Cultura
Pequeños relatos para una correcta digestión. Vol III
“Ni tabaco ni bien en pelotas ni el techo de frente. Lejos de Tokio, del baño y la baba. Sin todo. Con nada. Por forros”. Lavand, René (Caseros, 1962). “Remedio para la mishiadura, pág. 32”.

Por Manu Campi | @manucampimaier
I
Antonio Mamerto Gil Núñez es todo en santo.
Mi Gauchito está de pie sobre un antiguo revistero apenas pasando la puerta de entrada. Treinta y cinco centímetros de yeso pintado disponen de billetes de varios países, una azucarera de mi abuela Techa llena de monedas y flores secas en una pequeña botella oscura.
En tiempos de paz le beso la frente y susurro cosas mías; en tiempos de guerra, silencio, plata y cigarrillos. Estático, incapaz de pedirme fuego, tal vez cansado de tanto verme fumar.
II
Los pibes se esquinan con huevos, harina, espuma y carteles. Las hormonas cuecen la idea de un futuro sólido. El barrio se tiñe con la estampa que llevan al dorso los “Egresados 2024”. Gritos, sonrisas y buenos augurios esconden el engaño navideño.
El pretensioso calor de diciembre escupe desde el suelo un sentido olor a podrido espeso y argentino.
III
A las doce el vaso arriba. Feliz año aquí buen augurio allá. Abrazos conocidos, cotidianos.
El poco hielo que queda naufraga en el fondo de una frapera agónica. La sidra desinhibe a unos y a otros. Se baila. Mariano transpira como un Mantecol a la intemperie, Miguela habla casi a los gritos, y los cuatro adolescentes sin edad para escaparse piden por favor que los dejemos salir a dar unas vueltas manzanas: Buenovayan.
El pionono de atún chorrea una mayonesa tibia y doña Rosita, que ya no consigue levantarse del sillón individual que eligió para beber tranquila, balbucea octogenaria vaticinios preciosos.
—¿Sabés qué me está pasando? —me dijo Lucio consternado, mientras buscaba algo de la garrapiñada perdida por el mantel —ya no me gusta el Chavo.
Una revelación sólida que esperaba el momento para nacer de golpe, asomaba desde las entrañas de un vacío terso e intolerante a la lactosa.
—¿El Chavo del 8? ¿ese Chavo? —pregunté con un poco ebrio y con algo de asombro, pero leyendo en él una angustia longeva, un arrastre específico, un hallazgo fatal.
—Si, pelotudo, ¿qué otro Chavo conocés? O sea, te explico para que entiendas: lo engancho en la tele y te juro que trato, pero no sé, me aburre, me parece desabrido, como si ya no tuviera gusto —dijo de costado y con esa voz que ponen los niños de cincuenta años que están a punto de mandarse alguna macana.
IV
Efecto del hábito de caminar mirando hacia abajo. Hay vidrio en el suelo. Arena fundida en el valle donde descansa herido, como una noche de Artane, un Volkswagen Gol.
La imagen traída de otra época. El robo del robo. De cuando el barrio era todo un valle.
Cultura
Figuritas en crisis: llenar el álbum del Mundial ya es un lujo
Cómo el ajuste de Milei encareció el clásico de las figuritas.
“La matemática no perdona”. El experimento de un coleccionista no solo puso números a una tradición: también dejó en evidencia cómo el deterioro del poder adquisitivo impacta en consumos cotidianos.
La conclusión es devastadora: llenar el álbum de Panini puede costar el equivalente a varios salarios mensuales.
- Sobres cada vez más caros.
- Menor capacidad de compra por familia
- Consumo más selectivo, incluso en productos “culturales”
Los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos vienen marcando una caída del salario real frente a la inflación en los últimos meses, lo que impacta directamente en este tipo de gastos.
La cuenta que no cierra
- Las primeras compras rinden
- El tramo final se vuelve ineficiente
- El costo marginal de cada figurita se dispara
En términos concretos: completar el álbum deja de ser un juego accesible y pasa a ser un consumo aspiracional.
De ritual colectivo a gasto individual
Históricamente, llenar el álbum implicaba:
- Intercambios en la escuela
- Encuentros en plazas
- Redes informales de canje
Hoy, ese circuito convive —y muchas veces es reemplazado— por:
- Compra directa de figuritas faltantes
- Reventa en redes sociales
- Precios inflados para láminas “difíciles”
El resultado: lo que antes era colectivo se vuelve cada vez más individual y condicionado por el ingreso disponible.
El ajuste también llega al juego
El dato de fondo no es solo cuánto cuesta el álbum, sino qué representa:
- Menos margen para consumos no esenciales
- Caída del gasto recreativo
- Cambio en hábitos culturales
Incluso en actividades atravesadas por la nostalgia y la tradición, aparece el mismo patrón: se participa menos, se gasta menos y se elige más.
La salida sigue siendo la de siempre
Frente a ese escenario, la lógica no cambió:
- Intercambiar sigue siendo la opción más barata
- Comprar sobres en el tramo final es ineficiente
- La comunidad reduce el costo que el mercado encarece
Pero hay un matiz: cuando el bolsillo aprieta, incluso participar de ese circuito se vuelve más difícil.
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