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El Marginal desde la mirada de un preso: «morbo e hipocresía al palo»

Alberto Sarlo es fundador de la Editorial Cartonera Cuenteros, Verseros y Poetas, sita en la Unidad de Máxima Seguridad N° 23, Pabellón N° 4 de Florencio Varela, desde 2010 trabaja alfabetizando a los internos y busca poner en tensión el alcance final de un producto cultural como la serie.

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Por Alberto Sarlo.

Llevo más de 12 años alfabetizando, enseñando filosofía, literatura y boxeo dentro de un pabellón de población del Complejo Carcelario más sanguinario y hacinado del país como lo es el Complejo Florencio Varela.

Mi experiencia docente no la realizo dentro de la Escuela de la prisión, sino que se produce dentro del pabellón de población y sin presencia de ningún personal penitenciario. Un Pabellón de Población en la jerga carcelaria y para la visión clasista de nuestras autoridades, es lo más bajo entre los detenides, el descarte del descarte.

«Léase cárcel como eufemismo de lo que yo llamo «centro de tortura».

Allí es donde, sin aceptar dinero ni donaciones de nadie, más de mil alumnos ex analfabetos han logrado leer a Borges, a Shakespeare, a Derrida, a Platón, a Nietzsche o a Kant, para luego publicar más de 32 mil libros que hemos regalado en el conurbano bonaerense.

En esos 12 años fui partícipe o testigo directo de discusiones, peleas, motines, negociaciones, huelgas y muertes. Más de 15 compañeros/alumnos/docentes que han pasado por el Pabellón 4 han sido asesinados por el Estado Provincial en lo que llevo de militancia. Por todas esas razones es que creo que algo de conocimiento directo tengo sobre los centros de detención.

En estos momentos, los medios de comunicación de todo el abanico mediático – progres, conservadores, fachos o Nac&Pop-, están promocionando a cuatro vientos la cuarta temporada de la serie «El Marginal», serie que gira en base a las aventuras y desventuras de un grupo de presos, de penitenciarios, de funcionarios malvados y de «hombres de trabajo», en relación al mundo de la cárcel (léase cárcel como eufemismo de lo que yo llamo «centro de tortura»).

Críticos, cinéfilos y artistas parecen coincidir unánimemente en la excelencia de este producto comercial que puede verse en la actualidad en Netflix, una empresa de plataforma de streaming que posee un valor de mercado cercana a los 300 mil millones de dólares (cotización aún más alto que la de Walt Disney Company).

La serie «expone un falso realismo que abona un sentido común racista y etnocéntrico».

Más allá del talento de muchos actores que realmente demuestran sobradas dotes profesionales, es llamativo el escaso análisis integral que se ha hecho sobre dicha serie que posee una producción millonaria, la cual pretende alcanzar un alto grado de realismo, con imágenes de alto impacto en materia de escenas de violencia explícita.

La primera temporada de «El Marginal» se estrenó en 2016 con ratings altísimos y repercusiones mediáticas similares a las de la actualidad. Desde dicha fecha a la actualidad han muerto más de 2000 preses en las cárceles argentinas, fruto del hacinamiento, la violencia institucional y las torturas estatales.

En ese período de tiempo se han realizado más de 200 mil denuncias por tortura institucional, sin resultado alguno. Tan sólo en el año 2020 se han relevado más de 34.500 casos concretos de tortura y han muerto 178 preses en los centros de tortura bonaerenses (en la provincia de Buenos Aires muere un preso cada dos días segun informe de la Comisión Provincial por la Memoria en 2021).

En base a lo expuesto, mi rechazo intelectivo hacia la serie no gira en negar la muerte y la violencia, ya que mi voluntad esta dedicada casi exclusivamente a denunciar la misma desde hace más de una década. Mi crítica pasa porque precisamente la serie en vez de conjurar la tortura, la muerte y la corrupción, las realza al compactarla en una lata comercial inverosímil, donde, sin matices ni gradaciones, nos bombardea con metralla formada por prejuicios sociales, lugares comunes y pesadillas colectivas.

Tres preguntas preliminares se me hacen insoslayables ¿A alguien le importa saber que la serie El Marginal nada tiene que ver con lo que pasa en los centros de tortura?, ¿A alguien le importa saber que la serie El Marginal jamás puso en debate ni promovió el cese de las torturas diarias que se cometen en las cárceles?, ¿A alguien le importa saber que ninguno de los directores o figuras estelares de dicha serie jamás se solidarizó con ninguna de los centenares de miles de víctimas de la violencia penitenciaria?.

Los tres interrogantes pueden ser contestados en una única respuesta: Un producto industrial, comercial y/o artístico no tiene porque tener vínculo alguno con los derechos humanos y/o no tiene porque ayudar a quienes pretendemos reivindicar derechos y evitar un genocidio por goteo. Esta respuesta es clara y no deja de resaltar algo evidente: Los personajes ficcionados de dicho producto comercial no tienen por qué promover valor emancipatorio alguno, por más dura que la realidad sea y por más realista que dicho producto se promocione. Dicha respuesta es sintética, pragmática y racional, y yo la acepto, porque no radica allí mi profundo rechazo hacia la saga.

El problema es que la serie El Marginal, como producto comercial-cultural masivo, es formador de opinión, y la misma expone un falso realismo que abona un sentido común racista y etnocéntrico. Hay una voluntad artística y política a la hora de describir, sin sutilezas y con clichés de nula inteligencia a los presos y sus familias como si fueran monstruos aborrecibles. El sueño de la razón produce monstruos y la razón de ser de El Marginal es vender un único producto industrial: El morbo.

