Análisis
EEUU terceriza la intervención en Haití
El país más pobre de la región cumple 17 días sin presidente, y 14 años sin elecciones libres. Ante un escenario caótico, los grupos paramilitares detentan el orden, Washington planea un golpe militar sin marines
Por Emiliano Guido
Haití, el país más pobre de la región y el primero en descolonizarse a escala continental, transcurre una nueva severa crisis política. El país caribeño ha registrado en los últimos 20 años eventos catastróficos de forma continua: golpes de Estado, desastres de origen natural que devastaron hasta la infraestructura edilicia gubernamental, intervenciones internacionales colegiadas, suspensión continua de elecciones, y un magnicidio perpetrado por el crimen organizado.
Esa pendiente derivó en la renuncia del primer ministro Ariel Henry a inicios de marzo. A posteriori, una mesa conformada por partidos políticos y observadores neutrales denominada Consejo Presidencial para la Transición de Gobierno intenta sin suerte en las últimas semanas fijar un calendario electoral y una autoridad estatal provisoria. Mientras tanto, el poder de fuego y, por lo tanto la autoridad de orden en la isla, es detentada por una miríada de bandas paramilitares de nebulosas terminales políticas. Haití es un páramo político, un abismo económico. Según la agencia de Naciones Unidas, FAO, la mitad de la población sufre inseguridad alimentaria.
Estados Unidos, su gobierno, ensaya por estos días una respuesta intervencionista arropada en el cinismo. Para no pagar costos políticos y operacionales, el Comando Sur propone que una misión militar africana, es decir de raíces culturales y de piel homónima con Haití, sea la fuerza encargada de estabilizar el orden policial en un país donde, por poner un solo ejemplo, sus edificios penales fueron atacados por las bandas paraestatales, lo que derivó en una fuga masiva de presos.
En foco
El desastre en Haití no arriba a las costas informativas del Cono Sur. La crisis haitiana parece ser un tema lejano al imaginario político argentino, el desinterés de los grandes medios por la situación en Puerto Príncipe evidencia la desconexión de nuestra agenda pública con los temas sensibles del proceso de integración regional.
En conversación con el periodista Marco Teruggi, para el podcast El mundo en Crisis, el analista latinoamericano Lautaro Rivara brindó un interesante análisis que merece ser destacado ya que el especialista residió dos años en la isla caribeña. Según Rivara: “hay que diferenciar entre la criminalidad silvestre de la isla y un fenómeno reciente como la criminalidad políticamente organizada a través de grupos paramilitares. El surgimiento de la última situación coincide con un ciclo de protestas sociales muy fuerte que se desató contra el FMI. En ese momento, un grupo de marines comenzó a desembarcar en Puerto Príncipe con municiones de grueso calibre, esas armas que llegaron en contrabando desde EEUU terminaron en manos de las organizaciones criminales que hoy detentan el poder”.
¿Qué puede pasar a futuro? Estados Unidos observa con preocupación la no constitución de un poder de mando en Haití. A pesar de constituir una plaza de inversión económica muy pequeña para sus intereses, Washington no se olvida de Haití porque es parte de su primer anillo de influencia geopolítica.
En las últimas décadas, la Casa Blanca instrumentó una batería de medidas colonialistas: en el 2004 organizó un golpe contra el mandatario popular Jean Bertrand Aristide, luego coordinó una misión colegiada de intervención vía Naciones Unidas, a posteriori habilitó los maniatados procesos electorales que desembocaron en la asunción del recién renunciado primer ministro.
Ahora, en un insólito giro intervencionista, el Comando Sur busca la cooperación de un socio militar africano para de esa manera conseguir soldados con una idiosincrasia cultural ancestral enraizada con el territorio. Así lo cuenta Teruggi en el podcast citado: “Washington no quiere poner a los marines como mano de obra, busca la presencia de soldados africanos. En los últimos 35 años Haití sufrió 12 misiones internacionales de intervención, Naciones Unidas estuvo entre los años 2004 y 2017. En concreto, el desafío de EE.UU. es encontrar un socio operativo internacional para socializar los costos en un sensible año electoral”.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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