Legislativo
La ley de Milei que podría llevar presas a las Susana Trimarco
Casi 200 organizaciones sociales, de derechos humanos y empresariales alertaron que el proyecto oficialista de regulación del lobby criminaliza la participación ciudadana. El CELS, Poder Ciudadano, Amnistía Internacional y hasta la AmCham cuestionaron un texto que equipara a lobistas corporativos con madres que buscan justicia para sus hijos.
Casi 200 organizaciones sociales, de derechos humanos y empresariales alertaron que el proyecto oficialista de regulación del lobby criminaliza la participación ciudadana. El CELS, Poder Ciudadano, Amnistía Internacional y hasta la AmCham cuestionaron un texto que equipara a lobistas corporativos con madres que buscan justicia para sus hijos.
El proyecto de Ley de Transparencia y Publicidad de la Gestión de Intereses, impulsado por el Poder Ejecutivo de Javier Milei y conocido como Ley de Lobby, comenzó esta semana su debate en las comisiones de Asuntos Constitucionales y Legislación General de la Cámara de Diputados. Lo que el oficialismo presentó como una herramienta de transparencia se convirtió de inmediato en el blanco de un arco inédito de críticas: desde organizaciones de derechos humanos hasta cámaras empresarias, pasando por ONGs, movimientos sociales y especialistas en participación ciudadana. El denominador común de las objeciones es contundente: la norma no regula el lobby corporativo, sino que criminaliza la participación cívica.
Un registro que no distingue entre el poder y los sin poder
El corazón del proyecto es la creación de un Registro Público de Gestores de Intereses, de inscripción obligatoria para toda persona humana o jurídica que realice gestiones ante el Poder Ejecutivo o el Legislativo. La definición es tan amplia que abarca por igual al representante de una empresa minera que busca modificar la Ley de Glaciares y a un grupo de familias de personas con discapacidad que impulsa una emergencia sectorial.
Quienes no se inscriban en el registro enfrentan penas de prisión de seis meses a dos años por «gestión clandestina de intereses». La consecuencia práctica es demoledora: cualquier organización social que se acerque a un legislador sin estar registrada podría quedar expuesta a una acusación penal. «Una ley que equipara a Susana Trimarco con un lobista corporativo no es una ley de transparencia», sintetizó Pablo Secchi, director ejecutivo de Poder Ciudadano, en referencia a la lucha de la madre de Marita Verón para sancionar la ley de trata de personas.
Secchi fue terminante ante las comisiones: el proyecto «ataca a los movimientos ciudadanos de diferentes extractos ideológicos». Mencionó figuras como Juan Carlos Blumberg o María Luján Rey, personas que incidieron en políticas públicas desde el dolor de la pérdida de un hijo, y alertó que obligarlas a registrarse en un sistema de gestión de intereses y presentar informes trimestrales sobre sus actividades «es una ridiculez». Señaló además que el texto también afecta a los partidos políticos, que deberían declarar si se reúnen en reserva con alguna organización de la sociedad civil.
El CELS lo compara con leyes de gobiernos autoritarios
La directora ejecutiva del CELS, Paula Litvachky, fue aún más explícita en su caracterización política del proyecto. «Con este proyecto, el Gobierno pretende restringir la actividad política, el control democrático, la participación social y la libertad de expresión, y darle aún más herramientas de persecución y vigilancia al Estado», declaró. Y puso en perspectiva comparada: «leyes de este tipo avanzan hoy en gobiernos autoritarios de distintos países del mundo».
La observación no es retórica. Las organizaciones que participaron del debate señalaron que el proyecto combina elementos de leyes clásicas de lobbying, como las de Chile, Perú o México, con componentes propios de regulaciones de influencia extranjera aplicadas en Rusia, Hungría, El Salvador y Nicaragua, donde normas presentadas como de transparencia terminaron ampliando las capacidades estatales de supervisión y represión sobre la sociedad civil.
La trampa del «interés extranjero»
Un punto particularmente sensible del proyecto es la exigencia de que cada gestor declare si representa intereses nacionales o extranjeros. Para organizaciones que trabajan en áreas como derechos humanos, transparencia institucional o fortalecimiento democrático, la cooperación internacional es una fuente de financiamiento habitual e indispensable. El texto habilita a la autoridad de aplicación a pedir información extraordinaria a esas organizaciones invocando conceptos como «seguridad interior» o «interés público», sin que el proyecto delimite con precisión esos términos.
