Entrevista
Alejo Brignole y su nuevo libro: “Los combates y las ideas”
El escritor y analista político argentino detalló que su nueva obra nació como “un espacio de formación política”, una trinchera ideológica que tiene como desafío la “preservación de la historia silenciada de América Latina”.
El escritor y analista político Alejo Brignole, contó detalles sobre su más reciente libro, que recopila artículos de divulgación política e historia latinoamericana.
Brignole colaboró durante años con el diario Cambio de Bolivia, durante la revolución indígena liderada por el Movimiento Al Socialismo – Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) y Evo Morales. De esa labor, publicada cada domingo en las páginas del matutino ya desaparecido tras el golpe de Estado de Jeanine Áñez, surgieron dos libros que reúnen aquellos escritos. El primero acaba de salir a la luz de la mano de Acercándonos Ediciones de Buenos Aires, con prólogo del escritor y ensayista chileno Javier Larraín Parada. En esta entrevista el autor nos cuenta su experiencia en la trinchera ideológica de la comunicación en los años del llamado Proceso de Cambio.
Tu nuevo libro, Los combates y las ideas, nace de un espacio de formación política, ¿verdad? Contanos esa experiencia.
Yo acababa de concluir mi libro Manual de Guerra del buen latinoamericano – Bases para un desarrollo confrontado, y envié algunos ejemplares al diario Cambio, de Bolivia, que era el matutino lanzado por la revolución indígena de Evo Morales. Un medio que buscaba, precisamente, equilibrar el flujo de noticias que la prensa hegemónica ofrecía al público en su estrategia de manufacturar consensos funcionales a la dominación –casi todos los grandes medios eran aliados en el discurso de los Estados Unidos y las oligarquías locales–. El diario Cambio fue un hito importante en las nuevas estrategias implementadas por Evo, porque permitían al público saber de forma directa cómo se desarrollaban las transformaciones económicas, jurídicas y en el statu quo de los pueblos originarios, entre otras cosas. No era un órgano de propaganda gubernamental. Era un instrumento especular, una ventana para que la gente entendiera cuáles eran los pasos que se estaban dando en la nacionalización de la industria, las luchas legales contra los oligopolios y las batallas diplomáticas contra un norte rico y avasallante que contaminaba las consciencias colectivas con todo tipo de fake news y tergiversaciones mediáticas.

¿Qué sucedió tras ese primer contacto tuyo con el diario?
Mi primer acercamiento fue telefónico. Hablé con el editor de la sección política del diario, el periodista Juan Cori Charca, con el cual nos entendimos inmediatamente. Fue una charla de una fluidez casi fraterna, a pesar de no nos conocíamos. Esa primera conversación fue como el preámbulo, la primera señal de la larga y fructífera relación laboral, militante y hasta personal que desarrollaríamos a partir de allí y por casi cuatro años. En ese diálogo inaugural, Cori Charca me pidió colaborar con una nota de análisis semanal que saldría los domingos en el suplemento Democracia Directa. A partir de allí fueron surgiendo ideas, nuevas secciones e iniciativas muy poderosas desde el punto de vista de la divulgación política. Con Juan Cori formamos un tándem a la distancia muy creativo y fértil –él en La Paz y yo en Argentina–. La idea era adentrar a los lectores en el vasto universo de las ideas políticas y sus desarrollos históricos a lo largo de todo el siglo XIX y XX.
¿Sobre qué temas escribiste?
De todo un poco: desde el rol que cumple el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la dominación colonial de las periferias, hasta las ideas de los intelectuales del estructuralismo y la Escuela de Frankfurt. Explicábamos quiénes habían sido Herbert Marcuse, Theodor Adorno, Erich Fromm o Max Horkheimer, entre otros, y el impacto que habían tenido en la sociedad del siglo XX, el freudo-marxismo o los análisis de la dominación tecnocrática que planteaba Marcuse y que tanto marcaron el Mayo Francés, «el 68». Hubo artículos sobre Henry David Thoureau, un pilar de la desobediencia civil en los Estados Unidos, o quién fue Efraín Ríos Montt, el genocida guatemalteco financiado y entrenado por el Pentágono. La gama era muy amplia y abarcaba desde la Revolución cubana y sus protagonistas, hasta el análisis de los mecanismos imperiales como la Escuela de las Américas para entrenar genocidas a cuenta de Washington. Todo lo que podía darle al lector una cosmovisión amplia, didáctica y completa sobre los factores que incidían en la realidad nuestromericana fueron tocados y desarrollados en esos años.
