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Análisis

Los post fascismos y el gobierno de Milei

Con la misma táctica del presidente argentino Javier Milei (pero sin redes sociales), Le Pen padre conseguía seguidores a través de exabruptos violentos como decir que los hornos crematorios de los campos de concentración nazi eran “un detalle de la historia”.

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Por Telma Luzzani

Nunca desapareció del todo, pero en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la extrema derecha europea se encontraba en su mínima expresión. Se trataba de grupos marginales o, a lo sumo, de una minoría controlada. En la segunda mitad del siglo XX, llamar a alguien “fascista” era ofenderlo y ser de extrema derecha estaba socialmente mal visto. El cambio comenzó en los años 70, cuando lentamente, algunos de esos grupos políticos empezaron a ganar escaños en los parlamentos como sucedió en los Países Bajos y en Francia.

El caso del francés Jean Marie Le Pen (padre de la actual dirigente Marine Le Pen) es un buen ejemplo. En 1972, formó el Frente Nacional, una alianza de partidos ultras cuya cúpula estaba integrada por él y varios políticos fascistas y pronazis. Defendían la superioridad de la “raza blanca”, se oponían a la presencia de inmigrantes en Francia y eran conspicuos negacionistas de los crímenes cometidos por Adolf Hitler. Con la misma táctica del presidente argentino Javier Milei (pero sin redes sociales), Le Pen padre conseguía seguidores a través de exabruptos violentos como decir que los hornos crematorios de los campos de concentración nazi eran “un detalle de la historia”.

Para la sociedad global de mediados del Siglo XX, la condena al régimen nazi no estaba en discusión y el repudio a los grupos de extrema derecha, tampoco. Los discursos de odio estaban prohibidos y quienes desobedecían eran castigados. Le Pen –quien pronto cumplirá 96 años- fue sancionado y multado por sus dichos varias veces y condenado a tres meses de prisión condicional por negar los crímenes contra la humanidad.

En los años 80, los electores del Frente Nacional era del 2%, pero con el avance del neoliberalismo thatcherista y la metamorfosis social que generó el entierro del Estado de Bienestar y el colapso de la Unión Soviética, los seguidores de la extrema derecha se multiplicaron, sobre todo entre los desempleados y la clase trabajadora, quienes dejaron de sentirse representados por la socialdemocracia o los referentes de izquierda.

En palabras del historiador italiano Enzo Traverso “los post fascismos surgieron en un contexto global caracterizado por la desaparición de un horizonte de expectativas, el ocaso de las utopías y su pérdida de credibilidad” y con la ideología del mercado como única fuente posible de libertad. El neoliberalismo y los valores de la deshumanización crecieron juntos.

En la década de los 90, el Frente Nacional de Le Pen padre ya contaba con el 5% de votos, pero en las elecciones presidenciales de 2002, saltó al 16%, desplazó al candidato socialista Leonel Jospin y disputó el balotaje con el conservador Jacques Chirac que había sacado tres puntos más, 19%. Fue un anticipo de lo que se venía.

En el nuevo siglo, la prédica de extrema derecha fue penetrado cada vez en sectores más amplios de la sociedad. En la segunda década del siglo XXI esa ideología se expandió hacia América y capturó el poder con las presidencias de Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil. Estas nuevas fuerzas contaban ya con centros de estrategias comunicacionales, think tanks, acaudaladas fuentes de financiación, medios de difusión y una sólida red que trascendía las fronteras nacionales y continentales.

En su libro “Extrema derecha 2.0”, el historiador italiano Steven Forti explica que “la nueva ultraderecha no representa sencillamente unas viejas ideas cubiertas de nuevo ropajes”, si bien hay elementos de continuidad. Para el académico, una de las novedades centrales es “la capacidad para utilizar las nuevas tecnologías digitales que ha permitido a la extrema derecha salir de la guetización del neofascismo y difundir, o mejor dicho viralizar, su discurso y sus ideas convirtiéndolas en aceptables, o más aún, en sentido común para buena parte de la población. (…) Han desarrollado unas estrategias bien definidas para conquistar la hegemonía cultural y política en el mundo occidental”.

Por su parte, Traverso, en su libro “Las nuevas caras de la derecha”, desde otra perspectiva, traza también las diferencias. “En la década de 1930, Benito Mussolini, Adolf Hitler y Francisco Franco prometían un futuro y se mostraban como una respuesta eficaz a la depresión económica (…). El fascismo era un proyecto de ‘regeneración’ de la nación, vista como una comunidad étnica y racial homogénea.En nuestros días la extrema derecha no mira al futuro sino al pasado. Según Traverso, “designa una pureza supuestamente originaria que se debe defender o restaurar contra sus enemigos: la inmigración, la corrupción de los valores tradicionales por parte del feminismo y los grupos de activismo LGBTQI, el islamismo y sus agentes (el terrorismo y el ‘islam izquierdismo’), etcétera”.

