Geopolítica 🌎
El robo del fin del mundo: por qué Milei se apoderó del Puerto de Ushuaia
En la madrugada del 20 de enero de 2026, el gobierno de Javier Milei tomó el control del Puerto de Ushuaia mediante una intervención administrativa que desalojó a casi 150 empleados y despojó a la provincia de Tierra del Fuego de un activo estratégico que maneja un presupuesto de $22.000 millones anuales. La medida, firmada por la Agencia Nacional de Puertos y Navegación, contradice la retórica libertaria del achicamiento del Estado y abre interrogantes urgentes sobre los intereses geopolíticos que la motivan.
A las 00.03 del 21 de enero, cuando la resolución apenas tenía horas de vida, el correo electrónico oficial de Roberto Murcia, presidente de la Dirección Provincial de Puertos (DPP), recibió la notificación formal de la intervención. Minutos después llegó otro mensaje: el listado de las únicas veinte personas autorizadas a ingresar al puerto, de un total de aproximadamente 150 trabajadores que allí se desempeñaban. Así, en la intimidad digital de la madrugada, sin comunicados de prensa ni explicaciones públicas, el gobierno de Javier Milei consumaba la toma del activo portuario más austral del planeta.
La medida fue formalizada mediante la Resolución 4/2026 de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN), firmada por su director ejecutivo, Iñaki Arreseygor, y publicada en el Boletín Oficial. El gobierno nacional justificó la intervención, de doce meses prorrogables, en dos ejes: irregularidades financieras en la administración provincial del puerto y supuestos riesgos operativos por déficit de infraestructura. La gobernación de Tierra del Fuego, a cargo de Gustavo Melella, rechazó de plano las acusaciones y anunció acciones judiciales para revertir la medida.
Un negocio de miles de millones que la Nación se apropió
El Puerto de Ushuaia no es una terminal secundaria. Es la puerta de acceso a la Antártida más importante del mundo: según datos oficiales, el 96% de los cruceros antárticos parten desde allí. En la temporada 2025 pasaron por sus muelles 675 buques, 511 de ellos de pasaje, moviendo a 232.107 personas entre pasajeros y tripulantes. Su presupuesto anual ronda los 22.000 millones de pesos, producto de los servicios prestados a casi 700 embarcaciones de turismo, carga, pesca e investigación científica que recalan cada año.
La provincia administra ese activo desde 1992, cuando el gobierno de Carlos Menem transfirió el dominio, la administración y la explotación del puerto a la flamante provincia de Tierra del Fuego, creada un año antes. Desde entonces, la DPP costeó los salarios de los empleados portuarios y financió obras de infraestructura con fondos propios, incluyendo la ampliación del muelle inaugurada en 2023 con una inversión de $2.500 millones provinciales. El gobierno de Melella afirma haber recibido 540 recaladas de cruceros en la última temporada y proyectaba superar esa marca.
Al asumir el control, el Estado nacional no solo se hizo cargo de la operación: también se apropió de la recaudación. El gobernador Melella lo denunció con precisión jurídica: «La Nación asume por una vía administrativa y sin sustento constitucional facultades fiscales y financieras que no posee, apropiándose de recursos cuya titularidad corresponde a la provincia». La intervención, interpretó Melella, opera como «un mecanismo de transferencia forzada de fondos provinciales al Estado nacional, encubierta bajo el ropaje de una supuesta potestad de control».
La contradicción libertaria: intervenir para no privatizar
La paradoja es insoslayable. El gobierno que predica la reducción del Estado al mínimo posible, que descentralizó funciones y transfirió responsabilidades a las provincias con el argumento de la eficiencia, optó en este caso por el camino inverso: centralizar en la Nación el control de un puerto provincial rentable y en pleno funcionamiento. No hay en el repertorio libertario un principio teórico que justifique la intervención administrativa de una entidad portuaria provincial sin consenso legislativo ni proceso judicial previo.
El operativo de toma del puerto se ejecutó de noche, sin preaviso a las autoridades provinciales y con fuerzas federales que impidieron el ingreso del personal. La CGT Regional Ushuaia repudió el accionar del gobierno nacional y advirtió que se trató de «un atropello que no puede pasar como si nada», cuestionando que la intervención se haya ejecutado en silencio y por la fuerza, sin explicaciones públicas ni resguardo para los trabajadores portuarios.
