Geopolítica 🌎
El apellido más polémico del Perú llega al poder: Keiko jura y anuncia militares en las calles
La hija de Alberto Fujimori asumió como la 66ª mandataria de la historia peruana y prometió militarizar la seguridad para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. Diez jefes de Estado asistieron a la ceremonia en Lima, entre ellos el rey de España Felipe VI y el presidente argentino Javier Milei.
Keiko Fujimori juró este martes como presidenta del Perú para el período 2026-2031 ante el Congreso de la República en Lima. Con ese acto, se convirtió en la 66ª mandataria de la historia peruana y en la primera mujer en llegar a la presidencia del país andino por el voto popular. En su primer discurso ante el Parlamento, adelantó el perfil que tendrá su gestión: mano dura contra el crimen organizado, militarización de la seguridad y un diagnóstico lapidario sobre el Estado que recibe.
«Recibimos un Estado debilitado por la corrupción, donde las instituciones dejaron de servir a los ciudadanos», declaró Fujimori ante los legisladores. Prometió aplicar «método, disciplina, trabajo y una ruta clara» para revertir esa situación, según informó Perú 21.
Militarización de la seguridad como eje de gestión
El eje central del discurso inaugural fue la seguridad. Fujimori anunció que su gobierno desplegará a las Fuerzas Armadas en zonas dominadas por el narcotráfico, el crimen organizado y la minería ilegal. «Vamos a recuperar cada barrio, cada carretera y cada espacio público para las familias peruanas. Allí donde el crimen organizado, el narcotráfico y la minería ilegal hayan arrebatado el control al Estado, haremos uso de todas las herramientas que la Constitución pone a disposición del Gobierno», sostuvo la nueva presidenta.
En la misma línea, precisó que «durante los estados de emergencia, las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control del orden interno, en estrecha coordinación con la Policía Nacional, hasta restablecer plenamente la autoridad del Estado y devolver esos territorios a los ciudadanos».
Fujimori también advirtió que la ofensiva «no será únicamente contra el delincuente común» sino que apuntará a «las mafias nacionales e internacionales que financian la extorsión, el sicariato, el narcotráfico y la minería ilegal». Anunció el fortalecimiento de los sistemas de inteligencia para desarticular esas organizaciones «desde sus cabecillas y sus estructuras económicas» y fue explícita respecto a la tolerancia cero hacia la corrupción policial: «ningún miembro de la Policía Nacional que se ponga al servicio del delito encontrará protección en nuestro gobierno».
El anuncio de militarización de la seguridad interior despertará inevitablemente el debate sobre sus límites constitucionales y sobre el historial del fujimorismo en materia de derechos humanos: durante la presidencia de Alberto Fujimori (1990-2000), las fuerzas armadas cometieron graves violaciones a los derechos humanos, documentadas por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que incluyeron ejecuciones extrajudiciales, torturas y un programa de esterilizaciones forzadas que afectó a más de 270.000 mujeres, mayoritariamente campesinas e indígenas.
El peso de un apellido y la sombra de la historia
Keiko Fujimori asume con el peso político y simbólico de ser hija del expresidente que gobernó el Perú con mano de hierro durante una década. Alberto Fujimori fue condenado por la justicia peruana por crímenes de lesa humanidad y falleció en septiembre de 2024 tras obtener un indulto humanitario que fue restituido judicialmente. Keiko, por su parte, enfrentó sucesivos procesos judiciales por presunto lavado de activos vinculado al financiamiento irregular de sus campañas electorales y pasó períodos bajo prisión preventiva, aunque llegó a esta elección sin condena firme.
Su triunfo en el balotaje, conseguido en su cuarta candidatura presidencial, se produjo en un país agotado institucionalmente: desde la caída de su padre en 2000, Perú atravesó ocho presidentes sin que ninguno completara su mandato, con destituciones parlamentarias, renuncias, condenas judiciales y hasta un suicidio presidencial en medio de una investigación por corrupción.