Explicar la Doctrina Kirkpatrick o en qué consistía la Doctrina Reagan era absolutamente novedoso en un periódico dominical y no se había hecho nunca de esa manera sistemática y con un lenguaje accesible para todos, donde pudieran abrevar el obrero, el campesino comprometido, el universitario o el trabajador medio con curiosidad política, pero sin acceso a fuentes serias. También hacíamos reseñas de libros que salían publicados y eran de vital interés, como fue Territorios vigilados de Telma Luzzani, donde la investigadora argentina explica cómo operan las bases norteamericanas en nuestro hemisferio. Todo era muy refrescante, nuevo y estimulante. Fue también desde sus páginas donde en 2017 lanzamos junto a Atilio Boron, Telma Luzzani y Stella Calloni, el 9 de agosto, el Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad.
¿Cuál fue la respuesta de los lectores?
Muy entusiasta… Y fue por lo que dije anteriormente: por primera vez en Bolivia el hombre de la calle podía acceder a un universo de ideas, episodios históricos y personajes claves en la historia latinoamericana bajo un prisma en el cual podía identificarse, fuera de lo académico, despojado de intelectualismos y explicado llanamente. Además tuve total y absoluta libertad para desarrollar los temas que considerase pertinentes.
Debo señalar que el editor político del diario, Juan Cori Charca, era un joven sumamente inquieto, entusiasta y comprometido con el momento político, y que me permitió introducir nuevas secciones en el espacio de Formación Política, como hombres y procesos contrarios a Latinoamérica, que tuvo enorme repercusión y era reeditado luego por numerosos portales digitales. Incluso hubo sindicatos cocaleros y de otros gremios que impartían clases a partir de estos artículos.
Querer a publicar un libro como este en la Argentina actual es un desafío muy grande… ¿Qué te motiva a hacerlo?
Hay muchas razones que concurren: la divulgación de esas ideas y de la historia silenciada de América Latina, pero también la preservación de esa parte del diario Cambio, para que no se pierdan esos archivos editoriales que luego fueron arrasados por la dictadura de Jeanine Áñez y hoy no se encuentran en la web.
¿Qué pasó con el diario Cambio tras el golpe de 2019, que derrocó a Evo Morales?
Lo previsible en estos casos. Se destruyeron todos los archivos en papel de la publicación, se cambió al personal y a partir del 17 de noviembre de ese año el diario pasó a llamarse Bolivia. Cambio había sido fundado el 22 de enero de 2009 y su última aparición tuvo fecha 16 de noviembre de 2019. Hoy no se puede rastrear en la web todo ese valioso material, que fue limpiado por Google y otros buscadores hegemónicos. Evidentemente fue una operación digital articulada por las agencias estadounidenses que actúan en connivencia con los gigantes digitales.
Por otra parte, para mí resulta muy estimulante poder ofrecerle a los lectores argentinos una suerte de manual político formativo, una compendio de ideas y de hechos históricos que ayudan a formar un rompecabezas sobre el juego de la dominación imperial y la injerencia del norte rico sobre el Sur Global, cuyos mecanismos son siempre multidimensionales (hoy le llamamos de cuarta generación), y que son culturales, económicos, militares y de penetración digital, incluso desde el ocio y las modas. Que salga publicado hoy este libro en Argentina, en medio de la devastación neocolonial que intenta consolidar el gobierno de Javier Milei, tiene hondas connotaciones simbólicas, además de prácticas: resulta una resistencia en el campo ideológico ofreciendo un instrumento práctico para deconstruir el pensamiento único que intenta imponer Milei y su programa sumergente y extractivista exportado desde las usinas del Norte, que buscar acotar nuestra soberanía y moldear jurídicamente a la nación para que sea funcional a los intereses corporativos más inescrupulosos.
