Consumo
Salarios en caída: los números que explican por qué cierran empresas y los argentinos cada vez compran menos
Entre 2017 y 2025, un trabajador formal del sector privado resignó el equivalente a 16 salarios mensuales de poder adquisitivo. Para los empleados públicos la pérdida trepa a 21 sueldos y para los informales, que representan el 43,3% de la fuerza laboral, el derrumbe alcanza los 29 salarios. Lejos de revertirse, la tendencia se profundiza: la inflación de febrero proyecta entre 2,5% y 3%, los mayoristas cayeron 6,8% en 2025 y los consumidores se endeudan con tarjeta para comprar lo básico.
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★ El deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores argentinos no es una percepción ni una estimación parcial. Es un dato concreto, medido y documentado. Según un informe del economista Nadin Argañaraz, entre 2017, último pico de poder de compra, y 2025, un empleado formal del sector privado perdió el equivalente a 20% de su capacidad adquisitiva, lo que se traduce en 16 salarios mensuales de 2017 que nunca se recuperaron. Para un trabajador del sector público, el retroceso es aún más pronunciado: 34% menos de poder de compra, equivalente a 21 sueldos perdidos en ocho años.
Los números más graves corresponden a quienes trabajan en la informalidad. Ese sector resignó poder adquisitivo equivalente a 29 salarios mensuales respecto a 2017, en un contexto donde el 43,3% de la fuerza laboral se encuentra «en negro» y el empleo formal privado cayó a sus niveles mínimos desde 2022, según el mismo informe.
Ocho años de erosión sin recuperación sostenida
El análisis de Argañaraz permite distinguir con precisión dos períodos dentro de ese deterioro acumulado. Al comparar 2025 con 2024, se observa una mejora parcial: el sector privado recuperó un 4,8% de poder adquisitivo y el público un 3,9%. Pero esa comparación toma como punto de partida 2024, el año del ajuste más brutal de la era Milei, cuando los salarios reales se derrumbaron en todos los sectores.
Si la comparación se hace respecto a 2023, el cuadro se invierte: el sector privado registra una caída del 1,6% y el sector público una baja del 17%. Esa diferencia de magnitud entre ambos sectores se explica por el recorte sistemático del gasto en personal que el Gobierno nacional aplicó como eje de su política de ajuste del Estado, según establece el propio informe.
La inflación que no baja y los salarios que no suben
El Gobierno de Javier Milei presentó la baja de la inflación como el logro central de su gestión económica. Los datos contradicen esa narrativa en dos frentes simultáneos. Por un lado, la inflación no bajó: desde agosto de 2025, cuando marcó 1,5%, el índice de precios inició una trayectoria ascendente que no logró revertirse. Los meses siguientes mostraron aceleraciones sucesivas, septiembre (2,1%), octubre (2,3%), noviembre (2,5%), diciembre (2,8%) y enero de 2026 (2,9%), consolidando seis meses consecutivos de curva ascendente. Para febrero de 2026, las principales consultoras privadas, entre ellas LCG, Eco Go y Analytica, proyectan una inflación de entre 2,5% y 3%, impulsada por alimentos que acumulan más del 3% en las últimas cuatro semanas y por los ajustes en las tarifas de luz y gas.
La promesa presidencial de llevar la inflación por debajo del 1% a inicios del segundo semestre implica que entre marzo y julio de 2026 la suba de precios debería promediar apenas 0,8% mensual, un objetivo que los datos actuales vuelven inalcanzable. El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central había proyectado una inflación de 2,1% para febrero, una estimación que quedó desactualizada ante la aceleración observada.
Por otro lado, la baja de la inflación tampoco se tradujo en mejoras salariales concretas. Un informe de la propia Secretaría de Trabajo establece que en diciembre de 2025 la capacidad de compra de las remuneraciones promedio en el empleo formal del sector privado sufrió un retroceso real, acumulando cuatro meses consecutivos de reducción. Entre septiembre y diciembre de 2025, la caída acumulada llegó al 2,4%. Solo 6 de los 27 convenios colectivos con mayor cantidad de trabajadores lograron pactar incrementos que igualaron o superaron la inflación en diciembre de 2025, según el mismo informe oficial.
El propio Argañaraz advirtió sobre el mecanismo estructural: «la inflación alta, con su distorsión de precios relativos, erosiona el poder adquisitivo, ya que son muy escasos los casos en los que los salarios nominales terminan subiendo igual que la inflación.»
Las góndolas que no mienten
El impacto del deterioro salarial sobre el consumo quedó registrado con precisión por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en sus datos de cierre de 2025. Los autoservicios mayoristas, canal de abastecimiento de pequeños comercios y almacenes de barrio, cerraron el año con una caída del 6,8% a precios constantes. Los supermercados crecieron apenas 2% en términos reales, muy por debajo de la inflación acumulada del 32,4%. Los shoppings registraron una caída del 2,4% a precios constantes pese al aumento nominal del 16,1%.
