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Cultura

Pequeños relatos para una correcta digestión

«La civilización es, entre otras cosas, el proceso por el que las primitivas manadas se transforman en una analogía, tosca y mecánica, de las comunidades orgánicas de los insectos sociales». Aldous Huxley.

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El-Argentino-Manu Campi

Por Manu Campi | @manucampimaier

I

En el maravilloso mundo de las ferreterías, los ferreteros resuelven inquietudes simples para unos e imposibles para otros. Pregunto qué necesita un mueble de pino barato para sobrevivir a la inclemencia de mi balcón. Un albañil me mira con sorna y desprecio. Barniz, dos manos, dice el hijo del dueño que es chino. Me voy con una lata de un litro y dos pinceles recomendados. Tengo todo listo. Una bolsa negra sobre el suelo cubre la base del pequeño mueble para no ensuciar. Qué placer dar la primera mano, pero qué raro un chino.

II

«Voy a romper el hechizo. Voy a escribir como llora un niño, es decir: no llora porque esté triste sino que llora para informar, tranquilamente«. Alejandra Pizarnik

La Costa Atlántica tiene una cuestioncita con los pelos de los brazos dorados por el sol. Me han enseñado muy bien a prohibirme y parece que no hay más remedio que hacer caso. De repente, parece que pertenezco a algo que no comprendo y a un lugar donde nunca estuve.

Si no es molestia, quisiera discutirlo un poco.  

III

Desgraciadamente no estuve en Dallas, Texas, el veinticinco de septiembre del setenta y cuatro. Por supuesto que me hubiese encantado, pero aún no había nacido. Salvando esta particularidad, aquella noche en el Western Place, Waylon Jennings deslumbró al público con A Good Hearted Woman cuando en la segunda estrofa las luces enfocaron al gran Willie Nelson.

Hubo quienes llegaron de Waco, Oklahoma, Missouri y Fort Simth. También de Conway, y de Utah una familia numerosa y católica.

Se escupió tabaco mezclado con saliva y bourbon y el olor a bosta y rancho se entrelazó en los codos arremangados de camisas cuadrillé.

El semáforo cortó justo antes del último estribillo. El Peugeot se lleva el sonido Nashville por Aráoz, sentido Santa Fe.

“Lord she don’t understand but she does the very best that she can”.

Ahí va el sueño turro y americano, mientras se pierde, en perspectiva, junto a la familia católica apostólica, romana y blanca. Muy blanca.

IV

En algún punto el cuerpo se tuerce y se enrosca sobre sí mismo. Los viejos se doblan al medio, la piel se trasluce, las articulaciones se pegan y la mirada gris, la falta de gesto, el vaso de agua, los dientes postizos, las pastillas de colores y la cara hacia el piso convierten al destino en la dicha de haberlo perdido todo, como lloró Boyo.   

Desde la boca, un balbuceo lento sale como si fuera un sobrante de humanidad que suena únicamente cuando se necesita algo.   

El pelo y la barba me lo cortaba un pibito de veinte años que viene desde Varela a la ciudad de martes a domingos. El pulgar y el índice movían rápido las hojas de la tijera y no pude evitar pensar en que era solo cuestión de tiempo para que le empiecen a doler la muñeca y el antebrazo. El local está sobre Malabia antes de llegar a Corrientes, justo delante de las paradas de los colectivos.

Son las doce del mediodía. Sentado en la silla de barbero miro a la gente que espera el colectivo a través del ventanal. Los más ansiosos bajan a la calle para ver de lejos si viene. Todavía parecen ver bien. Nos vamos mirando de a uno y todos nos sentimos incómodos. No hay una sonrisa. El pibe me pone espuma en el cuello y ellos parecen hartos de esperar a que los lleven adonde no tienen ganas de ir.

Sobre la postal, una señora muy mayor camina arqueada, rompe el cuadro y pausa la escena. La miramos todos. Su joroba es tan grande que no hay dudas que siente el peso de ese algo que apareció en algún momento y que seguro no tuvo a los veinte. En otro tiempo habrá sabido reputear erguida a estúpidos como nosotros y ahora ya casi ni fuerza le queda. El marido, que la toma del brazo que no sostiene el bastón, es un poco más que ella, pero tampoco tanto. Mi barbero sigue con la brocha. La navaja barre la espuma. Los viejos pasan como un corte comercial que vende productos inevitables.

V

Alfredo tenía poca mercadería, mal carácter y siempre decía que le iba mal. Muy mal.

—Y ojo que esto no es nada, vos acordate, se va a terminar pudriendo todo —, decía siempre justo antes de cobrar, como excusándose del precio del matambre.

Su modesto negocio ofrecía una heladera con una fuente donde algunas pechugas nadaban en un líquido rosa, una pila de milanesas sobre una fuente plástica y algo de carne para picar que asomaba por un lado del cartón que evitaba que el sol le pegue de lleno al vidrio. Alfredo parecía estar ahí para renegar. Hace rato dejé de comprarle. Como un traidor que cambió de mercado, cruzaba la calle para no escuchar sobre un futuro que se nos prometía encima. Mi nuevo mercado tiene una carnicería repleta de carne y el vidrio de la heladera limpio.

