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Opinión

Nicaragua, política y economía al servicio de las mayorías

«Es un modelo Humanista, social, solidario, comunitario, profundamente democrático en cuanto es participativo, viviente y en evolución, que ha redundado en el bienestar de las mayorías históricamente marginadas», la columna del embajador Carlos Midence para El Argentino.

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Por Carlos Midence*

En Nicaragua, la política y la economía, en términos de gestión gubernamental, están al servicio del bien común. Su objetivo, en estos años de Gobierno Sandinista, ha sido edificar un nuevo y mejor País, tomando como ejes: el resguardo y protección de la ciudadanía plena, el incentivo de la producción, la creatividad y, una justa redistribución de los ingresos.

En este sentido, sabido es que en el panorama internacional actual media una creciente inflación que, en buena medida, es propiciada por el aumento del precio de los combustibles, creando un efecto dominó al dispararse el de otros productos y bienes de consumo, y cuyo pronóstico es que afectará más a las naciones de ingresos bajos. En el caso de Nicaragua, el Gobierno Sandinista, ha enfrentado este incremento internacional por medio de una sostenida política de subsidio, consiguiendo con esto, frenar la inflación en el País. Incluye también, subsidio al gas licuado, producto de primera necesidad en el hogar de las familias nicaragüenses.

Esta medida forma parte de la preocupación constante e integral del Gobierno Sandinista para mitigar el impacto que los precios internacionales de los combustibles pudieran tener en la economía familiar y la de todos los sectores productivos del País.

Esta política económica en defensa y protección del poder adquisitivo del pueblo nicaragüense y los efectos positivos que traen consigo en términos de estabilidad socioeconómica y desarrollo, ha sido una constante en el devenir de la administración Sandinista. Medidas de esta naturaleza, han facilitado transformaciones estructurales, logros y avances en ámbitos esenciales como salud (mejor red hospitalaria de la región), educación, vivienda, seguridad, energía (80 % energía renovable, 99.3 % de cobertura eléctrica), infraestructura (mejor y más segura red vial de la región), erradicación de la pobreza (del 49% al 19%) producción de alimentos (más 80% de lo consumido en Nicaragua se produce en el País) certificado por organismos como la FAO, UNESCO, Foro Económico Mundial, BCIE, entre otros.

Para alcanzar estos resultados, el Gobierno Sandinista, ha diseñado políticas públicas, y puesto en marcha programas e identificado actores y beneficiarios, favoreciendo el interés general del pueblo. Con esto, se ha conseguido ir mucho más allá de la economía occidental y occidentalizada que solo reconoce valor a los objetos materiales y que favorece un crecimiento cuyos ingresos se concentran en pocas manos.

En lo que refiere a la Nicaragua actual, con la puesta en práctica de las anteriores medidas de protección de la economía familiar, se impulsan otras como el fomento del cooperativismo, la complementariedad, la solidaridad, capitalización de los emprendimientos y seguimiento técnico colaborativo, se ha conseguido estructurar un modelo o paradigma económico integral que trabaja para/por/desde el Bien Común. Es un modelo Humanista, social, solidario, comunitario, profundamente democrático en cuanto es participativo, viviente y en evolución, que ha redundado en el bienestar de las mayorías históricamente marginadas y en el conjunto de la organización económica, enfatizando en su potencial transformador, creativo y redistributivo con plena justicia.

*Embajador de Nicaragua. Académico e intelectual. Premio Internacional de Pensamiento y Ensayo Aristóteles y Sial Pigmalión.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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