Entrevista
“Que un niño de escuela rural termine el nivel terciario, tiene un valor incalculable”
La historia de Gloria Cisneros, docente del Impenetrable chaqueño que podría convertirse en la mejor maestra del mundo.
Por Andrea Reyes
El Argentino dialogó con la maestra del paraje La Sara, Chaco, reconocida como una de las mejores docentes de nuestro país por la Fundación Varkey, y que podría ser nominada para competir por el premio Global Teacher Prize, el «Nobel de la Educación».
Entre 350 docentes de Argentina, la Fundación Varkey eligió a cinco maestros de todo el país como las caras visibles de la educación a nivel nacional. Si Varkey abre la convocatoria para el premio Global Teacher Prize, el «Nobel de la Educación», uno de estos cinco educadores será nominado para competir por este reconocimiento a nivel mundial.
Quién es Gloria Cisneros
Gloria Cisneros es maestra de la provincia de Chaco, y es una de los cinco maestros destacados por la Fundación Varkey como una de las educadoras que representan a la Argentina, gracias a su historia de vida y compromiso con su labor en el Impenetrable chaqueño.
Gloria es docente en la Escuela Primaria N° 793 «Don Carlos Arnaldo Jaime», del paraje La Sara, a unos 90 kilómetros de distancia de Taco Pozo (Chaco), donde ella nació.
De lunes a viernes, en el medio del monte chaqueño, brinda a los 15 alumnos que asisten, oportunidades para que puedan salir adelante y descubran otras realidades.
-La Fundación Varkey te eligió como una de las caras visibles de la educación en el país, ¿cómo fue el proceso?
-A mí me postuló la gente de Ticmac, que es una plataforma digital educativa que estamos implementando en el salón de clases.
La gente de Ticmas nos visitó, conoció nuestro trabajo, conoció a los niños y su calidad de educación. También, conoció a mi familia y mi historia de superación.
En total se postularon 350 docentes de todo el país y un comité de Varkey evaluó la historia de todos estos docentes y las huellas que los docentes dejaron en la educación. De ahí surgieron las cinco caras visibles.
-¿Cómo vivís la posibilidad de que Varkey tenomine para competir como mejor maestra del mundo?
-De abrirse la convocatoria para el premio Global Teacher Prize, el «Nobel de la Educación», podría representar al país a nivel internacional. Sería algo grandioso y un honor que nuestro país esté participando en ese concurso.
No obstante, más allá de que haya una convocatoria a nivel internacional, creo que reconocernos a los docentes en la Argentina es algo muy importante y valioso.
Nosotros nos sentimos pagados de que un niño de escuela rural termine la trayectoria en el nivel terciario, eso tiene un valor incalculable.
Yo creo que la docencia con amor no tiene precio, por eso nos sentimos reconocidos y con mucha satisfacción cuando nuestros estudiantes logran completar las trayectorias escolares.
-¿Qué crees que te diferenció de otros docentes chaqueños para recibir esta distinción?
-Mis colegas acá han adoptado el lema «todos somos Gloria». Y es verdad porque todos tenemos que hacer los mismos sacrificios, pero por ahí yo me diferencio de ellos en las actividades comunitarias que llevo adelante, como dar clases de apoyo, conseguir becas no sólo para mis alumnos, sino también para otros chicos de distintos niveles que asisten en Taco Pozo y otras partes de Chaco, queson un grupo de chicos muy vulnerables que están estudiando y los acompaño con la beca que les conseguí. Yo acompaño a los chicos no sólo en los recursos que necesitan, sino también en lo pedagógico.
La beca permite que los niños terminen el secundario y también el nivel terciario. Es una motivación y un acompañamiento para que ellos puedan terminar las trayectorias escolares. Es verdad que no alcanza para todos y nos toca salir a golpear puertas para conseguir cosas que ellos necesitan, como ropa, alimentos.
-¿Cómo surge tu interés por trabajar en una escuela rural?
-Entre 2013 y 2016 trabajé en la localidad de Taco Pozo, un pueblo chiquito que está ubicado en la punta del Chaco, a 500 o 600 km de distancia de Resistencia. Pero siempre quise saber cómo era trabajar en una escuela rural.
Tuve la oportunidad de hacer una suplencia en una escuela rural, y allí conocí a la directora del paraje La Sara. Ella me invitó a trabajar en su escuela, porque estaba por jubilarse y quería a alguien que pudiera seguir la tarea que ella estaba realizando. Así que tomé el cargo y nos fuimos con mi familia.
Mis hijos fueron conmigo a la escuelita del paraje La Sara para hacer la primaria. Yo era su maestra. Ahora hace tres años que ya terminaron, así que me quedo sola en la escuela de lunes a viernes.
-¿Cómo es ser docente de una escuela en el Impenetrable chaqueño?
-La situación es difícil. Siempre tenemos que llevar medicamentos, más comida, a veces tenemos que comprar los elementos de higiene. Creo que en todo el país es complejo ser docente. Pero hay que pelearla igual, porque más allá de todo, es nuestra tarea. Todos los docentes del Chaco estamos cobrando un mismo sueldo, así que hay que trabajar con la misma vocación y entrega.
Yo, en particular, todos los lunes voy con la moto hasta la escuela del paraje La Sara para llevar todo lo necesario para la semana, cruzando 90 km de un camino de tierra totalmente intransitable. Es parte de nuestra realidad.
-¿Tus alumnos son de la zona?
-Tengo 15 alumnos de primero a séptimo grado. Ellos tienen que recorrer grandes distancias, algunos hasta 20 km. Algunos se movilizan en moto, en bicicleta. Los más pequeños vienen caminando unos 2 km.
-¿Qué necesidades tiene la escuelita del paraje La Sara?
-Tenemos una condición edilicia bastante buena, pero no tenemos agua, porque las napas de agua son muy saladas y nos abastecemos con agua de lluvia solamente. Cuando ésta se termina nos abastecemos de una empresa vecina, pero agua potable directamente no tenemos.
Además, siempre el agua está estancada por mucho tiempo, con lo cual se sufren de muchas cosas. Como así también que en nuestra escuelita no tenemos freezer porque me cuesta llevar el gas en la moto, entonces muchas veces no lo podemos usar por ese motivo.
-¿Sentís que hay un estado presente en la provincia de Chaco?
-El gobierno responde con lo que le corresponde atender a las instituciones educativas, pero hay muchas cosas que a nosotros como comunidad nos toca apoyar a nuestros niños.
-Para finalizar, ¿qué es lo que más te gusta de trabajar en una escuela rural?
-La educación rural es una tarea muy bonita y, por más que haya sacrificios y dolores, éstos se ven compensados en la vida de los niños y en sus sonrisas, y en saber que desde esa escuelita rural los estamos preparando para otros contextos.
Entrevista
Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”
En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.
A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.
El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.
“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.
Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.
Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega
Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.
La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.
Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.
Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.
Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.
“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.
“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión
Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.
En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.
“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.
Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.
Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.
El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña
La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.
Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.
Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.
La popularidad que llegó después de décadas de trabajo
Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.
Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.
La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.
Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.
No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.
Del teatro a las series: los proyectos de Vega
Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.
La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.
Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado
La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.
Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.
Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.
Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.
Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.
Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.
Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.
¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.
Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.
Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.
Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.
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