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Cultura

Día Internacional de la Mujer Indígena: feminismo comunitario y derechos humanos

Luchadoras contra el racismo y guardianas de las tierras: este sábado se realizó un conversatorio con distintas exponentes de los pueblos originarios.

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La transmisión de sus lenguas ancestrales, la preservación de sus territorios, terminar con el racismo, las prácticas patriarcales y el abandono estatal, son parte de las luchas que reivindican las mujeres indígenas en Argentina.

Este sábado la ministra de las Mujeres, Elizabeth Gomez Alcorta, participó del conversatorio virtual «Mujeres indígenas a través del tiempo, entre ellas Bartolina Sisa, Juana Azurduy y Aime Paine. Reinvindicando el valioso legado de la existencia con el rol actual de las mujeres indígenas en sus territorios» organizado por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), del cual participaron mujeres originarias y diversas representantes.

Desde Jujuy, Chaco y Mendoza, mujeres indígenas dieron su testimonio: «Mi papá no quería que nos involucráramos en la causa indígena porque tenía miedo por la discriminación que podíamos sufrir», contó Rosario Virginia Hilario, desde San Pedro, Jujuy.

De niña, ella descubrió que su papá, su mamá, su abuelo y otros familiares cercanos hablaban otra lengua distinta al castellano: «Ahí nos dimos cuenta que somos descendientes Ava Guaraní».

Viki, como le dicen a Rosario en su comunidad, se comprometió con la lucha indígena «de manera contundente» a partir del 2010. Su activismo se centra en interpelar al Estado y en denunciar la pobreza en su comunidad.

«Tenemos oficinas indígenas pero no son dirigidas por las comunidades o algún líder indígena. ¿Por qué? Porque el gobierno local tiene una política distinta a la nuestra y pone a quien quieren, y por derecho nos corresponde porque nosotros sabemos qué necesitan las comunidades indígenas», analizó.

En el Consejo de Líderes Indígenas hay cinco mujeres, una de ellas es Viki. La dirigente compartió las dificultades que las mujeres afrontan porque las cinco líderes «viajamos como podemos buscando otras compañeras en la provincia para formarlas y capacitarlas. Muchas veces nos encontramos con personas de las comunidades durmiendo en la calle o con días sin comer».

Para ella, su lucha «más fuerte es el protagonismo como mujeres; somos quienes enseñamos a nuestros hijos a fortalecerse sin perder la identidad, nuestro trabajo es doble».

Comunidad Wichi de Salta.

Desde Chaco, Josefa, del Pueblo Wichí, que vive en el Impenetrable, dijo «no recordar exactamente cuándo empecé con la lucha indígena, nunca lo pensé, fue desde muy chica». El castellano es su segunda lengua, entonces habla despacio, con calma y claridad: «No sabía que era diferente hasta que empecé a estudiar a los 17 años. Cuando vivís en un pueblo chico, no te das cuenta que sos indígena».

Cuando Josefa era chica acompañaba a su mamá a buscar lo que necesitaban para vivir: frutas, raíces, miel y también insumos para hacer artesanías, y a cambio, les daban harina, azúcar y zapatillas.

«Los libros cuentan que los que se dedicaban a la pesca eran los hombres, pero las mujeres también lo hacíamos», rememoró Josefa. La diferencia era que ellas no usaban cañas con anzuelo, porque ingresaban en los ríos y así sacaban los surubíes con sus manos.

Como la madre de Josefa era soltera, se juntaba a compartir la pesca con otras mujeres en la misma situación. Hoy vive en comunidad a orillas del Río Teuco, en lotes con distintas familias y reconoció que la lucha de las mujeres «es mantener la lengua materna en las generaciones que vienen porque es el hilo que queda, todo lo que nos quitaron. Si dejamos de hablar y de enseñar a nuestros chicos, va a desaparecer y no vamos a poder decir que somos Wichí, que somos pueblos indígenas».

Para Eleonora Llanquinao, las recetas, la manera de sanar y de curar, las plantas medicinales, las reuniones familiares y las tortas fritas o los delantales, son imágenes que las acompañan desde niña, cuando aún no sabía de su identidad mapuche.

A los 12 años le preguntó a su papá de dónde eran y por qué eran morochos. «Sí, somos indios», le dijo su papá. «Pero ¿qué indios? ¿de dónde?, increpó Eleonora con 12 años y la escueta respuesta fue: «De por ahí, de la zona de Malargüe».

Ese fue el puntapié para que empezara a reconstruir su historia. Buscó en los manuales de la escuela para fijarse qué pueblos vivían por esa zona y sólo encontró la categoría de «recolectores y cazadores».

«Quizás alguno decía Pehuenche, con suerte. Era muy difícil rastrear una raíz que intencionalmente ha sido siempre negada», explicó en diálogo con esta agencia. En ese proceso, ella y sus hermanos empezaron a acompañar las militancias por los derechos humanos.

