Conectate con El Argentino

Opinión

¿Por qué votamos un candidato determinado sin demasiado convencimiento?

Por Santiago González Casares.

Publicado hace

#

El-Argentino-Fake news-noticias falsas

Por Santiago González Casares @filosofopueblo

A Toti

Cosa sará que fa crescere gli alberi e la felicitá?

(Lucio Dalla)

Debo confesar que la mitad del tiempo no sé ni entiendo bien por qué hago las cosas, me siento a escribir, no lo hago, me distraigo, pongo un disco, el otro; en cada uno de estos casos, rara vez puedo dar cuenta del motivo que comenzó la acción de escribir, de leer, de escuchar tal o cual disco. Es cierto, que luego de un exhaustivo análisis a postre de lo ocurrido, la mayoría de las veces, puedo razonar y descifrar una posible causa de por qué estoy haciendo lo que estoy haciendo, porque escribir estas palabras responde de un anhelo, de un deseo de teneros cerca, o al menos de pretenderlo, pero ¿antes? ¿Cómo llego a hacer lo que hago? No estoy hablando de las cosas más simples como comer cuando uno tiene hambre o descansar cuando tiene uno sueño, sino las razones por las cuales uno canta una canción, se saca los lentes para recordar a un compañero. Es que lo que más nos importa nace de un total desconcierto, no sabemos de donde vienen esas cosas, por que hacemos lo que hacemos, pero, sobre todo, por que hacemos las cosas que más nos importan, al punto de pasarnos la vida desvelados en arrepentimiento. ¿Por qué elegimos una palabra y no la otra, un amigo en vez de alguien por conocer? ¿Por qué votamos un candidato determinado sin demasiado convencimiento?

En los viejos tiempos griegos, las cosas eran sin duda mucho más simples, aquellos con estatuto de ciudadano se juntaban en la plaza principal del pueblo (ágora) y deliberaban entre ellos los designios de la comunidad que allí los reunía. Aquellos que elegían tomar la palabra lo hacían y así dirimían las diferencias para luego votar en democracia directa las conclusiones a las cuales habían llegado. Lo que quiero decir, es que esa proximidad física de la que la pequeña comunidad griega gozaba, les permitía a los ciudadanos dar cuenta de por qué hacían lo que hacían, por que tomaban una decisión y no la otra. Se juntaban en el ágora, debatían, luego deliberaban y finalmente decidían.

El sistema actual impide por completo ser conscientes de lo que hacemos, sobre todo como pueblo, coordinar las acciones conjuntas de gobierno. Estamos tan lejos de nosotros mismos que nos es imposible decidir sobre nuestro presente y mucho menos sobre nuestro porvenir. Esto se ve reflejado en la manera que tenemos de organizarnos políticamente y de cómo distribuimos la palabra (logos) que rige dicha organización. La democracia, ya lo decía Rousseau, es efectiva en pequeñas ciudades, la participación en grandes ciudades, en naciones, debe ser mediatizada por distintos dispositivos que tienen la meta de permitir el acceso a la totalidad de la población de las deliberaciones que llevan a cabo los representantes democráticamente elegidos. El problema de estos dispositivos es que son fácilmente manipulados (lawfare, fake news) por intereses particulares que se imponen por sobre los intereses de la voluntad general. Estos dispositivos actúan directamente sobre nuestra manera de comunicarnos, la parte más importante de nuestro discurso, la posibilidad de compartirlo. Llamamos ya en varias oportunidades, dicha lógica política de deliberación, el ágora digital. Es el espacio que sin nadie presente todo sabe, todo puede y todo explica. Este nuevo lugar de encuentro para debatir, deliberar y decidir los quehaceres de la comunidad, tiende por su manera de funcionar la distancia y la mediación. Estos dos factores de la lógica digital hacen que cada uno de nosotros esté alejado del colectivo y por ende de sí mismo, ya que es lo colectivo lo que nos hace quienes realmente somos. 

Somos ese enigma que nos une a los otros, ese abismo inconmensurable que implica el estar con los otros. El otro siempre me excede, está por encima mío, es más grande, anterior e infinito. Es quizás por eso, que nunca se bien de dónde vienen mis apetitos y, de que se inspiran mis actos. Volviendo al comienzo de estas palabras, quizás en forma de desenlace, aquello que no entiendo es sin duda el otro, es el otro el destinatario de mi deseo y, por ende, para siempre incomprensible y primero.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

Publicado hace

#

Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo