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El vocero tuvo que salir a explicar su frase sobre el dólar a $1.800: “Fui sacado de contexto”

El vocero presidencial intentó neutralizar el impacto de sus propias declaraciones sobre el tipo de cambio en una conferencia de prensa este martes. También defendió a la Argentina de las acusaciones de racismo durante el Mundial, sostuvo la pulseada con Lula y abrió la puerta a que las universidades públicas cobren aranceles a extranjeros.

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El dólar, el Mundial y las universidades: la conferencia de Ravier que generó más relatos que datos.

El portavoz presidencial Adrián Ravier salió este martes a desactivar el impacto político de sus propias palabras. En una conferencia de prensa realizada en la Casa de Gobierno, el funcionario sostuvo que su referencia a un dólar a $1.800 fue «sacada de contexto» y aclaró que sus dichos aludían a proyecciones del mercado para octubre de 2027, y no a una previsión inmediata del Ejecutivo.

«La expresión fue sacada de contexto», afirmó Ravier, y precisó que «la pregunta se refería a cómo veía yo la Argentina en octubre de 2027». Sin embargo, la aclaración llegó tarde: las declaraciones previas del vocero ya habían generado un sacudón político y financiero que el propio Ravier reconoció como perjudicial. «Generó ruido y no contribuye al clima que queremos construir», admitió.

El dólar, entre el relato y el mercado

Ravier intentó deslindar la posición oficial de cualquier señal de devaluación inminente. «Si me preguntan el valor futuro del dólar a una fecha determinada, mi respuesta es que el dólar flota y el precio estará en lo que defina la oferta y la demanda», sostuvo. Añadió que «el tipo de cambio real se iba a mantener en los valores reales actuales en línea con el REM», en referencia al Relevamiento de Expectativas de Mercado que elabora el Banco Central.

La aclaración, no obstante, no despeja la contradicción de fondo: el propio funcionario reconoció que sus palabras originales describían un escenario donde el dólar llegaría a ese valor sin que ello implique «una crisis cambiaria». El desliz expuso la tensión permanente entre el discurso oficial de estabilidad y las proyecciones que circulan al interior del propio Gobierno.

La «campaña anti-Argentina» durante el Mundial

El vocero también fue consultado sobre las acusaciones de racismo que surgieron en el contexto del Mundial 2026 y que involucran a hinchas y al clima social en torno a la selección argentina. Ravier las atribuyó a una ofensiva ideológica organizada: «El presidente Javier Milei está haciendo de la Argentina un modelo a seguir y desde la izquierda mucha gente quiere que esto fracase».

El portavoz descartó que el país tenga una cultura racista y apeló a la experiencia de los migrantes venezolanos como argumento: «Todos los extranjeros, incluso el pueblo venezolano que ha tenido que sufrir al gobierno bolivariano, siempre describen que acá se los ha tratado muy bien». Luego trazó una línea directa entre esas críticas y lo que calificó como un intento de desacreditar el «modelo Milei» a nivel internacional.

Brasil: «diferencias ideológicas» que no tocan el comercio

Sobre la escalada verbal entre el presidente Milei y el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, Ravier intentó enmarcar el conflicto como una disputa política sin consecuencias económicas. «En el caso de Brasil siempre ha habido insultos de ambos lados», señaló, y sostuvo que «la Argentina nunca llevó estas diferencias al plano diplomático».

El vocero subrayó que el Gobierno argentino «no cree que afecte las relaciones comerciales entre dos pueblos hermanos que son socios comerciales principales». Sin embargo, la frialdad del vínculo bilateral y los cruces reiterados entre ambos presidentes generan interrogantes sobre la sustentabilidad de esa separación entre la retórica y los negocios, en un momento en que Brasil es el principal socio comercial de la Argentina.