El propio mecanismo de traspaso reveló las incongruencias del proceso. Al frente de la operación portuaria intervenida quedó Juan Avellaneda, jefe de la Unión Personal Superior Ferroviario (UPSF) de Tierra del Fuego, quien habría sido la fuente de la denuncia que motivó la auditoría nacional. Avellaneda, junto a otros diecinueve trabajadores habilitados por la resolución, quedó al mando de una terminal que hasta horas antes era administrada por un centenar y medio de empleados provinciales.
Ushuaia como moneda de cambio: Trump, la Junta de Paz y la soberanía en juego
Lo que convierte a esta intervención en algo cualitativamente distinto a una disputa administrativa entre Nación y provincia es la dimensión geopolítica que la rodea. La revista Foreign Affairs Latinoamérica publicó un análisis que sostiene que la toma del Puerto de Ushuaia se inscribe en una estrategia de política exterior más amplia, mediante la cual el gobierno de Milei habría ofrecido el puerto como activo estratégico para facilitar el ingreso de Argentina a la Junta de Paz impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump, cuyo costo de membresía equivale a mil millones de dólares. Según esa hipótesis, el puerto habría funcionado como moneda de cambio para evitar ese desembolso.
La cronología refuerza las sospechas. La Resolución 4/2026 fue firmada el 20 de enero de 2026, la misma semana en que se celebraba el Foro Económico Mundial de Davos, donde Milei mantuvo contactos con la administración Trump. Apenas seis días después, el 26 de enero, un avión militar estadounidense Boeing C-40 Clipper, proveniente de la base military Joint Base Andrews en Maryland, aterrizó en Ushuaia con una comitiva bipartidista del Congreso de los Estados Unidos. La Embajada norteamericana indicó que se trató de representantes de la Comisión de Energía interesados en la gestión de minerales críticos y el procesamiento de residuos. El gobierno argentino no aportó mayores precisiones.
El valor estratégico de Ushuaia para Washington está fuera de discusión. Tierra del Fuego es la puerta de entrada al Atlántico Sur y a la Antártida, una región donde la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China se intensifica. Funcionarios de alto nivel en Washington han señalado el interés de la potencia del norte en limitar la presencia china en el extremo austral y en las rutas marítimas hacia el continente antártico. En ese marco, el proyecto de la Base Naval Integrada de Ushuaia (BNIU), impulsado por la gestión de Milei con participación prevista de actores estadounidenses, suma otra capa de preocupación soberana.
El análisis de Foreign Affairs Latinoamérica es taxativo: «El control federal del puerto adquiere un sentido político adicional, ya que permitiría destinar su uso a fines militares y comerciales vinculados a dicha relación bilateral, más allá de las funciones tradicionales del puerto dentro del esquema federal argentino».
La respuesta fueguina: justicia, política y territorio
El gobernador Melella no tardó en articular una respuesta legal. La provincia presentó una medida cautelar ante el juzgado federal de Ushuaia, en la que describió las «argucias administrativas» utilizadas por la ANPyN para encubrir lo que Tierra del Fuego califica como una intervención federal inconstitucional. El planteo provincial es de fondo: el Puerto de Ushuaia está regido por un régimen jurídico provincial propio, y el convenio de transferencia de 1992 estableció condiciones específicas que el gobierno de Milei habría ignorado.
Juristas y analistas políticos coincidieron en que la medida viola el federalismo y la autonomía provincial. El experto en derecho portuario César Lerena argumentó en un artículo publicado por Perfil que el Gobierno nacional carece de competencia para intervenir un puerto de titularidad provincial, y que la legislación vigente no ampara la acción de la ANPyN en estos términos. La intervención, sostuvo, podría ser declarada inconstitucional.
Mientras la disputa judicial avanza, los trabajadores portuarios desplazados aguardan una definición. Sus empleos, sus derechos laborales y la estabilidad de una terminal que durante más de tres décadas fue administrada con fondos y esfuerzo provincial quedaron en suspenso por decisión de un gobierno que, al mismo tiempo, proclama defender la libertad individual y la descentralización del poder.
Puntos clave
- El gobierno de Milei tomó el control del Puerto de Ushuaia el 20 de enero de 2026 mediante la Resolución 4/2026 de la ANPyN, desalojando a casi 150 empleados provinciales.
- El puerto maneja un presupuesto anual de $22.000 millones y recibe cerca de 700 buques por año, siendo el principal punto de partida de cruceros antárticos del mundo.
- La provincia de Tierra del Fuego administra el puerto desde 1992 y presentó una medida cautelar judicial denunciando la inconstitucionalidad de la intervención.