Lima, escenario de una cumbre regional
La transmisión del mando reunió en Lima a diez jefes de Estado y de Gobierno, además de representantes de organismos internacionales y potencias globales. Entre los mandatarios presentes se encontraban el rey de España, Felipe VI; los presidentes Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), José Raúl Mulino (Panamá), Yamandú Orsi (Uruguay), Santiago Peña (Paraguay), Rodrigo Paz (Bolivia) y José Antonio Kast (Chile), junto a Nasry Asfura, jefe de Gobierno de Honduras, y Mike Eman, de Aruba. También participaron representantes de China, Estados Unidos, Japón y Corea.
La presencia de Milei no fue puramente ceremonial. El mandatario argentino, que llegó a Lima junto al canciller Pablo Quirno y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, mantuvo un encuentro bilateral previo con Fujimori para afianzar los vínculos entre ambos gobiernos. La afinidad ideológica entre el libertarismo argentino y el fujimorismo peruano, dos proyectos que comparten el discurso antiestatal, la retórica de seguridad dura y el rechazo a los gobiernos progresistas de la región, marcó el tono político de la jornada.
Puntos clave
- Keiko Fujimori juró como la 66ª presidenta del Perú y primera mujer en alcanzar ese cargo por el voto popular.
- Anunció la militarización de la seguridad interior durante los estados de emergencia, con las Fuerzas Armadas al mando de las operaciones de orden público.
- Prometió combatir el narcotráfico, la extorsión, el sicariato y la minería ilegal con apoyo de inteligencia y tolerancia cero hacia la corrupción policial.
- Diez jefes de Estado asistieron a la ceremonia, entre ellos el rey Felipe VI de España y los presidentes de Argentina, Ecuador, Chile, Uruguay y Paraguay.
- El historial de violaciones a los derechos humanos durante la presidencia de Alberto Fujimori proyecta su sombra sobre los anuncios de militarización de su hija.
Energía
Sea Lion: Londres autorizó el saqueo del petróleo argentino en Malvinas
Ed Miliband dio el aval final para explotar Sea Lion, con primer petróleo previsto para 2028, y Londres prepara una ley para que Navitas y Rockhopper ignoren las normas argentinas. Ambas están sancionadas en el país y bajo investigación penal.
El Reino Unido dio el aval final para extraer petróleo de la plataforma continental argentina en las Islas Malvinas. El secretario de Relaciones Exteriores británico, Ed Miliband, firmó el consentimiento al plan de desarrollo del Área Norte del yacimiento Sea Lion, y Londres anunció en paralelo una ley para que las petroleras puedan ignorar la legislación argentina. Según la operadora, el primer petróleo saldría en marzo de 2028.
La confirmación llegó este martes por la propia empresa, la israelí Navitas Petroleum, antes del anuncio formal del Gobierno británico. Era el último aval pendiente: la administración colonial británica en las islas ya había aprobado el plan de desarrollo y producción, vigente desde la decisión final de inversión de diciembre de 2025.
Qué se llevan
Sea Lion está a unos 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas, en la Cuenca Malvinas Norte. Según estimaciones citadas por la prensa británica, el yacimiento contiene hasta 1.700 millones de barriles. Navitas opera el proyecto con el 65 por ciento y la británica Rockhopper Exploration, que lo descubrió en 2010, conserva el 35 por ciento.
El plan publicado por Navitas prevé una primera fase con 11 pozos submarinos conectados a un buque de producción y almacenamiento, y una segunda fase con otros 12 pozos unos tres años después del primer petróleo. La empresa calcula más de 30 años de producción, con operaciones desde Londres, Aberdeen y Puerto Argentino. Son recursos de la plataforma continental argentina explotados bajo licencias que la Argentina no otorgó ni reconoce.
Según The Guardian, el proyecto puede triplicar el producto bruto de las islas. La riqueza del subsuelo argentino queda así en manos de una petrolera israelí, una británica y la administración colonial que las habilitó.