El ticket promedio en supermercados aumentó un 29,2% interanual, por debajo de la inflación, lo que evidencia que los consumidores pagaron más pero compraron menos volumen. Para sostener ese nivel mínimo de compras, recurrieron al endeudamiento: el 43,6% de las ventas en supermercados se realizó con tarjetas de crédito, según el INDEC.
El rubro que más golpeó a los hogares de menores ingresos fue el de las carnes: subieron 47,6% interanual en supermercados y 60,4% en mayoristas, muy por encima de la inflación promedio, destruyendo la capacidad de compra de quienes destinan la mayor parte de su presupuesto a la alimentación básica.
Lo que destruye el consumo destruye la industria
La pérdida de poder adquisitivo no es solo un problema de los trabajadores. Es también el factor que más directamente explica el colapso del mercado interno y, con él, la crisis en cadena que atraviesa la industria argentina. Cuando los salarios reales caen durante ocho años consecutivos y la inflación no cede, las familias compran menos, las góndolas rotan menos, los stocks se acumulan y las empresas dejan de tener a quién venderle.
Ese mecanismo es verificable en los datos sectoriales más recientes. El Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) documentó una caída del 9,7% en el consumo de lácteos en 2024, en un sector que acumuló en pocas semanas las quiebras de ARSA (400 despidos), La Suipachense (140 despidos) y la amenaza sobre Lácteos Verónica (700 puestos en riesgo). En el sector del neumático, la apertura importadora destruyó los márgenes de Fate, que cerró su planta de San Fernando con 920 despidos en febrero de 2026, sin que el Gobierno anunciara ninguna medida concreta de asistencia a los trabajadores afectados.
La Unión Industrial Argentina (UIA) midió el impacto agregado: 65.000 empleos industriales perdidos en dos años, con corte a noviembre de 2025, un número que no incluye los despidos de Fate ni los de ARSA, producidos ambos en febrero de 2026.
Sin recuperación a la vista
«La discusión permanente sobre los salarios se explica por la evidencia concreta que muestran estos datos. Ha habido una importante pérdida en los últimos ocho años, siendo necesario encontrar un camino de recuperación sostenida», concluyó Argañaraz en su informe. Ese camino no aparece en ningún documento oficial del Gobierno nacional.
Lo que sí aparece en los documentos oficiales es la Resolución 172/2026, firmada por el ministro Luis Caputo el 23 de febrero de 2026 y publicada en el Boletín Oficial, que eliminó el derecho antidumping del 28% sobre el foil de aluminio chino, abriendo otro sector de la industria nacional a la competencia asiática sin regulación. La misma lógica que destruyó el sector del neumático se extiende, sin anestesia, a otros eslabones del entramado productivo. Mientras tanto, los trabajadores argentinos siguen pagando la cuenta: con salarios que no alcanzan, con deudas en la tarjeta para comprar lo básico y con fábricas que bajan la persiana.
Puntos clave
- Según informe del economista Nadin Argañaraz, entre 2017 y 2025 un trabajador privado formal perdió 20% de poder adquisitivo (equivalente a 16 salarios mensuales); un empleado público resignó 34% (equivalente a 21 sueldos); y un trabajador informal, el equivalente a 29 salarios mensuales.
- Las consultoras LCG, Eco Go y Analytica proyectan una inflación de entre 2,5% y 3% para febrero de 2026, con alimentos acumulando más del 3% en cuatro semanas; desde agosto de 2025 la inflación lleva seis meses consecutivos de curva ascendente, según datos verificados en nota previa.
- El INDEC confirmó que en 2025 los mayoristas cayeron 6,8% a precios constantes, los supermercados crecieron apenas 2% real y los shoppings retrocedieron 2,4% en términos reales; las carnes subieron 47,6% en supermercados y 60,4% en mayoristas.
- La Secretaría de Trabajo confirmó que entre septiembre y diciembre de 2025 el salario promedio del sector privado registrado acumuló una caída real del 2,4%, con solo 6 de 27 convenios superando la inflación en diciembre.
- La UIA documentó 65.000 empleos industriales perdidos en dos años (corte noviembre 2025); los despidos de Fate (920) y ARSA (400), producidos en febrero de 2026, no están incluidos en ese registro.
Consumo
El sueldo que no alcanza: la brecha entre inflación y salarios destruye el consumo de las familias argentinas
Los datos cruzados del INDEC y del Ministerio de Capital Humano revelan que los salarios perdieron terreno frente a los precios tanto en marzo como en el primer trimestre del año. La brecha acumula presión sobre las familias trabajadoras en un contexto de tarifas disparadas y canasta básica que no cede.