Otros ejemplos que basan su relato en una supuesta grandeza nacional del pasado son el del presidente argentino Javier Milei; el estadounidense Donald Trump que quiere hacer a “América Grande Otra Vez”; el primer ministro húngaro, Viktor Orban, que propone el renacimiento de la Gran Hungría (anterior a la Primera Guerra Mundial, incluye en su territorio a Rumania y Ucrania) o la “Iberósfera” de partido extremista español Vox, que quiere hacer renacer el imperio español incluyendo sus colonias en América.

¿Qué tiene que ver el actual proceso de transición hegemónica hacia el multipolarismo –lo que el genial italiano Antonio Gramsci ha llamado “interregno”- o la crisis estructural del neoliberalismo con el reverdecer de los ultras?.

En algunos casos, como el de Ucrania, el rebrote de la extrema derecha está íntimamente ligado a los planes geoestratégicos de Estados Unidos. Es muy conocida la intervención de Victoria Nuland –hoy tercera funcionaria en importancia del Departamento de Estado- en el golpe de Estado o “revolución de colores” que catapultó, en 2014, a los grupos neonazis ucranianos como Pravy Sektor al poder. Nuland -en aquel momento secretaria adjunta para Asuntos Europeos y Euroasiáticos- declaraba abiertamente que Washington financiaba con miles de millones de dólares esos grupos para “promover la democracia” en Ucrania.

En cuanto a una crisis sistémica mayor, esto opina Traverso: “Los precursores del surgimiento de esta oleada neofascista anidan en la crisis de hegemonía de las élites globales, cuyas herramientas de gobierno, heredadas de los viejos Estados-nación, parecen obsoletas y cada vez más ineficaces. (…) Tras varias décadas de políticas neoliberales, las clases dominantes han incrementado enormemente su riqueza y su poder, pero también han sufrido una significativa pérdida de legitimidad y de hegemonía cultural. Estas son las premisas para el ascenso del neo- o posfascismo: por un lado, la creciente ‘caída en el salvajismo’ de las clases dominantes y, por otro, las extendidas tendencias autoritarias que su dominación engendra”.

En esa misma línea, el ex vicepresidente de Bolivia y pensador, Alvaro García Linera, explica que, “cuando las cosas van bien -como hasta los años 2000-, las élites convergen en torno a un único modelo de acumulación y de legitimación y todos se vuelven centristas. (…) Cuando todo eso entra en su declive histórico inevitable, comienzan las divergencias y la extrema derecha comienza a comerse a la derecha moderada”.

¿Hay salida? Sí. Pero la advertencia de García Linera es rotunda. “Cuanto esas izquierdas o progresismos más se comporten de manera miedosa, timorata y ambigua en la resolución de los principales problemas de la sociedad, las derechas extremas más van a crecer y el progresismo quedará aislado en la impotencia de la decepción. En estos tiempos, a las extremas derechas se las derrota con más democracia y con mayor distribución de la riqueza; no con moderación ni conciliación.”

“La izquierda, debe resolver de manera estructural la pobreza de la sociedad, la desigualdad, la precariedad de los servicios, la educación, la salud y la vivienda. Porque, no hay que olvidar, que las extremas derechas son una respuesta, pervertida, a esas angustias. Y para poder realizar eso materialmente, la izquierda tiene que ser radical en sus reformas sobre la propiedad, los impuestos, la justicia social, la distribución de la riqueza, la recuperación de los recursos comunes en favor de la sociedad.”

García Linera entiende lo complejo de este escenario, pero al mismo tiempo advierte que ésa es la salida. “Cuanto más distribuyas la riqueza, ciertamente más afectadas los privilegios de los poderosos, pero ellos van a ir quedando en minoría en torno a la defensa rabiosa de sus privilegios, en tanto que las izquierdas se consolidarán como las que se preocupan y resuelven las necesidades básicas del pueblo. Esa es la manera de derrotar a las extremas derechas, reduciéndose a un nicho, que va a seguir existiendo, pero ya sin irradiación social.”

Es muy probable que, en las próximas elecciones de la Unión Europea en junio, la extrema derecha gane un lugar de importancia como nunca antes. Los monstruos de Gramsci ya están aquí. Es hora de comprometerse. La tarea en defensa de las mayorías y de la democracia es urgente.

Análisis

La hidrovía del rio Paraná: una cuestión geopolítica 

El juez federal Daniel Rafecas rechazó este jueves el pedido para frenar la licitación de la hidrovia del Paraná. ¿Por qué?

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Por Jesús Rivero*

Quizá, porque el congresista republicano Brian Mast, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de EEUU y aliado de Donald Trump habia enviado una carta al Secretario de Estado Marco Rubio alertando sobre una “influencia maligna china» en la puja del contrato.

No es casualidad que esa misma semana el asesor presidencial Santiago Caputo viajó a Washington y se reunió con Mast, Michael Jensen, director senior del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional, y con el embajador argentino Alec Oxenford. La licitación explicita mas grande del ejecutivo de Javier Milei, es una cuestión de geopolítica. 