- A menos de una semana de la intervención, un avión militar estadounidense aterrizó en Ushuaia con una delegación del Congreso de Estados Unidos.
- La revista Foreign Affairs Latinoamérica reveló que el puerto habría sido ofrecido por Milei a Trump como activo estratégico para el ingreso de Argentina a la Junta de Paz, evitando el pago de una membresía de mil millones de dólares.
Geopolítica 🌎
El tiro por la culata: el apoyo de Milei a Bolsonaro impulsa a Lula en las encuestas
Una encuesta de la consultora Genial/Quaest, realizada entre el 31 de julio y el 3 de agosto, reveló que el respaldo de Javier Milei a Flávio Bolsonaro beneficia electoralmente a Luiz Inácio Lula da Silva. El sondeo precipitó además la peor crisis diplomática entre Argentina y Brasil desde la recuperación democrática: el gobierno brasileño retiró definitivamente a su embajador Julio Bitelli de Buenos Aires y rebajó la representación al nivel de encargado de negocios.
La intervención de Javier Milei en la política interna brasileña produjo un resultado que ningún estratega del oficialismo argentino habría previsto, o que al menos nadie en la Casa Rosada quiere reconocer: el presidente de Argentina se convirtió en uno de los principales activos electorales de su archienemigo político, Luiz Inácio Lula da Silva. El dato lo aportó la consultora Genial/Quaest, que entre el 31 de julio y el 3 de agosto entrevistó presencialmente a 2.004 electores brasileños, con un margen de error de dos puntos porcentuales y registro en el Tribunal Superior Electoral bajo el protocolo BR-06591/2026.
El sondeo midió el impacto del apoyo de Milei a la candidatura del senador Flávio Bolsonaro y los resultados son contundentes: el 34% de los brasileños afirmó que ese respaldo aumenta su disposición a votar por Lula, mientras que solo el 27% dijo que lo inclina hacia Bolsonaro. Un 17% declaró que lo lleva a buscar una tercera alternativa y un 16% se mostró indiferente ante la injerencia extranjera. El rechazo a la intromisión en los asuntos internos del país vecino quedó así reflejado en datos concretos.
El efecto bumerán en los indecisos
El impacto más significativo del llamado «efecto bumerán» se registró entre los votantes que en 2022 no definieron su voto hasta último momento. Entre ese segmento, el apoyo de Milei favoreció a Lula con un 22% frente al 15% que inclinó hacia Flávio Bolsonaro. La sobreactuación del presidente argentino logró lo que meses de campaña del Partido de los Trabajadores no habían conseguido: movilizar al electorado indeciso en contra de la opción bolsonarista.
En términos de intención de voto general, la misma encuesta Genial/Quaest ubicó a Lula con el 39% en el primer turno, contra el 30% de Flávio Bolsonaro. En el escenario de ballottage, la distancia es menor pero la ventaja del mandatario se mantiene firme: 44% contra 39%. Cabe recordar que en julio Lula registraba 45% y Bolsonaro 37% en el mismo escenario de segunda vuelta; la oscilación está dentro del margen de error y confirma la estabilidad de la ventaja oficialista brasileña. Lula lidera todos los escenarios de segundo turno contra cualquier candidato opositor.
Insultos en suelo brasileño y ruptura diplomática
El detonante de la crisis fue la visita de Milei a San Pablo el 25 de julio, cuando participó de la convención del Partido Liberal que proclamó a Flávio Bolsonaro como candidato presidencial. Ante la militancia bolsonarista, el presidente argentino calificó a Lula de «ladrón», «corrupto», «presidiario» y «basura socialista», e insultó al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, a quien llamó «basura calva». Las declaraciones, pronunciadas en territorio brasileño, fueron interpretadas por el Palacio de Itamaraty como una injerencia directa en los asuntos internos del país y un ataque a sus instituciones democráticas.
La primera respuesta de Brasil fue llamar a consultas al embajador Julio Bitelli. Ante la reiteración de los ataques, sin pedido de disculpas de por medio por parte de la Casa Rosada, la decisión fue más drástica: el 4 de agosto, el gobierno de Lula resolvió que Bitelli no regresará a Buenos Aires y que la representación diplomática quedará reducida al nivel de encargado de negocios. Una fuente del Palacio de Itamaraty fue categórica: «Ante las reiteradas agresiones de Milei, comunicamos que mientras subsista esa situación Bitelli no vuelve».