Estuviste más de una década viviendo en España y produjiste parte de tu obra novelística allí. Incluso ganaste el Premio Novelia 2007 por tu obra de ficción La Merienda del Diablo… ¿Qué nos puedes contar sobre el vínculo entre la cultura y la sociedad en ese país, en comparación con el nuestro?
Es una muy buena pregunta porque enlaza, precisamente, con lo hecho en el diario Cambio por aquellos años: vincular lo colectivo, incluyendo lo cultural, con factores como la economía política, los golpes de Estado y los endeudamientos forzosos de los que el Sur ha sido víctima década tras década. Todos esos diseños y agresiones silenciosas conllevan un deterioro progresivo, cuya expresión más visible, más en la superficie, es la paulatina degradación cultural, la pérdida o enajenación de patrimonios idiosincráticos y la desaparición de expresiones colectivas. Es verdad que esos vacíos luego son llenados por nuevas manifestaciones emergentes, pero muchas veces ya tienen la impronta dejada por la injerencia externa y la destrucción. Improntas como la pobreza, la memoria de los muertos injustamente o la reconversión de las ruinas dejadas por las políticas neoliberales. En el caso de Argentina, el ejemplo más claro que me viene a la mente son las estaciones de ferrocarril abandonadas tras el cierre masivo del entramado nacional ordenado por el FMI durante los gobiernos de Carlos Menem (1989-1999). Tras quedar abandonados por las privatizaciones salvajes, esos edificios fueron luego ocupados por la propia sociedad de los pueblos aislados de la red ferroviaria y fueron convertidos en museos, escuelas de arte o centros de exposiciones.
En España, con políticas estatales más sólidas en donde el Estado es omnipresente (muy contrario al discurso falaz que se esgrime en América Latina para achicar el Estado), los saqueos sistémicos fueron menos brutales y su folklore, que es mucho más antiguo que el nuestro, permanece más o menos intacto, o al menos aggiornado pero sin comprometer su existencia. Las fiestas populares, las tradiciones gastronómicas, las celebraciones locales gozan de buena salud porque, precisamente, son sociedades sometidas a un menor estrés económico, a diferentes tensiones políticas y no fueron aplastadas por genocidios sistemáticos como pasó en los países periféricos. El franquismo fue una excepción, pero no una constante histórica en términos de las relaciones sociales, vistos desde una antropología cultural. En España la cultura está viva en lo cotidiano, porque no ha habido planificaciones deconstructivas. Solo la globalización parece consolidar esa tarea a través de la penetración silenciosa de sus propios paradigmas globalizados. Cito como ejemplo una creciente macdonalización (norteamericanización) en los gustos de las juventudes europeas, frente a la infinita y rica tradición gastronómica de sus respectivos países. Riqueza europea que, cabe aclarar, es en parte resultado de la expansión imperialista y la apropiación de las fuentes alimentarias ultramarinas de los continentes colonizados. En lo personal, no creo que se pueda hacer una valoración de las relaciones culturales sin analizar lo económico en términos históricos y políticos. Los períodos de mayor expansión artística y cultural en el Viejo Mundo han coincidido con las etapas de mayor expolio de las periferias imperiales. Y eso fue así desde la Grecia antigua hasta los romanos, el Renacimiento y ahora la globalización. Venecia, los Países Bajos o Inglaterra fueron excelentes ejemplos históricos de potencias pobres, pero exuberantes en lo cultural, todo gracias a sus comercios inhumanos (colonialismo, esclavitud y militarismo). Hoy España es un rico mosaico cultural que está lleno de matices, a cual más rico y digno de admirar, pero debajo hay que analizar el sustrato de explotación y miseria humana que subyace y que han sido la marca registrada de esas naciones.
¿Cómo ves la situación político-social en Argentina y la Región?
Argentina está pasando por un momento bisagra, quizás el más grande de su historia, porque está siendo puesta a prueba en sus tensiones internas. Hoy Argentina es una gran laboratorio social para los Estados Unidos y sus aliados, en donde podrán comprobar si el desgaste cultural, la manipulación mediática, los genocidios materializados y la desestructuración educativa, industrial y tecnológica que viene ejecutándose desde hace medio siglo han conseguido el resultado esperado: un pueblo dócil, con el impulso de lucha disminuido y acostumbrado a los abusos sistémicos probablemente naturalizados… o no. He aquí la prueba de este momento histórico.
