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Política 📢

Vía libre al desguace: Milei avanza con la privatización total de Belgrano Cargas

El Gobierno publicó una resolución que instruyó a la Secretaría de Transporte a rematar material rodante y concesionar talleres y trazas ferroviarias. Las operaciones deberán completarse en un plazo de doce meses.

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El Gobierno nacional formalizó este jueves el inicio del proceso de privatización de la empresa estatal Belgrano Cargas y Logística S.A., responsable del transporte ferroviario de cargas en buena parte del país. La decisión se oficializó mediante la Resolución 1049/2025 del Ministerio de Economía, publicada en el Boletín Oficial, que delegó en la Secretaría de Transporte —bajo el mando de Luis “Toto” Caputo— la ejecución técnica del desguace.

La medida profundizó el camino trazado por el Capítulo II del decreto 695/2024, aprobado tras la sanción de la Ley Bases, que habilitó la privatización total o parcial de 41 empresas públicas. Entre ellas, el Belgrano Cargas fue uno de los primeros objetivos del presidente Javier Milei en su cruzada por desmantelar lo que considera “el Estado elefantiásico”.

A partir de esta normativa, el Estado dejó de ser operador ferroviario de cargas y puso en marcha un paquete de acciones que incluye la venta del material rodante, la concesión de talleres y la licitación de las trazas ferroviarias de las líneas Belgrano, San Martín y Urquiza.

Del remate al desguace: el papel de Transporte y el Banco Nación

La Secretaría de Transporte tendrá a su cargo un inventario del material rodante, su diagnóstico técnico y la definición de los lotes para el remate público, que se realizará a través de la plataforma oficial SUBAST.AR. Las condiciones contractuales y técnicas de la privatización serán supervisadas por la Agencia de Transformación de Empresas Públicas, una unidad creada específicamente para ejecutar los traspasos al sector privado.

Por su parte, el Banco Nación será el encargado de administrar los fondos obtenidos por las subastas. El Ejecutivo aseguró que esos ingresos se destinarán a “obras ferroviarias”, aunque no detalló cuáles ni bajo qué criterios.

Al mismo tiempo, la resolución instruyó a iniciar el proceso de concesión de vías, inmuebles adyacentes y talleres. Si bien las vías seguirán siendo propiedad del Estado, serán operadas por empresas privadas por períodos a definir. Una vez vencidas las concesiones, los bienes “revertirán al dominio público”.

¿Recuperación del sistema o regreso a los ‘90?

Con esta decisión, el Gobierno confirmó que busca reproducir el esquema de privatización ferroviaria que se aplicó durante los años ‘90, cuando las líneas de cargas fueron entregadas en concesión y el Estado se retiró por completo de la operación. Aquella experiencia dejó un saldo de ramales abandonados, pérdida de puestos de trabajo, deterioro de infraestructura y una baja en la participación del tren en el transporte de cargas.

Según datos de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), el ferrocarril de cargas movilizó en 2023 poco más del 5% del total transportado en el país, frente al 15% que alcanzaba en los años ‘70. El sector público —a través de Belgrano Cargas y Logística— había iniciado un proceso de recuperación con inversiones chinas, repatriación de trenes y renovación de tramos clave como Rosario-Tucumán y Salta-Barranqueras.

Organizaciones gremiales y técnicas advirtieron que la privatización amenaza con desmantelar esa incipiente reactivación. La Fraternidad, sindicato que agrupa a los maquinistas, alertó sobre posibles despidos y vaciamiento. “Esta medida no busca mejorar el sistema, sino deshacerse de un actor estatal clave que garantizaba conectividad federal”, señalaron desde la Mesa Coordinadora por la Defensa del Transporte Ferroviario.

El plazo: privatizar todo en un año

La normativa también fijó un cronograma concreto. La Agencia de Transformación de Empresas Públicas tendrá un plazo de 12 meses para coordinar la venta de activos y la licitación de las concesiones. Para eso, deberá solicitar a un banco estatal la valuación de los flujos de fondos futuros de explotación de las líneas, talleres e inmuebles.

El proceso se llevará a cabo mediante las plataformas CONTRAT.AR y SUBAST.AR, herramientas digitales que el Gobierno promueve como símbolo de “transparencia” y “eficiencia”. Sin embargo, expertos del sector ferroviario advierten que un proceso de esta magnitud difícilmente pueda resolverse con eficacia en tan poco tiempo sin comprometer el interés público.

Cultura

“Un disparate fascista”: el Indio Solari, un sujeto político en la Argentina que él mismo cantó

Tomó partido en silencio durante años. Cuando habló, no se guardó nada. Llamó «régimen» al gobierno de Macri, calificó el avance de Milei de «disparate fascista», defendió la vacuna Sputnik con el mismo énfasis con que defendió la soberanía cultural, y recibió el Honoris Causa de la UBA mientras el gobierno nacional le recortaba el presupuesto a las universidades. La de Carlos Solari fue una posición política que no necesitó de militancia para ser inequívoca.

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Las declaraciones políticas del Indio Solari: de llamar “régimen” a Macri a calificar a Milei de “disparate fascista”

Carlos Alberto Solari murió sin haber militado nunca en el sentido estricto del término. Él mismo lo aclaró con precisión cuando aún hablaba en público: «El artista tiene que manifestar a través de su obra y en el estilo está su posición sobre la sociedad. No creo que deba militar. Cuando el artista milita, forma su obra en panfletos, y eso no es rico para nadie en la sociedad.» Lo dijo en mayo de 2023, en una entrevista con La Garganta Poderosa en Nacional Rock. Y a continuación, sin contradicción alguna para él, fue completamente explícito sobre dónde estaba parado.

