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Pagan insumos con su sueldo para diagnosticar a niños: la cara del cientificidio libertario

Investigadoras de la UBA y el Conicet desarrollan un análisis para detectar trastornos del neurodesarrollo en la infancia, que hoy requieren estudios genéticos de hasta 2.000 dólares. El proyecto avanza, pero su directora advierte que, si el ajuste sigue, el laboratorio tendrá que cerrar.

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«Si esto sigue así, lamentablemente vamos a tener que cerrar». La advertencia no proviene de una pyme asfixiada por la recesión, sino de la directora de un laboratorio público que trabaja en un análisis de sangre capaz de acelerar el diagnóstico de trastornos del neurodesarrollo en niños. Mientras la ciencia argentina produce avances con impacto directo en la salud de la infancia, el ajuste del Gobierno de Javier Milei la empuja al borde del cierre.

La investigación está a cargo de Verónica Báez, responsable del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia, y es encabezada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el Conicet. El desarrollo ya obtuvo resultados positivos en animales y hoy atraviesa la etapa de recolección de muestras en personas voluntarias.

Un diagnóstico caro y a prueba y error

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos del neurodesarrollo son condiciones que alteran la conducta y el pensamiento durante los primeros años de vida, y que pueden dificultar la comprensión de conceptos, la realización de movimientos o la interacción con otras personas. Entre los más frecuentes figuran el TDAH, el trastorno del espectro autista, la discapacidad intelectual y los trastornos motores, del aprendizaje y del lenguaje.

La Argentina no cuenta con cifras oficiales sobre cuántos niños tienen condiciones del neurodesarrollo. Como referencia, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos estiman que alrededor de uno de cada seis chicos de entre 3 y 17 años presenta algún trastorno de este tipo.

En el país, estos cuadros suelen agruparse bajo el amplio paraguas de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), y el tratamiento se organiza muchas veces por ensayo y error: kinesiología ante problemas motrices, psicopedagogía ante dificultades de aprendizaje, anticonvulsivos ante episodios convulsivos. «Cuando uno diagnostica por sintomatología, a veces puede no ser exacto«, explicó Báez.

La confirmación hoy depende de la secuenciación de ADN. «La secuenciación cuesta entre u$s1.000 y u$s2.000, dependiendo del tamaño de la secuencia a analizar. Para muchas familias es caro», señaló la investigadora. El acceso a un diagnóstico preciso queda así condicionado por la capacidad de pago de cada familia.

Cómo funciona el análisis

El eje del proyecto es la búsqueda de biomarcadores en sangre asociados a fallas en los receptores NMDA, proteínas clave en la comunicación entre neuronas y en la plasticidad cerebral, que también están presentes en otras partes del cuerpo. «Vimos en ratas que a nivel del sistema nervioso central hay ciertas cosas que cambian cuando estos receptores NMDA fallan. Ahora vemos que en la sangre por ahí también fallan de la misma manera y podemos ver las mismas cosas», detalló Báez.

La prueba requeriría una muestra de apenas 5 mililitros de sangre. Aunque la presencia de estas proteínas en el torrente sanguíneo es mucho menor que en el cerebro, el equipo busca confirmar si su medición permite detectar y diagnosticar el trastorno. En esta etapa, el objetivo es establecer los valores normales en personas sanas para luego compararlos con muestras de niños con alguna condición del neurodesarrollo.

«Estamos sacando muestras de personas voluntarias, pero atrás de eso hay un proceso ético que se tiene que evaluar y el cual tiene que estar rigurosamente controlado», aclaró Martina Piñeiro, estudiante de Medicina e integrante del equipo.

Sin atajos: los plazos y el foco en la infancia

Báez fue prudente con los tiempos. «Estaría buenísimo poder dar esperanza e ir más rápido, pero no. Estamos lejos porque lo queremos hacer bien para que llegue lo mejor posible a la gente que lo necesita», sostuvo, y relató: «Es terrible cuando una familia nos escribe y nos dice ‘te presto a mi hijo para que lo metas en este ensayo'».

La investigadora explicó por qué el test apunta a los chicos y no a los adultos: el sistema nervioso activa mecanismos compensatorios cuando algo falla en su desarrollo, de modo que muchas personas con retrasos madurativos en la infancia llegan a la adultez sin signos evidentes. Por eso, la detección temprana es la ventana en la que el análisis puede cambiar el rumbo de un tratamiento.