Argentina, el pueblo llano, deberá salir a tomar lo que le corresponde frente al saqueo criminal y la masacre a través del hambre que se está queriendo implementar. Argentina reaccionará violentamente, o bien claudicará en sus reclamos y dejará consolidar las estrategias de Washington frente al mundo multipolar que amenaza su hegemonía global.
Hoy en Argentina cualquier método me parece lícito para dignificar al pueblo sometido al hambre planificada. Se trata de defender los más elementales Derechos Humanos que Milei intenta conculcar… ¿Lo haremos? ¿Lucharemos con todas las armas disponibles en el campo popular? ¿Tomaremos escuelas, fábricas, sedes municipales, depósitos de alimentos, comedores escolares, hospitales y universidades? Si no somos capaces de asegurar mediante la acción popular la alimentación y la educación digna de nuestros hijos, no podremos tampoco nunca presentar la lucha para proteger el litio, nuestros glaciares, la navegación interna y las riquezas de nuestro suelo. Por eso este momento es clave. Porque es el todo o la nada. La sumisión definitiva o la construcción de unas bases nacionales despojadas de toda influencia colonial, o al menos acotada a sus mínimos. Esa es la tarea de hoy. Y el análisis es extensivo a toda la región nuestroamericana. Cada país con sus matices, pero condicionados por una misma matriz e idénticos diseños. La lucha Norte-Sur hoy es total y se ve beneficiada por una muy prometedora lucha Este-Oeste en donde China juega un papel fundamental que debemos aprovechar.
Sobre la elección de Acercándonos Ediciones: ¿Por qué editar este libro con este sello?
Muy fácil de responder… ¿Qué mejor sello que este? Acercándonos Ediciones no solo es una editorial de mucha calidad en sus diseños y comprometida con la cultura, sino además combativa, hecha dentro de una estructura horizontal y cooperativa con una amplia gama de títulos que abarcan desde la política, lo infantil, lo docente y lo ficcional y ensayístico. Además tengo grandes amigos y amigas que han publicado con esta casa editorial. Entre ellos Rosa Moro de España, o María Fernanda Barreto de Venezuela. Sin contar que Atilio Boron, Stella Calloni o Paula Klachko, compañeros todos de lucha, están también en el catálogo. Eso ya me determina sin resquicios de duda. Este libro que tanto quiero, Los combates y las ideas, no puede tener otro lugar de publicación que este. Y mi agradecimiento a Acercándonos Ediciones por incluir mi humilde trabajo es infinito.
Cultura
Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”
La música, docente y titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, Nancy «La Pantera» González, conmemoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio y el rock under en Argentina. Bajista de Mata Violeta primero y de La Fragua después, vecina del barrio donde vivió y murió el Indio, su testimonio es el de una sobreviviente del underground que nunca dejó de tocar ni de pelear por los derechos de los músicos.
Desde el under de los ’80 al sindicato: la lectura política y cultural de La Pantera sobre el legado del Indio Solari
La música y docente Nancy González, titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, rememoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio, los Redondos y el rock under en nuestro país.
Vivís cerca de Parque Leloir, a pocos kilómetros de donde murió el Indio el viernes por la mañana. ¿Cómo te llegó la noticia?
«No solamente vivo cerca de Parque Leloir, sino que el barrio de mi infancia, crianza y adolescencia es ahí donde está la casa del Indio. Cuando él compró la casa fue toda una revolución en el barrio, iba gente siempre a tratar de verlo. Mi hermana sigue viviendo ahí. Udaondo tiene mucha historia musical, está Cielito Lindo Records, y el Indio de hecho fue a vivir a Udaondo porque Parque Leloir está bien, pero es Udaondo. Renegamos un poco porque la casa de él es el casco de la rotonda Miryam, del Harás Miryam, que fue propiedad de los Leloir. Spinetta vivía ahí a ocho cuadras, también Lebón, Miguel Cantilo; Udaondo tiene esa historia. Al enterarme, desperté con esa noticia y estuve muy mal todo el día de ayer, no paré de llorar. Sinceramente tampoco puedo entender la parte política, la decisión de no velarlo a un ídolo de tamaña magnitud en un lugar accesible para la gente. Merecía el Congreso. El Indio merece todo. Tremendo.»
