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Entrevista

“En Milei hay una ausencia de contacto con la realidad que tal vez no la haya tenido nunca”

Pablo Mercau advierte que el futuro próximo para Milei depende de su capacidad para ofrecer respuestas económicas concretas.

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Por Andrea Reyes

El periodista y analista político brinda su mirada reflexiva sobre la caída de la imagen del presidente Javier Milei y su gestión en estos nueves meses, y su punzante postura contra medios periodísticos y encuestadores, en un intento de persuadir a su militancia.

Las últimas encuestas muestran una imagen debilitada del actual presidente Javier Milei y su gestión de gobierno. En este marco El Argentino dialogó con Pablo Mercau, analista político y periodista de “Nota al Pié” y radio “República AM 770”, quien brindó una mirada reflexiva sobre la coyuntura actual para comprender los pilares que fundamentan un quiebre con una parte de la sociedad, donde en pos de salvaguardar el poder político se fustiga enfáticamente a medios periodísticos y encuestadores, intentando convencer a una militancia todavía empoderada.

-¿Por qué cree que ha bajado la imagen del presidente Javier Milei y su gestión de gobierno?

-Los meses iniciales de cualquier gobierno nuevo tienen un grado de expectativa, que algunos consideran una especie de “cheque en blanco”, donde inclusive los números de aceptación superan lo que sacó ese presidente/a cuando fue electo.

Esto pasó con los últimos gobiernos y no fue muy distinto en el caso de Milei. Hay que tener en cuenta él sacó un número muy alto en un ballotage, con lo cual no es que creció sobremanera, mucho más allá de los 60 puntos, pero sí se mantuvo estable durante varios meses con algunas variantes.

Pero el mes pasado todos los promedios indicaron una baja fuerte, y acá aparece el dato central: el factor económico, con otra salvedad, que todos los encuestadores/as coinciden que no termina de quedar claro si la imagen atenta contra la gestión o viceversa. Pero esta baja es una novedad, porque venía con números medianamente estables. Empieza a verse las comparaciones de inflación, costo de vida y demás, y ya no alcanza el relato del gobierno anterior.

-¿El ajuste es lo que termina impactando en la imagen de Milei y su gestión de gobierno?

-Sí. En Argentina, todo el mundo sabe que cuando hay un ajuste es contra las mayorías, incluyendo comerciantes, pymes y demás. Después viene la parte de la aceptación del ajuste y esto sí es un tema político: hay sectores que dicen “bueno, era necesario hacer esto…”, pero el problema es que esa justificación siempre tiene un horizonte de salida.

Sin embargo, el discurso del gobierno es que por primera vez se hace un ajuste histórico en poco tiempo, y además dicen: “Esto llegó para quedarse y es permanente”. Con lo cual, surge la idea de “el esfuerzo para qué”. Porque si el ajuste tiene un resultado positivo, en algún momento tenes que salir de eso. Pero no, este gobierno promete que el ajuste va a ser para siempre. 

-¿Cuál es la respuesta de la sociedad, o parte de ella?

-Cuando parte de la sociedad empieza a ver que esto tiene que ver con las tarifas, con el transporte, dice: “Ah bueno, esto no es joda”. Ahí es cuando empieza a caer la imagen.

-Sumado a eso, el veto a la ley de movilidad jubilatoria y la ley de financiamiento universitario

-Estos son dos elementos muy constitutivos de la sociedad argentina. Vos podes no tener un empleado público en tu entorno, por ejemplo; ahora, un jubilado o una jubilada todo el mundo, y también un estudiante universitario o alguien que haya pasado por la universidad.

Por lo tanto, tenes dos elementos que también tienen que ver con la idea de futuro, porque todo el mundo coincide que un ajuste universitario no es sólo una cuestión de hoy, sino es fundamentalmente cortar con un modelo de país que tiene que ver con el ascenso social y mejorar la calidad de vida.

Sumado a estos dos elementos, el tema de las tarifas y el transporte, conforman parte de la explicación (o toda) del porqué de la caída fuerte de Milei.

-¿Qué segmento de la población que antes acompañaba al Presidente, hoy no lo estaría apoyando?

-Lo veo como algo poli-clasista. A Milei lo votaron sectores sociales bajos, medios y altos, que ahora empiezan a retirar su apoyo o manifestarse enojados, o no le creen al gobierno. Esto incluye al laburante, al que no tiene trabajo y también a aquellos sectores medios que viven del mercado interno.

-¿Puede desplomarse aún más la imagen si la gente no ve una mejora?

-Nada indica que todas las decisiones de política-económica y de intervención en el mercado vaya a resolver en corto plazo cuestiones que venían estructuralmente complejas, pero que se agravaron en los últimos meses. Es decir, en términos de exportación, inversiones y consumo, no hay perspectiva de mejora. Con lo cual, si decimos que estas variables impactan en la imagen, van a seguir impactando en la caída.

-¿Esto pudo impactar en la decisión política de hacer un acto en Parque Lezama?

-Hay una explicación política de porqué un acto cuando falta más de un año para las elecciones. Claramente hay una cuestión de debilidad de un gobierno que necesita instalar una fuerza política para disputar un escenario electoral de acá a trece meses.

-¿Qué reflexión hace sobre el discurso del Presidente?

Milei necesita tener enemigos permanentemente como sostén de un relato, por eso se la agarra con los periodistas. De hecho, con nombre y apellido le apuntó directamente al dueño de La Nación, Julio César Saguier, cuando cualquier Presidente de este país sabe que enfrentarse con determinados medios no es sencillo. Salvo Milei, lo que pasa es que él rompió todos los esquemas.  

-También fustigó contra los encuestadores y pidió a su militancia que no se dejen engañar

-Es lo mismo que enojarse con el periodismo; es “matar al mensajero” en vez de quedarse con el mensaje. En Milei hay una ausencia de contacto con la realidad que tal vez no la haya tenido nunca. Cualquiera del ámbito de la política tradicional tiene una agenda lo más amplia posible para contactar con los actores que eventualmente le toca gobernar. Milei no habla con nadie. Recién ahora aparecieron reuniones, por ejemplo, con sus diputados.

¿Cómo se lee esto: como un signo de fortaleza o debilidad? Mi interpretación es que es un signo de debilidad, y el acto del sábado es una muestra. Alguien le habrá dicho: “Hay que hacer política, con el formato de la política”. Con lo cual, siento que es un gobierno que frente a la debilidad intenta reaccionar con la política tradicional de la cual él renegó durante años, pero la pregunta es si no es tarde, sobre todo, porque además de las formas necesitas respuestas tradicionales, y las respuestas no están.     

-¿Qué escenario social imagina para el próximo año?

-Me encantaría imaginarme de acá a un año, creo que el gran trabajo es imaginar de acá a tres meses, y ahí aparece un concepto que se viene repitiendo mucho que es una especie de tensa calma. No pensemos tampoco que de un día para el otro la mitad de la población va a reaccionar.

Yo lo resumiría así: hoy tenes una bronca creciente que tiene un grado de pasividad contenida, pero no tenes una alternativa política que contacte directamente con esa bronca. Entonces, en la medida que ese paso no se dé, el gobierno tiene todavía territorio libre como para seguir experimentando y hasta ganando tiempo. Ahora, cuando aparece la alternativa y, no lo sabemos. El problema es que por ahora no aparece, en unos meses puede cambiar el escenario. No lo sé.

América Latina

«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana

El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.

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Por Fernando Roperto

El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.

Una lectura que va a fondo

Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.

La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.

Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción

Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.

El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.

Arte y política en la Revolución Cubana

El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».

El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.

El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento

Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.

Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.

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