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Gremiales

El Gobierno sigue amenazando con que va a “terminar con Aerolíneas Argentinas”

Los sindicatos enfrentan una presión extrema para aceptar condiciones que ponen en riesgo sus derechos.

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El Argentino Diario-Aerolíneas Argentinas.

Lo que tenés que saber:

  • El Gobierno ratifica su amenaza de cerrar Aerolíneas Argentinas si no se privatiza.
  • Guillermo Francos confirma que no se aceptará una continuidad del modelo actual.
  • La administración busca eliminar beneficios laborales y cuestiona los subsidios a la aerolínea estatal.
  • Los sindicatos enfrentan una presión extrema para aceptar condiciones que ponen en riesgo sus derechos.
  • La oposición al proyecto de privatización sigue en pie en el Congreso, aunque no cuenta con el apoyo necesario.

El gobierno presiona con violencia absolutista contra los trabajadores

El conflicto entre el Gobierno de Javier Milei y los trabajadores de Aerolíneas Argentinas alcanzó un punto crítico. En una actitud de autoritarismo salvaje, el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, ratificó la postura de la administración: “De ninguna manera la situación va a continuar como estaba”. Ante esta afirmación, la amenaza de cerrar la compañía si los gremios no aceptan la privatización parece más que un simple ultimátum: se trata de una decisión tajante que podría dejar sin empleo a miles de trabajadores.

En su intervención, Francos también sugirió que, en caso de que los empleados no acepten la privatización, el Gobierno estaría dispuesto a entregar la empresa a los propios trabajadores, pero bajo condiciones extremadamente limitadas. “El gobierno está dispuesto a avanzar con las propuestas que ya hizo: la privatización o, si los empleados quieren, le entregamos la compañía a los trabajadores y que lo resuelvan. En caso contrario, vamos a ir a la privatización. Si el Congreso no hace la privatización, el Presidente ha sido muy preciso también en esto: vamos a terminar con la compañía, con Aerolíneas Argentinas”.

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Este enfoque, que muchos califican de autoritario, no solo ignora las negociaciones legítimas entre los trabajadores y la empresa, sino que también utiliza la presión y la amenaza de despidos masivos para forzar una decisión que beneficie a intereses privados. La administración de Milei no parece dispuesta a ceder ante las demandas de los empleados, quienes, a su juicio, solo buscan preservar sus derechos laborales y mejorar la productividad de la empresa sin poner en peligro sus condiciones laborales.

El cuestionamiento al subsidio y la carga para el Estado

Uno de los principales argumentos del Gobierno para justificar su decisión es el costo de los subsidios a Aerolíneas Argentinas. Francos afirmó que no es “razonable subsidiar 700 millones de dólares” anuales, especialmente cuando solo un pequeño porcentaje de la población utiliza el servicio de la aerolínea estatal. En este sentido, el oficialismo también cuestionó los beneficios que los trabajadores de Aerolíneas reciben, como los traslados en remis y los pasajes en clase ejecutiva para pilotos y sus familias, beneficios que, según el Gobierno, representan una carga significativa para las arcas del Estado.

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Si bien es cierto que los subsidios son una cuestión relevante, el Gobierno optó por un enfoque simplista que no solo desconoce la naturaleza del trabajo en Aerolíneas, sino que también estigmatiza a los trabajadores al presentarles como responsables directos de una crisis que, en gran medida, fue provocada por la falta de inversiones y la privatización de recursos clave en el sector. De esta forma, la administración libertaria busca forzar un ajuste en las condiciones laborales, sin ofrecer alternativas que no impliquen la precarización y el desempleo para miles de trabajadores.

Una negociación marcada por la intimidación

A pesar de las intensas negociaciones entre los gremios y las autoridades de Aerolíneas Argentinas, la presión ejercida por el Gobierno fue constante. Durante las últimas reuniones, el Ejecutivo les exigió a los sindicatos presentar un plan para reestructurar la compañía, bajo la amenaza de que, si no lo hacían, el Poder Ejecutivo pediría que Aerolíneas entre en un Plan Preventivo de Crisis, lo que podría derivar en su cierre definitivo. Este tipo de medidas representan una forma de chantaje y control que no tiene en cuenta las demandas legítimas de los trabajadores.

Los sindicatos, entre ellos la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), la Asociación Argentina de Aeronavegantes (AAA) y la Asociación del Personal Aeronáutico (APA), han mantenido su postura de seguir negociando. Aunque algunos de sus dirigentes calificaron las reuniones como “positivas”, las tensiones siguen siendo altas, ya que el Gobierno dejó claro que no habrá lugar para un acuerdo que implique el mantenimiento de los beneficios actuales. Por ahora, los gremios se encuentran en una tregua temporal, mientras esperan una respuesta del Ejecutivo.

El proyecto de privatización: una amenaza latente en el Congreso

En paralelo, el Congreso de la Nación discute un proyecto de privatización de Aerolíneas Argentinas impulsado por el diputado del PRO Hernán Lombardi, que ya cuenta con dictamen favorable, pero aún no reúne el consenso suficiente para ser aprobado en la Cámara de Diputados. Mientras tanto, el oficialismo se mantiene enfocado en evitar que otras iniciativas que podrían afectar el proyecto de privatización avancen, lo que incrementa la presión política sobre los sindicatos y la oposición.

Este clima de tensión y amenazas revela la violencia de un modelo económico que no parece tener en cuenta las necesidades de los trabajadores, quienes luchan no solo por sus derechos, sino por la estabilidad laboral y el futuro de una de las empresas más emblemáticas del país. El futuro de Aerolíneas Argentinas sigue siendo incierto, pero lo que está claro es que el Gobierno no está dispuesto a ceder ante la presión de los gremios y opta por imponer una agenda económica que muchos consideran injusta y desmedida.

