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Cambio climático

COP26. Comienza a definirse si el mundo puede llegar a 2050 sin emisiones de gases

Líderes de más de 200 países se reunirán entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre en Glasgow en el marco de la Conferencia de la Naciones Unidas por el Cambio Climático.

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Líderes de más de 200 países se reunirán entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre en Glasgow en el marco de la Conferencia de la Naciones Unidas por el Cambio Climático.

Por Claudia Moray*

La comunidad internacional tendrá una nueva cita con la historia. Líderes de más de 200 países se reunirán -entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre- en el Scottish Event Campus de Glasgow, Escocia, en el marco de la Conferencia de la Naciones Unidas por el Cambio Climático (COP26). La pregunta recurrente que se escucha en todo el planeta es por qué Glasgow es la cumbre ambiental más importante desde la realizada en París en 2015. La respuesta es básica: llegó la hora de la verdad. Según el Tratado internacional suscripto en París hace 6 años, los países que firmaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) deben presentar lo que se denomina “Contribución Determinada a Nivel Nacional” (NDC, por sus siglas en inglés). Traducido a un lenguaje llano, cada país deberá explicar cómo harán para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero, para así poder cumplir con el objetivo del Acuerdo de París que es lograr que el calentamiento no sobrepase los 2 °C por encima de los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar aún más el aumento de la temperatura a 1,5 grados centígrados. En verdad, El Acuerdo de París estableció que los planes de reducción de emisiones se debían presentar cada 5 años, pero la pandemia del Covid-19 retrasó un año el “deadline”.

¿Cómo llega el planeta a la cita de Glasgow? En agosto pasado la humanidad ha recibido una alerta roja sobre la responsabilidad que le cabe en el calentamiento global, según el último informe que forma parte de la sexta evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), el cual será clave en las discusiones de la próxima Conferencia de las Partes (COP 26), donde habrá que decidir cómo intensificar los esfuerzos ante la imperiosa necesidad de reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Esta reducción tiene que ser continua para evitar superar el grado y medio del incremento de temperatura. Hoy, el planeta ya ha aumentado 1,1ºC medido con respecto al período 1850-1900 y nos quedan sólo 9 años para poder alcanzar este objetivo virtuoso. Aunque ya convivimos con algunas consecuencias todavía estamos a tiempo.

POR ESO EL ÉXITO DE LAS DECISIONES QUE SE ADOPTEN EN GLASGOW, VA A ESTAR RELACIONADO FUNDAMENTALMENTE CON CUATRO ASPECTOS:

1) Para poder aplicar plenamente el Acuerdo de París es necesario que los gobiernos concluyan con los temas que han quedado pendientes como el Artículo 6, único sin reglamentar, que regula los mercados de emisiones y que es una de las partes más polémicas de consensuar. También quedaron por definirse cuestiones del marco de transparencia.

2) Que se cumplan las promesas hechas a los países en desarrollo, de parte de los países desarrollados, que son los que han contribuido más a la problemática y, por lo tanto son los que deben movilizar cien mil millones de dólares anuales para financiación climática.

3) Es trascendental que todos los países disminuyan las emisiones y aumenten la ambición climática, especialmente en lo que respecta a la adaptación y al aumento de la resiliencia a los impactos del cambio climático.

4) Y, desde ya, que no se deje de lado ninguna voz. Aunque la pandemia plantea desafíos, esta crisis climática exige una mayor participación ciudadana en la adopción de políticas climáticas. Lograr ser una unidad, con un objetivo común. Glasgow abre una puerta enorme para la cooperación entre la acción de las naciones y las organizaciones de la sociedad civil.

Por otro lado, si las negociaciones fracasan, la temperatura media mundial seguirá aumentando, pudiendo llegar hasta los 3ºC o incluso, en el peor de los escenarios, a los 4ºC, en comparación con la era preindustrial. Bajo este paraguas global, la Argentina llega a esta COP26, buscando una “unidad climática” de América Latina. El reclamo central a los países en desarrollo es, como se mencionó anteriormente, el de solicitar más fondos para adaptarse a los efectos climáticos. Bajo el marco de una “Justicia Social Ambiental” que involucre a la región entera.

