CABA
“Nunca usó drogas y jamás cometería un suicidio”
Así lo dijo el papá de Emmily Rodrigues, la modelo brasileña que hace tres semanas murió al caer al vacío del departamento del empresario Francisco Sáenz Valiente.
El padre de Emmily Rodrigues Santos Gomes, la modelo brasileña que hace tres semanas murió al caer al vacío del departamento del empresario Francisco Sáenz Valiente, en el sexto piso de un edificio del barrio porteño de Retiro, aseguró hoy que su hija no consumía estupefacientes y que “jamás cometería un suicidio”.
Se trata de Arístides Da Silva Gomes, abogado y padre de la víctima, quien encabezó este mediodía junto a una docena de amigas y allegadas a Emmily, un acto frente a la embajada de Brasil sobre la avenida Cerriro al 1300, en pleno microcentro porteño, para pedir justicia y el esclarecimiento de la muerte de su hija.
“Tenemos la certeza absoluta de que ella jamás cometería un suicidio. Era una chica alegre, feliz, con sueños y con un objetivo de vida. No tiene sentido”, dijo Gomes en diálogo con Telefé Noticias.
Sobre la liberación del único detenido que tuvo la causa, el empresario del agro Francisco Sáenz Valiente (52), el papá de Emmily opinó: “Considero que todavía faltan muchas pericias. Lo ideal sería que lo mantengan encerrado”.
A su vez, negó que su hija tuviera contacto con estupefacientes, al afirmar que Emmily “nunca usó drogas”.
Con pancartas y carteles que reclamaban “Justicia por Emmily” o que apuntaban contra algunas de las testigos que estuvieron la noche del hecho con la víctima, un grupo de allegadas a la víctima también pidió que el caso sea esclarecido y la intervención de las autoridades diplomáticas en la causa.
Por decisión del juez de la causa, Martín Del Viso, Sáenz Valiente recuperó el miércoles pasado por la madrugada su libertad por «falta de mérito» tras pasar 20 días detenido en la Alcaidía 4 Bis Anexo de la Policía de la Ciudad, en el barrio de Barracas.
Al empresario minero y del agro se lo acusó al ser indagado de los delitos de «femicidio, facilitación de estupefacientes y tenencia ilegal de arma» (por el secuestro en su domicilio de una escopeta sin los debidos papeles), pero el juez Del Viso sostuvo que no había aún elementos suficientes que incriminen al acusado y que debía continuar la investigación.
«Las constancias incorporadas a la causa hasta este momento no han permitido arribar al estado de certeza exigido para dictar un auto de mérito, resultando necesario la profundización de la pesquisa con el objeto de determinar lo que realmente sucedió en el interior del piso 6to. del edificio emplazado en la calle Libertad 1542», escribió el juez en su resolución.
Tanto la querella de los padres de la víctima, representada por el abogado Ignacio Trimarco, como los fiscales de la causa, Santiago Vismara, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional 10, y Mariela Labozzetta, de la Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM), anticiparon que van a apelar la falta de mérito y la libertad del empresario.
Como medidas restrictivas, el juez le prohibió a Sáenz Valiente la salida del país, también acercarse a los padres de la víctima o a los testigos del caso, le impuso la obligación de asistir cada 15 días a la sede del tribunal y fijar un nuevo lugar de residencia, es decir, que mientras se desarrolle el proceso, no podrá volver a vivir en la casa donde ocurrió el hecho.
La noche del miércoles 29 de marzo último, Emmily fue a cenar al restaurante Gardiner de la Costanera Norte con su amiga Juliana Magalhaes Mourao y de allí fue al bar Isabel de Palermo donde se encontró con otra amiga, Dafne Gutiérrez Santana.
A las 3.21 de la madrugada del jueves 30, las tres fueron en la camioneta de Emmily (una Jeep Compass propiedad de su novio) al departamento de Sáenz Valiente, en el sexto piso del edificio de la calle Libertad 1542, en Retiro, donde ya se encontraba una cuarta mujer, Lía Figueroa Alves, amiga del imputado.
De acuerdo con los investigadores, tras una madrugada de excesos con ingesta de alcohol, marihuana, cocaína y «tuci» -potente droga de diseño que combina los efectos alucinógenos del LSD con los eufóricos del MDMA-, Rodrigues sufrió un aparente brote psicótico y a las 9.18 terminó cayendo por una ventana desnuda al patio interno del pulmón de manzana del edificio, cuando en el departamento solo estaban Sáenz Valiente y Magalhaes Murao, en una muerte que la Justicia intenta dilucidar si se trató de un femicidio o de un suicidio en el marco de algún tipo de ingesta de estupefacientes.
Si bien se aguardan pericias complementarias, la autopsia concluyó que la muerte fue producto de «politraumatismos» y «hemorragias internas y externas» compatibles con la caída del sexto piso y descartó lesiones defensivas previas a la caída o signos de un ataque sexual.