Una ley para blindar a las petroleras
El mismo día, el Departamento de Comercio y la Cancillería británica (FCDO) anunciaron medidas bajo la legislación de Protección de Intereses Comerciales (PTI, por sus siglas en inglés), que impide a personas y empresas británicas cumplir con medidas extraterritoriales de otros países. El objetivo declarado es que ninguna compañía vinculada a la actividad en las islas se vea obligada a acatar las normas argentinas. Según el Gobierno británico, la legislación secundaria está en preparación y la meta es que rija antes de fin de año.
El secretario de Comercio, Jonathan Reynolds, dijo (en traducción de este medio): «Estos pasos envían una señal clara de que no nos quedaremos de brazos cruzados mientras la Argentina busca aplicar su legislación interna para obstaculizar intereses comerciales legítimos en las Islas Malvinas». Miliband agregó que «los intentos de la Argentina de intimidar a empresas e individuos que realizan actividades comerciales legítimas son inaceptables».
Londres llama coerción a que la Argentina aplique su ley sobre su propia plataforma continental, en un territorio argentino ocupado cuya disputa de soberanía reconocen las Naciones Unidas.
Las empresas ya están sancionadas en la Argentina
Para el Estado argentino, Navitas y Rockhopper operan de forma ilegal. Según la Cancillería, Rockhopper fue declarada clandestina por la Resolución 133/2012 de la Secretaría de Energía e inhabilitada por 20 años para operar en el país por la Resolución 456/2013. Navitas recibió las mismas sanciones por la Resolución 240/2022.
A eso se suma la causa penal que tramita el juez federal Julián Ercolini, a pedido del fiscal Carlos Stornelli. La Justicia pidió al Reino Unido y a Israel los registros de directivos, representantes legales y composición societaria de ambas empresas desde 2012, para identificarlos y citarlos a indagatoria. En paralelo, la jueza federal de Río Grande Mariel Borruto ordenó el 16 de septiembre a las dos compañías abstenerse de iniciar o continuar las obras, a pedido del CECIM La Plata y de la Asociación de Abogados y Abogadas Ambientalistas.
Esa causa es la que Londres buscó desactivar por adelantado: según The Guardian, el Reino Unido le pidió a Interpol que considere motivados políticamente eventuales pedidos argentinos de detención. Fuentes de la Cancillería argentina negaron ante La Nación haber presentado alguno.
Soberanía energética en juego
El aval de Miliband llegó horas después de que la Argentina pidiera al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, medidas provisionales para impedir la explotación de Sea Lion y el otorgamiento de nuevos permisos, mientras se constituye el tribunal arbitral previsto en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR). Fue el paso siguiente al ultimátum del 28 de septiembre, que venció el lunes 12 sin respuesta favorable.
La contradicción británica es evidente: como secretario de Energía, Miliband había frenado toda nueva exploración de petróleo y gas en el Mar del Norte. En el Atlántico Sur, en cambio, firma el desarrollo de un yacimiento de hasta 1.700 millones de barriles.
Defender las Islas Malvinas exige una política de Estado sostenida, no gestos aislados de un gobierno que en otros frentes resigna soberanía económica. Mientras el Tribunal del Mar define si dicta las medidas pedidas, el petróleo argentino del Atlántico Sur ya tiene aval británico y fecha de extracción.
Lo que tenés que saber:
- Ed Miliband dio el aval final británico al Área Norte de Sea Lion; Navitas prevé el primer petróleo para marzo de 2028.
- El yacimiento, a 220 kilómetros al norte de las Islas Malvinas, tendría hasta 1.700 millones de barriles: Navitas tiene el 65% y Rockhopper el 35%.
- Londres prepara medidas bajo la ley de Protección de Intereses Comerciales para que las petroleras no cumplan las normas argentinas.
- Ambas empresas están sancionadas e inhabilitadas en la Argentina, y Ercolini y Stornelli buscan identificar a sus directivos desde 2012 para indagarlos.
- La Argentina pidió al Tribunal del Mar medidas provisionales para frenar la explotación.
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