Hoy América Latina a nivel global representa el 7% de las emisiones mundiales de los gases efecto invernadero, pero según este último informe del IPCC, que es la voz de los científicos, nuestra región podría resultar una de las más afectadas por el cambio climático. Tan es así, que 2020 fue uno de los tres años más cálidos de toda la historia en América Central y en el Caribe; y en América del Sur fue el segundo más cálido desde que existen mediciones científicas. Los registros no hacen más que certificar lo que vemos y sentimos a diario. Los eventos climáticos cada vez son más extremos.

El año pasado Argentina estuvo prácticamente en llamas, 15 provincias fueron afectadas por los incendios. Y 2021 continúa con la misma tendencia. Es necesario un rápido abandono de los combustibles fósiles -hidrocarburos como el petróleo y el gas, además del carbón- para lograr disminuir en al menos un 45 % las emisiones de gases de efecto invernadero al 2030 y poder llegar a la meta de ser carbono neutrales al 2050, es decir, una tasa de cero emisión.

Prácticamente ningún país de Latinoamérica está en línea con esa meta. El único país que se destaca es Costa Rica, que presentó oficialmente una estrategia de “descarbonización” a largo plazo y que incluye al sector energético. Cuando observamos que China es el mayor emisor con un 25% o que Estados Unidos (el mayor emisor histórico) le sigue con el 16%, las emisiones de Argentina (0.7% a nivel global) parecen “pocas”. Pero si lo vemos a nivel regional, Argentina está tercero en el ranking de países emisores. Esto implica qué, si bien la Argentina está en el puesto 29 a nivel mundial entre los países con más emisiones de gases, a nivel América Latina estamos en un preocupante tercer puesto. Acercamos la lupa y lo medimos “per cápita”, o sea cada vez ir acercándonos más al fondo del problema, ya la emisión es de ocho toneladas de dióxido de carbono, igual a lo que emite un europeo, pero en un territorio mucho más grande que disipa la concentración.

Como participante de las COPs anteriores, siempre recibo una pregunta recurrente: ¿cuál es el problema ambiental más preocupante para la Argentina? Mi respuesta es clara y contundente: el problema ambiental más acuciante, no solo para la Argentina sino para el mundo, es el calentamiento global, porque un ligero incremento en la temperatura puede ser devastador para la producción de cultivos, la salud humana y la productividad laboral, al generar fenómenos meteorológicos ambientales extremos, lo cual agrava y magnifica las desigualdades existentes entre las personas así como entre los países. Afecta a los más vulnerables, quienes no están en condiciones de afrontar los efectos adversos. Por eso Glasgow comenzará a definir cómo será la vida de la humanidad en los próximos treinta años. Ni más ni menos.

* Claudia Moray es especialista en Derecho Ambiental, acreditada en la COP26 de Glasgow.

Cambio climático

El Niño recién comienza: cómo sigue el clima en la Ciudad

La Organización Meteorológica Mundial confirmó que el fenómeno alcanzará su punto máximo en diciembre y se extenderá hasta mediados de 2027. En la región pampeana, expertos advierten que las obras hidráulicas no alcanzan si no hay planificación urbana, gestión del riesgo y un Estado presente.

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Temperaturas superiores a la media en gran parte del planeta, alteración de las pautas de precipitación y un riesgo creciente de sequías e inundaciones en diversas regiones: ese es el escenario que proyecta la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para los próximos meses. El organismo confirmó este jueves que el fenómeno El Niño seguirá intensificándose antes de alcanzar su punto álgido en diciembre de 2026 y que sus efectos se prolongarán durante los primeros tres o cuatro meses de 2027.