También fue convocado a la cancillería brasileña el embajador argentino Daniel Raimondi. La reunión con el canciller Mauro Vieira no arrojó soluciones. La Casa Rosada, por su parte, rechazó cualquier pedido de disculpas: «Pedido de disculpas no va a haber», confirmó una alta fuente oficial. El canciller argentino Pablo Quirno calificó de «lamentable» la decisión de Brasil y acusó a Lula de «escalar unilateralmente el conflicto», una lectura que contrasta con el consenso regional y con los propios datos de las encuestas.
Lula: «¿Quién es ese tipo?»
El presidente brasileño respondió con una mezcla de ironía y firmeza institucional. Durante un acto en Brasilia en el que oficializó su candidatura por el Partido de los Trabajadores, Lula evitó nombrar a Milei, se refirió a él como «esa cosa» y afirmó que su vínculo con él es «de jefe de Estado a Estado». Ante la prensa, la respuesta fue más directa: «¿Quién es ese tipo?». Y advirtió con claridad que, mientras sea presidente, «nadie de afuera va a meterse en las elecciones brasileñas».
La postura de Lula coloca la defensa de la soberanía en el centro de su campaña, un terreno en el que la injerencia de Milei le resultó electoralmente favorable. La crisis también agravó la situación de Jair Bolsonaro, a quien Milei describió como un «amigo injustamente encarcelado», a pesar de que el exmandatario cumple prisión domiciliaria tras ser condenado a más de 27 años de cárcel por encabezar el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023 contra el gobierno de Lula.
El costo comercial de la aventura diplomática
Más allá del cálculo político, la crisis tiene consecuencias concretas para la economía argentina. Brasil es el principal socio comercial de la Argentina, sostiene una intensa integración industrial en los sectores automotriz, energético y manufacturero, y junto a Buenos Aires constituye el núcleo político y económico del Mercosur. La ausencia de embajadores dificulta el trabajo silencioso que normalmente evita que los conflictos políticos terminen dañando los intereses económicos de ambas naciones.
La escalada protagonizada por Milei se suma a una trayectoria de deterioro bilateral sostenido desde diciembre de 2023, que incluyó la ausencia de Lula en la firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea en Asunción en enero de 2026, la retirada de la representación argentina en Caracas a pedido de Brasilia, y sucesivos episodios de rispidez institucional. Lo que el gobierno libertario presenta como coherencia ideológica, los hechos verificados por las encuestas y la reacción del Estado brasileño muestran como una estrategia que, en todos los frentes, terminó volviéndose en su contra.
Puntos clave
- El 34% de los brasileños afirma que el apoyo de Milei a Bolsonaro aumenta su disposición a votar por Lula, según la encuesta Genial/Quaest de agosto 2026.
- Lula lidera en el primer turno con el 39% frente al 30% de Flávio Bolsonaro y gana en todos los escenarios de segunda vuelta.
- Brasil retiró definitivamente a su embajador Julio Bitelli de Buenos Aires el 4 de agosto y rebajó la relación bilateral al nivel de encargado de negocios.
- Milei calificó a Lula de «ladrón», «corrupto» y «basura socialista» en suelo brasileño, durante el acto que proclamó la candidatura de Flávio Bolsonaro el 25 de julio.
- La Casa Rosada descartó cualquier pedido de disculpas, mientras el canciller Quirno acusó a Lula de escalar el conflicto.
-
Fútbol & Goles!5 díasCONMEBOL respaldó a Infantino y advirtió que no avalará movimientos por fuera de la institucionalidad de FIFA
-
Denuncia4 díasBurlando solicitó las detenciones del presidente y vicepresidente de Cervecería Quilmes
-
Goles! ⚽6 díasMessi, Scaloni y la Scaloneta: imagen positiva superior al 90% tras el Mundial
-
Actualidad6 díasKarina Milei en Google: recorrida oficial e interés por el proyecto “Culture Tango” en pleno ajuste a la cultura
-
Economía 💲2 díasAeropuertos en disputa: Milei frente al dilema de renovar el negocio de su ex patrón
-
El clima 🌤4 díasDe la helada a la lluvia: el AMBA prepara un nuevo giro del tiempo esta semana
-
Gremiales6 díasMarcha al Congreso: qué calles se cortan, qué colectivos se desvían y cómo funciona el subte
-
Geopolítica 🌎5 díasAlarma en Ceuta: España teme una nueva oleada migratoria y refuerza la frontera con Marruecos
