pero detrás de los expedientes, las auditorías y las demoras administrativas, la urgencia de Valeria y sus hijos es mucho más simple y brutal: sobrevivir. Sin ingresos estables y con miedo constante a quedarse en la calle, intenta sostener a sus hijos como puede. “No quiero dormir en la calle con mis hijos”, repite.
Y aunque el miedo y el agotamiento parecen haber atravesado cada etapa de su vida, hay una ausencia que todavía le duele más que cualquier otra: la de su hijo mayor, que permanece en Argentina y al que no ve desde hace más de siete años. “¿Sabés lo que daría por un abrazo?”, dice con la voz quebrada.
Si queres colaborar con Valeria:
Banco BBVA a nombre de María Valeria De Bernardinis
“Hoy no sé quién soy”
La historia de Valeria también atraviesa otra búsqueda: la de su identidad. En Argentina, Abuelas de Plaza de Mayo estima que todavía quedan alrededor de 300 hombres y mujeres que podrían haber sido apropiados durante la última dictadura militar y aún desconocen su verdadera identidad. “Yo siempre supe que era adoptada”, cuenta.
Según relata, fue criada por un matrimonio italiano y sufrió violencia durante toda su infancia. “Yo siento que me criaron mis secuestradores”.
Años después, mientras revisaba viejas valijas familiares, encontró partidas de nacimiento y comenzó a investigar sus orígenes. Así fue como Valeria logró descubrir quién era su madre biológica. Se llamaba Teresa Sandoval y trabajaba en una casa de Capital Federal.
“Hay toda una historia oscura detrás”, que incluso la llevó a sospechar que pudo haber sido víctima de apropiación ilegal durante la última dictadura militar. “Cuando mi mamá dio a luz, el hijo de esa familia se fue a Israel y la abuela se suicidó. Hay muchas cosas que nunca pude entender”. Hoy, sigue buscando respuestas: “No sé quién soy”.
Línea 102 Si necesitas ayuda o conoces a alguien que esté expuesto a violencia, llamá al 102. Es un servicio gratuito y confidencial, de atención especializada sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes. Podés llamar ante una situación de vulneración de derechos. Si vivís una emergencia llama al 911.