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Córdoba

Córdoba se prepara para la misa papal: 400.000 hostias para León XIV

A poco más de un mes de la visita del papa León XIV a la Argentina, la congregación Las Hijas de San José ya produjo 200.000 de las 400.000 hostias encargadas para la misa multitudinaria. Trabajan desde las 6 de la mañana con 25 kilos de harina diarios y también elaboraron 4.000 hostias sin TACC para los feligreses con celiaquía.

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El Argentino Diario-Papa León XIV-Robert Francis Prevost.

Cuatrocientas mil hostias en poco más de un mes. Ese es el encargo que recibió la comunidad religiosa Las Hijas de San José, con sede en un convento del centro de la capital cordobesa, para abastecer la misa multitudinaria que encabezará el papa León XIV durante su visita a la Argentina. A mediados de septiembre, la congregación ya llegó a la mitad del objetivo: 200.000 hostias producidas y otras 200.000 por elaborar.

La hermana Mónica, al frente de la producción diaria, explicó el proceso y el espíritu con que enfrenta la tarea. «Acá estamos produciendo con mucha alegría todo lo que es las hostias para la celebración de la misa con el Santo Padre y bueno, dando lo mejor de nosotros porque es nuestra tarea cotidiana, pero ahora esperando a alguien muy especial», afirmó.

25 kilos de harina al día, desde las 6 de la mañana

La elaboración comienza en la madrugada con una receta que no tiene secretos: harina de trigo 0000 y agua, nada más. «El proceso comienza desde el fondo. Es una empastadora, una máquina apropiada para amasar la harina. Son 25 kg de harina normalmente cada día y esto nos lleva a media jornada de trabajo empezando desde las 6 de la mañana hasta las 11:30 más o menos», detalló la hermana Mónica. La mezcla requiere entre 20 y 30 minutos de batido antes de pasar a las etapas siguientes.

En condiciones habituales, la congregación produce alrededor de 50.000 hostias por día, unas 200.000 semanales, y abastece a parroquias, librerías religiosas y capillas de manera continua. Para cumplir con el encargo papal sin descuidar esos compromisos previos, la comunidad sumó un margen adicional de unas 45.000 hostias por tanda semanal. El esfuerzo logístico implica mantener el ritmo de producción ordinaria y, al mismo tiempo, acumular el stock destinado exclusivamente a la misa papal.

En la etapa final de corte y empaquetado, el criterio también tiene su método: «Contamos 1.000 hostias chicas por una vuelta. 1.000 y la ‘yapa’, como decimos nosotros, nunca 1.000 justo, por las dudas. Eso se pesa y después ya pesamos el resto, vamos embolsando y sellando. Es un proceso en cadena«, explicó la religiosa.

4.000 hostias sin TACC para los feligreses con celiaqía

Una de las novedades de la producción para la visita papal es la inclusión de hostias aptas para personas con celiaqía. La congregación recibió el pedido de 4.000 unidades sin TACC, que ya están elaboradas, reservadas y embolsadas. Para garantizar la inocuidad del producto, la hermana Mónica implementó un protocolo estricto de limpieza: «Antes de comenzar a hacer toda esta producción, usé una de las máquinas, la limpio, la desinfecto, la limpio perfecto y se limpia todo el taller, no se deja nada dando vuelta para evitar la contaminación».

El convento también abre sus puertas a los peregrinos

Además de la producción de formas sagradas, la comunidad prepara su casa de acogida para recibir peregrinos de distintas provincias. Se esperan entre 600.000 y 800.000 personas para la misa papal, y el convento ya tiene lugar reservado para hermanas de Cruz del Eje, familias de Rosario y un sacerdote con un grupo de 58 personas. «Así que no solamente tenemos que atender este detalle de trabajar acá, sino también toda la otra parte de atención a la gente que va a venir. Es todo un evento», concluyó la hermana Mónica.

Córdoba

Fuego en el aula: condenan a un colegio por las quemaduras de una alumna

Un juez de Córdoba ordenó indemnizar a una estudiante de 17 años que pasó 70 días en terapia intensiva y quedó con una incapacidad permanente. El laboratorio no tenía las medidas básicas de seguridad.

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Ilustración de recipientes de laboratorio escolar sobre una mesada
El accidente ocurrió cuando una compañera agregó alcohol al experimento conocido como «la serpiente del faraón».