En los ’80 compartiste el circuito underground con los Redondos. ¿Cómo era ese ecosistema, y qué lugar ocupaba una mujer bajista en ese ambiente?
«Los conocí ni bien empezaron, porque yo escuchaba un programa de radio que se llamaba ‘El Loco de la Colina’, el locutor creo que era Ruga, y él pasaba siempre ‘Ñan fi fruli fali fru’ y yo decía: ‘¡Qué buen rock and roll, quiénes son!’ y nunca los mencionaba. Acá en Morón, que ahora la zona del Indio es Ituzaingó pero antes era el Gran Morón porque no estaban divididos todavía, en el centro comercial había un lugar que vendía cassettes piratas. Un día pasé y vi ‘Los Redonditos de Ricota’. Era del ’85. Me lo compré. El que me lo vendió me dijo: ‘Este tiene el tema que vos me decís siempre que escuchás’. Pasaba a Los Redondos y a Memphis la Blusera. Eso nunca me lo voy a olvidar: estaba hasta la una de la mañana escuchando radio y ahí conocí a los Redondos por primera vez.

Yo empecé a tocar en el ’89, y bueno, ellos ya estaban con todo el mito y la leyenda. Un guitarrista que conocí era muy amigo del ‘Piojo’ Ávalos, que fue el primer baterista de Los Redondos; todavía sigo en contacto con ese músico. Él me contaba que la primera vez repartían masitas de ricota, que eran redonditas. Por eso también decían que se llamaban Los Redonditos de Ricota.
El circuito underground era muy rico porque había muchos lugares para tocar. Había mucha ‘guerra’ también: el que iba a ver a los Redondos no iba a ver a Soda ni a SUMO, y cada tribu iba a ver a sus bandas favoritas. Era bastante lindo.
Como mujer bajista era dificilísimo. No había muchas mujeres músicas; las que había eran todas coristas, y las bandas de mujeres eran muy pocas. Estaban Las Brujas, también La Torre con Patricia Sosa, pero una banda de mujeres propiamente dicha era rarísima. Era complicado ser música y mujer en esa época.»
Mata Violeta y Patricio Rey, ¿eran parte del mismo circuito? ¿Hubo contacto, alguna anécdota concreta con ellos o con su gente?
«Mata Violeta no era del mismo circuito, era de otro palo. Además Los Redondos siempre tocaban en lugares un poquito más grandes que los nuestros. Nosotras no llegamos a Cemento; el Indio sí. Hicimos Arpegios, y ellos también tocaron ahí, pero ellos se dedicaban más a lugares un poquito más grandes. No hubo cruces directos porque ellos estaban en La Plata y nosotras éramos más del Oeste y de Capital. Lo que sí: compartimos escenario con El Soldado, que tenía como cantante al sobrino del Indio. Entonces mucho del público que seguía a Los Redondos también iba a ver a El Soldado, y cuando hicimos el Teatro Arpegios juntos, ese público nos vio a nosotras también.»

El Indio construyó un modelo de autogestión que hoy se estudia en las universidades. Desde tu experiencia como música y como dirigente sindical, ¿ese modelo es una referencia real para los trabajadores de la música o fue algo irrepetible?
«El modelo que construyeron el Indio junto a la Negra Poli y todos los músicos de ese momento era una manera de trabajar en cooperativa, de forma autogestiva. Me gusta más la palabra autogestión que independencia, porque al final, independencia ¿de quién? Gracias a esa autogestión el Indio pudo tener la casa que tiene, por los derechos de autor, que me parece una cosa fantástica. Muchos ahora critican que viajó a Nueva York, pero el tipo labró un montón y la plata que ganó la ganó en buena ley. Me parece fantástico.
Aparte, es una cosa difícil de replicar porque hay que dejar un montón de cosas de lado y exige un esfuerzo cooperativo enorme. A mí también me cuesta. Vengo hace años luchando, no solamente por tocar, sino también por los derechos de los músicos y músicas. Todo nació ahí, con el neoliberalismo de los ’90, cuando empezó a funcionar mal el tema de la música en vivo. El Indio es una referencia para los trabajadores de la música, aunque ahora es muy difícil, sobre todo con toda la tecnología, las plataformas y todo lo que está pasando.»
