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Quién es Andy Burnham, el nuevo primer ministro del Reino Unido que grita por «el fin del neoliberalismo»
Andy Burnham fue proclamado líder del Partido Laborista y asumirá el lunes como nuevo primer ministro del Reino Unido. Su llegada al Gobierno se produjo tras la salida de Keir Starmer y con un amplio respaldo dentro del oficialismo.
El Partido Laborista proclamó este viernes a Andy Burnham, de 56 años, como su nuevo líder. Con esa designación, el dirigente reemplazará a Keir Starmer y jurará como primer ministro del Reino Unido el próximo lunes.
El anuncio se realizó durante una asamblea especial del partido en Londres. La comunicación oficial estuvo a cargo de Shabana Mahmood, ministra del Interior del Gobierno saliente y presidenta del Comité Ejecutivo Nacional laborista.
Un respaldo amplio dentro del Partido Laborista
De acuerdo con la información difundida durante la asamblea, recogida por ANSA, Burnham consiguió el respaldo de 379 de los 403 diputados laboristas, además del apoyo de todos los sindicatos vinculados al partido.
Al no existir otros candidatos para la conducción partidaria, el proceso no requirió una votación entre los afiliados.
Durante su primer discurso como líder laborista, Burnham sostuvo: «Estoy listo para gobernar y promover una política de cambio tras 40 años de neoliberalismo que no han sido benevolentes».
Luego agregó: «Esta es nuestra última oportunidad para el cambio».
La salida de Keir Starmer
El reemplazo de Keir Starmer se produjo luego de su renuncia al liderazgo del Gobierno.
Según la información difundida, la decisión llegó después de una serie de controversias políticas, entre ellas el resultado adverso del Partido Laborista en las elecciones municipales de mayo y el nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos.
La trayectoria política de Andy Burnham
Burnham nació en Aintree, dentro del área metropolitana de Liverpool, en el seno de una familia católica de clase trabajadora.
Estudió Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge e inició su carrera política como asistente parlamentario. En 2001 ingresó a la Cámara de los Comunes.
Durante distintos gobiernos laboristas ocupó cargos vinculados con Cultura y Sanidad. Más adelante buscó conducir el partido en dos oportunidades, primero en 2010 y luego en 2015.
Del Gran Manchester a Downing Street
En 2017 dejó su banca parlamentaria para competir por la alcaldía del Gran Manchester. Consiguió la victoria y luego renovó el cargo en dos elecciones consecutivas.
Durante su gestión impulsó un modelo centrado en innovación, desarrollo urbano, transporte, educación y servicios públicos.
Recientemente obtuvo una banca parlamentaria por el distrito de Makerfield, resultado que fortaleció su proyección nacional y terminó por consolidar su llegada al liderazgo del Partido Laborista y al Gobierno británico.
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The Guardian le pide a Londres que reabra las negociaciones por Malvinas
El columnista Simon Jenkins publicó en el diario británico The Guardian una columna en la que exhortó al gobierno del Reino Unido a retomar el diálogo con la Argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas, disparada por la bandera que la Selección exhibió tras vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026.
Una columna publicada el 16 de julio de 2026 en The Guardian, uno de los diarios de mayor influencia del Reino Unido, sacudió el debate sobre la soberanía de las Islas Malvinas desde adentro mismo del establishment mediático británico. Su autor, el periodista y analista Simon Jenkins, sostuvo que el gobierno de Londres deberá, tarde o temprano, sentarse a negociar con la Argentina la cuestión del archipiélago, y que ningún territorio colonial tiene el derecho eterno de permanecer bajo dominio imperial.
El disparador fue la imagen que dio la vuelta al mundo: jugadores de la Selección argentina desplegando una bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» en el campo del Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, minutos después de la victoria por 2 a 1 sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial de la FIFA 2026. El gesto, que generó una airada respuesta del gobierno británico y la exigencia de una investigación a la FIFA, tuvo sin embargo una lectura radicalmente distinta desde las páginas del diario progresista londinense.
Una voz disidente en el corazón del establishment británico
Jenkins no esquivó la incomodidad del argumento. En su columna, cuyo título completo fue «¿Las Malvinas son argentinas? No exactamente, pero ‘las Falklands’ no pueden seguir siendo británicas para siempre», el periodista reconoció la complejidad histórica del conflicto pero apuntó directamente contra la parálisis diplomática de Londres. «Tarde o temprano, el gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de reanudar las negociaciones», escribió, y agregó que, en el estado actual de las cosas, «el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth y el ministro de Defensa pospondrán el problema».
