Opinión
El yo-yo, la historia pendiendo de un hilo
Por Manu Campi.

Por Manu Campi | @manucampimaier
Generalmente, a las cosas que no se les encuentra explicación occidental, como por ejemplo los fideos o el amor a primera vista, se estila endilgares su origen en los confines del gigante asiático. De este modo, se evita caer en confusiones y trabajos de investigación profundos, ambas situaciones por demás incómodas. Se pierde así, a través del tiempo y los continentes, la verdadera esencia de pequeños objetos que, sin sentido práctico, han enriquecido momentos de lo más penosos.
Donald Duncan nació el 6 de junio de1920. A él se le atribuye la invención del yo-yo y se lo reconoce mundial y occidentalmente en el día de su nacimiento. Pero tamaña recompensa no cabe dentro de parámetros justos.
Mucho antes de que Flavia Palmiero y la Ola Verde traigan orientales con asombrosas capacidades que delante de la pantalla chica, la historia reconoce al yo-yo desde mucho tiempo atrás. Si fuese de origen chino, diremos que remonta a unos tres milenios. Dos discos de marfil unidos por un cordel tenían dos usos consistentes: uno lúdico y el otro bélico.
Pero no fueron los chinos el único pueblo de la Antigüedad que tuvo conocimiento del mismo. En excavaciones en la antigua Atenas, se encontró una pintura de una mujer jugando yo-yo lo más campante. En algunas culturas, como la de las Filipinas, puntualmente el pueblo tagalo (s XVI), más que un juguete era una herramienta de caza y funcionaba con cierta similitud a las boleadoras gauchas. A este pueblo se le debe a que los españoles, en pleno proceso colonizador, hayan tenido contacto con el objeto.
En Europa fue considerado como un juego recién en el siglo XVIII. Se extendió entre las clases aristocráticas y burguesas inglesas. En la Francia revolucionaria, nobles y burgueses exiliados, para no pasar por la guillotina, jugaban yo-yo bajo la nomenclatura juego del émigrant.
Cerrando e siglo XVIII y durante la primera del siglo XIX, se encuentran adornados con joyas, pintados de manera esmerada con motivos geométricos. No eran juguetes, sino obras de salón hechos de nácar, marfil o maderas preciosas esculpidas y pintadas por artistas de renombre.
Se mataba el tiempo en sesiones hipnóticas donde la rotación y su rápido giro ejercía sobre damiselas de poco nobles. Estas fingían sendos desmayos dejándose caer sobre a quienes les tenían claras intenciones hormonales. Extrañamente la Iglesia no los prohíbe. Quizás por esto perdió terreno entre adultos y, así, pasó a estar relegado para niños, o profesionales.
Volviendo a Duncan, este redujo su tamaño y lo convirtió en un juego para chicos. A la fecha, evolucionó de tal manera que se encuentran luminosos, musicales, psicodélicos e incluso hiper-yo-yos que permiten proezas inimaginables.
De cualquier manera, no se ha conseguido digitalizar su funcionalidad y es muy poco probable que volvamos a ver, en el patio del cole, al yo-yo dentro de los bolsillos de los guardapolvos blancos. Ningún niño taura ostentará tal destreza para ganarse un amor imposible a no ser que tenga un dispositivo último modelo.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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