Política 📢
Del bombardeo en Plaza de Mayo a la proscripción de Cristina: la larga guerra contra el peronismo
A 70 años del ataque aéreo a Plaza de Mayo que dejó más de 350 muertos y miles de heridos, la historia del odio al peronismo se resignifica en los tribunales. De la masacre con aviones a la condena a CFK sin pruebas: la violencia cambia de forma, pero el objetivo político sigue siendo el mismo.
De las bombas en Plaza de Mayo al lawfare: 70 años de odio al peronismo
El 16 de junio de 1955, la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo en un intento de asesinar a Juan Domingo Perón y derrocar a su gobierno constitucional. Fue una masacre sin precedentes: más de 350 personas murieron, 14 toneladas de explosivos cayeron sobre una plaza repleta de civiles y la violencia golpista inauguró una etapa de persecución sistemática contra el movimiento político con mayor arraigo popular en la historia argentina.
Setenta años después, ese odio fundacional sigue vigente, aunque ya no cae desde el cielo en forma de bombas. Ahora opera en los tribunales, en los sets de televisión, en los escritorios de jueces cómplices del poder económico. La condena a Cristina Fernández de Kirchner en la causa Vialidad, en diciembre de 2022, debe leerse como una nueva forma de proscripción: no por medios militares, sino judiciales; no con aviones, sino con sentencias redactadas a medida.
De la violencia física al lawfare
En 1955, la violencia fue literal: cuerpos destrozados por la metralla, columnas obreras atacadas desde el aire, sangre en las baldosas de la Casa Rosada. Hoy, el aparato de disciplinamiento recurre a una maquinaria más sofisticada, pero no menos letal en términos democráticos. Se trata del lawfare: una estrategia de guerra jurídica que combina jueces, medios de comunicación y servicios de inteligencia para perseguir, desacreditar e inhabilitar políticamente a los líderes populares.
Cristina Fernández de Kirchner fue condenada a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en una causa plagada de irregularidades. La sentencia se basó en supuestos actos de corrupción sin pruebas directas, con una instrucción plagada de arbitrariedades, escuchas ilegales, filtraciones mediáticas y operaciones de prensa. Todo con el mismo objetivo que en 1955: correr del escenario político al peronismo.
Proscribir lo que no se puede derrotar en las urnas
En abril de 1954, Perón arrasó en las elecciones con el 62,5% de los votos. En 2011, Cristina ganó con el 54%. En 2019, encabezó la fórmula que devolvió al peronismo al poder frente a un modelo de ajuste neoliberal. En ambos casos, el voto popular fue la amenaza. Y ante la imposibilidad de derrotarlo democráticamente, se apeló a métodos excepcionales.
La autodenominada Revolución Libertadora que derrocó a Perón instauró la proscripción del peronismo, destruyó símbolos, persiguió a militantes y sindicalistas, fusiló opositores. El lawfare de hoy, con nombres como Luciani, Ercolini o Capuchetti, intenta lo mismo: correr del mapa a quien encarna el liderazgo del campo nacional y popular. No importa si es con bombas o con causas inventadas. La matriz es la misma.
El rol del poder económico y mediático
En ambas etapas, los actores del poder económico jugaron un rol central. En 1955, fue la Sociedad Rural, la jerarquía eclesiástica y sectores de las Fuerzas Armadas los que empujaron el golpe. Hoy son Clarín, La Nación, los grandes grupos empresarios y una parte del Poder Judicial. El objetivo no cambió: restaurar un orden conservador donde el mercado imponga las reglas y el Estado se retire de toda función redistributiva.
En ese marco, el discurso de odio también se recicla. En los 50 se hablaba del “tirano prófugo”. Hoy se construye la figura de la “jefa de una asociación ilícita”. Ayer se la perseguía por dar derechos. Hoy se la condena por haber gobernado con políticas inclusivas. La estigmatización es una constante que atraviesa décadas.
Cristina, como Perón: líder proscripta, símbolo de resistencia
El intento de asesinar a Perón fracasó, pero logró su objetivo meses después. La Revolución Libertadora lo obligó al exilio durante 18 años. Cristina, tras la condena en 2022, anunció que no sería candidata en 2023: “No voy a ser mascota del poder ni candidata a nada”, dijo, denunciando un sistema judicial cooptado. La reacción popular fue inmediata: movilizaciones, vigilias y un grito que resuena desde hace décadas: “Si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”.
Como en los años de la proscripción peronista, la resistencia no se apagó. Los nietos de las víctimas del bombardeo caminan las mismas plazas que sus abuelos. Los hijos de los fusilados de José León Suárez militan en unidades básicas. Y las nuevas generaciones reconocen en Cristina una continuidad histórica: una dirigente que, como Perón, molesta a los dueños del poder porque representa a quienes menos tienen.
Puntos clave
- El bombardeo del 16 de junio de 1955 fue un intento de magnicidio y una masacre contra civiles peronistas.
- La proscripción del peronismo se instaló mediante represión, exilio y fusilamientos.