Una alumna de 17 años pasó 70 días en terapia intensiva, atravesó decenas de cirugías y quedó con una incapacidad psicofísica permanente y definitiva por las quemaduras que sufrió durante un experimento en la clase de química. Ahora, la Justicia cordobesa condenó al colegio privado al que asistía a indemnizarla y dejó en claro que la seguridad de los estudiantes es responsabilidad de la escuela.

El fallo es del juez Gustavo Massano, titular del Juzgado en lo Civil y Comercial de 51ª Nominación de la ciudad de Córdoba, y fue difundido por el portal oficial Justicia de Córdoba. La resolución alcanza a la institución educativa de gestión privada y a su compañía de seguros, citada en garantía. El portal oficial no difundió el monto de la indemnización ni el nombre del establecimiento. El hecho ocurrió el 6 de septiembre de 2022, durante una clase de química del último año del secundario.

La «serpiente del faraón» que terminó en tragedia

El accidente ocurrió durante una práctica conocida como «la serpiente del faraón», un experimento que implica manipular elementos inflamables para generar una estructura carbonosa negra que crece con forma de serpiente. Mientras dos adolescentes realizaban la actividad, una compañera de curso agregó alcohol a la mezcla y se produjo una deflagración con una expansión de fuego que alcanzó de lleno a la estudiante.

Las quemaduras fueron de extrema gravedad. La joven estuvo internada 70 días en terapia intensiva y tuvo que someterse a decenas de intervenciones quirúrgicas, entre ellas limpiezas, ablaciones y autoinjertos de piel, además de un largo proceso de rehabilitación.

Una docente sola para varios grupos con fuego

El colegio intentó despegarse: argumentó que el daño se debió directamente a la conducta impropia de otra alumna. La aseguradora fue más allá y sostuvo que esa inconducta constituía un caso fortuito, imprevisible o inevitable. El juez rechazó ambas defensas.

Massano precisó que los alumnos no son «terceros extraños» respecto del colegio, sino que están amparados por el deber de custodia e indemnidad del establecimiento, por lo que lo que haga un estudiante no puede eximir a la escuela de su responsabilidad. Para el magistrado, manipular fuego y alcohol es una actividad riesgosa y la conducta irreflexiva de un adolescente forma parte de las contingencias previsibles que la autoridad escolar debe contemplar.

La prueba fue contundente. La pericia técnica en higiene y seguridad y el resto de los elementos de la causa demostraron que el laboratorio no contaba con los elementos básicos de protección personal ni con las medidas de seguridad necesarias. Además, el colegio no aplicó su propio manual de seguridad del laboratorio.

El fallo también apuntó a la falta de supervisión: una sola docente estaba a cargo de controlar al mismo tiempo a varios grupos que hacían la prueba con fuego en paralelo, sin un orden secuencial estricto, sin ayudantes de laboratorio y sin haber revisado antes los recipientes de alcohol que llevaron los propios alumnos.

La educación privada, leída como relación de consumo

Para resolver el caso, el juez consideró la relación entre el establecimiento y los alumnos, o sus padres cuando son menores de edad, como un «verdadero contrato de consumo», y lo encuadró en el régimen de responsabilidad objetiva del artículo 1767 del Código Civil y Comercial de la Nación, que regula la responsabilidad de los establecimientos educativos por los daños que sufren o causan sus alumnos menores de edad mientras están bajo su control.

En esa lógica, el colegio asume el rol de proveedor, como empresa que organiza y ofrece su actividad de enseñanza, y la alumna el de consumidora, como usuaria y destinataria final del servicio. El encuadre tiene una consecuencia directa: la escuela responde por los daños sin que la víctima tenga que probar su culpa, y solo podría liberarse demostrando un caso fortuito, algo que el juez descartó.

El caso deja una advertencia que excede a ese colegio: cuando una escuela cobra por enseñar y organiza actividades riesgosas, no puede trasladar a los chicos ni al azar el costo de no invertir en seguridad ni en personal.

Lo que tenés que saber:

  • Un juzgado civil y comercial de Córdoba condenó a un colegio privado a indemnizar a una alumna que se quemó en una clase de química.
  • La estudiante, de 17 años, estuvo 70 días en terapia intensiva, pasó por decenas de cirugías y quedó con una incapacidad permanente.
  • El accidente ocurrió cuando una compañera agregó alcohol al experimento conocido como «la serpiente del faraón».
  • El juez Gustavo Massano rechazó que la culpa fuera de la otra alumna o un caso fortuito y aplicó el artículo 1767 del Código Civil y Comercial.
  • La pericia mostró que el laboratorio no tenía elementos básicos de seguridad y que una sola docente supervisaba a varios grupos a la vez.
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