El mix de personajes estereotipados e hiper realistas (oxímoron propio del sueño de guionistas y directores blancos, burgueseses e ilustrados), siempre gira en torno a sangre, violación, erotismo, violación, sexo, violación, muerte, violación, ambición, violación, intriga, violación, violencia, violación y puedo seguir. Esos tópicos son propios de gente que ignora todo lo que nos pasa a los que conocemos en serio la cárcel y son el resultado de la visión clasista y racista de guionistas, productores y directores palermitanos, blancos y conchetos que necesitan sacar un éxito comercial con excedencias que cotizan y se pagan en dólares (perdón por la repetición de conceptos y perdón por el cliché en que he incurrido…, los prejuicios duelen y no soy inmune a ellos ¿vió?).

Nadie tiene que darle voz a los sin voz. Los negros, marrones, los chorros, los nadies, tienen su propia voz. No los interpreten, no los narren. Y si quieren narrarlos, por favor no los describan como un producto comercial, morboso y despreciable.

Cine & Series

“Se parece a la mamá que yo podría ser”: Cazzu debutó en el cine

Cazzu llegó por primera vez al cine junto a Diego Peretti. La cantante se pone en la piel de una madre con la que encuentra puntos en común y habló sobre el desafío de actuar y el proceso detrás de una historia que combina lo cotidiano y lo fantástico.

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“Risa y la cabina del viento”: el debut en pantalla grande de Cazzu

La cantante Cazzu (Julieta Cazzuchelli) debutó en la pantalla grande. Este jueves 16 de abril estrenó en cine “Risa y la cabina del viento”, junto a Diego Peretti, Elena Romero y Joaquín Furriel. La película de Juan Cabral, con música de Babasónicos, cuenta una historia emocionante -filmada en Tierra del Fuego-, que entrelaza lo cotidiano y lo fantástico, la imaginación y los sueños. Un film para todos los públicos que completa su elenco con Graciela Borges, Fabián Casas, Silvina Sabater y Gustavo Garzón.

En conferencia de prensa, el equipo compartió la experiencia de rodaje en el sur y el proceso creativo detrás de la película. Para Cazzu, el proyecto apareció en un momento particular: “En un momento de muy particular, en el que estoy volviendo al ruedo, aparece este proyecto que en principio implicaba invertir tiempo en un terreno desconocido y sin certezas, pero aun así había algo muy fuerte que me atraía. Desde la primera lectura sentí una especie de hipnosis con el guion y supe que no me iba a poder librar de esto”.

Ese compromiso colectivo fue algo que también destacó Peretti: “Al convivir durante un mes y medio en un lugar tan particular como Ushuaia, se formó una especie de familia enfocada en contar una historia profundamente poética, todos poniendo el corazón”. En la misma línea, la artista subrayó la dimensión del trabajo en equipo: “Lo difícil que es hacer una película… son muchas personas dando todo lo que tenemos para dar, con un mismo fin, y yo creo que eso se traduce en la pantalla”.

En el film, Cazzu interpreta a Sara, un personaje con el que encontró puntos de contacto personales. “Tenía mucha ilusión de ponerle el cuerpo a Sara, de ser esa mamá con estas vivencias tan comunes, tan cotidianas”, explicó, y agregó que hay rasgos que la acercan a su propia experiencia: “Es una mamá joven, un poco rockera, no es una mamá tradicional. Es más parecido, capaz, a lo que yo podría ser como mamá”.

Sobre esa construcción, también aparece una dimensión más emocional: “Desde el cariño, la protección… creo que muchas madres podrían sentirse reflejadas. Hay emociones, rebeldía, cosas que pueden ser posibles para cualquiera”.

En paralelo, Peretti contó qué lo atrajo de su personaje: “A mí, los personajes solitarios, en una edad madura, elaborando el tema de las despedidas y las muertes, me tocan. Y encima en Ushuaia… estoy muy cerca de sentir permanentemente ese tipo de nostalgia”.

Para el director, esa sensibilidad es justamente el corazón de la película. “La película propone ideas en cada escena que invitan a que el espectador se las lleve consigo, y buscan generar emociones que van más allá de las palabras”, señaló Cabral, y concluyó: “Como sucede con ciertos libros o canciones que no se pueden explicar simplemente, pero que acompañan y dejan una marca. Ojalá esta historia pueda llegar a la mayor cantidad de personas”.

Con este debut, Cazzu amplía su recorrido artístico en una película que apuesta a lo emocional y lo poético, y que encuentra en el paisaje austral un escenario clave para contar una historia sobre vínculos, imaginación y humanidad.

De qué trata “Risa y la cabina del Viento”, consagrada como «Mejor Película» 

Risa y la cabina del Viento” cuenta la historia de una niña de 10 años que descubre un teléfono público fuera de servicio en una pequeña ciudad, el cual lepermite hablar con familiares y amigos que ya no están. Cada uno de ellos tiene asuntos pendientes. Risa los ayudará con sus pedidos que deberá resolver en el mundo de los vivos,  así ellos le permitirán a cambio, hablar con su padre por última vez.

Producida por Industria del Milagro y Labhouse, “Risa y la cabina del Viento” acaba de ganar el premio Mejor Película Joven en el StockholmInternational Film Festival Junior de Suecia y ya se consagró como Mejor Película y Mejor Director en la 40° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y con el premio del público del 4° Festival La Fiesta del Cine de Francia. 

 

 

 

 

 

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