Leandro Cahn, director ejecutivo de la Fundación Huésped, advirtió que con esta cláusula el Gobierno «busca asfixiar a las organizaciones de la sociedad civil». Recordó que la cooperación internacional fue determinante para que la Argentina accediera a mejores herramientas sanitarias, desde vacunas hasta antirretrovirales para el VIH. «Hubiera sido prácticamente imposible para muchas de esas personas con VIH acceder al diálogo político con funcionarios y legisladores si esta ley hubiera estado vigente en ese momento», afirmó.
La Red Argentina de Cooperación Internacional (RACI) también expresó su preocupación: el enfoque sobre intereses extranjeros y la incorporación de sanciones penales, indicaron, generan consecuencias directas para organizaciones que trabajan en incidencia pública y cooperación internacional.
Hasta la Cámara de Comercio de Estados Unidos objetó el proyecto
La singularidad del rechazo al proyecto queda en evidencia cuando se observa que hasta la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham), habitualmente alineada con las posiciones del oficialismo, levantó objeciones. Su CEO, Alejandro Díaz, cuestionó la incorporación de sanciones penales en el plenario de comisiones: «un régimen excesivamente punitivo podría generar efectos no deseados, desalentando la participación legítima de las empresas, organizaciones de la sociedad civil u otros actores en la elaboración de políticas públicas». Pidió reemplazarlas por un sistema de sanciones administrativas gradual, proporcional y progresivo.
También cuestionó la disposición que considera a las empresas con actividades de inversión internacional como automáticas representantes de intereses extranjeros por el solo hecho de formar parte de grupos multinacionales.
La Unión Industrial Argentina (UIA), por su parte, reclamó que se incorpore la figura del «beneficiario colectivo» para diferenciar las gestiones que hacen las empresas privadas de las que realizan cámaras que representan a sectores productivos. La directora de Departamentos Técnicos, Agustina Briner, realizó la presentación ante las comisiones.
190 organizaciones unidas contra el silenciamiento
Unas 190 organizaciones suscribieron un comunicado conjunto que resume el núcleo del problema. «El contacto entre una empresa y un funcionario en busca de un beneficio regulatorio o directamente económico no es comparable con el trabajo de una organización que promueve derechos, representa intereses de colectivos, expresa demandas sociales o se dedica al control democrático del poder», sostiene el documento. Y advierte: «equipararlos bajo el mismo régimen de registro, control y sanciones no es neutral: tiene consecuencias políticas serias».
La conclusión compartida por actores tan diversos como el CELS, Poder Ciudadano, Amnistía Internacional, la AmCham y la UIA es que «si formar parte del debate público implica riesgo penal, muchas organizaciones y colectivos organizados van a reducir su actividad». El efecto de silenciamiento, advierten, no es un resultado secundario del proyecto, sino su consecuencia más probable.
Con un cuadro de oposiciones tan amplio, el oficialismo difícilmente pueda reunir las firmas necesarias de sus aliados para conseguir dictamen y llevar el proyecto al recinto el 24 de junio.
Puntos clave
- El proyecto crea un Registro Público de Gestores de Intereses de inscripción obligatoria para toda entidad que gestione ante el Ejecutivo o el Legislativo, sin distinguir entre lobbistas corporativos y organizaciones civiles.
- Quien no se registre puede recibir una pena de prisión de seis meses a dos años por «gestión clandestina de intereses».
- Casi 190 organizaciones firmaron un comunicado que alerta contra el «efecto de silenciamiento» sobre la sociedad civil.
- El CELS comparó el proyecto con leyes de países como Rusia, Hungría, El Salvador y Nicaragua, donde normas similares se usaron para reprimir a organizaciones civiles.
- Hasta la AmCham y la UIA cuestionaron el régimen punitivo del proyecto ante las comisiones parlamentarias.