Esa tensión entre la no militancia formal y la postura política nítida fue una de las marcas más características del Indio Solari en su última etapa pública. Y también fue la que lo convirtió en una voz que el campo popular reivindicó con orgullo y que el establishment mediático observó con incomodidad.

«No vi a nadie de ese régimen complicado con la cana»

La primera gran intervención política de sus años de retiro forzado ocurrió durante la pandemia. En junio de 2021, el Indio dialogó con el periodista Marcelo Figueras en Radio Provincia en el marco de la presentación de su libro «La vida es una misión secreta.» La entrevista, que duró casi dos horas, circuló de inmediato como una declaración de principios.

Sobre el gobierno de Mauricio Macri, fue directo: «No vi a nadie de ese régimen complicado con la cana. Está este Pepín…», dijo en referencia al asesor judicial macrista Fabián Rodríguez Simón, quien en ese momento transitaba un pedido de detención internacional. La palabra «régimen» no fue un desliz: fue la elección de alguien que conoce el peso de las palabras.

Sobre la vacuna Sputnik V y quienes la cuestionaban, fue igualmente categórico: «Hay un montón de gente implicada en delirio. Son casi genocidio esta pelea contra la vacunación y la pelea contra el Gobierno para que sea lo menos riesgosa la pandemia. No puedo entender con qué cara dicen esas cosas.» El hombre que había dedicado décadas a denunciar el totalitarismo mediático en sus canciones, aquí señalaba con nombre propio los medios que, según él, «ponían palos en la rueda» a la gestión sanitaria: «los noticieros de los canales adictos a la locura.»

Esa misma noche de la entrevista, el Indio también completó la frase sobre la vacuna rusa que había esbozado meses antes, en diciembre de 2020, cuando había dicho: «¿Alguien preguntó alguna vez de dónde venían otras vacunas que nos pusimos? Desconfiar de la ciencia rusa es realmente un atrevimiento.»

«Un disparate fascista»: el Indio frente al avance de Milei

Dos años después, en mayo de 2023, con las elecciones presidenciales en el horizonte y Javier Milei acelerando en las encuestas, el Indio volvió a hablar. El escenario fue otro programa afín, La Garganta Poderosa en Nacional Rock. Esta vez no se limitó a criticar al pasado: también nombró el presente y el peligro que veía en el futuro.

«Del otro lado veo un peligro muy grande. Sigo apoyando al kirchnerismo y al peronismo», declaró. Y sobre las dos gestiones de Cristina Fernández de Kirchner, fue cálido y directo: «Yo confío en esta gente en la que en los últimos dos gobiernos la gente vivió mejor y rescató a la clase media de la zanja.» Sobre Milei, la frase que quedó para el archivo fue lapidaria: «El contrincante es una locura, un disparate fascista.»

La calificación no era improvisada. Para el Indio, que había rastreado en sus letras durante décadas los mecanismos del totalitarismo mediático y la alienación social, el ascenso de un discurso de odio organizado representaba algo concreto y reconocible. «Gente que se deja llevar por esas ideas, esa actitud y estilo de vida que tienen. Hacen las macanas, aparecen los Panamá Papers, pero del otro lado no, la chorra es la señora», agregó con ironía, en referencia a la persecución judicial que consideraba fabricada contra Cristina Kirchner.

Su posición sobre la Justicia fue constante a lo largo de esas intervenciones: «Es un disparate todo lo que sucede. Tienen un régimen de amparo social casi parecido al que tenían las Cortes imperiales.»

La coherencia larga: de «Divina TV Führer» a Milei

Lo que el Indio dijo en esas entrevistas no fue una novedad de la vejez. Fue la continuación natural de lo que había cantado durante décadas. «Divina TV Führer», de 1986, describía el totalitarismo de los medios de comunicación de masas. «Preso en mi ciudad» denunciaba que el rock estaba «atrapado en libertad», domesticado por el sistema que juraba combatir. «Todo preso es político» era una declaración que en los noventa nadie leía como metáfora. Las ciudades imaginarias del capitalismo tardío que construyó en «Luzbelito» y «Último bondi a Finisterre» eran cartografías del mismo sistema al que luego, en voz alta, llamó «régimen.»

La coherencia era de fondo, no de forma. El Indio nunca marchó, nunca firmó solicitadas, nunca fue a una conferencia de prensa política. Pero sus canciones describían exactamente el mundo que sus declaraciones repudiaban. Y cuando habló, lo hizo desde ese mismo lugar: el de alguien que observa la sociedad con paciencia y sin eufemismos.

El Honoris Causa como síntesis política

El último acto público de su vida fue, en ese sentido, una síntesis perfecta. El 15 de mayo de 2026, la Universidad de Buenos Aires le entregó el Doctorado Honoris Causa mientras el gobierno de Javier Milei acumulaba un recorte real del 31,6% en el presupuesto de las universidades nacionales, según datos del IIEP (UBA-CONICET). El rector Ricardo Gelpi presidió la ceremonia. El vicerrector Emiliano Yacobitti lo definió como «un referente que hizo de la originalidad una ética.»

La institución que resistía el desfinanciamiento libertario eligió ese momento para reconocer al artista que había llamado «disparate fascista» al gobierno que la asfixiaba. No era solo un homenaje cultural. Era también una declaración política. Y el Indio, que no pudo estar presente pero envió un mensaje grabado, lo sabía.

Con su muerte, la Argentina de Milei pierde la voz del artista popular más convocante de su historia, que no escondió dónde estaba parado. Un hombre que creyó que los de abajo vivían mejor con el peronismo, que el macrismo fue un régimen, que el avance de la ultraderecha era un disparate fascista, y que la universidad pública era un bien que valía la pena defender. Lo dijo en entrevistas escasas, con la misma economía con que manejó toda su vida pública. No necesitó más.

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