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Opinión

El modelo “Rappi”: cuando la precarización tiene forma de app

Cada pedido entregado, un repartidor/a cobra alrededor de 350 pesos. Depende de la demanda, de su propia velocidad para satisfacerla y del algoritmo de la empresa.

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Por Mariana Collante 

Es un trabajo a destajo” asegura Belén D. Secretaria Adjunta del Sindicato de Trabajadores de Reparto por Aplicación (SiTraRepA). Explica que para ganar un ingreso de 300 mil pesos hay que pedalear, o estar arriba de la moto, 12 horas por día, seis veces a la semana. Esto incluye jornadas lluviosas, frías, calurosas, feriados, y fines de semana.

Por cada pedido entregado, un repartidor/a cobra alrededor de 350 pesos. Depende de la demanda, de su propia velocidad para satisfacerla y del algoritmo de la empresa.

Estas apps son plataformas para que los comercios, los clientes y los repartidores interactúen. Desde que se instalaron en nuestro país a comienzos del 2018, casi no han sido reguladas por el Estado. Ofrecen un servicio con un modelo de negocios que minimiza su estructura, extrema las utilidades que obtiene a la par de la desprotección de los trabajadores, negándoles ese carácter. Cada persona que vemos en la calle con su bicicleta, su caja cuadrada de Rappi, o Pedidos ya, y el celular como una extensión de su cuerpo es un “socio” de una app que factura millones de dólares en el mundo. ¿Un socio, una socia? Sí. Nick Srniceck en su libro “Capitalismo de plataformas” dice que este modelo de empresa/trabajador es, en realidad, el de los jornaleros de las zonas rurales. Se les paga un porcentaje menor de la recolección o cosecha como a los repartidores en las grandes ciudades se les paga por entrega efectuada. No hay vacaciones, ni días por estudio, ni enfermedad.

Los anuncios realizados hace unos días por Sergio Massa intentan corregir la desatención del Estado sobre los 150 mil trabajadores del sector. Propuso un programa de coberturas, administradas a través de la AFIP y el Banco Nación, para brindarles a los deliverys la posibilidad de acceder a una Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART), una obra social y realizar aportes jubilatorios. También informó que el ministerio de Transporte y Trenes Argentinos construirán 24 sitios de descanso en estaciones de trenes del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Estos lugares servirán para que los repartidores puedan cargar los teléfonos, hacer una pausa, sentarse a comer, etc. Cosas básicas que, en la actualidad, cada uno/a en la calle resuelve como puede.

Marcelo Pariente, Secretario General, de la Asociación Sindical de Motociclistas, Mensajeros y Servicios (ASIMM) participó del encuentro entre Sergio Massa y trabajadores de delivery, y consideró positivas las medidas anunciadas por el candidato a Presidente. “Nos pareció interesante la iniciativa porque pone sobre la mesa la precarización, y viene a sumar”.

El referente de ASIMM insiste en que es un punto de partida, porque su sindicato lucha para que los repartidores puedan beneficiarse del derecho laboral. Otra es la discusión en torno a la posibilidad de participar de una organización sindical. Sobre ese punto, Marcelo Pariente reconoce que existe cierta reticencia de una parte de los repartidores a organizarse. En primer lugar, porque la empresa amenaza a través de la aplicación con que pueden quedarse sin trabajo. “Cuando hicimos algunas medidas de protesta, por ejemplo, en el Obelisco, a través de la geolocalización, las empresas supieron quienes habían participado, y a algunos, los desconectó de la app”. Por otro lado, reflexiona Marcelo: “hay cierto descrédito social de los sindicatos. Hay más de 3 mil sindicatos en todo el país, pero en los medios de comunicación se habla solo de los malos dirigentes«.

En pocos días, elegiremos entre dos modelos de país. En esa discusión el trabajo es fundamental: sabremos si la figura del repartidor es un modelo “sin derechos” aplicable al resto de los trabajadores, o es un sujeto que se incorpora a un marco laboral para que pueda avanzar con sus demandas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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