Universidades: la puerta entreabierta al arancelamiento

Ravier también abordó la polémica por los estudiantes extranjeros en las universidades públicas argentinas, y afirmó que cerca del 39% de los alumnos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) son extranjeros, un dato que inmediatamente generó rispidez con un periodista presente en la conferencia.

El portavoz sostuvo que el Gobierno no busca «romper la autonomía universitaria», pero abrió la puerta a que las propias instituciones decidan cobrarles aranceles a los estudiantes de otros países: «Lo que se está haciendo es que las universidades nacionales que son autónomas puedan decidir si quieren cobrarle o no a los extranjeros». La posición es coherente con la orientación del Ejecutivo hacia el desfinanciamiento de la educación pública, pero plantea un nuevo frente de conflicto con el movimiento universitario, que ya resistió los recortes presupuestarios de 2024 y 2025.

Confianza en baja: Milei «compite consigo mismo»

Ante la consulta por la caída del 6,5% en el índice de confianza en el Gobierno registrada en julio por una universidad privada, Ravier relativizó el dato y apuntó a las tendencias de largo plazo. «Este mes fue negativo pero el mes pasado fue positivo, la confianza se mueve pero hay que mirar las tendencias para salir del mes a mes», argumentó.

El vocero no esquivó la proyección electoral y anunció: «Pensamos que vamos a conseguir la reelección». Luego recurrió a una frase habitual del propio Milei para justificar la estrategia de gestión: «Javier Milei siempre dice que competimos con nosotros mismos». Un argumento que, en rigor, convierte cualquier caída en un fracaso propio.

Puntos clave

  • Ravier reconoció que su referencia al dólar a $1.800 «generó ruido», aunque la enmarcó como una proyección para octubre de 2027 en línea con el REM.
  • El vocero atribuyó las acusaciones de racismo durante el Mundial a una campaña de la izquierda para desacreditar el modelo Milei.
  • Sobre Brasil, sostuvo que los cruces con Lula son «diferencias ideológicas» que no afectarán las relaciones comerciales bilaterales.
  • Abrió la posibilidad de que las universidades públicas cobren aranceles a estudiantes extranjeros, respetando la autonomía institucional.
  • El índice de confianza en el Gobierno cayó un 6,5% en julio, según una universidad privada; Ravier lo relativizó y anticipó que buscará la reelección.

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El vocero de Milei dijo que el dólar podría llegar a $1.800: la grieta entre el relato oficial y el mercado

El vocero presidencial admitió en un streaming oficialista que una corrección cambiaria «es una posibilidad», y el último Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta un tipo de cambio cercano a los $1.700 para fin de año. La confesión contradice el discurso gubernamental de estabilidad.

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Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.

El dólar y los salarios son los dos pilares sobre los que el Gobierno de Javier Milei construyó su relato de éxito económico. Pero en las últimas horas, uno de los propios funcionarios del equipo oficialista horadó ese andamiaje: el vocero presidencial Adrián Ravier reconoció públicamente que el tipo de cambio podría experimentar una corrección y llegar a valores de entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. La declaración, formulada en un streaming de carácter oficialista, no pasó inadvertida en un contexto donde la devaluación es una amenaza latente para el poder adquisitivo de los trabajadores.

«Es una posibilidad»: la admisión que el oficialismo intentó minimizar

Ravier intentó enmarcar la posible corrección cambiaria como un movimiento «mínimo» que «no va a tener un impacto significativo en el bolsillo de los argentinos». Tras recorrer una serie de grandes devaluaciones de gobiernos anteriores para contextualizar el escenario actual, el vocero reconoció que «es una posibilidad que el tipo de cambio llegue a $1.800 ó $1.700 para dentro de unos meses». El argumento del funcionario buscó diferenciarse de saltos cambiarios abruptos del pasado, pero la admisión en sí misma representa una fisura en el discurso oficial de estabilidad cambiaria que el equipo económico repite cada vez que puede.