La información surge del boletín mensual de la OMM correspondiente al trimestre octubre-noviembre-diciembre, publicado el 8 de octubre de 2026. El episodio se desarrollará en su fase catalogada como «muy fuerte», con temperaturas superficiales del océano Pacífico que escalarán a niveles récord, sobre todo en su sector tropical y oriental.

Un fenómeno que ya condiciona economías y ecosistemas

Desde la OMM advirtieron que este Niño «influirá en los patrones climáticos y tendrá un impacto en las economías, los ecosistemas y las comunidades de todo el mundo«. La advertencia no es menor para una Argentina que históricamente alterna entre la sequía extrema y las inundaciones devastadoras según el ciclo climático dominante. La fase muy fuerte del fenómeno implica que ninguna región del país puede descartar impactos severos en su sistema productivo y en la vida cotidiana de sus comunidades, desde el norte subtropical hasta la Patagonia.

La región pampeana: mucho más que una cuestión de obras

En ese marco, el investigador de la Fundación Tejido Urbano, Matías Araujo, planteó una lectura que va más allá de la obra hidráulica. Araujo señaló que las inundaciones son un fenómeno recurrente en buena parte de la región pampeana, pero que sus consecuencias dependen de múltiples factores que exceden la cantidad de lluvia: la exposición de la población, las condiciones previas de vulnerabilidad y la capacidad institucional para prevenir, responder y recuperarse.

«Las obras hidráulicas pueden contribuir a reducir la amenaza, pero no eliminan por sí solas el riesgo», sostuvo Araujo. Y amplió el diagnóstico: «La expansión urbana sobre áreas inundables, los cambios en los usos del suelo, la pérdida de superficies de amortiguación y las condiciones socio-habitacionales también inciden sobre la magnitud final del impacto». La misma precipitación no produce el mismo daño en todos los territorios: los barrios populares construidos sobre humedales rellenos, los asentamientos sin saneamiento formal y las zonas con déficit habitacional acumulan una vulnerabilidad que ningún canal alivia.

Araujo fue contundente al señalar que el impacto de una inundación continúa mucho después de que el agua baja. «La pérdida de viviendas, bienes e ingresos puede generar efectos prolongados sobre los hogares, especialmente entre aquellos con menor capacidad de ahorro o protección. Al mismo tiempo, el Estado debe reconstruir infraestructura, reponer servicios y destinar recursos extraordinarios a asistencia y recuperación», advirtió.

Sin Estado presente, no hay solución técnica que alcance

La propuesta del investigador es integral: combinar infraestructura hidráulica tradicional con reservorios, áreas de amortiguación, superficies permeables y soluciones basadas en la naturaleza, pero también intervenir sobre el crecimiento urbano, proteger áreas de reserva y evitar que continúe creciendo la exposición de población e infraestructura en zonas inundables. La ecuación no cierra si el Estado se retira del territorio.

A esto se suma una dimensión institucional que en el contexto de ajuste libertario adquiere una carga política concreta: la necesidad de contar con monitoreo hidrometeorológico, mapas de riesgo actualizados, sistemas de alerta temprana, ordenamiento territorial, Defensa Civil activa, planes de emergencia y mecanismos de coordinación entre municipios, la Provincia y los organismos de cuenca. Ninguno de esos recursos se sostiene con un Estado desfinanciado y desguazado.

Lo que tenés que saber de “El Niño”

  • La OMM confirmó que El Niño alcanzará su pico máximo en diciembre de 2026 y se extenderá hasta el segundo trimestre de 2027.
  • El episodio se desarrollará en fase «muy fuerte», con temperaturas superficiales del Pacífico en niveles récord.
  • El fenómeno eleva el riesgo de sequías e inundaciones en la Argentina y altera los patrones de precipitación a escala global.
  • El investigador Matías Araujo advirtió que la vulnerabilidad social y la expansión urbana sobre áreas inundables determinan el impacto real de las lluvias, más allá de las obras.
  • La respuesta efectiva requiere planificación estatal integral: no solo infraestructura, sino también ordenamiento territorial, sistemas de alerta y protección de los sectores más expuestos.

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