CABA
Cómo es la ley porteña para refinanciar deudas: qué hay detrás del consenso y qué queda afuera
La Legislatura de CABA aprobó la Ley N° 6.959 con votos de todos los bloques menos La Libertad Avanza. El programa ofrece refinanciación con tasa fija del 35% TNA para familias en mora, en un contexto de endeudamiento récord que el ajuste de Milei construyó mes a mes.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires puso en marcha el Programa de Desendeudamiento Familiar y Personal, creado mediante la Ley N° 6.959, promulgada por el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, el 30 de junio y publicada en el Boletín Oficial el 1 de julio. La iniciativa, que comenzará a operar el 3 de agosto, permite refinanciar deudas en mora por préstamos personales y tarjetas de crédito con una tasa nominal anual fija máxima del 35% y un plazo mínimo de devolución de 24 meses. El proyecto fue impulsado por el legislador peronista Leandro Santoro y contó con el voto de 42 legisladores sobre 60: todos los bloques apoyaron la iniciativa, con la sola excepción del bloque de La Libertad Avanza.
Una ley que nació de la crisis
El programa no surgió en el vacío. Llegó en un momento en que la mora de las familias argentinas alcanzó niveles históricos: 11,5% en los primeros meses de 2026, el registro más alto desde 2004, según datos del Banco Central. Los préstamos personales lideran el deterioro con una morosidad del 14,2%, mientras que las tarjetas de crédito registran un 11,7% de atraso. El trasfondo es conocido: desde diciembre de 2023, los servicios públicos acumularon subas superiores al 525%, el transporte rozó el 900% de incremento y la Canasta Básica Alimentaria exhibió variaciones interanuales del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC. Las familias recurrieron al crédito para cubrir lo que los salarios ya no alcanzaban a pagar. Cuando el crédito tampoco alcanzó, llegó la mora.
Según los propios fundamentos del proyecto aprobado, esta dinámica derivó en «un nivel de fragilidad financiera creciente, especialmente en sectores medios y medios bajos», generada por «el deterioro del poder adquisitivo, el aumento del costo de vida y la mayor utilización del crédito para cubrir gastos esenciales como alimentación, transporte y servicios básicos». La ley no nombra al gobierno de Milei, pero la cadena causal es inequívoca.
Qué ofrece el programa y quiénes pueden acceder
El Banco Ciudad será la entidad ancla del programa y ya confirmó su adhesión. Los demás bancos y entidades financieras reguladas por el BCRA tendrán tiempo hasta el 31 de julio para sumarse. Como incentivo, la ley establece una reducción del 50% en el Impuesto sobre los Ingresos Brutos aplicable a los intereses generados por las refinanciaciones. Las entidades que adhieran podrán ofrecer condiciones mejores que las previstas como piso por la norma, pero no peores.
Para acceder al programa, las personas deberán cumplir con cinco requisitos: registrar deudas originadas exclusivamente en tarjetas de crédito o préstamos personales de entidades financieras bancarias; estar calificadas en la Central de Deudores del BCRA en Situación 2 (atraso de entre 60 y 90 días) o Situación 3 (entre 90 y 180 días) al 1 de junio de 2026; tener ingresos familiares inferiores a 10 salarios mínimos (equivalente en la actualidad a $3.678.000 mensuales); acreditar que las cuotas adeudadas representan más del 30% de los ingresos del hogar; y contar con domicilio real en la Ciudad con una antigüedad mínima de dos años.
Quiénes quedan afuera: el mapa de las exclusiones
La ley establece un conjunto de exclusiones que define los límites del auxilio. No podrán acceder al programa quienes sean propietarios de más de un inmueble; quienes posean vehículos con menos de cinco años de antigüedad (salvo que los destinen a actividades laborales debidamente acreditadas); titulares de embarcaciones, aeronaves o bienes suntuarios sujetos a registro; personas con activos financieros como plazos fijos, bonos o fondos comunes de inversión que excedan el total de la deuda reclamada; y quienes hayan adquirido divisas durante el período en que acumularon las deudas que ahora buscan refinanciar.
Esta última condición tiene un peso político particular: quien apostó al dólar mientras se endeudaba queda expresamente fuera de la red de contención. El diseño apunta a familias que genuinamente no pudieron pagar, no a quienes especularon con el tipo de cambio mientras acumulaban pasivos. La ley también excluye las deudas contraídas con billeteras virtuales o compañías financieras no bancarias, un segmento donde la mora creció con especial intensidad y que, paradójicamente, concentra a los sectores de menores ingresos con menor acceso al sistema bancario formal.