Uno tiene que hacer cierto esfuerzo para encontrar el corte que fue a buscar y termina preguntando si aquello es, o no, lomo. Entre carteles de oferta de pata y muslo y roast beef, dos carniceros se las arreglan para dar abasto. Allí las supremas se lucen entre apanados de queso, bolitas de espinaca y embutidos que no hacen juego con esta parte del barrio.

Resulta que Alfredo cerró el negocio y se volvió a Misiones, me dijo Ale, el chino que falsea su nombre de pie y delante del exhibidor vacío.  

Don Alfredo ahora es parte de un futuro hecho para otro lado y para otras cosas.

VI

Temprano llovió espeso y sin viento. Acerqué el malvón grande al borde del balcón. No eran todavía las doce del mediodía y costaba respirar. Por la noche, la humedad trajo las primeras cucarachas marrones e iremediables.

Cultura

Premios Pinti: todos los ganadores de la primera edición y el homenaje a Enrique Pinti 

Con el Teatro Colón como escenario, los Premios Pinticelebraron su primera edición entre reconocimientos a las mejores obras de la temporada, homenajes a grandes figuras y el desafío de instalar una nueva tradición para el teatro comercial argentino.

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Anoche el Teatro Colón cambió la ópera y los conciertos por las marquesinas del teatro comercial. Actores, directores, productores, dramaturgos, empresarios y técnicos asistieron a la primera edición de los Premios Pinti, una iniciativa impulsada por la Asociación Argentina de Empresarios/as Teatrales y Musicales (AADET) que nació con el objetivo de convertirse en el gran reconocimiento anual de la actividad teatral.

Con la conducción de Agustín «Rada» Aristarán y transmisión en vivo por eltrece, la ceremonia combinó el reconocimiento a las producciones más destacadas de la temporada con homenajes a figuras que marcaron la historia del teatro argentino y un permanente recuerdo a Enrique Pinti, cuyo nombre llevarán estos galardones a partir de ahora.

Una de las primeras voces en abrir la ceremonia fue la del presidente de AADET, Sebastián Blutrach, quien sintetizó el espíritu de la iniciativa al afirmar: «Los teatros ayudan a construir humanidad». La frase resumió el sentido con el que nacieron los Premios Pinti: reconocer no solo a las obras y a sus protagonistas, sino también a productores, autores, técnicos, empresarios y a todas las personas que, desde distintos roles, sostienen la actividad teatral.

Una primera edición con premios repartidos entre las grandes producciones

A diferencia de otras entregas en las que una sola obra concentra la mayoría de las estatuillas, la primera edición de los Premios Pinti repartió sus principales reconocimientos entre varias de las producciones que marcaron la temporada teatral. El resultado dejó en evidencia la diversidad de una cartelera en la que convivieron grandes musicales, comedias, dramas y propuestas de autor.

Entre las producciones más reconocidas apareció Charlie y la fábrica de chocolate, que confirmó el protagonismo con el que había llegado a la gala al obtener cuatro galardones, entre ellos Mejor Musical, Mejor Dirección para Ariel Del Mastro y Marcelo Caballero y Mejor Actor de Musical para Agustín «Rada» Aristarán. 

También se destacaron Rocky, distinguida como Mejor Producción; Una Navidad de mierda, elegida Mejor Comedia; y Las hijas, que obtuvo el premio a Mejor Drama o Comedia Dramática. Entre las actuaciones, además, sobresalieron Verónica Llinás, reconocida como Mejor Actriz de Comedia; Lorena Vega, premiada como Mejor Actriz de Drama o Comedia Dramática por Imprenteros y La vida extraordinaria; Roberto Peloni, distinguido como Mejor Actor de Drama o Comedia Dramática por El brote; y Alejandra Radano, ganadora como Mejor Actriz de Musical por Company. El reparto de los principales galardones reflejó una cartelera amplia, con espacio para grandes producciones, clásicos revisitados y propuestas de autor.

Además de las categorías definidas por especialistas, los espectadores también eligieron a sus producciones favoritas en los rubros de Comedia, Drama o Comedia Dramática y Musical, además del Premio Favorito del Público. Charlie y la fábrica de chocolate fue la obra reconocida tanto por el jurado como por los espectadores. De este modo, la ceremonia puso en diálogo la valoración de los especialistas con las preferencias de quienes llenan las salas función tras función.

Una noche para reconocer a quienes hicieron historia sobre los escenarios

Más allá de los premios a las producciones de la temporada, uno de los momentos más emotivos de la ceremonia llegó con la entrega de los Premios Pinti a la Trayectoria. Guillermo Francella, Moria Casán y Carlos Rottemberg fueron distinguidos por décadas de trabajo en el teatro argentino y recibieron una ovación de pie del público que colmó el Teatro Colón.

