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Más que protocolo: la visita de Milei a Lima y la construcción de un bloque de derechas en América Latina

El presidente argentino encabezó una comitiva oficial junto al canciller Pablo Quirno y la secretaria general Karina Milei para participar de las ceremonias de transmisión del mando en Perú. El encuentro bilateral con la presidenta electa se sumó a una reunión de mandatarios conservadores y liberales de la región que coincidieron en Lima.

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Milei, Karina y Quirno en Lima: el gobierno libertario celebra el fujimorismo y consolida su alineamiento regional.

El presidente Javier Milei mantuvo este martes una reunión bilateral con la presidenta electa del Perú, Keiko Fujimori, en el marco de su visita oficial a la ciudad de Lima. La cita se realizó en la antesala de las ceremonias de Transmisión del Mando Supremo, que marcaron el inicio formal de la nueva gestión en el país andino.

El mandatario argentino llegó a la capital peruana al frente de una comitiva oficial integrada por el canciller Pablo Quirno y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. La presencia de la hermana y principal operadora política del Presidente en la delegación refuerza el peso que la gestión libertaria le asignó al acto, más allá del protocolo diplomático habitual.

Un gesto de acercamiento en clave ideológica

El encuentro entre Milei y Fujimori no fue casual ni meramente protocolar. Desde que la candidata del fujimorismo se impuso en el balotaje presidencial peruano, el jefe de Estado argentino expresó públicamente su voluntad de afianzar los vínculos bilaterales con la nueva administración y consolidar una agenda institucional común en la región. La reunión en Lima materializó ese gesto y lo inscribió en un marco más amplio: la conformación de un bloque de gobiernos de derecha y centroderecha en América del Sur que busca operar con mayor coordinación frente a los gobiernos de signo progresista.

En ese esquema, Milei procura también exhibirse como uno de los referentes ideológicos del sector a nivel regional e internacional, en un momento en que la mayoría de los presidentes sudamericanos que asistieron a Lima responden a ese perfil. La asunción de Fujimori se convirtió así en una plataforma de visibilidad para el mandatario argentino, que aprovechó la coyuntura para multiplicar contactos con sus pares.

Cumbre de líderes conservadores en Lima

La ceremonia de asunción de Fujimori reunió en Lima a un conjunto de mandatarios y referentes políticos del continente. Entre los presentes se confirmó la asistencia de Santiago Peña (Paraguay), Daniel Noboa (Ecuador), José Raúl Mulino (Panamá), Rodrigo Paz (Bolivia), Yamandú Orsi (Uruguay), José Antonio Kast (Chile) y Nasry Asfura (Honduras), entre otros. La diversidad de perfiles, con algunos mandatarios de centroizquierda como Orsi entre los asistentes, mostró que la jornada excedió el carácter de encuentro ideológico puro y tuvo también el peso institucional propio de un traspaso de poder.

Con la toma de posesión ante el Parlamento peruano, Fujimori asumió la Jefatura de Estado tras imponerse en el balotaje presidencial. Su gestión se perfila con foco en el orden institucional, la reactivación económica y el fortalecimiento de la seguridad ciudadana, en un país que acumuló ocho presidentes en una década sin que ninguno completara su mandato.

El peso del fujimorismo en la historia reciente de Perú

La asunción de Keiko Fujimori no es un dato menor en la historia política peruana. Hija de Alberto Fujimori, el expresidente condenado por crímenes de lesa humanidad y corrupción durante su gobierno entre 1990 y 2000, Keiko llegó a la presidencia en su cuarta candidatura, después de haber perdido tres balotajes anteriores y de enfrentar procesos judiciales por presunto lavado de activos. Su llegada al poder genera profundas divisiones en una sociedad que no cerró las heridas del fujimorismo original, y plantea interrogantes sobre el rumbo institucional del país y el tratamiento que la nueva gestión dará a los derechos humanos y a la memoria de las víctimas de los años noventa.

Para el gobierno de Milei, en cambio, el fujimorismo representa una afinidad ideológica sin fisuras: desregulación económica, rechazo a las organizaciones sociales y sindicales, discurso de seguridad dura y alineamiento con Washington. La alianza que se consolida en Lima entre ambos gobiernos es, en ese sentido, más que una foto diplomática.

Puntos clave

  • Milei viajó a Lima con una comitiva oficial encabezada por el canciller Quirno y Karina Milei para asistir a la asunción de Fujimori como presidenta del Perú.
  • El encuentro bilateral entre ambos mandatarios se produjo en la antesala de las ceremonias de transmisión del mando.
  • La asunción reunió a líderes de Paraguay, Ecuador, Panamá, Bolivia, Uruguay, Chile y Honduras, entre otros países de la región.
  • Keiko Fujimori llegó a la presidencia en su cuarta candidatura y con causas judiciales abiertas por presunto lavado de activos.
  • Milei busca consolidarse como referente regional de la derecha y afianzar una agenda común con los gobiernos afines del continente.

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Ravier dijo que el buque inglés en Ushuaia no viola la Ley Gaucho Rivero y culpó a la provincia por autorizarlo

El vocero presidencial salió a defender la presencia del petrolero VS Promise en Ushuaia y le devolvió la responsabilidad al gobernador de Tierra del Fuego: el barco de bandera británica ingresó porque la propia provincia lo autorizó. Para la Nación, no hay violación de la Ley Gaucho Rivero; para Melella, el argumento encubre una contradicción inaceptable en la administración de un puerto que ya no controla.

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Soberanía de vitrina: el Gobierno defiende la escala de un buque británico en el puerto que le sacó a Tierra del Fuego.