La frase que condensó toda la carga política del texto fue contundente: «No pueden ser británicas para siempre». Y la pregunta que Jenkins formuló después no fue retórica sino estructural: cuánto tiempo más puede el Reino Unido sostener, a un costo de más de 60 millones de libras esterlinas anuales en defensa, la presencia militar en un archipiélago disputado a miles de kilómetros de sus costas.
Gibraltar como espejo: el antecedente que incomoda a Londres
El eje argumentativo central de Jenkins fue la comparación con Gibraltar. Apenas 24 horas antes de que la Selección argentina exhibiera su bandera en Atlanta, el Reino Unido y España habían firmado en Bruselas un acuerdo que eliminó los controles fronterizos entre España y el Peñón, poniendo punto final a décadas de tensión diplomática sobre otro enclave de la era colonial británica.
El paralelismo resultó inevitable para Jenkins: si Londres pudo sentarse a negociar con Madrid sobre Gibraltar, ¿por qué no podría hacerlo con Buenos Aires sobre Malvinas? «¿Será mucho esperar que una negociación similar surja producto de la semifinal de anoche?», se preguntó el columnista, en una formulación que mezcló ironía y desafío dirigido al propio gobierno del primer ministro Keir Starmer.
Jenkins también cuestionó el peso que la diplomacia británica suele asignar al referéndum de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 habitantes de las islas votó por permanecer bajo administración del Reino Unido. Para el columnista, ese resultado no cierra la discusión sobre la soberanía, sino que la congela artificialmente: no puede equipararse la voluntad de una población instalada bajo ocupación colonial con la resolución definitiva de una disputa territorial reconocida por la propia ONU.
El reclamo argentino: historia, derecho internacional y política actual
La Resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobada en 1965, reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos gobiernos a continuar negociaciones para alcanzar una solución pacífica. Ese mandato internacional nunca fue cumplido por Londres, que desde el fin de la guerra de 1982 adoptó una política de silencio sistemático sobre la cuestión.
Jenkins repasó en su columna los tres momentos históricos en que ambos países estuvieron más cerca de avanzar: las conversaciones bilaterales entre 1966 y 1968; la Declaración Conjunta de 1971 sobre comunicaciones con el continente; y la propuesta confidencial del gobierno laborista de Harold Wilson en 1974, que ofreció al presidente Juan Domingo Perón un esquema de condominio con administración conjunta, banderas compartidas y gobernación rotativa. Ese proceso, señaló el periodista, fue interrumpido violentamente por el inicio del conflicto armado de 1982, que transformó lo que pudo haber sido una solución negociada en una lógica de guerra que aún hoy condiciona la política exterior de ambos países.
La bandera como catalizador diplomático
Jenkins no se limitó al análisis histórico. Evaluó el impacto político concreto del gesto de los jugadores argentinos y expresó su deseo de que el símbolo trascienda lo deportivo. «Sería gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en los Estados Unidos sacudiera a alguien para que pase a la acción», escribió, en una formulación que invierte completamente la lectura que el gobierno británico había hecho del episodio: donde Peter Kyle, ministro de Empresa, calificó el gesto de «totalmente inapropiado» y pidió una investigación de la FIFA, Jenkins lo leyó como un llamado a la responsabilidad política.
La columna del periodista británico tiene un peso político adicional que no puede ignorarse: el gobierno de Javier Milei, a diferencia de administraciones anteriores, exhibió un perfil notablemente más tibio en la defensa pública del reclamo soberano. Las ambigüedades del presidente argentino ante la cámara, en contraste con la firmeza del gesto de los futbolistas, generaron una situación paradójica: son los propios columnistas del establishment de prensa británico quienes, en este caso, empujan el debate con mayor énfasis que el jefe de Estado argentino.
Puntos clave
- Simon Jenkins publicó el 16 de julio en The Guardian una columna que exige al gobierno británico reabrir negociaciones con Argentina por Malvinas.
- El texto comparó la situación con el acuerdo sobre Gibraltar firmado entre el Reino Unido y España en Bruselas, apenas 24 horas antes de la semifinal del Mundial.
- Jenkins cuestionó el referéndum de 2013 como argumento definitivo y recordó que la ONU reconoció la disputa de soberanía en 1965 mediante la Resolución 2065.
- El columnista cifró en más de 60 millones de libras anuales el costo que representa para los contribuyentes británicos el mantenimiento militar del archipiélago.
- La postura contrasta con la reacción oficial de Londres, que exigió una investigación a la FIFA por la exhibición de la bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas».
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