Energía

El gremio del gas declaró alerta nacional por despidos y tercerización en plena bonanza del sector

La Federación de Trabajadores de la Industria del Gas Natural (FETIGNRA) declaró el estado de alerta nacional y denunció que las empresas distribuidoras y transportadoras del sector están desvinculando a trabajadores con experiencia y reemplazándolos por empresas tercerizadas, en plena etapa de bonanza económica. La crisis institucional en el organismo regulador, con la renuncia sorpresiva del titular del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad, agrava el cuadro.

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Ganancias récord, despidos y tercerización: la doble cara del negocio gasífero.

Ganancias para las empresas, precarización para los trabajadores: la ecuación del gas bajo Milei.

★ En un contexto de rentabilidad extraordinaria para las empresas del sector gasífero, la Federación de Trabajadores de la Industria del Gas Natural de la República Argentina (FETIGNRA) declaró el estado de alerta nacional y repudió los despidos y la profundización de la tercerización que, según denunció la organización, se registran en distribuidoras y transportadoras de gas de todo el país.

El comunicado, emitido este martes, fue suscripto bajo la conducción del secretario general Guillermo Mangone y marca un escalón en la tensión entre los gremios del sector energético y las empresas concesionarias en el marco de la política de desregulación impulsada por el gobierno de Javier Milei.

Rentabilidad empresaria y ajuste sobre los trabajadores

Lo que torna especialmente grave la situación, según la federación, es la contradicción flagrante entre los indicadores financieros del sector y las decisiones de gestión de personal: las empresas atraviesan uno de sus mejores momentos económicos de los últimos años, con balances positivos, aumentos tarifarios autorizados y mejoras sostenidas en sus indicadores financieros, mientras reducen sistemáticamente su planta propia.

La FETIGNRA señaló que esas ganancias no se traducen en inversión en recursos humanos ni en capacitación, sino en la profundización de esquemas de tercerización que sustituyen trabajadores en relación de dependencia por contratistas externos. Según la federación, esta estrategia responde exclusivamente a una lógica de reducción de costos laborales que no tiene correlato en ninguna necesidad operativa ni económica real del sector.

Precarización en un servicio esencial

El gremio advirtió que numerosas tareas históricamente ejecutadas por personal especializado y con años de experiencia están siendo transferidas a empresas que, según la denuncia, emplean trabajadores en condiciones más inestables y, en muchos casos, sin la capacitación técnica adecuada para desempeñar funciones vinculadas a un servicio público esencial como es la distribución y el transporte de gas natural.

La preocupación no se limita al deterioro de las condiciones laborales. La FETIGNRA planteó que la reducción sistemática de personal propio pone en riesgo la calidad del servicio prestado a millones de usuarios y, especialmente, la seguridad de las instalaciones, aspecto crítico en una red cuya falla puede derivar en consecuencias graves para la población.

Control regulatorio en crisis

El alerta gremial coincide con un momento de inestabilidad en el organismo encargado de regular el sector. Néstor Marcelo Lamboglia renunció este lunes al frente del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE), menos de un mes después de haber sido designado. En su lugar asumió el vicepresidente Vicente Serra.

Según informó el medio especializado Econojournal, la salida de Lamboglia se produjo en el marco de una fuerte interna con Marcelo Nachón, vocal del organismo que hasta mayo se había desempeñado como interventor del Enargas. Los conflictos abarcaron la renovación de contratos, el lugar de trabajo, las condiciones edilicias y las marcadas diferencias salariales entre el personal proveniente del ex Enargas y del ex Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE): en el primero, los sueldos más altos llegan a 32 millones de pesos brutos, mientras en el segundo no superan los 8,5 millones. La situación se tornó insostenible cuando Nachón no se presentó a una reunión de directorio convocada para aprobar las subas tarifarias de junio.

En ese contexto, la FETIGNRA cuestionó explícitamente la «pasividad de los organismos de control» ante el avance de la precarización laboral. La disfunción interna del ENRGE, en plena transición institucional, refuerza esa lectura: el regulador que debería supervisar tanto las condiciones del servicio como las obligaciones laborales de los concesionarios está paralizado por disputas internas mientras las empresas avanzan con sus planes de reducción de personal.

Las exigencias del gremio

La FETIGNRA reclamó el cese inmediato de los despidos, la preservación de los puestos de trabajo, el respeto de los derechos laborales adquiridos y la implementación de políticas de capacitación, estabilidad y desarrollo profesional para los trabajadores del sector. En el cierre de su comunicado, la federación planteó que «defender el empleo registrado, la capacitación permanente y las condiciones dignas de trabajo es también defender la seguridad, la calidad y la sustentabilidad de un servicio público esencial para todos los argentinos».

El escenario que describen los trabajadores del gas no es aislado. En los últimos meses, el sindicato petrolero alertó por posibles cesantías en yacimientos convencionales ante la reversión de áreas de YPF, y la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) declaró alerta y movilización por el estado del sector. La lógica de tercerización como herramienta de ajuste laboral en servicios estratégicos se consolida como uno de los rasgos salientes del modelo energético libertario.

Puntos clave:

  • La FETIGNRA declaró el estado de alerta nacional ante despidos y tercerización en distribuidoras y transportadoras de gas.
  • El gremio denunció que los despidos se producen en un contexto de rentabilidad récord para las empresas del sector.
  • Las tareas tercerizadas son realizadas, según el sindicato, por trabajadores sin la capacitación adecuada para un servicio esencial.
  • El titular del ENRGE renunció a menos de un mes de asumir, en medio de una interna que paraliza al organismo regulador.
  • La federación exigió el cese de los despidos y el respeto de los derechos laborales adquiridos.
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