La hidrovia del rio Paraná-Paraguay es la principal via navegable de exportación Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Por la hidrovia circula el 80% de las exportaciones agroindustriales argentinas, más de 80 millones de toneladas de granos y sus derivados por año.

El contrato que se esta licitando contempla el dragado, redragado, balizamiento y mantenimiento de la via navegable Troncal por 25 años, con inversiones estimadas en 10.000 millones de dolares y una facturación anual de entre 200 y 300 millones. Jan De Nul, la empresa belga que opera el canal desde 1995 compite contra DEME (también belga) que incorporo al fondode inversiones estadounidense KKR, a Great Lakes Dredge y Dock y a Clear Street para fortalecer su oferta con capital norteamericano. Aunque el Gobierno excluyó  de la licitación a empresas estatales extranjeras, lo que dejo afuera a las chinas, no le impide la disputa e influencia del gigante asiático. 

El núcleo de las denuncias sobre la licitación apunta en primer lugar hacia los hermanos Juan, Patricio y Georgi Neuss, amigos de Santiago Caputo. A través de su firma Edison Energía fundada apenas un año antes de empezar a ganar licitaciones, se adjudicaron la concesión de Transener por 300 millones de dólares junto a Genneia, de Jorge Brito (h) y ganaron las concesiones de las represas Alicurá y Cerros Colorados.

Pasaron de tener una sola distribuidora eléctrica en la Patagonia a operar en toda la cadena eléctrica del pais: generación, transporte y distribución.

¿Los Neuss y Caputo, son familia?

Los Neuss financian la Fundación Faro que conducen Agustín Laje y Francisco Caputo, Hermano de Santiago Caputo. Son dueños del Yacht Club donde se organizan cenas para recaudar fondos para La Libertad Avanza. En febrero de 2025 aportaron 35 millones de pesos a la estructura partidaria para las elecciones de medio termino. Y, Servimagnus, el socio local de Jan De Nul esta vinculado al Grupo Román, que también aparece en el mapa de subcontratistas junto a los Neuss.

El otro punto de tensión es de escala geopolítica ya que alertaron a EEUU de una presunta influencia China en la oferta de Jan De Nul. El consorcio liderado por DEME que quedo en segundo lugar en la evaluación técnica traslado a funcionarios de Washington que Servimagnus  el socio local de Jan De Nul  tendría vinculos con empresas chinas a traves de Agrofina y esa conexión representaria “un riesgo para la seguridad nacional de Argentina y Estados Unidos”. Eso describe la carta que Mast envió a Rubio, elevando la cuestión al terreno diplomático. Y, temiendo perder el negocio geopolítico en terminos de intereses de Estados Unidos y violando el derecho internacional en relación a la soberania e intereses del Estado-Nación de Argentina.

Jan De Nul y Servimagnus no se responsabilizan de tales acusaciones en un comunicado que explicita “las referencias que buscan instalar un supuesto vinculo de JDN y Servimagnus con capitales chinos son falsas y malintencionadas». Asimismo respondieron  que DEME habia integrado un Joint Venture con firmas chinas en la licitación corta de la Hidrovia de 2022 y en proyectos en Ecuador

En lo que respecta al Gobierno, se defiende y argumenta que la licitación fue auditada por la UNCTAD y que conto con mesas participativas con exportadores, cerealeras y entidades industriales. 

¿Y Rafecas, para quien juega?

Las denuncias no llegaron solo desde el frente internacional y la oposición. La semana pasada la Procuraduría de Investigaciones Administrativas emitió un dictamen formal ante la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 9 advirtiendo sobre “serías irregularidades en el proceso”.

El organismo señalo ausencia de estudios de impacto ambiental, incumplimiento del Acuerdo de Escazú, falta de participación de las provincias ribereñas,clausulas restrictivas en las impugnaciones,  que exigen una garantía de diez millones de dólares para cuestionar decisiones administrativas y riesgos de direccionamiento del proceso. Fue el tercer informe crítico emitido sobre la licitación.

El diputado nacional Jorge Taiana tomó ese dictamen como base para presentar un nuevo proyecto de resolución en la Cámara de Diputados exigiendo la suspensión inmediata de la licitación. “El Gobierno debe suspender inmediatamente esta licitación y garantizar un procedimiento trasparente», afirmó, Taiana.

Sin embargo el juez Rafecas rechazo el pedido de suspensión cautelar el jueves 21 de mayo. Rafecas coincidio con el dictamen del fiscal Guillermo Marijuan y concluyo que no existen elementos suficientes ni un riesgo concreto que justifique detener el proceso. Con este posicionamiento que no es nuevo, esta claro para quien juega Rafecas.

Hoy, como hace decadas la hidrovia más importante de Sudamérica, responde a los intereses del lobby internacional, como Rafecas, y como Santiago Caputo que corre a dar explicaciones a los dueños de todo. 

*Escritor y activista político militante de Podemos Argentina. (fundador del Frente de Liberación Socialista en Argentina)

 

 

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