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Escandalosa privatización de Transener: los compradores ya cobraron US$44 M en dividendos generados bajo control estatal

El Ministerio de Economía adjudicó por US$356,17 millones el 50% de Citelec a Edison Inversiones y Genneia. Los nuevos dueños recibieron dividendos por ganancias acumuladas mientras el Estado aún controlaba la transportadora.

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El Estado vendió y los nuevos dueños ya cobraron dividendos de ganancias acumuladas bajo control estatal.

Los nuevos accionistas privados de Transener cobraron cerca de US$44 millones en dividendos correspondientes a ganancias acumuladas cuando el Estado todavía participaba indirectamente en el control de la principal transportadora de energía eléctrica del país, luego de concretarse la privatización del paquete que estaba en manos de ENARSA.

La operación y el detalle que abrió la polémica

El Ministerio de Economía adjudicó por US$356,17 millones el 50% de las acciones de Citelec que pertenecían a la empresa estatal Energía Argentina (ENARSA) a Edison Inversiones y Genneia. Citelec posee, a su vez, el 52,65% del capital de Transener, por lo que el paquete privatizado representaba indirectamente alrededor del 26,3% de la transportadora eléctrica.

Tras concretarse el traspaso, Transener aprobó una distribución de dividendos por $253.536 millones mediante la desafectación parcial de una reserva constituida con resultados acumulados. Por la participación adquirida al Estado, a los nuevos propietarios les correspondieron aproximadamente US$44 millones, repartidos en partes similares: unos US$22,3 millones para Edison y otros US$22,3 millones para Genneia.

El Estado vendió y los compradores cobraron

El punto que abrió la polémica es que parte de las ganancias utilizadas para pagar esos dividendos se había generado y acumulado mientras ENARSA todavía conservaba su participación accionaria indirecta en Transener. Durante el período previo a la privatización, esos resultados habían permanecido dentro de la compañía como reservas en lugar de ser distribuidos entre los accionistas.

De esta manera, los compradores recibieron dividendos equivalentes a alrededor del 12,5% de los US$356,17 millones desembolsados para quedarse con el paquete estatal, según un cálculo realizado sobre los montos involucrados en ambas operaciones. La situación abrió interrogantes sobre la decisión del Estado de avanzar con la venta sin que previamente se distribuyeran las utilidades acumuladas correspondientes a las acciones que todavía estaban bajo control de ENARSA.

Desde el sector privado sostuvieron, sin embargo, que la operación implicó la adquisición de las acciones con la situación patrimonial existente al momento de la transferencia, incluidos los activos, pasivos y disponibilidades de las compañías. Bajo ese criterio, los dividendos correspondieron a quienes tenían la condición de accionistas cuando se resolvió formalmente su distribución.

Una empresa estratégica en manos privadas

La privatización de la participación estatal en Citelec formó parte del proceso de venta de activos dispuesto por el Gobierno nacional y dejó en manos privadas la totalidad del control accionario de la sociedad que posee la mayoría de Transener. La compañía opera la red de transporte eléctrico de alta tensión y constituye una pieza estratégica dentro del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), al transportar energía a través de miles de kilómetros de líneas de alta tensión en distintas regiones del país.

Puntos clave

El Ministerio de Economía adjudicó por US$356,17 millones el 50% de Citelec a Edison Inversiones y Genneia.

Los nuevos accionistas cobraron cerca de US$44 millones en dividendos, unos US$22,3 millones para cada uno.

Parte de las ganancias se generó mientras ENARSA conservaba su participación indirecta en Transener.

Los dividendos equivalieron a alrededor del 12,5% de lo desembolsado por el paquete estatal.

Transener opera la red de alta tensión y es estratégica dentro del SADI.

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Caputo en IDEA: el mismo relato de siempre y una reforma previsional que genera más alarmas que certezas

Desde París, el ministro de Economía participó virtualmente del 62° Coloquio de IDEA en Mar del Plata y atribuyó la suba del riesgo país a un «shock externo» y al temor electoral de algunos sectores. También anticipó una reforma previsional y prometió más baja de impuestos, sin plazos ni detalles.

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Desde París y en video, Caputo culpó al "miedo al infierno" y anunció que tocará las jubilaciones.

El riesgo país en 600 puntos, un shock externo que el propio ministro reconoce como «bastante brutal» y una economía que, a casi tres años de gestión, aún no logra convencer al mercado: ese fue el escenario en que Luis Caputo eligió pedir paciencia y confianza a los empresarios más concentrados del país. Lo hizo en un video pregrabado, desde París, mientras acompañaba al presidente Javier Milei en la denominada Argentina Week.