¿Qué es hoy La Fragua y cómo conviven en vos la bajista y la Secretaria General del sindicato? ¿Se retroalimentan o a veces se contradicen?
«La Fragua es mi banda, que arrancó directamente después de Mata Violeta. Vengo trabajando con mucha gente por años, pero no dejo nunca mi sueño. Una vez una figura con la que trabajé me dijo: ‘Vos tenés tu sueño, no lo abandones. Fracasás, no fracasás, no importa, seguí.’ Bueno, acá sigo, no me importa.
Y a veces se contradicen, sí. Me da mucha bronca tener que ir a tocar a la gorra cuando estamos pidiendo que se cumpla un convenio colectivo de trabajo. Me duele ver que un montón de músicos y músicas tienen que trabajar de otra cosa que no sea lo que realmente son. Ver a chicos y chicas que salen a tocar gratis o por nada, que no valoran su instrumento. Estamos haciendo la Ley Santiago, tratando de que se sancione en la Legislatura bonaerense, para que se haga la trazabilidad y se puedan asegurar los instrumentos. Lo estoy llevando también hacia otros países porque el tráfico de instrumentos es mucho. Lo pude comprobar pasando por las fronteras de Brasil, Paraguay y Uruguay, donde no te controlan nada. Los Secretarios de Cultura de todos los países que visité están interesados en la trazabilidad. Así que mis roles se chocan, se retroalimentan, pero chocan.»

El sindicato que conducís forma parte de la CTA. ¿Cuál es la situación concreta de los músicos en la Argentina de Milei? ¿Qué se está perdiendo que no se ve en los titulares?
«Estamos en la Central de Trabajadores de la Argentina de Yasky y venimos trabajando en lo que va a ser la futura Federación Bonaerense de Músicos, que se llamará Regional Sindical. Estamos tratando de sacar una ley que les dé facilidades a los locales que tengan músicos en vivo, que les desgraven impuestos para poder pagar el cachet correspondiente. La situación actual es que no hay laburo, está terrible. Se está perdiendo el laburo, se está perdiendo la visibilización del músico del barrio, de la región, que no puede tocar cerca de su casa porque no hay lugares. La crisis económica hace que cierren, o directamente que los dueños te cobren para tocar o te hagan tocar gratis. Los músicos y músicas somos el orejón de abajo del tarro.»
El Indio dijo en 2023 que Milei era «un disparate fascista» y que apoyaba al kirchnerismo porque «del otro lado había un peligro muy grande.» ¿Compartís esa lectura desde tu lugar sindical?
«Sí. En 2023 el Indio dijo eso y nosotros lo veníamos diciendo también. Es un fascista, es un sionista, es un peligro muy grande porque está entregando todo: no solamente la soberanía económica, sino que la soberanía cultural también está siendo dañada. A él no le interesa que los creadores de música tengan un desarrollo real, menos los que pensamos distinto. A nosotros nos está pasando en plataformas que nos bajan seguidores, que nos baja la audiencia. El fascismo que ejerce Milei en la Argentina está pasando aunque no lo quieran creer. Sí, comparto lo que dijo el Indio totalmente. Y sigue más vigente que nunca.»
La comunidad ricotera siempre fue de clase trabajadora y popular, la misma base social que debería nutrir al movimiento sindical. ¿Por qué esos mundos no terminaron de encontrarse políticamente?
«Yo creo que la comunidad ricotera sí nutre al movimiento sindical. Ayer me sorprendió que un montón de sindicatos sacaron condolencias hacia la familia, con flyers con el logotipo sindical. Y ahí te das cuenta de lo que el Indio produjo en la gente. Escuchaba entrevistas en vivo por la tele, gente que estuvo en la cárcel y que decía ‘hoy soy abogado por las letras del Indio’. Cosas así.