Poner plata del sueldo para sostener el laboratorio

El costado más crudo del proyecto es financiero. «Tenemos mucha menos plata. Seguimos trabajando y colaboramos con gente de afuera, pero se está haciendo muy difícil porque la cantidad de dinero que teníamos para trabajar pasó a ser muy poca», describió Báez. Y fue más allá: «Muchos estamos poniendo plata de nuestro sueldo para mantener algunas cosas del laboratorio. Los insumos son muy caros».

La científica recurrió a un término que ya forma parte del vocabulario de la comunidad académica: «Llamamos ‘cientificidio’ porque mucha gente cerró su laboratorio o algunos juntaron laboratorios para trabajar entre dos como si fuera uno solo». Que investigadores del Conicet financien con su salario los insumos de un proyecto de salud infantil retrata el nivel de abandono del Estado nacional sobre el sistema científico.

«Los problemas de un país los tiene que resolver el país y no gente de afuera. Si no podemos preguntarnos las cosas ni contestarlas, ¿quién lo hará por nosotros?», planteó Báez. La pregunta conecta con una discusión de fondo sobre soberanía científica: sin financiamiento público, el conocimiento que necesita la salud argentina depende de voluntades individuales o de la cooperación externa.

La otra fuga: los jóvenes que miran al exterior

El ajuste también pone en riesgo a la próxima generación de investigadores. Lucía Moreno, estudiante de Biotecnología e integrante del equipo, admitió que evalúa continuar su carrera fuera del país. «Es muy gratificante todo lo que se puede llegar a lograr, pero la situación de hoy en día también hace cuestionárselo más a fondo e intentar pensar si se puede subsistir y de qué forma«, dijo. Cada joven formada en la universidad pública que se va es una inversión del país que termina aprovechada por otros.

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El Niño récord llega a un SMN sin datos ni trabajadores gracias a Milei

Los modelos prevén un calentamiento del Pacífico de hasta 3 grados por encima de lo normal, un valor nunca alcanzado. Mientras crece el riesgo de crecidas en el Paraná y el Uruguay, los despidos en el Servicio Meteorológico Nacional dejaron menos estaciones, menos mediciones y sin globos sonda.

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El océano Pacífico ecuatorial se encamina a un calentamiento que nunca se midió: entre 2,5 y 3 grados por encima de lo normal durante el último trimestre del año. La Argentina enfrentará el evento de El Niño más fuerte del que se tenga registro con un Servicio Meteorológico Nacional debilitado por los despidos, con menos estaciones activas y sin los sondeos de altura que alimentan los pronósticos.

La advertencia la formuló la licenciada en Ciencias de la Atmósfera Adriana Basualdo: «La temperatura del mar que se calcula que va a haber en el último trimestre del año va a ser de entre 2,5 y 3 grados por encima de lo normal, lo cual es un valor que no se alcanzó en ningún evento del Niño anterior», explicó. La especialista remarcó que no hubo un calentamiento oceánico de esa magnitud en al menos 50 años de mediciones de calidad, por lo que se espera un evento «realmente muy fuerte».

Un pronóstico que enciende las alarmas científicas

El Niño es un fenómeno acoplado en el que el océano Pacífico ecuatorial y la atmósfera interactúan y modifican la circulación climática global. Entre 22 y 25 institutos científicos de distintos países monitorean hoy la temperatura superficial del mar en la región conocida como Niño 3.4, y la combinación de sus modelos arrojó el escenario que preocupa a la comunidad científica.

Las consecuencias ya se sienten en la región. El Canal de Panamá debió restringir el tránsito de buques por escasez de agua, y la organización Climate Central alertó sobre la intensificación del calor extremo en Sudamérica: en el norte argentino, el oeste y noroeste de Paraguay y Bolivia se registraron máximas de entre 41 y 47 grados, entre 9 y 15 grados por encima de lo habitual para esta época del año. Según esa organización, el calor coincide con las previsiones del Centro Internacional de Investigación sobre el Fenómeno de El Niño (CIIFEN), que anticipa temperaturas superiores a lo normal en gran parte del continente entre septiembre y noviembre.

El propio Servicio Meteorológico Nacional (SMN) había advertido el 15 de agosto, a través de su cuenta oficial, que un nuevo informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmaba la intensificación del fenómeno, declarado meses atrás.