La pregunta de si existe o no atraso cambiario sobrevoló la declaración de Ravier, quien esquivó una respuesta directa: «Si hay atraso cambiario o no, es muy difícil de decir», señaló, antes de concluir que cualquier corrección sería de magnitud acotada. Sin embargo, la dificultad para responder con certeza esa pregunta es, en sí misma, una señal de alarma para quienes siguen de cerca la política monetaria.

El mercado ya descuenta una suba del dólar

Las palabras de Ravier no llegaron en el vacío. Antes de su declaración, el propio mercado financiero ya venía descontando un tipo de cambio más elevado hacia fin de año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, elaborado en base a encuestas realizadas a las consultoras y empresas más relevantes del sector financiero, proyecta un dólar cercano a los $1.700 para diciembre de 2026. El consenso privado y las palabras del vocero apuntan, entonces, en la misma dirección, aunque el Gobierno se esfuerce en llamarlo «corrección mínima» en lugar de devaluación.

El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares en reservas desde principios de año, un dato que el oficialismo exhibe como señal de fortaleza. No obstante, analistas del sector advierten que ese ritmo de compra se desacelerará una vez superada la cosecha gruesa, lo que limitará el margen del Gobierno para sostener artificialmente el valor del dólar en los meses siguientes.

El ancla que sostiene una macroeconomía frágil

El tipo de cambio cumple en el esquema libertario una función doble y contradictoria: es, al mismo tiempo, el principal instrumento antiinflacionario y el punto de mayor fragilidad del modelo. La estabilidad financiera que el Gobierno exhibe hoy, a pesar de la caída de los salarios, la pérdida de empleos y el cierre de empresas, depende en gran medida del dólar quieto. Una devaluación, aunque sea presentada como «mínima», arrastra un riesgo concreto: acelerar el cierre de negocios y licuar aún más el poder adquisitivo de los trabajadores, especialmente si la respuesta del Gobierno fuera profundizar el ajuste para evitar nuevas correcciones del tipo de cambio, como ya hizo en ciclos anteriores.

El propio Gobierno reconoció en otras instancias que el proceso de recomposición salarial «lleva tiempo» y «genera tensiones». Mientras tanto, los salarios privados registrados subieron apenas un 2% en mayo, por debajo de la inflación del mismo mes, que fue del 2,1%, según datos del INDEC. La brecha entre salarios y precios se repite en las comparaciones interanuales y acumula un deterioro sostenido desde el inicio de la gestión. En ese contexto, una nueva corrección del tipo de cambio sería una mala noticia más para los sectores populares.

La contradicción estructural del modelo

La declaración de Ravier expone una contradicción que el Gobierno prefiere no abordar frontalmente: si el tipo de cambio está atrasado, cualquier corrección afectará los precios internos y erosionará los ingresos reales; si no lo está, la competitividad de las exportaciones queda condicionada por otros factores estructurales que el modelo libertario tampoco resolvió. El propio Ravier intentó salir de ese dilema reivindicando el rendimiento exportador como prueba de competitividad sin necesidad de devaluación, pero sus números sobre la posible llegada del dólar a $1.700 o $1.800 desmienten esa certeza.

El mercado, los analistas y ahora el propio vocero presidencial confluyen en un escenario que el relato oficial prefiere esquivar: el dólar se va a mover. La discusión es cuánto, cuándo y, sobre todo, quién pagará el costo.

Puntos clave

  • El vocero presidencial Adrián Ravier reconoció que el tipo de cambio podría llegar a $1.700 o $1.800 en los próximos meses.
  • El REM del Banco Central proyecta un dólar cercano a $1.700 para diciembre de 2026.
  • El Banco Central acumuló más de 6.000 millones de dólares desde principios de año, pero el ritmo se desaceleraría tras la cosecha gruesa.
  • Los salarios privados registrados subieron 2% en mayo, por debajo de la inflación del 2,1% según el INDEC.
  • Una corrección cambiaria profundizaría el deterioro del poder adquisitivo en un contexto de ajuste sostenido.
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