El Gobierno nacional tomó la iniciativa de contestar públicamente la denuncia del gobernador de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Gustavo Melella, sobre la operación del buque petrolero VS Promise en el puerto de Ushuaia. Lo hizo a través del vocero presidencial Adrián Ravier, quien en su habitual conferencia de prensa en la Casa Rosada rechazó de plano que el episodio represente un riesgo para la soberanía argentina y apuntó directamente contra la gestión provincial.

La jugada del oficialismo fue doble: por un lado, intentó neutralizar técnicamente la acusación de Melella; por el otro, le atribuyó al propio gobierno fueguino la responsabilidad de haber habilitado el ingreso de la embarcación británica, generando así una contradicción que, según la versión oficial, invalidaría toda queja posterior.

La cronología que usó el Gobierno para deslindar responsabilidades

Ravier explicó ante la prensa que el VS Promise, un buque dedicado al transporte de crudo, cargó petróleo en el puerto de Cullen, en la zona norte de Tierra del Fuego, y que desde allí se desplazó hasta Ushuaia únicamente para aprovisionarse antes de continuar su ruta. El punto central de la defensa oficial fue que, al zarpar desde un puerto de la propia provincia, la autorización de ingreso correspondió a las autoridades provinciales y no a la administración federal del Puerto de Ushuaia.

La ironía política fue explícita: el mismo gobernador que denunció la presencia del buque, argumentó el vocero, habilitó su operatoria en aguas fueguinas antes de que la embarcación llegara a la terminal portuaria intervenida. El oficialismo presentó esa secuencia como una contradicción interna del discurso de Melella, quien primero autorizó y luego reclamó.

La Ley Gaucho Rivero y la interpretación que conviene al Gobierno

El núcleo jurídico del enfrentamiento gira alrededor de la Ley Gaucho Rivero, la norma provincial que prohíbe el amarre de buques vinculados al Reino Unido que operen en relación directa con la ocupación de las Islas Malvinas. Para Melella y su gobierno, la presencia del VS Promise en aguas fueguinas choca de frente con ese marco legal y con la posición histórica argentina sobre el Atlántico Sur.

La Nación no lo ve así. Ravier sostuvo que la norma aplica exclusivamente a embarcaciones que realicen actividades de exploración o explotación en la cuenca Malvinas, y que el VS Promise no encuadra en esa definición porque su paso por Ushuaia tuvo un propósito logístico, de aprovisionamiento, sin vinculación directa con operaciones en la zona disputada. Con esa lectura restrictiva, el Gobierno habilitó la escala del buque y, simultáneamente, trasladó al texto de la ley la justificación de su conducta.

La interpretación es, cuanto menos, opinable. La Ley Gaucho Rivero fue sancionada precisamente para evitar que el territorio fueguino funcione como plataforma de operaciones de embarcaciones británicas en el contexto del conflicto de soberanía. Reducir su alcance a los casos de exploración directa deja fuera del radar situaciones como la que el propio gobernador Melella calificó como «inadmisible».

El puerto intervenido como escenario del conflicto

El contexto que rodea esta disputa no es menor. El Puerto de Ushuaia se encuentra bajo intervención federal desde que la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (ANPyN) asumió su administración, desplazando a las autoridades provinciales que lo gestionaban históricamente. Esa intervención fue resistida por Melella desde el primer momento, con recursos judiciales y denuncias públicas en las que el gobernador señaló que la medida respondía a intereses estratégicos y económicos ajenos a Tierra del Fuego.

La paradoja que emerge del episodio VS Promise es de una contundencia difícil de ignorar: el Gobierno nacional, que tomó el control del puerto invocando razones de gestión estratégica y soberana, es el mismo que ahora defiende la legalidad de la escala de un buque de bandera británica en esa terminal bajo su propia administración. Melella no tardó en señalar esa contradicción: si la intervención federal se justificó en parte por la incapacidad provincial de gestionar un enclave de tal importancia geopolítica, ¿cómo se explica que la primera controversia relevante bajo la gestión nacional involucre a una embarcación del país que ocupa ilegítimamente las Islas Malvinas?

Soberanía de palabra, pragmatismo de hecho

La gestión de Javier Milei ha sostenido públicamente el reclamo argentino sobre las Malvinas como un principio irrenunciable. Sin embargo, la lectura que hace del caso VS Promise revela una tensión entre el discurso soberanista y las decisiones operativas concretas. Autorizar o convalidar, aunque sea por vía técnica e interpretativa, la escala de un buque británico en el principal puerto de la provincia más austral del país no es un gesto neutral en términos simbólicos ni geopolíticos.

El episodio se suma a una serie de roces entre la Nación y la provincia de Tierra del Fuego que exceden la cuestión portuaria y que configuran un patrón de centralización que contrasta con la retórica descentralizadora del gobierno libertario. Mientras el oficialismo habla de eficiencia y soberanía, la provincia que tiene las Malvinas en su escudo recibe como respuesta que el buque inglés entró porque ella misma lo dejó pasar.

Puntos clave

  • El vocero Adrián Ravier negó que el VS Promise represente un riesgo soberano y atribuyó su ingreso a una autorización inicial de la propia provincia de Tierra del Fuego.
  • El Gobierno argumentó que la Ley Gaucho Rivero no aplica al caso porque el buque realizó una escala de aprovisionamiento, no actividades de exploración en la cuenca Malvinas.
  • El Puerto de Ushuaia se encuentra bajo intervención federal de la ANPyN desde principios de 2026, en disputa abierta con el gobernador Gustavo Melella.
  • Melella había calificado públicamente la presencia del buque británico como un acto «inadmisible» que vulnera los reclamos históricos sobre las Malvinas.
  • La postura oficial pone en evidencia una tensión entre el discurso soberanista del gobierno de Milei y sus decisiones operativas concretas en el Atlántico Sur.
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