Opinión
El mismo odio, cien años después
La dolorosa experiencia de lucha acumulada a través de un siglo no pasó en vano y ya no hay espacio para retrotraer la historia, cercenar derechos, recortar libertades ni reinstalar proscripciones.
Por Oscar R. González
Ahora que una ofensiva feroz, expresada en una perversa combinación de mentiras periodísticas y falacias judiciales trata de condenar, para proscribir políticamente, a la vicepresidenta de la Nación, viene bien recordar que el que descerrajan sobre Cristina Fernández de Kirchner no es el primer caso de lawfare en la historia argentina.
Ya hubo otro inicuo proceso judicial embustero en 1921 contra el único senador socialista de entonces, Enrique del Valle Iberlucea (1877-1921) dirigente del sector radicalizado del socialismo de aquella época, quien tuvo la audacia de solidarizarse con la entonces reciente revolución rusa y sus medidas y propuestas de fuerte sesgo anti capitalista.
Del Valle, un abogado que había nacido en Cantabria pero nacionalizado argentino que fue electo senador por la capital en 1913, adhirió en un Congreso partidario, en 1921, a la posición de la novedosa Tercera Internacional, constituida por Lenin y el ala izquierda de la socialdemocracia, defendiendo la tesis de que el socialismo argentino, fundado en 1896 por ilustres como Juan B. Justo, José Ingenieros y Enrique Dickmann, debía plegarse a la naciente coalición mundial y abandonar la vacilante y decadente Segunda Internacional.
Basado en una denuncia anónima de alguien dijo haber escuchado de boca del senador consignas “maximalistas” y acusándolo de “sovietista”, un ignoto juez de Bahía Blanca –donde tuvo lugar el encuentro- no tuvo empacho en endilgarle al senador socialista la violación de la espantosa “ley de defensa social” que la oligarquía de entonces había sancionado y aplicaba para amordazar la prédica y evitar la acción política de socialistas y anarquistas.
Aquél Senado oligárquico y sus voceros periodísticos de aquella época, “La Prensa” y, obviamente, “La Nación”, lograron forzar el desafuero del senador socialista, decisión que hasta algunos liberales consecuentes, como Joaquín V. González, repudiaron con estupor. Impiadoso, el Senado tomó la decisión con todo salvajismo, cuando ya se sabía que Del Valle padecía un cáncer de garganta terminal que lo iba a llevar a la muerte en pocas semanas.
Hoy, cien años después, se reedita esa nefasta maniobra de los poderes fácticos a través de la misma oligarquía, apelando a idénticas corporaciones –el partido judicial y los medios que controlan- para intentar inhabilitar la acción de la más relevante y consecuente dirigente de masas de la Argentina, la actual Vicepresidenta. Pero no estamos en 1921: la dolorosa experiencia de lucha acumulada a través de un siglo no pasó en vano y ya no hay espacio para retrotraer la historia, cercenar derechos, recortar libertades ni reinstalar proscripciones.
Oscar R. González (Mesa Nacional de la Confederación Socialista).
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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