«Muchos de nosotros en nuestro documento tenemos apellido de generales que participaron de la Campaña del Desierto, entonces para mi familia fue muy fuerte darnos cuenta y conocer esta parte de la que no se quería hablar. Ahí empezó un proceso de reconstrucción con otras mujeres», compartió.

En ese camino se juntaron a debatir con mujeres más grandes y con generaciones más chicas para conversar, intercambiar y recuperar los saberes para que no caigan en el olvido. Eleonora y sus compañeras construyen desde el feminismo comunitario y no desde el «feminismo blanco», porque saben que las realidades son diferentes.

«Lo importante que es recuperar conocimientos, oficios y muchas otras cosas necesarias para poder construir un mundo mejor está fuertemente en manos de nosotras, las mujeres indígenas, que fortaleciéndonos podemos generar otro mundo y otra búsqueda de verdades», analizó.

Con respecto al racismo en Argentina, que para Eleonora fue «impuesto desde los sectores de la oligarquía y desde la memoria», ella preguntó: «¿Por qué no hace el mismo ruido el feminicidio a una mujer blanca que a una mujer indígena?».

El Día Internacional de la Mujer Indígena se instituyó en 1983 en homenaje a Bartolina Sisa -heroína nacional aymara de Bolivia- durante el segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América reunido en la localidad boliviana de Tihuanacu para reivindicar las luchas que las mujeres indígenas han llevado y llevan adelante en distintos rincones del hemisferio, sobre todo en América Latina.

Cultura

Leticia Brédice vuelve al teatro a protagonizar “Milagros”: íntima y conmovedora

La reconocida actriz presenta una de las obras más personales de su carrera a partir del próximo viernes 4 de septiembre en el Teatro Santa María.

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Leticia Brédice llega por primera vez al Teatro Santa María con “Milagros”, una experiencia teatral que trasciende el formato tradicional del unipersonal para convertirse en un viaje íntimo, poético y profundamente conmovedor. Con producción de Darío Arellano, la reconocida actriz regresa a los escenarios con uno de sus proyectos más personales e intensos de su carrera. El estreno será el viernes 4 de septiembre y continuará con funciones todos los viernes de septiembre a las 21.00 horas. Las entradas están disponibles en la boletería del teatro y a través de Ticketek.

Escrita por Leticia Brédice junto a Cristian Morales, quien además dirige la puesta y participa activamente en escena, “Milagros” propone un lenguaje escénico donde el teatro, la performance y la confesión se funden en un mismo espacio.

La protagonista, María de los Milagros Figueroa Alcorta, decide alquilar un teatro para compartir aquello que nunca pudo decir. A medida que avanza la función, el escenario se transforma en un territorio donde los recuerdos, las emociones, el humor, el dolor y la imaginación conviven sin fronteras. El público deja de ser un simple espectador para convertirse en testigo de una experiencia profundamente humana, en la que la ficción y la realidad dialogan permanentemente.

Lejos de ofrecer respuestas, Milagros invita a transitar preguntas sobre la identidad, las pérdidas, la memoria, el amor y la necesidad de reconstruirse. Con una puesta de gran potencia emocional, cada función adquiere un carácter único e irrepetible gracias al intercambio que se genera con el público.

La obra nació a partir de un momento muy significativo en la vida de Leticia Brédice. El resultado es una propuesta honesta, valiente y profundamente sensible, que confirma una vez más su permanente búsqueda de nuevos lenguajes escénicos.

Con una trayectoria de más de tres décadas, Leticia Brédice es una de las artistas más reconocidas y versátiles de la escena argentina. Ha protagonizado exitosas obras de teatro, películas y series de televisión, trabajando junto a algunos de los directores más prestigiosos del país.

En cine dejó su sello en producciones como “Cenizas del Paraíso”, “Plata Quemada”, “Nueces para el amor”, “Apariencias”, “La Patota” y numerosas películas que consolidaron su prestigio artístico. En televisión protagonizó y participó en éxitos como “Gasoleros”, “Mujeres Asesinas”, “Locas de Amor”, “El Elegido”, “Historia de un Clan” y otras ficciones que marcaron distintas generaciones. En teatro desarrolló una intensa carrera interpretando grandes personajes y apostando siempre por proyectos de fuerte compromiso artístico.

Ganadora de importantes reconocimientos, entre ellos premios Martín Fierro, ACE, Cóndor de Plata y otras distinciones otorgadas por la crítica especializada, Brédice continúa sorprendiendo con propuestas que combinan sensibilidad, riesgo y una extraordinaria capacidad interpretativa.

Con “Milagros”, la actriz vuelve a demostrar por qué es considerada una de las figuras más originales del teatro argentino contemporáneo

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