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Opinión

La soledad de la vejez

Más personas llegan a vivir más tiempo, la soledad, las tareas de cuidados y avatares de adultos mayores para transitar sus últimos años de vida.

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Por Lic. Gerardo Codina. Psicoanalista (licgerardocodina@gmail.com)

Más personas llegan a vivir más tiempo, aunque no siempre es una bendición. Mientras se comparte la vida con la pareja, es más llevadero, aunque la salud sume achaques.

Siempre en una emergencia se puede recurrir a un vecino o familiar. Pero la viudez a una edad avanzada nos deja muy vulnerables y necesitados de una compañía para la rutina diaria que pocas veces podemos elegir o contratar.

Julio hace varios años que vive solo. Al principio, porque su compañera de siempre estaba internada. Él todavía trabajaba, pese a sus años, hacía las cosas de la casa y cada día la visitaba.

Hasta que ella no pudo más. Desde entonces, los nietos y los hijos lo acompañan a distancia, por teléfono, o en los encuentros de fin de semana. En el día a día, Julio permanece solo a sus 92 años, atendiendo las labores domésticas y siguiendo las noticias.

Un tiempo se arregló así, pero luego empezó a necesitar ayuda. Contrató a una vecina del edificio. La necesidad fue sumando horas hasta que el pago agotó las posibilidades de su jubilación. Entonces pidió ayuda.

Pero PAMI sólo cubre casos de internación domiciliaria mientras dura la curación y siempre con personal que envía la agencia. No alguien conocido. Pensar en dejar entrar a su casa a un extraño, estando limitado físicamente, asustó a Julio.

Ana no tuvo más remedio, aunque limitó la presencia a algunas horas y días. A los 94 ella puede hacer, despacito, algunos mandados bajo el sol de la tarde. Pero quien la asiste no cocina como ella quiere, se la pasa en el WhatsApp y revisa los cajones de modo sospechoso. No puede confiar en ella, pero tampoco quedarse sin nadie.

¿Qué hacer? Las hijas y los nietos tienen sus propios problemas y ella no quiere ser otra carga. Ni hablar de que la manden a un geriátrico. Siempre vivió en su casa y quiere seguir así.

A Froilán la vida le deparó un resguardo. Uno de sus nietos, ya adulto, decidió hacerse cargo de su cuidado los últimos seis años de su vida. La dedicación exclusiva, le impedía hacer otro trabajo.

Pero esa tarea, sostenida por los ingresos del abuelo, no luce en el currículum. Cuando llegó el final, el nieto se encontró desocupado, sin ingresos y sin reconocimiento por lo realizado.

Estas pocas historias de personas que transitaron por mi consultorio, iluminan un tema difícil de resolver. Cómo cuidar de nuestros mayores cuando se quedan solos y no pueden valerse por sí mismos.

Es un problema que se acrecienta cada año y que no tiene respuestas sencillas, adaptables a cada caso. Pero que hace, y mucho, a la calidad de los últimos años, cuando transcurren en soledad.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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