Salarios contra inflación: el poder adquisitivo sigue cayendo y el consumo interno se resiente
★ En marzo de 2026, la inflación registrada por el INDEC fue del 3,4%, mientras que la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), que publica el Ministerio de Capital Humano a través de la Secretaría de Trabajo, creció apenas un 2,4%. La diferencia, de un punto porcentual, puede parecer menor en términos abstractos, pero se convierte en un deterioro concreto y mensurable para los hogares que dependen de un salario para subsistir.
La tendencia se sostiene al ampliar el horizonte temporal. En el primer trimestre de 2026, la inflación acumulada alcanzó el 9,4%, en tanto que los salarios medidos por el RIPTE avanzaron un 8,6%. Eso significa que, incluso en el período en que el Gobierno anuncia una desaceleración inflacionaria, los ingresos de los trabajadores no logran seguir el ritmo de los precios.
Un deterioro que se acumula sobre otro deterioro
El dato de marzo no emerge en el vacío. Se monta sobre una base salarial ya diezmada por años de ajuste. Desde el inicio de la gestión libertaria de Javier Milei en diciembre de 2023, el esquema de tarifas y precios relativos golpeó con dureza desproporcionada a los sectores de ingresos fijos. Según datos del IIEP (UBA-CONICET), los servicios y el transporte público acumularon subas que superaron el 525% desde entonces, con el transporte liderando la escalada con un incremento cercano al 912%.
En ese marco, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró en marzo de 2026 una variación interanual del 32,8% y la Canasta Básica Total (CBT) del 30,4%, de acuerdo a datos del propio INDEC. Estas cifras confirman que el alimento sigue siendo el campo donde más se siente la erosión del salario real, aun cuando el índice mensual dé señales de moderación.
El «sueldo disponible» y el efecto sobre el consumo
Más allá del RIPTE, el impacto real sobre las familias se mide en lo que los economistas denominan «salario disponible»: lo que efectivamente queda en el bolsillo luego de cubrir las obligaciones básicas como alquiler, servicios, transporte y alimentación. En la medida en que esas obligaciones fijas crecen más rápido que los ingresos, el margen para el consumo de otros bienes se contrae.
Este es el mecanismo que explica la debilidad del consumo interno. Cuando las familias deben destinar una porción creciente de sus ingresos a gastos no postergables, el gasto en indumentaria, electrodomésticos, esparcimiento y otros rubros se retrae. Ese retroceso se traslada a la cadena productiva, deprimiendo la actividad industrial y comercial y generando un círculo de contracción que las cifras macroeconómicas oficiales tienden a subvalorar.
La discusión sobre el indicador
El Gobierno nacional cuestiona la representatividad del RIPTE como indicador de la evolución salarial, aduciendo limitaciones en su composición. El índice tiene características metodológicas específicas: considera únicamente los puestos de trabajo con una antigüedad mínima de 13 meses, incluye tanto al sector privado como al público nacional, provincial y municipal (solo para las cajas previsionales transferidas al SIPA), y contabiliza exclusivamente los componentes remunerativos hasta el tope imponible para aportes al sistema de seguridad social.
Estas restricciones son reales y deben tenerse en cuenta al interpretar el indicador. Sin embargo, la propia existencia de estas discusiones metodológicas no cancela la tendencia que los datos revelan, y que otros indicadores como el Índice de Salarios del INDEC o los convenios colectivos homologados refuerzan consistentemente: los ingresos de los trabajadores retroceden frente a los precios.
Estanflación como escenario de fondo
Los datos de abril de 2026 agregan otro elemento al diagnóstico. Consultoras como Eco Go y Equilibria proyectaron una desaceleración de la inflación hacia el 2,5% mensual, pero los combustibles presionaron con subas del 10,4%, generando una inercia que neutraliza cualquier alivio puntual en los alimentos. Esta dinámica configura un escenario de estanflación persistente: economía que no crece, precios que no ceden lo suficiente y salarios que no alcanzan.
El panorama es especialmente crítico en un contexto de deuda externa con el FMI que condiciona la política fiscal. El ajuste del gasto público comprometido con el organismo, que en el primer trimestre de 2026 implicó una caída adicional del 5,1% interanual en el gasto primario, reduce la capacidad del Estado de compensar la caída del poder adquisitivo mediante transferencias sociales, jubilaciones actualizadas o políticas de ingresos.
Puntos clave:
– En marzo de 2026, la inflación (3,4%) superó al crecimiento del RIPTE (2,4%), según datos del INDEC y del Ministerio de Capital Humano.
– En el primer trimestre, la brecha se mantuvo: 9,4% de inflación acumulada frente a 8,6% de suba salarial.
– La Canasta Básica Alimentaria registró una variación interanual del 32,8% en marzo de 2026.
– Los servicios y el transporte público acumulan aumentos superiores al 525% desde diciembre de 2023.
– El ajuste del gasto primario cayó un 5,1% adicional en el primer trimestre de 2026, agravando la pérdida de ingresos disponibles.
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