- Hoy, el lawfare reemplazó a la violencia armada como método de persecución política.
- Cristina Fernández de Kirchner fue condenada e inhabilitada sin pruebas concluyentes.
- El poder económico y mediático actual cumple el mismo rol que el que empujó el golpe de 1955.
- La estigmatización del peronismo como enemigo interno persiste, muta y se adapta al contexto.
- La resistencia popular continúa como hilo histórico frente a la proscripción.
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Gestión
Di Liscia asume en Discapacidad con la mira puesta en las pensiones fraudulentas
El Gobierno oficializó este martes el reemplazo de Alejandro Vilches al frente de la Secretaría Nacional de Discapacidad. El nuevo titular, Pablo Di Liscia, ex presidente del IOMA bonaerense, asume con el mandato explícito de detectar irregularidades en el padrón de pensiones no contributivas y eliminar beneficios otorgados de manera fraudulenta.
La Secretaría Nacional de Discapacidad tiene nuevo conductor. El Gobierno nacional designó este martes a Pablo Di Liscia al frente del organismo con una misión declarada: profundizar la auditoría sobre las pensiones no contributivas por invalidez laboral para identificar y dar de baja aquellos beneficios que fueron otorgados sin que sus titulares cumplan con los requisitos de vulnerabilidad y estado de salud exigidos.
Di Liscia reemplaza a Alejandro Vilches en un organismo que, en los últimos meses, atravesó uno de los momentos de mayor exposición pública de su historia reciente, en el marco del escándalo en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), donde se investigan nombramientos irregulares y presuntos desvíos de fondos. El nuevo secretario llega desde el sector privado y con antecedentes en la gestión pública bonaerense y porteña.
Un perfil técnico con paso por IOMA y el GCBA
Según informó Presidencia, Di Liscia presidió el Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA) de la provincia de Buenos Aires entre 2017 y 2019, organismo que gestiona la cobertura médica de más de 2,2 millones de afiliados. Antes de esa función, se desempeñó como subsecretario de Higiene Urbana y director general de Control de Gestión en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Su trayectoria se completa con más de dos décadas en el sector privado en roles ejecutivos.
El oficialismo presentó ese perfil como una garantía de capacidad técnica para encarar la reorganización interna del organismo. Sin embargo, el recorrido de Di Liscia en el IOMA corresponde a la gestión de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, lo que lo ubica políticamente dentro del espacio PRO, dato que el Gobierno eligió no destacar en el comunicado oficial.
La «eficiencia» como bandera, las personas con discapacidad como variable de ajuste
El Gobierno encuadró el cambio bajo la retórica habitual de la administración Milei: «optimización de prestaciones», «fortalecimiento de mecanismos de control» y «administración eficiente de los recursos públicos». En la práctica, esa narrativa se tradujo, durante toda la gestión libertaria, en recortes sistemáticos sobre el gasto social dirigido a los sectores más vulnerables.
El organismo que Di Liscia heredará acumula una historia reciente de turbulencias. La ANDIS fue el centro de uno de los escándalos más resonantes del año: irregularidades en nombramientos, sospechas de desvíos de fondos y vínculos con el entorno de funcionarios del Ejecutivo nacional. El propio Manuel Adorni, actual Jefe de Gabinete, está siendo investigado judicialmente en una causa donde la ANDIS aparece mencionada como parte de una trama de triangulaciones.
La meta que el nuevo secretario anunció como prioritaria, depurar el padrón de pensiones no contributivas por invalidez, viene siendo ejecutada desde el inicio de la gestión Milei con una agresividad que generó una ola de reclamos judiciales y movilizaciones de organizaciones de personas con discapacidad. Decenas de miles de beneficios fueron suspendidos o dados de baja sin las debidas garantías de audiencia previa, en una práctica que la justicia federal debió frenar en varios casos mediante medidas cautelares.
El argumento oficial de que se trata de eliminar el fraude no está en disputa per se; sí lo están los métodos, la escala y la falta de resguardos para quienes son dados de baja por error, un fenómeno que las organizaciones del sector documentaron reiteradamente. La pregunta que Di Liscia deberá responder en los próximos meses es si viene a corregir esos procedimientos o a acelerarlos.
Lo que tenés que saber
- Pablo Di Liscia fue designado este martes al frente de la Secretaría Nacional de Discapacidad, en reemplazo de Alejandro Vilches.
- Di Liscia presidió el IOMA bonaerense entre 2017 y 2019, durante la gestión de María Eugenia Vidal.
- El Gobierno anunció que su gestión priorizará la auditoría sobre las pensiones no contributivas por invalidez laboral para dar de baja beneficios fraudulentos.
- La ANDIS atraviesa un escándalo judicial por irregularidades en nombramientos y presuntos desvíos de fondos, contexto en el que asume el nuevo funcionario.
- Organizaciones de personas con discapacidad documentaron bajas masivas de beneficios sin garantías previas a lo largo de 2024 y 2025, muchas de las cuales fueron frenadas por la justicia federal.
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