Una línea específica para trabajadores informales
La ley incluye una cláusula que merece atención: el Banco Ciudad deberá instrumentar, a través de Ciudad Microempresas S.A.U., una línea específica de refinanciación para emprendedores y trabajadores no registrados que mantengan obligaciones con esa entidad y registren atrasos de entre 60 y 180 días. Es una concesión a la economía informal, aunque acotada a quienes ya eran clientes del banco público porteño.
Un consenso con asterisco
El respaldo amplio que obtuvo la iniciativa en la Legislatura encubre una tensión de fondo. Jorge Macri valoró la aprobación y la presentó como un logro de consenso, destacando que fue «una propuesta que trabajamos en conjunto entre el Poder Ejecutivo y la Legislatura». Sin embargo, la autoría del proyecto corresponde al bloque opositor: fue el diputado peronista Leandro Santoro quien impulsó la iniciativa, secundado por los legisladores de su bancada Claudia Neira y Alejandro Grillo. El bloque macrista Vamos por Más, que conduce Silvia Lospennato, también votó a favor. El único bloque que rechazó la ley fue La Libertad Avanza, el espacio que a nivel nacional gobierna con el mismo modelo de ajuste que generó la crisis que este programa intenta paliar.
Desde el sistema financiero, fuentes de una entidad bancaria consultadas en reserva por medios especializados reconocieron que la ley «da un marco» útil para las negociaciones, aunque advirtieron que el proyecto original «era mucho más disruptivo» y que se llegó a «una alternativa de consenso con condiciones que los bancos tenemos disponibles». La versión sancionada, agregan las mismas fuentes, es «voluntaria» para las entidades, lo que la diferencia de los proyectos que circulan en el Congreso Nacional, algunos de los cuales incluyen quitas obligatorias y restricciones a la venta de cartera que, según el sector financiero, «generan sobrecostos y pueden traer un efecto contraproducente».
El contexto nacional: más de 30 proyectos esperando en el Congreso
La ley porteña no es un hecho aislado. Se aprobó en un momento en que más de 30 proyectos de refinanciación de deudas familiares aguardan tratamiento en el Congreso de la Nación, como respuesta a la morosidad récord que atraviesa el sistema financiero. El gobierno nacional, mientras tanto, no ha impulsado ninguna medida equivalente. El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, descartó toda intervención estatal al calificar la crisis de pagos como «un proceso de aprendizaje para los bancos». Fue el Banco Nación el que, a fines de mayo, lanzó herramientas propias de refinanciación con tasas de hasta un 65% TNA, lejos del techo fijado por la norma porteña. La CABA, paradójicamente gobernada por el macrismo, terminó ofreciendo mejores condiciones que el gobierno libertario que integra la misma coalición.
Puntos clave
- La Ley N° 6.959 de CABA crea el Programa de Desendeudamiento Familiar y Personal, vigente desde el 3 de agosto.
- La refinanciación se otorgará con tasa fija máxima del 35% TNA y plazo mínimo de 24 meses.
- Pueden acceder familias con ingresos inferiores a 10 salarios mínimos ($3.678.000) y mora de entre 60 y 180 días al 1 de junio.
- La ley fue aprobada con 42 votos sobre 60, con el único rechazo de La Libertad Avanza.
- Quedan excluidas las deudas con billeteras virtuales y fintech no bancarias, donde la mora crece con mayor intensidad.
-
Fútbol & Goles!7 díasBélgica goleó 4 a 1 a EEUU y dejó al Mundial 2026 sin anfitriones
-
Goles! ⚽6 díasEl FBI y fiscales de EEUU investigan las finanzas de la AFA en pleno Mundial
-
Fútbol & Goles!5 díasLa FIFA apuesta por árbitros argentinos en cuartos: Tello en Francia-Marruecos y Oliver en España-Bélgica
-
Celebridades5 díasBizarrap le entregó un premio a Messi y desató la polémica: “Me avisaron ayer”
-
Fútbol & Goles!1 díaMessi tuvo un tenso cruce con el árbitro Pinheiro: “Hablame bien, con respeto”
-
Femicidio5 díasFemicidio en Junín: un hombre denunciado por grooming asesinó a una mujer, secuestró a su hija y fue detenido tras una Alerta Sofía
-
Fútbol & Goles!7 díasFin de una era: España eliminó sobre el final a Portugal y despidió a Ronaldo de los Mundiales
-
Mundial FIFA3 díasEscandaloso penal para Bélgica: el arbitraje eligió favorecer a España