Paraná y Uruguay: dos ríos, dos amenazas

En el territorio nacional, los efectos más marcados sobre lluvias y temperaturas se concentran en primavera y verano, con impacto principal en el Noreste Argentino (NEA) y la región pampeana. Durante El Niño, los ríos de la cuenca del Plata pueden transportar mucho más caudal que lo habitual, con el consiguiente riesgo de inundaciones, alertas y evacuaciones.

Sin embargo, los dos grandes ríos de la cuenca no reaccionan igual. El río Uruguay responde con rapidez a las precipitaciones y puede registrar varias crecidas consecutivas y niveles elevados durante períodos prolongados. El río Paraná, en cambio, tarda más: su mayor caudal en territorio argentino puede presentarse entre tres y cinco meses después del pico de intensidad de El Niño. Las grandes inundaciones históricas del Paraná estuvieron vinculadas principalmente a eventos de El Niño fuertes o muy fuertes.

En el plano productivo, Basualdo explicó que el fenómeno suele traer lluvias a regiones semiáridas y rindes nacionales de buenos a muy buenos en la soja, pese a anegamientos y pérdidas locales, mientras que el trigo tiende a sufrir caídas en sus rendimientos.

Lo que los modelos no pueden anticipar

Aunque el calentamiento del océano es un dato firme, la predicción precisa de las lluvias de verano choca con otros patrones atmosféricos que no pueden pronosticarse con meses de anticipación y que pueden superponerse al fenómeno: la Oscilación de Madden-Julian (MJO), el Dipolo del Océano Índico (IOD) y el Modo Anular del Sur (SAM), también conocido como Oscilación Antártica.

«Es difícil saber en qué momento van a tener influencia sobre la Argentina y de alguna manera cómo van a potenciar o debilitar el efecto del Niño en algún momento del verano», sostuvo Basualdo. Esa incertidumbre vuelve todavía más decisiva la calidad de los datos que recoge el sistema meteorológico nacional.

Menos estaciones, menos datos, peores alertas

Ahí aparece el costado político del problema. En el marco del desfinanciamiento y los despidos en el SMN, Basualdo advirtió que la «falta de información de entrada en los modelos de pronóstico va a generar peores pronósticos y deficiencias en el sistema de alerta temprana».

«Hay menos estaciones meteorológicas o estaciones que perdieron las mediciones nocturnas por reducción de personal, por lo que son menos datos que entran en los modelos de pronóstico», detalló. A eso se suma la caída de las mediciones de altura con globos sonda, que según la especialista «eran súper importantes para que el pronóstico tenga mejor rendimiento y ya no se están haciendo rutinariamente en Argentina».

El deterioro no es nuevo. En mayo, trabajadores del SMN nucleados en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) protestaron en Aeroparque para reclamar la reincorporación de más de 140 despedidos, y el propio Gobierno reconoció luego la desvinculación de alrededor de cien agentes en el marco de una reestructuración que apunta a automatizar la red de estaciones y reemplazar de manera progresiva a los observadores humanos.

La paradoja es evidente: desde el 1° de julio, el organismo está conducido por Pedro Di Nezio, un científico reconocido internacionalmente por sus estudios sobre El Niño y La Niña. El Gobierno de Javier Milei puso al frente del SMN a un especialista en el fenómeno que ahora amenaza al país, pero le entregó un organismo con menos personal y menos capacidad de medición para enfrentarlo.

Con la primavera y el verano como las estaciones de mayor impacto, y con un Paraná que puede alcanzar su pico meses después, la calidad del sistema de alerta temprana será determinante para las comunidades ribereñas del Litoral y para la producción agropecuaria. Frente a un evento sin precedentes, el ajuste sobre la ciencia pública deja de ser una discusión presupuestaria y se convierte en un problema de seguridad para la población.

Lo que tenés que saber del Niño

  • Los modelos internacionales prevén un calentamiento del Pacífico de entre 2,5 y 3 grados sobre lo normal para el último trimestre del año, un valor nunca alcanzado.
  • Los mayores efectos en la Argentina se esperan en primavera y verano, sobre todo en el NEA y la región pampeana.
  • El río Uruguay reacciona rápido a las lluvias; el Paraná puede alcanzar su mayor caudal entre tres y cinco meses después del pico de El Niño.
  • La soja suele tener buenos rindes con El Niño, mientras el trigo tiende a caer.
  • Según Adriana Basualdo, los despidos en el SMN redujeron estaciones, mediciones nocturnas y sondeos con globos, lo que degrada los pronósticos y las alertas tempranas.

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