El primero en subir al escenario fue Carlos Rottemberg, reconocido por más de medio siglo dedicado a la producción teatral. Visiblemente emocionado, el empresario destacó el valor que tiene recibir una distinción de sus propios colegas. «Quiero agradecer a AADET porque el reconocimiento de los pares tiene una importancia muy emocionante. Son personas con las que podemos estar de acuerdo y en desacuerdo, pero trabajamos a favor de la comunidad teatral», expresó.

Rottemberg también recordó el camino recorrido dentro de la entidad y cerró su discurso con una dedicatoria familiar que conmovió a los presentes. «Mi viejo se murió hace dos años, pero mi mamá está acá y soy un agradecido a ellos porque es un trabajo de familia», dijo antes de recibir una nueva ovación.

La segunda homenajeada fue Moria Casán, quien repasó parte de una carrera que la convirtió en una de las grandes figuras del teatro argentino. La actriz recordó el punto de inflexión que significó Brujas y reivindicó su permanencia en la cartelera porteña. «Es un premio hermoso y soy la única que llevo 40 años en la calle Corrientes porque me cubro con mi propia luz», afirmó, fiel a su estilo. Luego agregó: «Agradezco a mi salud, que me permitió nunca haber faltado al teatro porque nunca me enfermé».

Otro de los momentos más celebrados de la noche tuvo como protagonista a Guillermo Francella, quien recibió el Premio Pinti a la Trayectoria de manos de Adrián Suar. Antes de entregarle la estatuilla, el gerente de programación de eltrece y productor destacó el sello inconfundible del actor: «Es un artista que tiene un lenguaje propio. No se parece a nadie cuando hace una pausa o una mirada».

Francella, con más de cuatro décadas de carrera, eligió devolver el reconocimiento con una reflexión sobre el vínculo que construyó con el público a lo largo de los años. «El verdadero reconocimiento está en el cariño de la gente, de cada uno que agradece por haber acompañado», expresó, en uno de los discursos más aplaudidos de la ceremonia.

La emoción volvió a apoderarse del Teatro Colón casi sobre el cierre de la ceremonia con el homenaje especial a Luis Brandoni, una de las figuras más representativas del teatro argentino. El actor recibió una extensa ovación de pie en reconocimiento a una trayectoria que supera las seis décadas y que dejó una huella tanto en los escenarios como en el cine y la televisión. El tributo funcionó como uno de los puntos más altos de la noche y terminó de reforzar el espíritu con el que nacieron los Premios Pinti: reconocer no solo a las producciones de cada temporada, sino también a quienes construyeron la historia del teatro nacional.

El legado de Enrique Pinti, presente en el nacimiento de un nuevo premio

La elección del nombre de la nueva distinción fue mucho más que un homenaje. Enrique Pinti fue uno de los artistas que mejor interpretó la identidad del teatro argentino contemporáneo. Actor, dramaturgo, director y referente del café concert, construyó una obra que combinó humor, historia y una mirada crítica sobre la realidad política y social del país.

A lo largo de la gala, imágenes de archivo, fragmentos de sus espectáculos y referencias a su obra recordaron permanentemente la figura de Enrique Pinti. El homenaje buscó rescatar la vigencia de un artista que convirtió la palabra en una herramienta para pensar la Argentina desde el escenario y que dejó una marca imborrable en varias generaciones de espectadores.

No resulta casual que AADET haya elegido su nombre para bautizar estos premios. La intención es que la ceremonia se convierta en una cita anual para reconocer el trabajo de toda la comunidad teatral y mantener vivo el legado de uno de los grandes referentes de la escena nacional. Como escribió el propio Pinti en la canción final de Salsa Criolla, «Pasan los años, pasan los gobiernos, pasan los veranos, pasan los inviernos… quedan los artistas». Una frase que, más de tres décadas después, sigue sintetizando el lugar que ocupa la cultura frente al paso del tiempo.

Los espectáculos que más público llevaron a las salas

Uno de los rasgos distintivos de la primera edición fue sumar reconocimientos definidos por la respuesta del público. A diferencia de los galardones definidos por un jurado, los Premios a los Espectáculos del Año distinguieron a las producciones con mayor convocatoria de espectadores durante la temporada, de acuerdo con los registros de asistencia relevados por AADET. El objetivo fue reconocer el impacto que cada obra logró en la cartelera comercial a partir de un criterio objetivo: la cantidad de público que pasó por las salas.

Los reconocimientos quedaron en manos de El jefe del jefe, como Comedia del Año; Rocky, en la categoría Drama o Comedia Dramática del Año; y Charlie y la fábrica de chocolate, elegida como Musical del Año. A ellos se sumó Annie, que recibió el Premio Favorito del Público, una distinción decidida mediante votación abierta de los espectadores.

Durante la ceremonia, el productor Carlos Rottembergdestacó además el crecimiento que atraviesa el género musical en la Argentina al señalar que “catorce producciones musicales han participado este año”. El dato ayuda a dimensionar la expansión de un sector que tuvo un marcado protagonismo en esta primera edición de los Premios Pinti y que hoy ocupa un lugar central en la cartelera porteña.

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