El ministro de Economía participó del 62° Coloquio de IDEA en Mar del Plata a través de una entrevista grabada con anticipación, ya que en esas horas se encontraba en la capital francesa junto al presidente Milei. Su intervención se centró en tres ejes: la explicación de la suba del riesgo país, el anuncio de futuras reformas y un pedido explícito de confianza al empresariado reunido en el encuentro anual.

El «miedo a volver al infierno» como coartada política

Ante las cámaras, Caputo ofreció su ya conocida lectura del riesgo país elevado: la mitad, dijo, obedece al contexto internacional, y la otra mitad, a factores políticos internos. «También ha sido parte propia por este temor que tienen algunos de que se vuelva al pasado. Un cierto temor a volver al infierno», afirmó.

La narrativa no es nueva. En marzo de 2026, ante la Fundación Mediterránea, Caputo ya había acuñado la fórmula del «riesgo kuka», sosteniendo que el mercado «priceba» casi 300 puntos adicionales por el temor al retorno del kirchnerismo, aunque él mismo lo calificó como un riesgo que «para mí es cero». En septiembre, ante inversores de JP Morgan en Nueva York, volvió a vincular el riesgo país con el escenario electoral de 2027. El discurso ante IDEA no aportó ningún elemento nuevo: fue la misma ecuación, reformulada para el auditorio empresarial.

Lo que el ministro no explicó, en ninguno de esos foros, es por qué el riesgo país se mantuvo elevado durante todo el período en el que, según el propio gobierno, «los fundamentos macro están ordenados». La contradicción entre el relato oficial de estabilización y la persistente percepción de riesgo que registra el mercado quedó nuevamente sin respuesta.

Reformas que vienen, sin fecha ni detalle

Caputo aseguró que el gobierno continuará «de la misma manera» y enumeró las reformas en camino: baja de impuestos, desregulación, inversión en infraestructura y reducción del costo financiero. También anticipó que analiza una reforma previsional, aunque la describió como la «última» de las modificaciones estructurales, por la necesidad de «entender los recursos con los que el país cuenta».

Para justificar la necesidad de modificar el sistema jubilatorio, el ministro recurrió a un argumento que combinó demografía y política: «Cayó la natalidad y el kirchnerismo sumó una gran cantidad de jubilados» que no tenían aportes, sostuvo. La afirmación apunta a las moratorias previsionales implementadas en gestiones anteriores, que permitieron jubilarse a millones de personas sin los 30 años de aportes requeridos, una política que en su momento benefició especialmente a mujeres que habían tenido trayectorias laborales discontinuas o informales.

El guiño a una reforma previsional llega en un contexto de extrema sensibilidad: durante 2024 y 2025, el gobierno de Milei vetó dos veces actualizaciones de los haberes jubilatorios aprobadas por el Congreso, y los recortes reales al gasto previsional acumularon caídas significativas en el poder adquisitivo de los jubilados. Anunciar una reforma del sistema sin precisar qué se modificará, en qué sentido y con qué financiamiento resulta, cuanto menos, una señal de alarma para los actuales y futuros beneficiarios.

El tipo de cambio y la apuesta a la «no devaluación»

El ministro también se refirió a la política cambiaria y reiteró su rechazo a utilizar la devaluación como herramienta. «No queremos que la moneda se siga devaluando, porque la devaluación es solo sueldos miserables para la gente», afirmó. La frase llama la atención en el marco de un programa acordado con el FMI que, según advirtió el Foro Economía y Trabajo en su documento de mayo de 2026, sostiene presión por un tipo de cambio con mayor recorrido alcista, lo que equivale en los hechos a una devaluación más pronunciada que el esquema vigente.

Frente a los empresarios, Caputo cerró con un mensaje optimista: «Tengamos confianza que tenemos todo para tener un país espectacular». La frase, sin datos ni plazos que la sustenten, resume el tono de una intervención diseñada para tranquilizar antes que para informar.

Lo que tenés que saber:

  • Caputo atribuyó la suba del riesgo país a un «shock externo bastante brutal» y al «temor a volver al infierno» en el contexto preelectoral de 2027.
  • Participó del 62° Coloquio de IDEA mediante un video pregrabado, desde París, donde acompaña a Milei en la Argentina Week.
  • Anticipó una reforma previsional, que describió como la «última» de las modificaciones, alegando que «el kirchnerismo sumó jubilados» sin aportes.
  • Prometió baja de impuestos, desregulación e infraestructura sin precisar plazos ni detalles concretos.
  • Rechazó la devaluación como herramienta y pidió «confianza» al empresariado, en una intervención sin datos nuevos.
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