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Opinión

Nicaragua, Revolución, Democracia Efectiva

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Por Carlos Midence *

Nicaragua, País más extenso y seguro de Centroamérica, conocido por sus lagos, volcanes, ríos, Darío, Sandino, productos de calidad y, por su gente laboriosa y hospitalaria. Se ha ganado el respeto de ser una nación Libre, Soberana, Digna, que construye su destino mediante modelo propio.

Las transformaciones en beneficio del pueblo y su posición de respaldo en todos los foros internacionales a las causas justas, promovido por el Gobierno Sandinista, lo demuestran.

Una valoración de esto, mediante algunos parámetros, certifica la efectividad del proceso revolucionario/democrático nicaragüense. Por ejemplo, la revista The Lancet argumenta con relación al concepto de Democracia, que su efecto se debe concentrar en el bienestar de la población, en particular la salud. Tomando en cuenta esto: ahí radica la efectividad democrática en Nicaragua, en contraste a la occidental, en permanente crisis, como lo explican Crozier, Bobbio, Fotopoulos, Przeworski, entre otros.

Nicaragua ha venido fortaleciendo su Democracia, entendida como consolidación constitucional e institucional de los Derechos del Pueblo, fomento de la convivencia y no como ideología y manoseo de esta palabra, como lo dice Luciano Canfora refiriéndose a occidente. Mi País ha reducido la pobreza más de dos dígitos, asegura educación, salud gratuita y de calidad, programas de vivienda, seguridad ciudadana, esencia del Buen Vivir, pilar estratégico de la Revolución Sandinista.

“El modelo nicaragüense promueve el respeto a la dignidad Humana. Asegura igualdad de oportunidades y condiciones, a diferencia de occidente que solo habla de oportunidades y ensancha las desigualdades”.

Además, los rankings de paridad de género ubican al país en los primeros peldaños. Derechos como libre expresión, organización, no sólo son respetados, existe tal permisividad que los denominados “periodistas independientes” hasta inventan realidades paralelas que, cuando chocan con la realidad evidente, igual que los medios corporativos, guardan silencio.

El modelo nicaragüense promueve el respeto a la dignidad Humana. Asegura igualdad de oportunidades y condiciones, a diferencia de occidente que solo habla de oportunidades y ensancha las desigualdades. Restaura Derechos negados a sectores históricamente marginados, sin que se vea afectado ningún sector pues, las políticas públicas se ejecutan con voluntad de servicio, resolviendo las necesidades de todo el Pueblo.

Nuestro Modelo se sustenta en instituciones que fomentan bienestar material y canaliza las demandas, conectándolas con los cambios culturales: participación, equilibrio ecológico, Paz, Convivencia, diálogo, valores que el Sandinismo los tiene claros históricamente.

La Nicaragua Sandinista ha forjado un modelo Revolucionario, de Democracia Efectiva (pensada por Sandino en sus escritos), concebido en/desde el Sur -no simulativa como la occidental (Blühdorn)- de convivencia: alcanzamos y participamos todos, por tanto, es un verdadero proceso Transformador y Liberador.

*Embajador de Nicaragua. Académico, Intelectual. Premio Internacional de Pensamiento y Ensayo Aristóteles (España) y Sial Pigmalión

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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