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Vacío legal en la normativa de identidad de géneros

Obtuvo su partida de nacimiento sin identidad de género, pero no puede acceder al DNI ni a un pasaporte.

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Cy reside en el exterior y consiguió que el registro civil de Misiones emitiera una partida de nacimiento donde no se consigna su género, pero ese reconocimiento legal no le permite aún obtener documentos y le imposibilita realizar «una infinidad de trámites»: desde pedir una visa de trabajo a firmar contratos o viajar.


Cy en Berlín ley 26.743 de identidad de género.

Cy es la primera persona argentina residente en el exterior que consiguió que el registro civil de su provincia emitiera una partida de nacimiento donde no se consigna su género, pero ese reconocimiento legal no le permite aún obtener su DNI y pasaporte, por lo que está en Berlín, Alemania, en una situación «grave», informaron profesionales de Abogadxs por los Derechos Sexuales (AboSex).

El 30 de junio último, el registro civil de Misiones emitió «la primera partida de nacimiento tramitada desde el exterior que no consigna sexo, reconocimiento legal que es un logro alcanzado por Cy, con acompañamiento legal de AboSex», destacó la organización.

«El 7 de julio, desde la Embajada Argentina en Berlín, Cy solicitó que el Estado argentino le respete y garantice su no conformidad con ningún género del binario masculino-femenino, de acuerdo a su identidad de género autopercibida, amparada por la ley 26.743», contó Alejandro Mamani de AboSex. Pero «al día de la fecha no tuvo respuesta y su situación es grave», confirmó.

Desde Berlin, Cy contó vía e-mail: «Soy una persona sin género y uso pronombres neutros. En inglés, they. En español y alemán, solo mi nombre».»Trabajo haciendo desarrollo Frontend (aplicaciones y páginas web) en la industria de tecnología. El año pasado trabajé en una aplicación para denunciar acoso laboral y también di una charla sobre interfaces de usuario sin género en Uruguay», añadió.

«Como bien dijo el Presidente de la Nación, que este Gobierno es para todas, todos y todes y que ha venido a escuchar a los que antes no escuchaba, es clave obtener una respuesta efectiva que otorgue la documentación correspondiente con urgencia. se trata de garantizar el derecho a la identidad, y a nosotres eso nos cambia la vida».

Cy, de 36 años, es parte de la comunidad de gente no binaria en Berlín. «Nuestro objetivo es crear un espacio para reunirnos, intercambiar, tejer redes, apoyarnos mutuamente y luchar por nuestros derechos», explicó.

Y confirmó lo dicho por Mamani: «Yo presenté el pedido de DNI el 7 de julio pasado en la Embajada Argentina en Berlín, pero aún no tuve respuesta del Renaper. Hasta el día de hoy ninguna persona que hizo el cambio registral en Argentina tiene DNI».

Mamani resaltó que en Argentina «hay al menos 10 personas en la misma situación de Cy», es decir, que lograron que no se consigne su género en la partida de nacimiento pero no han obtenido sus nuevos DNI.

En tanto, Emiliano Litardo, del equipo de AboSex, opinó que «así como se declara la identidad de género puede también no declararse y lo que se declara puede ser un sexo del espectro mujer-varón como otra identificación que se afirme autónomamente. Ninguna de estas posibilidades restringe derechos de terceras personas ni pone en peligro los términos de la seguridad jurídica de ningún instituto».

Para Cy, no tener DNI y pasaporte implica «no poder hacer infinidad de trámites: desde pedir visas de trabajo, firmar contratos y viajar, hasta lo más cotidiano como pagar con tarjeta, usar una cuenta de banco, buscar un paquete al correo, firmar un contrato de alquiler, tener servicios a mi nombre».

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Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.

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Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”

El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.

Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.

Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia

La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.

Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.

Construir un problema inexistente

La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.

Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.

Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.

El miedo como política pública

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:

  • Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
  • En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.

En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.

La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.

Convenciones internacionales vulneradas

La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.

Mencionó dos marcos normativos clave:

  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
  • Convención de Belém do Pará

Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.

Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.

Datos incómodos para el oficialismo

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.

Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.

Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad

El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:

  • Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
  • Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
  • Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
  • Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.

En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.

Una disputa de fondo: voz o silencio

Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.

Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.

Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.

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