CABA
Macri criminalizó las amenazas escolares mientras el país busca solución a una crisis sin precedentes
El jefe de Gobierno porteño calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad. El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.
Macri calificó las amenazas en escuelas como delito en medio de una crisis de violencia sin precedentes
★ El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, convocó este martes a una conferencia de prensa en la sede del Ejecutivo porteño, en la calle Uspallata 3160, para trazar un diagnóstico oficial sobre la ola de amenazas de tiroteos en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.
Flanqueado por sus ministros y el fiscal general porteño, Macri fue categórico: «No es una broma pesada, es un delito». La declaración llegó en medio de una crisis de violencia escolar que sacude a todo el país desde el trágico tiroteo en San Cristóbal, Santa Fe, ocurrido el 30 de marzo pasado.
El punto de partida: San Cristóbal y el efecto dominó
La crisis tiene un origen concreto y devastador. Ese 30 de marzo un adolescente de 15 años, identificado por la justicia santafesina con las siglas G.C., ingresó a la Escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal con una escopeta calibre 12/70 oculta en su mochila y abrió fuego. Ian Cabrera, de 13 años, murió. Otros ocho estudiantes resultaron heridos. Un portero del establecimiento evitó una masacre aún mayor al desarmar al agresor.
Lo que siguió no fue una crisis aislada sino una ola. En días posteriores, cientos de escuelas en al menos doce provincias, que incluyen la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Neuquén, Entre Ríos, La Pampa y Tierra del Fuego, recibieron mensajes intimidatorios con una frase que se repetía casi con calcomanía: «Mañana tiroteo. No vengan». El Departamento Judicial de San Isidro llegó a recibir entre 500 y 600 denuncias en apenas 72 horas.
La subcultura detrás de las amenazas
La investigación judicial en San Cristóbal reveló una dimensión que excede el fenómeno viral. La Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) detectó a abril de 2026 la existencia de al menos 7 expedientes judiciales en Argentina vinculados a episodios con características similares, todos relacionados con la llamada True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que idealiza y promueve masacres escolares. En los dispositivos confiscados a adolescentes detenidos por las amenazas se encontraron grupos de mensajería en los que se compartían imágenes y conversaciones de extrema violencia.
El propio jefe de Gobierno porteño reconoció que «muchas de estas situaciones nacen de tendencias en redes sociales» y convocó al diálogo familiar como primera línea de respuesta. La frase, aunque correcta en su diagnóstico, expuso la fragilidad institucional frente a un fenómeno que desborda los marcos tradicionales de intervención escolar y policial.
Operativos en todo el país: mochilas, allanamientos y conferencias
La respuesta de las distintas jurisdicciones fue heterogénea. En Puerto Madryn se realizaron allanamientos contra dos menores de 16 años imputados por intimidaciones; en Salta se revisaron más de 400 mochilas en un solo colegio; en Tucumán se intensificó la presencia policial en las puertas de los establecimientos; en Corrientes, varios colegios recibieron a sus alumnos sin mochila para agilizar los ingresos; y en Misiones, el Ministerio de Educación provincial lanzó materiales específicos dirigidos a familias y equipos directivos para fortalecer la detección temprana de situaciones de riesgo.
En la Ciudad de Buenos Aires, la central docente UTE emitió un comunicado en el que advirtió que las amenazas «constituyen una señal de alarma que debe interpelarnos como sociedad» y subrayó que «la escuela sola no puede» hacer frente a esta problemática. El texto reclamó al Estado una intervención urgente y estructural.
La paradoja de la respuesta institucional
La paradoja de fondo es que las instituciones no pueden ignorar las amenazas, pero cada reacción visible le confirma al imitador que su acción tuvo efecto. Alcanza con que sea creíble para activar las alarmas. Un mensaje de WhatsApp puede suspender clases, movilizar a las fuerzas de Seguridad y alterar la vida de cientos de estudiantes y escuelas.
En ese sentido, la conferencia de Jorge Macri, aunque pertinente en su encuadre jurídico, fue también parte de ese mecanismo de amplificación. La declaración de que se trata de un delito, respaldada por la presencia del fiscal general porteño, señaló una orientación punitiva que no responde por sí sola a las causas estructurales: la crisis de contención en las aulas, la fragmentación del tejido social en un contexto de ajuste brutal sobre el sistema educativo público y la expansión sin control de comunidades digitales radicalizadas entre adolescentes vulnerables.
Puntos clave:
- El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad.
- El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.
- Las amenazas se extendieron a cientos de establecimientos en al menos 12 provincias argentinas, con una frase casi idéntica: «Mañana tiroteo. No vengan».
- La justicia santafesina y la SAIT vincularon el fenómeno con la True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que exalta las masacres escolares.
- Los operativos incluyeron allanamientos, revisión de mochilas y refuerzo policial en múltiples jurisdicciones, con al menos una decena de adolescentes imputados a nivel nacional.
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