Creo que políticamente se están encontrando ahora. Se están reconociendo. Y creo que este fue el clic: cuando vi los flyers de los sindicatos con la foto del Indio, dije ‘¡Mirá, fulano que es tan serio es ricotero!’ Creo que esta es la bisagra. Lástima que tuvo que ser la bisagra con su muerte, que no lo haya visto. Porque calculo que era un sueño que él también tenía.»

¿Qué significa para el oeste del conurbano, para Ituzaingó y la zona, que el Indio haya elegido vivir y crear acá en silencio durante décadas?
«En el oeste siempre estuvo el agite, como dijo otra banda. En el ’82, pos Malvinas, todos los que tocamos un instrumento tratamos de juntarnos y componer algo. Udaondo, Leloir, esa zona siempre fue una isla: río Reconquista, quintas, sin acceso oeste todavía en mi adolescencia. Un triángulo donde si no tenías auto, el colectivo dejaba de entrar a las ocho. Y todos los que tocábamos tratamos de juntarnos y hacer canciones. Después fue cayendo gente que tenía que ver con la música, y uno de ellos fue el Indio. Fue tremendo para el barrio.
El Indio no salía mucho, pero mucha gente iba a dejarle cosas en la puerta; así como ayer vi al muchacho que le dejó una rosa. En el kiosco de mi mamá, que está a unas cuatro cuadras de la casa del Indio, en una de las pocas cuadras asfaltadas de la época, iban a buscar cigarrillos y cervezas para dejar en su puerta. Iba el Flaco Spinetta a comprar ahí, Charly García, todo el mundo. Udaondo es la cuna musical; de hecho la han nombrado así. Que el Indio haya elegido vivir ahí es un honor, es una medalla para toda la región.»
¿Qué le decís hoy a una piba de 17 años de la zona oeste que quiere ser bajista, que quiere tocar, y que siente que ese mundo no es para ella?
«Les digo: seguí tu sueño, seguí tocando. Si sos mujer, más todavía, porque siempre hacen falta mujeres en el escenario. Igual un montón de cosas fueron cambiando: sigue el machismo, lamentablemente, son tremendos, cero deconstrucción. Pero hay cada vez más mujeres que no son solo cantantes. Está Lula Bertoldi y hay muchas más. El under lamentablemente está cada vez peor, pero no importa, hay que seguir. Seguir el sueño, tocar, no abandonar. Porque si no, lo que muere es el rock nacional. La música pura, compuesta, basta de covers. Música compuesta por gente del Oeste, y de todo el país. Hay que empezar a exigir que haya canciones nuevas.»
Una última noche en Olavarría…
«Nunca pude ver a Los Redondos en vivo, y por insistencia de compañeros que querían ir a Olavarría a ver al Indio, agarré el auto de mi mamá y nos fuimos. Me impactó porque desde Cañuelas íbamos a paso de hombre. Tardamos un montón, había una cantidad de gente… Y de verdad no me arrepiento. Fue una experiencia que estuvo buenísima, ese recital. Yo viví el pogo más grande del mundo. Yo creo que fue ese, y el que seguramente se va a producir cuando lo despidan. Yo fui parte del pogo más grande del mundo. Una experiencia única, tristemente, porque no se va a repetir. Por suerte la pude vivir».
-
Cultura7 díasLas metáforas del Indio: de qué hablaba cuando nadie entendía nada
-
Cultura7 díasEl esclavo, las cadenas y el rojo: cómo Rocambole dibujó la identidad de los Redondos y el Indio
-
Cultura7 díasEl Mister que no paró: cómo el Indio Solari se reinventó cuando el Parkinson lo alejó del escenario
-
Cultura7 días“Un disparate fascista”: el Indio Solari, un sujeto político en la Argentina que él mismo cantó
-
Cultura7 díasLa última noche del reino: cómo y por qué se rompió Patricio Rey junto con el país
-
Actualidad6 díasLa Fiscalía confirmó los detalles del hallazgo: el Indio Solari fue encontrado junto a la pileta de su casa de Parque Leloir
-
Música5 díasTras la muerte del Indio Solari, Los Fundamentalistas sostienen su show y lo convierten en homenaje masivo
-
Buenos Aires6 díasEmotivo mensaje de Kicillof ante el fallecimiento del Indio Solari: “Hoy despedimos a un héroe argentino”
